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COSTUMBRES: QUEMAR NUESTROS BOSQUES («MIS COSAS Y QUISICOSAS»)

La última sección

Por: Hilario Martínez Nebreda


¿Que duda cabe?… it is the question: las costumbres. No por distintas, sino por higiénicas.
Cuantas cabezas, tantos pelambrudos, barbudos, trenzudos, sesudos y desesudos.
Cuanta imaginación, diversos los imaginarios y fantasmas: delirios de ver la vulva de una vaca
como fuente de la que beber o purificarse por ser sagrada… la vaca. Bueno, también la vulva.
Por higiene la inquisición juzgaba al hereje y el brazo secular lo arrojaba al fuego. Pues como
por higiene de montes prenden fuego hoy los pirómanos y mueren achicharrados y hechos ceniza
más ciudadanos en 50 años que en 5 siglos «la razón de la sinrazón que a mi razón se hace…»
Por costumbre en Asia calzaban bota-Malaya, para hacer cantar la gallina, cuando aquí la gallina
canta poniendo un huevo. En fin, costumbres. Además, con un agravante, la costumbre hace ley
y la ley, rizando el rizo, se vanagloria de bien joder por costumbre. Los hombres y las mujeres…
a fin de que nadie se descuelgue y se sienta más guapo y guapa que ninguno y ninguna, ni que la hembra
se sienta hembro ni que el hembro mas chulo que la chula. En fin, Lolas.

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¡LAS REYAS MAGAS! | HILARIO MARTÍNEZ NEBREDA

La última sección

Por: Hilario Martínez Nebreda


No burláis canas, Alcalda. Pero sí, a ras de calva,
tomáis por lerdo a un viejo del tiempo Maricastaña.
En la comarca rezongan gatos fañados de raza,
sensitivos de nariz más que Pinocho en matanza
en tiempo de la cuaresma, del perplejo y la magaña.
Que a pie juntillas decían: ¡sí, creo!… Y les escullaba
la baba, como nacidos en este país de Babia.

…………………..

«¡Majas vienen, ay, Manuela!» al balcón de nuestras casas,
sobre jorobas gigantes con regalos a la infancia.
– Colocad los zapatitos limpios y un caldero de agua,
para calmarles la sed de boca seca y quemada.
Si veis que montan caballos en celo de una potranca,
será que huelen olor de almizcle de Reyas majas.

…………………………

¡Gloriosa edad!…¡Oh, gloriosa, brillante en oro y de plata!
Edad ignorante,dicen, aunque dichosa por sabia.
Mis padres, de humilde cuna, ponían brillo de albarca
en tela roja, pues rojo es cebo para las ranas.
Entonces, ¡qué feliz, yo, por la nieve tras las mansas
huellas de los pies calientes de mi vecina Mariana!
«Si a medianoche rebuzna la burra de ‘la Colasa’,
¡son ellos!» ella decía. Y asomaba por las sábanas
mis ojitos, impacientes como sabañón en brasa
por el frío hielo. ¡O, témpora, o, mores! hoy tan nefastas.
A ti, maestro, que enseñas en escuela, la gramática
pregunto:¿qué,de quién burlan bla,bla,bla? si apenas hablan.
¿Por qué gritan»¡Satanás!» ellos que preñaron la vaca
que parió un bicho con rabo, mitad toro, y negras astas
con otra medio caballo de pastos en una cuadra?
En mi tiempo, había algún «sacamantecas» en «aiga«.
Un hombre tuerto con saco. Y mozo que, bruto, «¡mala
oreja!» decía, casi a tirones de arrancarla,
mostrando entre los dedos como si la oreja manca.
O en el muslo adolescente posaba su mano osada
a retortijón en rito o grito de inicio: «¡guarda
muchacho, jo, la jojoya! ¡guárdala pa’la más guapa!».
Y ahora ¿qué?¿quien preserva su inocencia,cuando manda?
En el mejor de los casos, condenado por canalla,
mancilla a la Inocencia en su inocencia de nalgas.

…………………………

Flamantes, por fin, se acercan con sus camellas y pajas
(paja trenzaban sus dedos en la canasta y cantaban
«monta tanto tanto monta»), cargados de toda ganga,
Reyas del güano y del mambo, sobre joroba acrobática,
en camellos de farlopa de allá de tierras de jauja.
Mirad también la Cibeles con unas sastras, ¡chulapaaas!
guapas del norte y del sur, contentas como unas pascuas,
para exponer de alabastro sus cuerpos como azafatas
en fiestas de la anorexia por atracones de pasas.

…………………………

-¡Eeeh! ¿quien va?… ¿Don Juan? Isidro,en un embozo,con máscara
de señor y su cartera por escaleras villanas
subiendo del tamojal adornado de corbata,
más chulo, coño, que un triunfo, carozo de una castaña.
¡La madre que lo parió!…bien se quedó y a sus anchas,
cuando se marchó Mambrú a la guerra, de quien cantan
aún las putas «no sé si volverá…». Y lo bailan.

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«EL ÚLTIMO GIN-TONIC»| RAFAEL SOLER

La última sección

Por: Hilario Martínez Nebreda


«Sexo, droga y rock and roll», eslogan en el corazón de la postmodernidad, en su vertiente de mayor rebeldía y cultura undergraund podría representar «El último gin-tonic» de una época.

Novela de un poeta de gran sensibilidad ética y sentido musical, que escribe la obra a compás de 3/4, no cabe entenderla como una obra musical. Sin embargo, podemos entender que su estructura ternaria define un sentido trágico sin ser su asunto trágico, al ser los actantes quienes fijan el ritmo de las secuencias cuyo drama es la deconstrucción, consecuencia de sus propias secuencias.

Paradoja e ironía marcan el ritmo de la obra: Consecuencia de secuencias que representan un drama: el acontecer de una época; los tiempos de la postmodernidad. Si Valle Inclán inaugura una forma de ver o de crear imaginarios que logra clímax en la Colmena de D.CJ.Cela, esta novela reflejan como en espejo los fenómenos de la deconstrucción social e histórica, la devaluación de la estructura del entramado social y reclamo antropológico de los valores, los cuales tergiversados según la solicitud de Nietzsche, vienen a definir al hombre actual. Consecuencia de secuencias, en las que se van mostrando como en un retablo, a ritmo marcado no tanto por los tres órdenes clásicos: jónico, dórico y corintio cuanto por los cuatro evangelistas (3 sinópticos + 1 , San Juan), que, a veces bajo símbolos, coronan todos los retablos de iglesia. O, posiblemente con acierto, la suerte de un poker trebolando un gic-tonic.

En una decostrucción de lo sagrado con significación profana nos refleja como en espejo esa tragedia no trágica de una consecuencia de la terca voluntad de ser sobre la nada, que en el azar del mundo clásico las «moiras» venían a ser sus hilanderas.

La novela se mueve en un entramado de repeticiones y variaciones como garantes de complejidad y orden de una trama textual, pero esto mismo hace que nos inclinemos a ese misterio en el cual nos envuelven tres silencios y un suspiro: la deconstrucción de la hospitalidad y amistad, la honestidad y el amor, el matrimonio y la familia, estructuras fundamentales de lo social… de la cual deviene el relativismo moral o amoralidad en aras de una ética subjetiva regulada por la propia conciencia, buena o mala, que consagra como sagrada la violencia, la obscenidad erótica (en sentido propiamente etimológico), la mentira y engaño, la difamación y codicia o la exaltación nihilista progresivamente ascendente desde los parnasianos y decadentistas hasta el momento actual. Tiempo representado más próximo que al visionario y fáustico Spengler de la «Decadencia de Occidente» a la obra de J.P. Sartre o Ciorán.

Bajado el poeta de la constelación de sus «Las cartas que debía» y «Acido almibar» nos deja indefensos en la «imagen» de la vida, en esa «mímesis» de la experiencia o «gestalt» de un mundo que siendo imaginario nos arroja a la contemplación incómoda de ver… («Un buen comienzo, pensó Lucas. Ver, mirar, ser visto. Ocupar tu sitio, si lo encuentras, estar con tus fines… para acabar igual, periférico perfecto, monarca de lo poco y señor de lo que queda en nada».) Ver como cierto, nuestro propio «principio generador» de un «mundo feliz»: monótono, por igual y periférico… (» Y a media tarde, por fin, se verían las caras, periféricos e iguales» (pg. 210)).

Consciente de su tarea, el narrador perfila su «punto de vista» no tanto sobre los episodios o concatenados eventos, cuanto en una disposición existencial y familiar de los personajes, y en sus rasgos, que se entrelazan en la trama que define lo que la solapa del libro sintetiza: la disolución del amor, la muerte, la soledad y el desconsuelo, es decir: «sexo, droga y rock and roll», a sorbos, con «el último gin-tonic» de una novela proteica y original que nos sugiere el mundo de Aldous Husley, no ya de lenta y fría observación de laboratorio, sino en un proceso virtual acelerado de células aisladas, sin conexión, como nos parece significar el icono SM en DLNA . Un mundo virtual, donde no discernimos lo verad de lo cáustico y en el cual navegamos como náufragos.

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HALLAZGOS DE LOBOS Y DE MAR

La última sección

Por: Hilario Martínez Nebreda


Voz tardía, pero fecunda y lírica, ya nos sorprendió Paquita Dipego con palabra tersa, meta-poética, intuitiva y dolorida en su obra «Noches nómadas» publicada en Ed. Vitruvio. Hoy nos trae la meditación y la hondura en una correspondencia con sus «encuentros con el mar».

Maestro y gran compositor de música, nos da a entender Aaron Copland que «la forma no puede ser
mas que el crecimiento gradual de un organismo vivo… El contenido musical es lo que determina la forma». En esa clarividencia sostiene P. Dipego esta obra «Hallazgos de lobos y de mar» que merecidamente ha sido premiada en el IV Premio internacional de poesía «Treciembre» (Ed Azul) del año 2017. Como el músico, la poeta trabaja sus claves de variación y repetición sobre cuatro elementos principales: ritmo, melodía, armonía y timbre o acento, sonoridad, medida y rima.

Cuando en «La edad del Espíritu» reflexiona su propia cosmovisión filosófica, previamente a las categorías transcendentales del ser y su antropología del ser fronterizo y el símbolo, Eugenio Trías despliega la valoración acústica del universo en cuanto que nuestros oídos están abiertos a la sonoridad de «la música callada» de los poetas y místicos. Desde este mismo sentimiento poético, de comprender el hecho sonoro de las cosas nos instala P. Dipego en una contemplación sinfónica, donde deseamos y amamos la rosa, domamos los fantasmas de infancia y vida adolescente, nuestra inocencia amenazada, la profundidad hacia adentro, hacia el envés de nuestros ojos como el mar que renuncia a su oleaje y espuma para amanecer «jergón dormido» con la mirada en sus honduras y lejanía. Y habitar la casa porque presencia de ausente es la madre que todo lo abarca como Brahman o las olas que siendo movimiento son el mar siempre idéntico a si mismo, porque la madre es alma (atman) en el recuerdo, pero igualmente participación activa esotérica en el Espíritu, tal cual reza la tradición cristiana al hablarnos de la «comunión de los santos».

Si en «Noches nómadas» P. Dipego nos entregaba a un sentimiento de que todo está inacabado (Pg.68) desde el día en que perdimos la sonrisa de la inocencia de infancia y es, por tanto, afanosa búsqueda en devenir de un buscador de amor, de justicia, verdad, belleza, silencio (como ámbito de oír y pronunciar la palabra), » a grupa de una palabra hapax,»hallazgo», (pg. 84)… en esta obra de los «Hallazgos…» nos viene a reafirmar que todo abrazo no es más que»un hallazgo y choque con la vida», y un existir en el «topos», la «casa habitada», ámbito de la rosa.

«Todo esto es para habitación del Señor, cualquiera sea el universo individual del movimiento en el desplazamiento universal…» reza uno de los más antiguos Upanishad. El maestro Sri Aurobindo en su análisis del Isha Upanisahad nos pone sobre aviso de que estamos ante unos versos que no son vehículos de instrucción, sino de iluminación. No hay previo juicio de razonamiento, sino ideas implícitas que se apoyan unas a otras. Se supone que el lector «avanza de luz en luz». Por eso, el pensamiento védico distingue con claridad el conocimiento de iluminación directa, del «kavi» o vidente, del otro, del pensador o «manisi» que exige a la mente tarea laboriosa. En una semejante armonía de opuestos, pétalo y espina, abre su sinfonía con el tema de la rosa, «rose», anagrama de Eros, del sánscrito «aris» (entusiasmo, lleno de deseo), flor sagrada para Afrodita. De esta manera, en el Preludio de la obra, sobre el paralelismo de «pétalo-terciopelo y ala de pájaro-vuelo» nos elevamos en vuelo (cfr.11,17,23) al climax (gr.»klimax»= escalera al cielo) a la vez que integrados en un sincretismo sensual de lo oriental y occidental.

En efecto, en el rito tántrico se pide abrir los «dalas» o pétalos de los centros psíquicos por ese don de magnificar o la capacidad de producir ilusión, como decía Descartes… para introducirnos al oxímoron y anáforas del «devenir». Y en ese ir de «luz en luz», de «hallazgo» en «hallazgo», quedarnos mudos en la fugaz utopía, donde, quizás, pueda obrarse el sortilegio de habitar la casa y la rosa que pueda contener la hostilidad de las fuerzas del mal, como un día lo fueron las mágicas muñecas… porque allí está la madre ausente, la ausencia, la poeta, la imaginación creadora y su poema frente a los lobos, pues estos lobos no son lobos matricios como aquella hembra doblegada a ternura que alimentó a Romulo y Remo, ni siquiera lobos guardianes o benefactores tal nos hace ver la mitología egipcia. No. Los lobos de P. Dipego son lobos ferales, temibles, mas parecidos a Fenris, el lobo monstruoso de la mitología nórdica, «de afilados colmillos» con «garras», de parecidas características a los animalia de «Maldoror».

Enhorabuena, Paquita, no tanto por el premio cuanto por esta obra de tanta fuerza y belleza por su palabra y su música. Y gracias por este don que nos concedes en tu inspiración.

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POESÍA EN SIGÜENZA | 21 DE MARZO

La última sección

Por: Hilario Martínez Nebreda


¡Sigüenza!… pueblo-ciudad con su castillo y catedral, con su doncel guerrero, en juventud atrevido con la muerte. Encantamiento de hora y media larga entregado a la meditación poética. Tiempo suficiente a la zozobra de la duda, zarandeado de tantos acontecimientos de «aceleración». Lo suficiente a inquietante pregunta: ¿ no es, acaso, el mismo oficio y vocación del juez que aquel que nos presta el saltimbanqui o un volatinero en equilibrio sobre el abismo? o ¿no se vio el poeta castellano en un abismo de paredes, cuando dejó escrito: «aquí la envidia y mentira/ me tuvieron encerrado…?» En la respuesta está la duda, pues qué difícil poder juzgar con la palabra, de la cual no creemos se disponga de lo que Swedenborg llamaba «correspondencias»… ¿Significan algo nuestros actos, si no los podemos definir?. Entonces, ¿cómo juzgarlos?. Y aunque fueran, aún así, ¿qué somos, quién somos para juzgarlos?…

Hace unos años, recuerdo, en la Fundación March, se expuso la obra magnífica del gran pintor fauves, Rouault. Me impresionó, sobremanera, ver en sus cuadros a jueces de oficio, altivos en sus togas, pero acoquinados debajo el Crucifijo. Como si nos quisiera decir: «¿qué otro Juez, que no sea el amor de este hombre, anonadamiento de Dios, puede juzgarnos?» Pero «¿cuando venga el Hijo del hombre habrá fé en la tierra?»…

Estos días los cristianos celebramos la Pascua del Kyrios: la fiesta del Señor Resucitado, el Paso de la vida de Jesús exaltado en la gloria del Padre. Lo de menos son las fechas. Lo trascendente es el acontecimiento y este sucede más allá de espacio y tiempo. Y ¿qué significa «acontecimiento», «trascendente», «Jesús» el hombre y su «nombre», de quién Fray Luis de León pudo escribir tantos como su mente, poderosamente poética, pudo concebir?.

Como con acierto afirmaba un científico: «hemos visto pasar la sombra, pero nos falta cazar el elefante».

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A PROPÓSITO DE UNA LECTURA Y REFLEXIÓN ECOLÓGICA

La última sección

Por: Hilario Martínez Nebreda


En una propuesta de reconstrucción de las relaciones de las categorías o de las significaciones del ser con el lenguaje, verdad, existencia, mundo… Wolfgang Janke esboza una postontología como remedio a una época que asumiendo la crítica de Nietzsche parece cerrar la posibilidad de toda metafísica decapitando «el ser de lo que es, en la totalidad de un mundo histórico» en aras del positivismo y nihilismo, que paradojicamente en una afirmación vitalista aboca a la negación de la vida. Es por eso, que a una formulación meramente cognoscitiva y noética que nos viene desde Tales de Mileto a Descartes, Comte y la modernidad, lo que define como praecisio mundi, cortar (praecidere) lo medido exactamente, ( «ideas claras y distintas», afirma Descartes) es decir, corte de amarras por una creencia dogmática en la ciencia que nos «aliena» del mundo en cuanto suceso vivo e histórico. Frente a este tiempo terminal (eschaton) de la ciencia positiva, donde Nietzsche hace elección por la voluntad de poder en una transmutación de los valores que se consuma en el nihil, la nada radical, que desde la llamada posmodernidad motiva de forma sorprendente la actividad del escritor en solidaridad, tal vez, con las modas de vida actuales. Wolfgang Janke nos alienta con Hölderlin a una fundación poética: «poéticamente habita el hombre la tierra», a un praecultio mundi, a preparar con anticipación, cultivar y ocuparnos del por-venir así como del presente y pasado. De alguna forma estar en la vigilia, en centinela y «cuidar» la tierra. Desde esta perspectiva, la fábula- mito del Cuidado que recoge y analiza M. Heidegger en «El ser y el tiempo» de un texto latino supuestamente de Hyginio nos puede servir a una conciencia ética de urgencia ecológica orientada a una praxis de la propuesta de Janke.

De modo resumido: cuenta el mito que Cuidado al atravesar un río tomó un trozo de barro y tuvo la idea de darle forma. Viendo a Jupiter que contemplaba lo que hacía, le pidió que le soplara su espíritu. Entonces exigió que le pusiera nombre y mientras discutían surgió la Tierra que también quiso ponerle nombre, pues había salido de ella. Tras larga discusión solicitaron a Saturno que arbitrara dicho pleito y decidió que Júpiter, una vez devuelto el espíritu, se hiciera cargo de él, pues el se lo que había concedido. La tierra, consecuentemente, sería responsable del cuerpo y a Cuidado le encargó que lo cuidara mientras viviera, pues él había sido quien primero modelara a la criatura, a la cual Saturno llamó hombre por haber sido hecho de humus (tierra fértil). El mito es una forma de conocimiento, una toma de conciencia del ser histórico, del hombre en cuanto sujeto de decisión y de transformación de su medio. En este sentido el homo sapiens ha ido estableciendo y configurando su medio, su espacio a habitar y sus formas de convivir han ido evolucionando por una ley de equilibrio, de homeostasis primitivas y primarias, guarneciéndose en cavernas y programando su sustento en la inestabilidad del nómada a una compleja relación de sociedad que confluye en las grandes metrópolis de la vida moderna. Así, la ciudad, desde un punto de vista sociológico se dispone como un orden compacto de casas en vecindad que facilita conocimiento y cuidado recíproco, para servir bajo la ley de economía a satisfacer las necesidades primarias y facilitar las secundarias por medio de un lugar de mercado. La ciudad ya no solo es espacio a habitar, sino un asentamiento comercial y de habituallamiento. De consumidores en unas ciudades menos populosas y con más campo para el cultivo de una tierras que satisfacen las necesidades por una explotación comunal, el ciudadano de la Antiguedad y Edad Madie, ciudadano del campo, pasa del simple abastecimiento a una economía urbana donde aglomeración e inmigración deviene a mercado, a un espacio de transacciones de trabajo en una dialéctica del señor y el esclavo. Como ha dado a entender L. Martin Santos » La ciudad fue primero un espacio mágico (mundo antiguo), después pasó a ser un universo de fraternidad (E. Media). Cuando perdió sus murallas y su identidad (S. XIX) pasó a ser una manufactura de delirios, de mediocridad, donde toda esperanza es dificil».

Desde uno de sus presupuestos la obra del poeta H.M.Nebreda que acaba de dar a luz la ed. Vitruvio con el título de «Oráculo de Kios», sobre todo, en su primera parte: «Aquiles y la tahur» pretende ser un alegato poético frente a los procesos de aceleración de la vida urbana y moderna, en la cual, en aras de la inmediatez exigida por la comodidad y la satisfacción epicúrea, se inmola homeostasis y sinergias de Gaia analizadas por J. Lovelock. En el estado de emergencia que hoy viven las sociedades humanas alarmadas por sus grandes desequilibrios, ojalá sirva a tomar conciencia de la necesidad de cuidar la tierra, como decir: habitarla poéticamente.

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ORÁCULO DE KÍOS | HILARIO MARTÍNEZ NEBREDA

Aquel sillón de cuadros

Por: Inma J. Ferrero


Quizá la poesía sea el género más difícil de analizar, porque es el más contagioso. Porque el lector hace suyo cada uno de los sentimientos que los poemas evocan y viaja a través de ellos por la memoria. Si aun creemos en los viajes, y si se le concede a esta aprendiz de poeta el privilegio de ser Virgilio, acompañando a Dante, quisiera guiarles a lo largo de todo este océano poético tan particular de Hilario Martínez Nebreda.

El libro Oráculo de Kíos, está divido en tres partes, pero que siguen un hilo conductor que fluye entre la sensualidad, el deseo, la crítica a una sociedad decadente y porque no decirlo, la melancolía que esta decadencia produce en el autor. Siendo estás: Aquiles y la Tahúr (Dividida en dos partes), Ordalía de Narciso y Look-Bell o el ángel de seducción. Se puede decir que no es un poemario al uso, no es un poemario en el que el autor se limite a desgranar sus sentimientos verso a verso, este libro pretende ir más allá del límite de la vana retórica, en algunos casos vacía, que a veces se da al verso por partes de aquellos que se aferran persistentemente a la técnica como única vía para concebir el poema. Es un poemario impregnado de sabiduría, de enseñanza que el autor cede como un regalo para el que quiera escucharlo. Esto proporciona al poemario un incomparable marco intimista, en el que el poeta aparece unas veces como narrador omnisciente, conocedor de todo lo que sucede a lo largo de la narración, “Aquiles requería a su maestro / discrepando del toro en los andamios” y en otras como personaje implicado dentro de la acción “Mi madre Celestina puta elegante a más de hermosa”, continuas preguntas retóricas lanzadas por el autor “¿Qué le queda a una raza sin oído?”, utilización de diálogos entre el autor y el personaje o entre personajes, “- ¿Por qué te asustas de este niño? / – ¿Un niño?…Tiene labios de puchero / Parece un elefante de tulipán” que hace que el lector se sumerja entre los versos, para saber que hay más allá de la palabra. Qué hay después del significado último que el poeta evoca… tal vez en la inconsciencia dramática que le envuelve y le hace transmisor de la verdad que se oculta en el detalle, tal como decía Machado, “Sólo el poeta puede / mirar lo que está lejos / dentro del alma, en turbio / y mago sol envuelto.”

«…lenguaje lleno de simbolismo, de un magistral uso de la metáfora…»

En el fondo y forma es un poemario vivo, afilado como pocos y lleno de matices, un libro que da muestra de la versatilidad poética del autor y del gran simbolismo que encierra la totalidad de su obra, porque como bien dice en uno de sus versos “Me preocupa la salud del alma”. En lo formal, Hilario Martínez Nebreda, utiliza el verso largo, dando así una mayor intensidad y dramatismo a la obra y haciendo que sus versos sean cortantes, como cuchillos que necesitan llegar al alma, para llegar a comprenderse. En algunos momentos de la obra opta por la unión del verso largo con el corto, incluso llegando a partir las palabras como un perfecto cirujano “Angel / ¿grito / verti / cal / cayendo?”, esto propicia cierta sensación de vértigo, que nos precipita a una lectura díscola y nerviosa de todos los versos que forman dicho poemario y que habrán de formar parte de las baldosas que van cimentando nuestra opinión como lectores. Se nos muestra una maraña de latitudes poéticas, desde el poema corto, formado por sólo nueve estrofas, y que nos deja hambrientos, como es el caso del poema “BARAJA” que inicia la segunda parte de “Aquiles y la Tahúr” “¡Ases al aire! / La luz de una bombilla / muestra los naipes…” al poema largo que nos deja saciados, aunque con ganas de un nuevo poema del que seguir alimentándonos. Cada sensibilidad rescatará de esta cantera de conocimientos su propia conclusión, su propio yo, su propio sentir tejido en la telaraña de este genial poeta a lo largo de todos y cada uno de sus versos.

«De este puzle de personajes e imágenes sensoriales surge la polifonía exaltada…»

La lectura de este poemario, en la que el poeta tiene una doble vertiente como ya hemos citado (Poeta / Narrador), forja una comunicación estrecha e íntima con el poeta. Hilario Martínez Nebreda, a través de un lenguaje lleno de simbolismo, de un magistral uso de la metáfora, nos conduce a través del de la sensualidad, el erotismo, el amor y la afilada crítica social. “Sony prende con su magia los tímpanos / ¡Ecos!…¡eeecos! Oíd la amplitud / de los ecos en los antros…” en contraposición a “niños vagabundos sin rostro / como perros vulnerables” “Viva la Pepa! ¡Putaaa! (la chica más hermosa que todos pretendían) / ¡Putaaaa! Y ¿qué?” el amor y el erotismo, omnipresente en la obra “sueños de un Fauno / que copula con una mujer” “Pero en ella mis brazos clausuraban universos”.

En algunos tramos del poemario sentimos que el autor, nos hace abandonar la mera posición de lectores, para hacer nuestro su universo emocional, para compartir un sentimiento, y así posicionarnos según sea nuestra mirada ante el mundo que nos rodea. En el libro es constante la referencia a personajes de la mitología griega, tales como Aquiles, Antígona, ícaro, Agamenón y personajes históricos como Séneca, Sócrates, Zenón, Mahler, Shakespeare. Los poemas están repletos de términos que hacen referencia a la naturaleza, pero en un contexto urbano “con sus gallos de metal y de verjas / que enloquecen al sol”, a la ciudad “baldea la sangre en frías azoteas”. Aparecen también nombres de ciudades, concretamente Madrid, París, Brooklin, Londres, etc.. como escenario de este singular periplo. “¡oh torre Eiffel!… ¡oh puente de Brooklin!”, utilización del lenguaje coloquial llegando a lo soez “Puta”, “Zorra”, utilización de extranjerismos como “Rock and Roll”, utilización de onomatopeyas, todo este conjunto da al poemario una expresividad extrema a la hora de modelar todo aquello el poeta trata de mostrarnos, como parte de su vivencia vital, porque como bien dice en otro de sus poemas “Has caído en la trampa de los naipes” Tal vez como reflejo de que nos ha engañado el mundo cuajado de neones. La utilización de versos como “(la noche les negaba el rostro)” para hacer referencia a la oscuridad, lo dotan una exultante belleza y profundidad, que enriquecen al texto, más allá de la límpida cadencia de la palabra al prestar con su sonido musicalidad al verso. De este puzle de personajes e imágenes sensoriales surge la polifonía exaltada, la explosión intertextual formada por el poeta, que toma de ellos la inspiración para concretar el poema. El juego de palabras que se entremezcla estrofa a estrofa a lo largo de este libro hace que los versos sean más cercanos y cotidianos. Y que los sentimientos que fluyen ocultos en cada uno de los poemas sean más comprensibles a los ojos del lector. Que conoce así, las pautas que debe seguir durante la lectura del poemario.

A lo largo de todo el libro se entrevé el esfuerzo de creación del ser, una forma liberadora del yo poético que incluye la liberación del yo autorial. En resumidas cuentas, la poética de Hilario Martínez Nebreda, es un texto que subvierte el dictado su concepción vital. Este esfuerzo calculado, es una estrategia que se ve influenciada, sino moldeada, por las vivencias del autor, inmerso en la época que le ha tocado vivir. Estos poemas nos permiten ver cómo los temas: social, erótico y amoroso son tratados por el poeta, qué técnicas y símbolos prefiere, para, de esta manera, poder juzgar si la voz de este poeta, marca características diferenciadoras y definidoras de su práctica poética, ante lo que debo poner de relieve que lo consigue con creces.

Este es sin duda un poemario que no se debe dejar de leer, que no nos dejará indiferentes ante su lectura y posterior compresión, y que no dejará de modo alguno que se cumpla el designio de la estrofa, “te lo advertí poeta / el poema no puede calmarnos la pasión / de la melancolía” Tal como el mismo autor señala y así podamos vislumbrar una pincelada de esperanza en todo lo cotidiano.

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¡METE LA CHORRA, GUARRO!

La última sección

Por: Hilario Martínez Nebreda


Y es que en Madrid, perdido el pudor, apenas queda la mínima decencia o dignidad de respetar el candor de una muchacha, la inocencia de un niño o cuidar la belleza del arte urbano que hemos legado de nuestros antepasados. Pues Madrid, a pesar de todo y desde antaño, es para contemplación y alegría de sus vecinos una ciudad de puertas y de fuentes.

Desde que Felipe II, en el S.XVI, decidiera convertir la villa de Madrid en Capital y Corte del imperio fue creciendo al ritmo de sus fuentes o sus fuentes al ritmo de Madrid. En ellas y sus caños se abastecían mujeres y aguadores y bebían niños y mayores. A ellas se acercaban aquellos castizos señores del agua, que en un tiempo era un oficio y nobleza popular. De este modo, el simple menester daba origen a un sencillo elemento de construcción urbana que no iba mucho más allá de lo práctico, es decir, se ceñía a su justa funcionalidad: servir el agua.

Sin embargo, pronto con los grandes arquitectos del barroco empezaron a cobrar un diseño decorativo que en el S.XVIII, con Carlos III, van a recibir una orientación propiamente ornamental. Y es, sobre todo, en el S. XIX y XX, cuando las fuentes se convierten en memoria, se alzan con luz y movimiento para ser testimonio de la historia y la vida de vecinos del oso y el madroño. Así, las fuentes han ido pasando a ser un objeto de contemplación estética, sujeto educador y delicado de la sensibilidad del hombre urbano, por su cualidad de obra de arte.

Ayer en mi paseo, iba recreando y recreándome en estas fuentes, cuando no pude menos de volver a gritar: “¡mete la chorra, guarro!”… porque allí, un desvergonzado, chorra al aire, encaramado en lo alto, aspergía la piedra de granito de una fuente con su orina oscura, seguramente de alcohol. Y quien sabe si no objetaba en su interior que cumplía decorosa suplencia en estas fuentes secas y mugrientas, sin aliento del agua que reclaman algo más que interés por la decencia a concejales y alcalde de Ayuntamiento. No en vano advertía un sabio urbanista griego a las autoridades de su ciudad: «ocúpense no tanto en levantar primorosas techumbres en las casas cuanto en edificar el espíritu de sus conciudadanos» Como ofendido amenazó con su mirada y salí del lugar con un solo pensamiento: “algo grave, mucho más grave que una crisis económica nos está desahuciando” pero a todos, en este caso con justicia por nuestro desafuero…, del suelo que pisamos, lejos ya de ser patria (lugar de los padres) o ciudad (lugar de ciudadanos) o un hogar (lugar donde habitamos). En mi pueblo, se decía no “tires piedras a tu propio tejado”… Por eso, quizás, hundido el tejado se hunden las paredes.

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