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ELOGIO DEL HAIKU

Por: José Luis: Morante


Debo mis primeras lecturas de haikus al desaparecido poeta lucentino Manuel Lara Cantizani, cuya labor de difusión ha sido extraordinaria en campos complementarios como la creación, el aula y la gestión editorial. Con su cercanía aprendí a caminar por esta forma poética de aparente sencillez y severa pauta métrica, cuyo origen se remonta hacia el siglo XVI, aunque es previsible que existieran precedentes en el cauce oral de la literatura japonesa. Con Fernando Rodríguez Izquierdo, el estudioso más perseverante, fue sondeando la contingencia temporal de la estrofa y su evolución en las voces mayores del haiku, Matsuo Bashô, Yosa Busson e Issa Kobayhashi. Otro poeta que admiro Josep M. Rodríguez me escribió una afectuosa misiva para pedirme algunos haikus de mi autoría para una antología de contemporáneos; no puede corresponder a su empeño por falta de material de calidad en aquel momento y la antología Alfileres (Cuatro Estaciones, 2004) dejó en las estanterías un amplio listado de nombres que cultivaban la estrofa y emprendían proyectos literarios bajo su horizonte verbal. Aquella petición del profesor, poeta y ensayista Josep M. Rodríguez soliviantó mi taller de escritura y un par de años después, el editor Francisco Peralto en su imprenta malagueña, me dejó en las manos Nubes, una completa compilación de haikus que integraba como epílogo esta reflexión personal: “Un título tan escueto, Nubes, es prueba evidente de la voluntad de comunicación. El propósito parece contradecir la naturaleza de la estrofa japonesa en la que “lo no dicho tiene tanta importancia como lo dicho”. Espero, sin embargo, que el destinatario de este conjunto de poemas justifique mi elección en la existencia de una realidad convulsa; el poeta toma la palabra para tirar de un hilo argumental que reclama una sensibilidad despierta y la solidaridad de los sentimientos. El estudioso Vicente Haya ha escrito que “el haiku es el entrenamiento de la percepción”; Mario Benedetti reconoce que somos portavoces de sensaciones, nostalgias, reflejos y estados de ánimo que no son exclusivamente nuestros; ambas opiniones me parecen asumibles por su lucidez. La elección vital de los que se convierten en pasajeros hacia un destino ineludible requiere varias perspectivas, varios modos de situarse. Seamos compañeros de viaje que soportan el frío, la angustia y el miedo; los que creen en los sueños; el testigo de paso de una experiencia ajena con la que no tiene más afinidades que el estar. Percibamos la tensión interna entre el desarraigo y la contemplación. Y que esta conciencia de la poesía, oscuridad y olvido, quede retenida en tres versos… El fondo del haiku reivindica una bibliografía copiosa que inicié, como es prescriptivo, con un libro canónico sobre el género en nuestro país, el tan citado El haiku japonés, de Fernando Rodríguez Izquierdo; después, una parada obligatoria en Mashuo Bashô, cuyos poemas amanecen en cada traducción. Los textos de Issa conciben el mundo como un transitar epifánico en el que cada paso nos aporta el descubrimiento de lo nimio. El poemario Nubes es fruto de un lustro de escritura. Años en los que la estrofa convivió conmigo y condicionó mi percepción del entorno, que cada vez se hizo más despojada y esencial. En su economía narrativa está la sombra de una experiencia, el rastro de una emoción.

El cuaderno Pateras,escrito con intención seriada sobre quienes perciben al otro lado del mar una esperanza, anticipó más de una veintena de haikus. Se imprimió el 29 de septiembre de 2005, con una ilustración de cubierta del pintor Emilio González Sáinz, en los pliegos de Ultramar. Ahora se integra en Nubes gracias a la invitación editorial de Francisco Peralto, a quien traslado mi gratitud y mi afecto.

Hace unos años, mi amigo el poeta Antonio del Camino tituló, con acierto elegíaco y sensibilidad temporal, su libro Paso a paso, la vida y esa es la escueta definición que precisa el desplegado transitar de mis aforismos de Nubes representados en esta breve selección personal, que lleva como pórtico una cita que diluye las líneas entre imaginación y realidad: Intento despertar, pero no duermo.

Brillan hogueras
en el aire nocturno.
Fulgor de plata.

Atardecer.
Impacientes suburbios,
y despedidas.

Manso rompiente.
Las palabras del agua
velan silencio.

Noche. Planicie.
Tan igual a sí misma
como el desierto.

El miedo ignora
los caminos del agua.
El viento, brújula

Tierra de nadie.
Dormita la semilla.
Surco baldío.

Pájaros negros
al borde de la ruta.
Espectadores.

Entre la sombra,
a todo lo soñado
cedes su nombre.

El cielo frío
en la mejilla deja
soplos de mar.

Guarda desvelo
para la travesía;
estamos solos.

Entreabría,
con dedos ateridos,
dunas deformes.

Una tras otra;
cada gota un instante.
Reloj exacto.

Precario tránsito;
angustia de llegar
al otro lado.

El blog “Puentes de papel”, activo desde diciembre de 2010, ha reanimado mi práctica del esquema versal, a la vez que ido acumulando lecturas clásicas y de contemporáneos, estudios ensayísticos y antologías, pues de todos es conocida la copiosa colección de haikus que han producido las últimas hornadas.

Mi inclinación afectiva hacia esta forma lírica se cimenta en su brevedad que asegura una intensidad gozosa, en su pupila abierta para cobijar argumentos, mucho más allá de la supuesta condición de lírica estacional, por su carencia de artificio retórico y por la condición de chispazo inmediato.

Así que es previsible que estas líneas para la revista digital Proverso que elogian la estrofa no sean más que un síntoma temprano de la floración del haiku. Esperemos.

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JOSÉ ANTONIO FERNÁNDEZ: LA ELEGANCIA DEL VERSO.

Por: Isabel Rezmo


Proverso se abre a una nueva entrevista que ofrece a sus lectores, para acercarlos a la poesía de los autores que cada mes mostramos.
Córdoba irradia algo especial. Sus calles, su historia, sus gentes. Ir a Córdoba es exhalar el azahar, amar sus patios. Reconocer, descubrir su pasado, su gloria. Es pensar en Julio Romero de Torres, es pensar en el legado de Maimónides, escuchar el flamenco en cada esquina.
Es recordar la poesía de su hijo más ilustre Luis de Góngora:

Oh excelso muro, oh torres coronadas
De honor, de majestad, de gallardía!
¡Oh gran río, gran rey de Andalucía,
De arenas nobles, ya que no doradas!

La lírica cordobesa ha sido enorme. Ha dado importante nombres que quedan para siempre, en la memoria colectiva e individual: Pablo García Baena Ángeles Mora; El escritor y traductor Manuel Álvarez Ortega,, Juana Castro o Pablo García Casado .
Sin embargo nuestro invitado de hoy también merece una atención especial. Hoy os presentamos un diálogo con el poeta José Antonio Fernández García.
Su poesía emociona. Una escritura sencilla, melódica. Versos muy pausados que claman en la mente, asaltan y te conmueven. Constituye la elegancia en el verso, un lirismo puro y rítmico. Tal como afirmó el jurado que le otorgó el XXVII premio de poesía Acordes, el más antiguo de la provincia de Córdoba:
«En Jose Antonio se reconoce el triunfo de lo cotidiano y la sentimentalidad, apreciando la influencia de Javier Egea, desde los primeros versos, en un poemario crítico, que también bebe de la poesía social de Blas de Otero y Gabriel Celaya. La obra está escrita en un tono emotivo y romántico, que se asemeja a los poemas de Cántico, la mejor poesía cordobesa de siempre,pero trascendido y reactualizado con una gran frescura y autenticidad.«

José Antonio Fernández García es natural de Luque (Córdoba). Diplomado en filología francesa y licenciado en Psicología. Galardonado con el primer premio y edición de la obra en la VIII edición de los premios Luis Carrillo de Sotomayor, publicando el poemario Sinceramente Humano (Divagaciones, confesiones y diálogos). Finalista en el concurso internacional Horizontes literarios de poesía y narrativa. Finalista y cuarto premio en el certamen internacional de poesía Párrafos sin límites, celebrado en Córdoba, Argentina, publicando cuatro poemas.

Ha publicado en diversas antologías.
Finalista en el I Certamen nacional de poesía Cimientos.
En el año 2015, publica el poemario, Momentos de par en par, en la editorial Estratega.
Ha colaborado en las revistas literías: Ánfora Nova, Suspiro de Artemisa, Ababol, Sopa de ornitorrinco, Papel literario y Sierranueva.
Publicación del libro Luz en la penumbra. 7 poetas cordobeses con la Unión Nacional de Escritores a la cual pertenece.
Participa en la ANTOLOGIA QUEJÍO. CÓRDOBA CON GRITO DE MUJER en los años 2016 y 2017.
Participa en la antología Los nudos del tiempo III. Participa en la antología I y II y III Encuentro de Versos Solidarios.
Participa en las Antologías Los Nudos del tiempo III y Homenaje a Ricardo Molina, Homenaje a Juana Castro, Homenaje de Soledad Zurera, todos ellos con el Ateneo del Córdoba.
Ha participado con la revista literaria Ánfora Nova con un poema, en la celebración de su 30 aniversario.
Ha participado con tres poemas en el número 40 de la revista literaria de Granada Alhucema Coautor en la publicación del poemario Humanamente poético, editorial Estratega.
Publicación de Náufrago en ti en 2018, y A bordo del mar, en 2017 con la editorial Detorres editores.
Ha publicado en la antología colectiva El amor es como el mar.
En abril de 2019 es galardonado en el XXVII Premio Nacional de poesía Acordes, con el libro Paisajes.

RP: Buenas tardes José Antonio es un placer tenerte en PROVERSO. ¿Escribir es una necesidad vital?
JAF: No sé si es una necesidad vital, pero existencial sí lo creo. Y artística. Hay momentos en que uno necesita arrancarse “eso” extraño y maravilloso que le arde a uno por dentro, que te quema a veces, que te alivia otras, y sientes que debes abrir la ventana y darle luz, forma y aire para compartirlo. En el caso de escribir poesía, no basta con arrancarlo, hay que hacerlo de un modo rítmico, con delicadeza y con amor y trabajo, incluso cuando es una mala espina, para que no chirríe en los ojos de quien lo lea.
Conforme pasan los años, y uno continúa en esto del verso, el nivel exigencia también crece, y también el de aprender. Por eso considero que es importante leer, aunque sea poesía que está muy lejos de la manera particular que uno tiene de entenderla.


RP: ¿En qué momento de tu vida descubriste la poesía?
JAF: La poesía la descubrí a edad temprana, en tercero o así, y leyendo a Bécquer. Desde ese momento tenía claro que yo sería poeta.


RP: Se dice que la poesía es simplemente trasladar nuestras emociones a un papel ¿Existe algo más allá de ese hecho? ¿O su papel es así de simple?
JAF: En mi caso, el poema, antes de llegar al papel pasa por un largo de recorrido de vicisitudes. La mayoría de las veces, el origen suele situarse en domingo por la mañana, y después de una largo paseo por las calles de Córdoba, o Cádiz o Fuengirola, donde me detengo en plazas, paseo por calles poco concurridas, contemplo el mar o visito lugares más o menos sagrados, pero repletos de una energía única que observo o vivo, incluso en las carnes del prójimo…Después de esa singladura, me detengo, busco un banco y plasmo ese instante en versos. Esas primeras impresiones las llevo al papel, y durante una o dos semanas les voy dando forma, ritmo, una medida si el poema creo que lo requiere, añado o quito, visto o desvisto, o completo, y luego lo dejo reposar…Y tras un reposo de una semana, lo leo en voz alta, y es entonces cuando al ponerle voz, en caso de estar más o menos satisfecho lo bautizo como poema.


RP: ¿Autores que te hayan influido?
JAF: Hay muchos poetas que me han influido. Por ejemplo Blas de Otero. Pero también, y mucho, Javier Egea, José Antonio Ramírez Lozano, Alejandro López Andrada, Eduardo García o Álvarez Ortega. Leo mucho a mis coetáneos, de quienes aprendo y comento. Siempre hay
que tener abierta la puerta del aprendizaje y de la emoción.


RP: A la hora de escribir ¿Cuál es tu fuente de inspiración?
JAF: Mi fuente de inspiración puede variar: desde algo que observo, hasta un poema de alguien que leo en ese momento y me conmueve. O sencillamente siento. Y según sea la inspiración de ese día o de ese instante, suelo hacer uso de dos maneras distintas de enfrentarme al trabajo: o con poemas que llamo de “pellizco”, que suelen ser cortos e intimistas, de paisaje interior; o bien nace un poema, digamos, más extenso y descriptivo sobre acontecimientos que me han salido al paso, que me han dolido o inquietado o sencillamente me ha fascinado, y que plasmo luego en la hoja de papel.


RP: Dentro de los círculos poéticos (encuentros, recitales, publicaciones…) ¿Cómo ves el presente actual? ¿Qué necesidades y qué elementos negativos has observado?
JAF: El presente actual es de lo más alentador. Esos encuentros es una manera de compartir versos y experiencias con otros poetas, y también de viajar. Los Encuentros de Úbeda, Cabra, Priego u Osuna han sido experiencias de lo más gratificante a nivel poético y personal. Sobre lo negativo, no lo veo. La pena esté tal vez en no poder asistir a algunos por su lejanía.


RP: ¿Un libro qué te guste especialmente? ¿Un verso?
JAF: Hay muchos libros que me han gustado especialmente, pero por nombrar alguno Yesca de José Antonio Ramírez Lozano. Sobre un verso, cualquiera de Javier Egea. Vino primero frívola –yo niño con ojeras-


RP: ¿Cuál es la base para un buen poema?
JAF: La base es llevarlo dentro, luego leer, trabajar y “perder” tu tiempo trabajando el poema. Porque un poema, a mi modo de ver, no es soplo que se lleva al folio. Hay que hacerlo poema. Las imágenes, la musicalidad, el provocar emociones son algunos de los elementos que procuro deliberadamente a la hora de trabajar.


RP ¿Hasta qué punto es deseable que un poema sea sencillo, desnudo, corto?
JAF: Cada vez me inclino más por la sencillez en las palabras cuando escribo versos de experiencias “de puertas afuera”, de acontecimientos que veo y me han impresionado y con los cuales, en cierta manera, procuro darle un matiz de corte social o crítico. En los poemas intimistas soy más meticuloso e introvertido a la hora de desnudarme, tal vez porque son “sorbitos” de alma, y cuesta mostrarlos.


RP: ¿crees que tu poesía sirve o puede servir como terapia para tus lectores y/o para ti mismo?
JAF: Voy a confesar algo. Cuando me dicen que un poema mío ha besado el alma, me emociono. No procuro que sean terapéuticos. En absoluto. Pero sí me haría muy feliz que mis versos sean manoseados y exprimidos, y si con alguno de ellos consigo darle voz a un sentimiento que alguien tiene y no sabía traducir, me doy por satisfecho. Hay poemas de corte de social, y ahí pretendo abrir conciencias; en los íntimos o de “pellizco” darle voz al alma; en los poemas emotivos, emocionar. Y poco más. Y siempre con un ritmo y una cadencia. No entiendo los versos narrativos.


RP: Para terminar, algo que desees añadir.
JAF: Gracias a esta entrevista tan íntima, y que me ha servido tal vez para conocerme incluso a mí mismo


RP: Gracias por ofrecer este ratito de tiempo para Proverso.
JAF: Gracias a Proverso por esta interesante entrevista.

 

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ALBERT CAMUS, EL DESERTOR DEL PARAÍSO

El Atelier

Por: Inma J. Ferrero

Se yergue el gris como un plateado ovillo, que esparce su perfume entre las fachadas sombrías que daban cobijo al transeúnte. Yo vivo en este frío, en esta indiferencia que marca el ritmo de la soledad que avanza.

Sentada en el manto oscuro del rellano, acompasando la melancolía en el húmedo bostezo de una vela, alimento la tristeza línea a línea; palabra a palabra, mientras se mece en mis labios un nombre, una grafía que da sentido al silencio… Albert Camus.

(Mondovi, Argelia, 1913 – Villeblerin, Francia, 1960) Novelista, dramaturgo y ensayista francés. Nacido en el seno de una modesta familia de emigrantes franceses, su infancia y gran parte de su juventud transcurrieron en Argelia. Inteligente y disciplinado, empezó estudios de filosofía en la Universidad de Argel, que no pudo concluir debido a que enfermó de tuberculosis.

Formó entonces una compañía de teatro de aficionados que representaba obras clásicas ante un auditorio integrado por trabajadores. Luego ejerció como periodista durante un corto período de tiempo en un diario de la capital argelina, mientras viajaba intensamente por Europa. En 1939 publicó Bodas, conjunto de artículos que incluyen numerosas reflexiones inspiradas en sus lecturas y viajes. En 1940 marchó a París, donde pronto encontró trabajo como redactor en Paris-Soir.

Albert Camus empezó a ser conocido en 1942, cuando se publicaron su novela corta El extranjero, ambientada en Argelia, y el ensayo El mito de Sísifo, obras que se complementan y que reflejan la influencia que sobre él tuvo el existencialismo. Tal influjo se materializa en una visión del destino humano como absurdo, y su mejor exponente quizá sea el «extranjero» de su novela, incapaz de participar en las pasiones de los hombres y que vive incluso su propia desgracia desde una indiferencia absoluta, la misma, según Camus, que marca la naturaleza y el mundo.

Sin embargo, durante la Segunda Guerra Mundial se implicó en los acontecimientos del momento: militó en la Resistencia y fue uno de los fundadores del periódico clandestino Combat, y de 1945 a 1947, su director y editorialista. Sus primeras obras de teatro, El malentendido y Calígula, prolongan esta línea de pensamiento que tanto debe al existencialismo, mientras los problemas que había planteado la guerra le inspiraron Cartas a un amigo alemán.

Su novela La peste (1947) supone un cierto cambio en su pensamiento: la idea de la solidaridad y la capacidad de resistencia humana frente a la tragedia de vivir se impone a la noción del absurdo. La peste es a la vez una obra realista y alegórica, una reconstrucción mítica de los sentimientos del hombre europeo de la posguerra, de sus terrores más agobiantes. El autor precisó su nueva perspectiva en otros escritos, como el ensayo El hombre en rebeldía (1951) y en relatos breves como La caída y El exilio y el reino, obras en que orientó su moral de la rebeldía hacia un ideal que salvara los más altos valores morales y espirituales, cuya necesidad le parece tanto más evidente cuanto mayor es su convicción del absurdo del mundo.

Si la concepción del mundo lo emparenta con el existencialismo de Jean-Paul Sartre y su definición del hombre como «pasión inútil», las relaciones entre ambos estuvieron marcadas por una agria polémica. Mientras Sartre lo acusaba de independencia de criterio, de estirilidad y de ineficacia, Camus tachaba de inmoral la vinculación política de aquél con el comunismo.

De gran interés es también su serie de crónicas periodísticas Actuelles. Tradujo al francés La devoción de la cruz, de Calderón de la Barca, y El caballero de Olmedo, de Lope de Vega. En 1963 se publicaron, con el título de Cuadernos, sus notas de diario escritas entre 1935 y 1942. Galardonado en 1957 con el Premio Nobel de Literatura, falleció en un accidente de automóvil.


FRAGMENTOS:

La felicidad es la mayor de las conquistas, la que hacemos contra el destino que se nos impone.«Cartas a un amigo alemán» (1948)

Todos los especialistas de la pasión nos lo dicen: no hay amor eterno si no es contrariado. No hay pasión sin lucha.«El mito de Sísifo» (1942)

Ningún hombre es hipócrita en sus placeres.«La caída» (1956)

Quizá no estaba seguro de lo que me interesaba realmente, pero en todo caso, estaba completamente seguro de lo que no me interesaba. Y, justamente, lo que él me decía no me interesaba.«El extranjero» (1942)

 En el hombre hay más cosas dignas de admiración que de desprecio.«La peste» (1947)


Discurso y entrevista a Albert Camus, al recibir el Premio nobel de literatura 1957


BIBLIOGRAFÍA:
Wikipedia
Lecturalia
Muy interesante

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POESÍA ERES TÚ

Por: Pilar Alcalá García


Marzo es el mes de la Poesía. La UNESCO adoptó por primera vez el 21 de marzo como Día Mundial de la Poesía durante su 30ª Conferencia General en París en 1999, con el objetivo de apoyar la diversidad lingüística a través de la expresión poética y fomentar la visibilización de aquellas lenguas que se encuentran en peligro. El Día Mundial de la Poesía es una ocasión para honrar a los poetas, revivir tradiciones orales de recitales de poesía, promover la lectura, la escritura y la enseñanza de la poesía, fomentar la convergencia entre la poesía y otras artes como el teatro, la danza, la música y la pintura, y aumentar la visibilidad de poesía en los medios.

Audry Azoulay, directora general de la UNESCO en su mensaje con motivo del Día Mundial de la Poesía 2019 dijo: «Cada forma de poesía es única, pero cada una refleja la universalidad de la experiencia humana, el anhelo de creatividad que trasciende todos los límites y fronteras, tanto del tiempo como del espacio, en la afirmación constante de que la humanidad forma una única y sola familia. ¡Este es el poder de la poesía!».

Cada poeta tiene su voz, su manera de decir y su manera de ser entendido, pero este año hay un poeta cuya voz se eleva sobre las demás, me refiero a Gustavo Adolfo Bécquer del que se conmemoran 150 años de su muerte. Es por ello que intentaremos dar algunas claves de la poética de Bécquer. Hemos titulado este artículo “Poesía eres tú” porque son palabras de las que todos reconocen la autoría. “Poesía eres tú” tres palabras sencillas, una paráfrasis que constituye el axioma en el que se sustenta la poética de Bécquer. Una identificación de la mujer con la Poesía que puede parecer un simple piropo pero es mucho más que eso, es la Poética de Bécquer. Es la mujer como alegoría de la Poesía. Es la famosa rima XXI que consigue sintetizar y hacer popular y accesible esa constante interrelación entre el ámbito erótico y el metapoético que las Rimas van construyendo:

¿Qué es poesía?, dices, mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul,
¡Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía… eres tú.

y pensemos también en los versos finales de la rima IV :

mientras exista una mujer hermosa,
¡habrá poesía!

La rima XXI está perfectamente glosada en la I de las Cartas literarias a una mujer:

En una ocasión me preguntaste: ¿Qué es la poesía?

¿Te acuerdas? No sé a qué propósito había yo hablado algunos momentos antes de mi pasión por ella.

¿Qué es la poesía? me dijiste; y yo, que no soy muy fuerte en esto de las definiciones, te respondí titubeando: la poesía es… es… y sin concluir la frase buscaba inútilmente en mi memoria un término de comparación, que no acertaba a encontrar.

Mis ojos que, a efecto sin duda de la turbación que experimentaba, habían errado un instante sin fijarse en ningún sitio, se volvieron entonces instintivamente hacia los tuyos, y exclamé al fin: ¡la poesía… la poesía eres tú!”.

La verdad es que hay muchas similitudes entre las Cartas literarias a una mujer y algunas rimas, pero no podemos detenernos en ellas. Las Cartas literarias a una mujer son la Poética de Bécquer. Queremos recordar que, como señala el profesor López Estrada, en Bécquer todas las mujeres están confundidas en la mujer. Y por ello la destinataria de las Cartas literarias a una mujer no es ninguna concreta, aunque es posible que Bécquer esté pensando en alguien en particular o en varias mujeres. Sabemos que están escritas durante el noviazgo con Casta Esteban y que después de casarse no publicó más cartas, a pesar de ese “continuará” que aparecía al final de la IV. Aquí queremos señalar algo importante, las Cartas iban dirigidas a las lectoras de El Contemporáneo, periódico en el que trabajaba Bécquer, lectoras que lo abrían por las páginas de Variedades.

Arturo Berenguer señaló la novedad de Bécquer en su Poética. Las Cartas literarias a una mujer representan una reflexión que el poeta establece sobre qué es la Poesía más allá del hecho mismo de la obra literaria. Volviendo a la rima XXI, Bécquer sitúa a la mujer como el primer motivo de la poesía. La mujer es la encarnación de la poesía, es el verbo poético hecho carne. Pero la crítica lleva más de un siglo intentando averiguar quién es ese tú.

La mujer imposible de alcanzar, y por ello más deseable, recorre toda la obra becqueriana, tanto en prosa como en verso. Esta mujer inalcanzable es la Poesía. Piénsese en la leyenda El rayo de luna: “En el fondo de la sombría alameda había visto agitarse una cosa blanca que flotó un momento y desapareció en la oscuridad”, que parece resonar en el verso 11 de la rima LXXIV:

La vi como la imagen
que en leve ensueño pasa,
como rayo de luz tenue y difuso
que entre tinieblas nada.

La idea de la mujer imposible y siempre soñada campa por las rimas y la prosa de Bécquer. Y he aquí la clave. Cuando Bécquer habla de mujeres inalcanzables está hablando de la Poesía inalcanzable. Bécquer huye de la estrofa lujosa y sonora, su poesía es sobria y ceñida. Como dice José Luis Cano, “prefiere ceñirse desnudamente, como la piel al hueso, al sentimiento expresado”.

Bécquer en este sentido fue el precursor del concepto de Poesía Pura de Paul Valéry que adoptarían más tarde Juan Ramón Jiménez y los poetas del 27. Escribir poesía para Bécquer es entregarse a un ideal, es luchar por lograr la forma perfecta, esa mujer/poesía inalcanzable.

En Bécquer la identificación de mujer y poesía se basa en la analogía entre deseo erótico y creación poética. En su obra, sutil entramado de ideales unidos a reflexión y experiencia, encontramos las dos caras del «eros». Su mujer ideal, la que el poeta busca sin encontrar jamás, mezcla de «eros» carnal y celestial, nos la describe así en la Leyenda «El rayo de luna»: ojos azules, «azules y húmedos como el cielo de la noche»; azules y rasgados; una cabellera suelta, flotante y oscura; alta y esbelta, «como esos ángeles de las portadas de nuestras basílicas»; la voz suave, como el rumor del viento en las hojas de los álamos, y su andar acompasado y majestuoso, como las cadencias de la música; una mujer hermosa, como los más hermosos sueños de la adolescencia.

Incluso era posible para Bécquer entregar el alma a una mujer nunca vista. Pensemos en lo que escribe en la narración toledana “Tres fechas”: “¡cuánto no soñaría yo con aquella ventana y aquella mujer! Yo la conocía; yo sabía cómo se llamaba y hasta cuál era el color de sus ojos”. También para Bécquer la mujer ideal e inalcanzable puede ser una mujer de piedra como vemos en la leyenda “El beso” en la que el protagonista se enamora de la estatua de una mujer:

“Una mujer blanca, hermosa y fría, como esa mujer de piedra que parece incitarme con su fantástica hermosura, que parece que oscila al compás de la llama, y me provoca entreabriendo sus labios y ofreciéndome un tesoro de amor… ¡Oh!… sí… un beso… sólo un beso tuyo podrá calmar el ardor que me consume”.

O en el texto inacabado “La mujer de piedra”, donde podemos leer:

“Inmóvil, absorto en una contemplación muda permanecía yo aún con los ojos fijos en la figura de aquella mujer cuya especial belleza había herido mi imaginación de un modo tan extraordinario”.

Y al tema del amor, tratado en muy diversos aspectos, dedica once de sus leyendas. En algunas (La ajorca de oro, El beso, La cueva de la mora, El monte de las ánimas, La corza banca), el amor pasional de los protagonistas los arrastra a situaciones aberrantes por parte de sus amadas. Es decir, el poeta es capaz de cualquier cosa con tal de alcanzar esa poesía pura. Los protagonistas de las leyendas son trasuntos de Bécquer, son el poeta.

Vayamos a la Rima XI, resumen del ideal erótico de Gustavo, concebida en forma de diálogo. Cada una de las mujeres habla en presente y en primera persona. El poeta rechaza a la morena y a la rubia y elige a la que es un fantasma de niebla y luz, incorpórea, intangible. La que no puede amarle, la de proyección espiritual, en definitiva… la Poesía imposible de alcanzar. En Bécquer es una constante la persecución obsesiva de la mujer/poesía inalcanzable.

Yo soy ardiente, yo soy morena,
yo soy el símbolo de la pasión,
de ansia de goces mi alma está llena.
¿A mí me buscas?
No es a ti, no.
Mi frente es pálida, mis trenzas de oro:
puedo brindarte dichas sin fin,
yo de ternuras guardo un tesoro.
¿A mí me llamas?
No, no es a ti.
Yo soy un sueño, un imposible,
vano fantasma de niebla y luz;
soy incorpórea, soy intangible:
no puedo amarte.
¡Oh ven, ven tú!

Es verdad que hubo fantasía en los versos de Bécquer, pero las mujeres, musas, de carne y hueso también existieron en su vida: Lenona, Julia Cabrera, Josefina y Julia Espín, Casta Esteban, Alejandra…

Como dijo Montesinos: “Para todo biógrafo de Bécquer es muy difícil poner en orden el corazón del poeta”. Lo que importa es el nombre de mujer que perdura en la vida de un poeta y Bécquer no lo tuvo. Desde la joven de la calle Santa Clara de Sevilla hasta la toledana Alejandra no hay un nombre de mujer que le acompañe. Sí, amores, enamoramientos, un matrimonio fallido y sueños.

Quiero acabar con unas palabras de Gustavo pertenecientes a la Introducción Sinfónica, que a lo mejor lo aclaran todo o tienen el efecto contrario:

Mi memoria clasifica, revueltos, nombres y fechas de mujeres y días que han muerto o han pasado, con los de días y mujeres que no han existido sino en mi mente”.

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POEMAS SIN TIERRA (RECUERDOS DE LA INDIA Y NEPAL)

El Anaquel

Los libros liberan más que nutren y quiero ser testigo de esta liberación.

Por: Matteo Barbato


Poemas sin Tierra (Recuerdos de la India y Nepal)
Paloma Serra Robles
Editorial: Cuadernos del Laberinto
Publicación: 03/01/2020
132 páginas; 22×15 cm
ISBN: 8412130987
ISBN-13: 9788412130980
Encuadernación rústica con solapas
Colección Anaquel de poesía, 98
Precio: 13,50€

 

               

Sobre Paloma Serra Robles

(Figueras, 20 de enero de 1976)

Licenciada en Derecho por la Universidad de Oviedo, continuó sus estudios en Toulouse (Francia) y en la Fletcher School of Law and Diplomacy (EE. UU.). Ingresó en la Carrera diplomática en 2005. “Poemas sin tierra” es su tercer poemario tras “Farol Fundo” (Chiado, 2014), y “Dejar África” (Cuadernos del Laberinto, 2014). Algunos de sus poemas han sido publicados en diversas antologías: «Rimas cifradas» (Dossoles, 2012), «Y lo demás es Silencio» (Chiado, 2015), «Breve historia de la literatura concreta» (Chiado, 2015), «Me gusta la Navidad» (Cuadernos del Laberinto, 2016). Además, codirige la colección literaria La Valija diplomática. Ha vivido en Francia, Costa de Marfil, Cabo Verde y la India. Actualmente reside en Sudáfrica.

Fuente: http://www.cuadernosdelaberinto.com/Poesia/paloma_serra_poemas_sin_tierra.html

 

               

Sinopsis

Todas las tierras son poesía, y así crecen en nosotros tras habitarlas y abandonarlas. Países que se nos apropian de la palabra y germinan creando versos.

Paloma Serra ha vivido durante largos años en India y Nepal; y el viaje ha evolucionado hasta gestarse en patria y pueblo literario generadores de estos Poemas sin tierra, un diario de belleza y observación enmarcado en el mapa.

Paloma Serra posee un singular talento descriptivo que logra situar al lector en el núcleo del sentimiento, creando —gracias a su personalísimo estilo— imágenes dominantes e inspiradoras que nos hacen cruzar y sentir las fronteras y los puentes que separan el fulgor de la luz.

Fuente: http://www.cuadernosdelaberinto.com/Poesia/paloma_serra_poemas_sin_tierra.html

 

               

Comentarios sobre la obra

El marco de un viaje confinado en el camino de la imaginación, la deidad del sueño extendida en lo cotidiano, el éxtasis de la rutina, el culto de la normalidad, el recuerdo como fruto de los lugares visitados: los poemas de Paloma Serra Robles son el diario de una experiencia, son marca y testimonio de un recorrido espiritual. Sus versos son fotografías, instantes volátiles “made in India” que ya residen, eternos, en la memoria.

El estilo de Paloma Serra Robles es sencillo: la autora no necesita frases rebuscadas para parir sus versos. Su trabajo se limita a remarcar el camino recorrido (y por recorrer) y sus poemas son la brújula para que la propia autora, una peregrina en un lugar sagrado, se encuentre a sí misma trazando su propia cartografía, su propio mapa interior. Su trabajo anida en la firme voluntad de permanecer: perseverar, seguir adelante, a pesar de todo; sus poemas son también búsqueda, agradecimiento, enseñanza.

La autora nos traslada a una realidad curva, la de una diplomática que recorre el mundo, deshace el bosque, encuentra la mirada franca de un búfalo de agua en el Ganges, reconoce y exalta el regalo de la vida, avanza y retrocede (volver siempre, / muy despacio, / a los olores / dejados tantas veces). El espacio físico del papel con el que escribe es un manto gris colmado de desechos, y las hojas son ciudades llenas de minúsculos detalles enrocados en el tiempo.

Durante la lectura, entre otras cosas he podido descubrir realidades extrañas, dignas de mención: las mujeres monpas que trabajan la piedra (https://en.wikipedia.org/wiki/Monpa_people), los yaks salvajes (unos mamíferos similares a los bisontes), las Mynas (unas aves autóctonas); todas ellas figuras insólitas, exóticas, llamativas. También he podido tomar un té con los vendedores de chai o degustar un plato de thukpa: en todo momento he podido saborear la atmósfera lenta y profunda de la India y, del mismo modo, estoy seguro de que cada lector disfrutará de esta realidad, alejada pero evocadora.

Paloma Serra Robles escribe a borbotones para expiar pérdidas, repara las raíces desasidas a través de la memoria, sigue avanzando (a pesar del desfile de la muerte) para dar sentido y homenaje al regalo de la vida.

Solo a través de la escritura la poeta se deja vencer. Los instantes (inevitables) se suceden: las vacas siguen, (…) a medio camino entre el parque y el viento.

 

               

Noviembre en nueva Delhi

La tristeza evoluciona,
se difumina con las luces de los coches.

Con delicadeza, la flor se desprende de la rama,
y cae,
meciéndose
hasta posarse en la acera,
cual libélula en el agua.

Y esa flor, impoluta, perfecta,
pasa a adornar el suelo, junto a otras flores,
desprendidas antes,
que palidecen a su lado.

Todo desmejora frente a los segundos de belleza pura
que proporciona esta falsa primavera
en noviembre.

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EL ESTADO DE LAS COSAS

Por: Manuel de la Fuente Vidal


“El libro transparente de las cosas que existe y de las que no existen”. Rafael Courtoisie. 80 páginas. Ed. Los Libros del Mississippi, 2020  ISBN: 9788412074109

El título es delicioso y tiene un aire cortazariano, “El libro transparente de las cosas que existen y de las que no existen” (completado con unos directos al estómago humano y poético que son los “Aforismos del desterrado”), nuevo título debido al escritor uruguayo Rafael Courtoisie, una de las voces más destacadas de la poesía en lengua castellana de las últimas décadas. Y es que aquí el poeta se mueve con sutileza y donosura entre los pliegues de todos esos mundos que existen, pero no necesariamente están en éste. Courtoisie hace sonar las campanillas de las palabras como encantadores cascabeles que hacen cosquillas en nuestra imaginación. Casi siempre, la sencillez es el mejor camino para llegar a lo más hondo, lo que en estas páginas el autor consigue de forma sobrada y más que suficiente, como ya nos señala en los primeros versos: “Una paloma de papel / con letras que vuelan. / No un ave: un poema”. Pronto indaga con tino Rafael Courtoisie en esas cosas a las que se refiere en el título: “Todas las cosas tienen nombre. / Las que no existen / callan. / (…) Cada palabra es un mundo”. Y por ese ancho mundo se mueve el vate sacando conclusiones que al lector le llegan bien adentro: “No somos lo que sabemos / somos lo que soñamos”. Sueños que en la voz del poeta pueden hacernos rememorar conmovedores y no menos terribles episodios bíblicos (“La sal recuerda el viento que sacudió las afueras de Sodoma, la piel / desnuda de Gomorra, la mujer de Lot”), recordar a la gran cantora chilena (“Volver a los diecisiete / después de vivir un siglo (…) “Volver a ser de repente / como un niño frente a Dios /canta Violeta Parra / resucitada y yo”) y trazar más allá de Marte y del terror de los libros ardiendo el dibujo de Ray Bradbury, enorme lírico además de uno de los más grandes de la ciencia-ficción: “Y cuando nace la noche en la boca de un poeta también nacen /  infinitas, las galaxias, los planetas en torno a las estrellas, las / lunas de las sílabas y el viento”. El uruguayo mira fijamente a los ojos del lector por si a éste aún le quedaba alguna duda (“Ya no estoy en mí: soy lo que lees”) y le da el mejor de los consejos: “Para ver el eclipse / cierra los ojos. / Sólo dentro de ti / brilla la noche”.

Pasemos ahora, con orden y con concierto a la segunda parte del libro, esos “Aforismos del desterrado”, crónica de un exilio interior al que tantas veces nos vemos abocados. El aforismo es un arte sutil que muchos creen dominar y que muy pocos lo consiguen. No es el caso, porque Rafael Courtoisie consigue en una línea poner muchos puntos sobre muchísimas íes, pero claro, hay que saber verlo (“La mirada comienza antes de abrir los ojos”), identificarlo (“La poesía dice lo que las palabras no quieren nombrar”) y saber trascenderlo: “Sin amor siempre se está lejos, uno es paria en todas partes”, porque, yo, el desterrado, “no tengo país, mi sitio son las palabras que digo”, y eso conlleva una dolorosa hambruna: “El olvido es pan para el desterrado. / El desterrado come olvido. / Y cada vez tiene más hambre”. Porque en tristes y resumidas cuentas, “haber nacido es haber sido desterrado”.

Estamos ante un libro sorprendente, mágico, heterodoxo, en el que, existan o no existan, se llama a las cosas por su nombre, se las descubre y redescubre, se le dan al lector las coordenadas poéticas para que sepa encontrar la latitud y longitud del aliento poético que se aloja en todas ellas. Como en aquella subyugante película de Wim Wenders, Rafael Courtoisie pasa revista a “El estado de las cosas” y nos dibuja un  encantador y trascendente mapa para que viajemos entre ellas y descubramos sus muchísimos y encantadores tesoros.

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ANTONIO GAMONEDA: LA POÉTICA DE LA OSCURIDAD COMO ORIGEN DE LA LUZ

El Atelier

Por: Inma J. Ferrero

En algún momento el sol desciende sobre el perfil opuesto de nuestra sombra, y un líquido oscuro se remueve dentro, en lo más profundo, como presagio del abismo que nos aguarda… Entonces nos damos cuenta de que el crepúsculo ha llegado a nuestros labios y las palabras comienzan a marchitarse suavemente en su geografía de ceniza. Resurge aquí la poesía, adquiere vida la estrofa olvidada y los recuerdos se entrelazan entre los versos respirando como un animal herido que retoma su voz, a veces tan asenté… Es tiempo de Gamoneda, tiempo de perderse.

Antonio Gamoneda nació en Oviedo el 30 de mayo de 1931. A los dos años, y tras la muerte de su padre, se trasladó a León con su madre. Su formación intelectual fue básicamente autodidacta, aprendió a leer solo, fijándose en las letras del único libro que había en la biblioteca familiar de León, un volumen que se titulaba ‘Otra más alta vida’, firmado por su padre, un poeta de corte modernista.

Por su fecha de nacimiento se le ha relacionado con el llamado «grupo poético de los años 50» denominación dada por Juan García Hortelano. Este grupo también es conocido como “Generación del 50, del medio siglo o de los niños de la guerra”, denominaciones estas, que da la historia de la literatura española a la generación literaria de escritores nacidos en torno a los años 1920 y que publican en torno a los años 1950; superada la Guerra Civil, y considerados por lo tanto «hijos» de la misma. Entre sus miembros, podemos señalar Blas de Otero, Gabriel Celaya, Rafael Sánchez Ferlosio, entre otros. Como señaló el propio autor: «Mi tipología de escritor ha de ser la que pueda darse, partiendo de 1936, en la suma de unos componentes históricos y biográficos que son, más o menos, los siguientes: pobreza familiar, escasa escuela pública, y la contemplación inocente de la crueldad y la miseria moral de la guerra civil y la posguerra militarizada». Empezó a trabajar en 1945 como recadero en un banco, actividad que compaginó durante muchos años con estudios medios.

Aunque cronológicamente, como he señalado, podría pertenecer a la generación de los cincuenta, su obra ha permanecido alejada de cualquier tendencia poética. Lo autobiográfico envuelve toda su obra, pero esto no hace que sea una crónica de experiencias, ni un retrato objetivado de la realidad, sino que, Gamoneda a lo largo de toda su obra describe hechos donde se reviven sensaciones, detalles, en algunos casos fuera de contexto que evocan tiempos pasados, como una suerte de pincelada a la cual el pintor ha otorgado la libertad en referencia a las demás pinceladas del cuadro. Sus poemas, a modo de Orfeo, resurgen del interior, de la profundidad del sentimiento que revive a través de la palabra. Lo que propone en definitiva la poesía de Gamoneda no es mostrarnos la experiencia real, sino la experiencia vital, donde los hechos cobran la fuerza de la pértiga para adentrarse en las honduras del ser.

Gamoneda publicó sus primeros poemas en 1960, como los escritos en 1947 «Sublevación inmóvil». En 1977 aparece su obra Descripción de la mentira,  más tarde en 1979 publica León de la mirada, 1982 publica Blues castellano, 1986 Lápidas, 1987 Edad: (poesía 1947-1986), Libro del frío, 1992, Sección de la memoria, 1993, Poemas, 1996, Cuaderno de octubre, 1997, Pavana impura, 2000, Sólo luz: antología poética, 2000, Arden las pérdidas, 2003, La voz de Antonio Gamoneda, 2004, Reescritura, 2004, Cecilia, 2004, Esta luz : poesía reunida : (1947-2004), 2004, Antología poética, 2006, Visión del frío, 2007, en este mismo año también aparece Antología y voz.  Entre su obra también deja un espacio a la prosa, el ensayo, incluso colabora con artistas plásticos. Entre su prosa, Relación y fábula,1997, Descripción del frío, 2002, Un armario lleno de sombra, 2009. Ha escrito también numerosos ensayos y su obra ha sido traducida al francés, portugués, italiano, entre otros.

Su obra, de una fuerza excepcional, ha sido reconocida tardíamente como una de las grandes voces de la poesía española actual. Entre sus reconocimientos y premios pueden anotarse el Premio Castilla y León de las Letras (1985), el Premio Nacional de Poesía (1988), el Premio de la Crítica de Castilla y León en 2004, el Premio Cervantes, (2006), el Premio Reina Sofía de poesía Iberoamericana, 2006 el Premio Quijote en 2009, la Medalla de Oro de la ciudad de Pau, la Medalla de Plata del Principado de Asturias, el Premio “Leteo”, la Medalla de Oro de la Provincia de León y la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes. Es Hijo Adoptivo de León y de Villafranca del Bierzo, y Doctor Honoris causa por la Universidad de León. En 2015, fue nombrado académico correspondiente en León de la Academia de Buenas Letras de Granada.

POEMAS:

Yo, sin ojos, te miro transparente.
En la música estás, de ella has nacido;
de este grito de luz, de este sonido
a mundo amado luminosamente.

Y yo escucho después —agua creciente—
a la música en ti: todo el latido,
todo el pulso del aire convertido
a tu belleza, a tu perfil viviente.

Tumba y madre recíproca, del canto
orientas a tus venas la agonía,
y tus ojos asumen su potencia.

Oh prisión de la luz, después de tanto,
ya veo en el silencio: la armonía
es tu cuerpo, tu amada consistencia.

(De Sublevación inmóvil, 1960)

AMOR

Mi manera de amarte es sencilla:
te aprieto a mí
como si hubiera un poco de justicia en mi corazón
y yo te la pudiese dar con el cuerpo.

Cuando revuelvo tus cabellos
algo hermoso se forma entre mis manos.

Y casi no sé más. Yo sólo aspiro
a estar contigo en paz y a estar en paz
con un deber desconocido
que a veces pesa también en mi corazón.

(De Blues castellano, 1961-966).

AQUELLO CÁLICES

¿Quién habla aún al corazón abrasado cuando la cobardía
ha puesto nombre a todas las cosas?

Silba el adverbio del pasado. El cobre silba en huesos
juveniles, pero es el día del invierno. Alguien
prepara grandes sábanas
y restablece la oquedad. Sólo hay sustancia en ti,
sustancia azul de desaparecidos.

Aquellos gritos. Y las banderas sobre nosotros.

Ah las banderas. Y los balcones incesantes: hierros
entre la luz, hierros más altos que la melancolía,
nuestro alimento.

Cae
la máscara de Dios: no había rostro.

¿Quién habla aún al corazón amarillo?

Soy el que ya comienza a no existir
y el que solloza todavía.

Es horrible ser dos inútilmente.

Edad, edad, tus venenosos líquidos.

Edad, edad, tus animales blancos.

(De Lápidas, 1986).

FRÍO DE LÍMITES

Huyen heridas por el amanecer, laten sobre las aguas y su blancura se
abre en ti: avefrías.

Viajan de lo visible a lo invisible. Ya
sólo hay invierno en las ramas inmóviles.

(De Libro del frío, 1992)

LA PRISIÓN TRANSPARENTE (frag.)

Estoy cansado.

Cansado de mí mismo; de mi enemistad conmigo mismo.
O de vivir, o de no
vivir, no
sé.

Hoy,
esta mañana, he
considerado lo que queda de mí:
apenas
una fatigada conciencia
y algunos inservibles
bártulos carnales.

Hoy,
algo más tarde, viendo,
desconociendo
mi rostro en el espejo: mis ojos inmóviles,
mi piel oxidada y la turbia
tempestad de
mis cabellos,
he
pronunciado una
sola sílaba:
No.

Una sílaba sola.

¿Qué es de mí?
¿Soy yo monosílabo,

únicamente
negación?

No
sé.

(De La prisión transparente, 2016).


BIBLIOGRAFÍA

Wikipedia

Instituto Cervantes

El placard

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MIGUEL ÁNGEL YUSTA: REFLEJOS EN UN ESPEJO ROTO

Aquel sillón de cuadros

Por: Inma J. Ferrero

Al fin he leído Reflejos en un espejo roto, de Miguel Ángel Yusta, este poemario que llevaba tanto tiempo en mi lista de pendientes imperdonables. Publicado por la editorial Lastura el pasado año 2019, es un periplo en el claroscuro del amor, dividido en diez partes, en las que el poeta se va deshojando pétalo a pétalo haciéndonos partícipes de ese gran dolor que el amor deja tras su marcha. “Vacío y soledad se dan la mano / y esa gota persiste. Ya son miles / que horadan con dolor hasta los huesos.” La particular ordenación de los poemas permite un ir y venir por las distintas fases del desamor, por los distintos episodios del dolor hasta llegar a la resignación y más tarde, ¿Por qué no? Dejar una ventana abierta a la esperanza.

En una primera lectura del libro es palpable la melancolía que se cuela por cualquier resquicio del verso, haciendo de su lectura una danza en la que todos nos hemos vistos sumergidos alguna vez a lo largo de nuestra experiencia vital. “Acabada la intensa travesía / cuando el olvido ha consumido el llanto / resuenan luminosas las trompetas.” El poeta mantiene una conversación intima de la que nos hace partícipes, manteniendo el interés del lector a través de un discurso hondo y sentido, expresivo y directo, con el que nos envuelve hasta hacernos naufragar en el conocimiento pleno del dolor que en ellos se expresa. Es significativo el tono de advertencia que en algunos casos el verso adquiere, como si el poeta dirigiéndose a un amigo del alma le persuadiera del peligro al que se aproxima “Las palabras se enlazan y acarician / cuando son luminosas. / Mas a veces se vuelve enemigas / oscuras y heladoras…”.

Este libro está formado por poemas cortos que dan al lector una sensación de vértigo en la que el alimento, la estrofa, fluye nutriendo ansiosamente el alma que los acoge como nueva morada.  El verso libre, otra característica esencial de la obra, la imprime de un carácter original que modela el poema hasta darle vida, consiguiendo así captar la atención del lector desde el primer momento de su lectura, ya que le otorga una mayor agilidad. El lenguaje poético del autor es sencillo y depurado, huyendo de la superficialidad de los ornamentos que hacen de la poesía, en algunos casos, algo anacrónico y desgastado, atendiendo a la razón de que la lírica busca decir lo máximo con lo mínimo, es decir, lograr una gran densidad de significado y una alta intensidad expresiva con el mínimo de palabras. “Mi palabra prolonga el pensamiento / y traspasa el cristal de tu mirada” La obra muestra una evolución bastante clara desde el principio al fin, que fluye naturalmente sin ningún tipo de presión sobre los versos. También es importante destacar la dimensión visual de los poemas, así como, la evocación de lugares o personas perdidas, recordadas desde la lejanía y la nostalgia. “En soledad contemplo / cenizas de recuerdo muy felices / que ardieron algún día en la memoria.”   

Podemos concluir diciendo que el efecto normal del amor es sentirse invencible, pero a su paso, tras su pérdida este se muestra implacable “Quisiera entrar al fondo de las aguas, / nadar bajo su luz, / preguntarme por qué, si sembré amor, / cosecho en el final tanta tristeza”.  Y es que las defensas normales de supervivencia desaparecen una a una con su llegada, y el corazón y el alma quedan totalmente expuestos ante la idea fija de que esa persona no habrá de dañarnos “Estas palabras, son como cuchillos. / ¡Cómo cuesta escribirlas / en medio de la noche y el insomnio.” El amor en realidad nos vuelve enteramente vulnerables y eventualmente habrá de haber algún daño. En el amor, nadie sale totalmente indemne. Pero ¿Vale la pena el riesgo? El poeta deja un soplo de esperanza. “Casi he marchado ya, mas sin tristeza / he dejado mis huellas. / Sólo el vacío ya, solo el silencio. / Mas silencio de amor esperanzado.” Siempre el hombre a solas, «desnudo en alma», no obstante, con ese punto, diríase esperanzado, aunque fuere por el deseo de vivir más, de conocer.

Nos encontramos ante un poemario y un poeta capaz de transmitir del modo más sutil los sentimientos que el desamor inflige, de la racionalización del pensamiento como indagador en el alma ávida del amor, poemas, los de este libro, que en algunos momentos reflejan el sentido de trascendencia, de vinculo. Este es un poemario difícilmente eludible para cualquier lector que sepa degustar los versos sin miedo, aunque estos sean espinas que reaviven aquello que una vez sentimos y que nos hizo frágiles como el cristal.


Reflejos en un espejo roto
Miguel Ángel Yusta
Colección Alcalima Nº 146
Primera edición: julio, 2019
Imagen de cubierta: stasknop (Adobe Stock)
Nº de páginas: 126
Encuadernación rústica fresada con solapas
Formato: 148*210 mm.
D.L.: TO 518-2019
ISBN: 978-84-120380-3-3
Más Info
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JOSE PEDRO JIMENEZ: «CONSIDERO UNA UTOPÍA QUE LA MÚSICA OCUPE SU VERDADERO LUGAR EN LA SOCIEDAD, TANTO EN LA EDUCACIÓN COMO EN OTROS ÁMBITOS»

Por: Isabel Rezmo


La música es la hermana de la poesía. Según Ignacio Martínez Madrigal pese a que el ser de la música y el ser de la poesía son distintos, tanto por su origen, sus métodos y procedimientos, hay instantes de revelación o de creación en los que la música desemboca en la formación de un universo poético, y momentos en que la poesía propicia y da forma a un contenido o universo musical. A través de la historia de la cultura muchas de las obras maestras de la música han partido de un texto o un contexto literario, sin embargo, muchas otras obras también grandiosas han partido de un punto únicamente musical. Podemos ejemplificar esto partiendo de la audición y conocimiento de dos obras muy conocidas, la Sexta Sinfonía de Beethoven llamada “Pastoral”, cuya expresividad es la poetización de lo que acontece en el campo. De forma contraria, podemos poner la Octava Sinfonía, del mismo autor, donde la música es creada desde sí misma y no expresa absolutamente nada literario o visual y es considerada como ejemplo de “música pura”.

Una sola palabra es capaz de desencadenar todo un contexto musical y sería un proceso sin fin esta relación; asimismo, una nota musical, un motivo o un timbre de cualquier instrumento, contextualizándolo de determinada manera, puede desencadenar una serie de pensamientos poéticos, filosóficos, sociales, retóricos, etc., y también expondrían un sin fin de posibles relaciones entre palabra y música.

John Cage afirma: “en mi opinión, la poesía no es prosa por la sencilla razón de que la poesía está, de un modo u otro, formalizada. No es poesía por motivo de su contenido o ambigüedad, sino porque permite que se introduzcan elementos musicales (tiempo, sonido) en el mundo de las palabras”.

Cualquier cosa escrita o dicha, nos sugiere un ritmo o nos refiere cierta entonación. Cualquier melodía, como sea, nos hace pensar e imaginar tantos universos como sean posibles. Cada mente ratifica estos hechos momento a momento y son tan variados como pensamientos existen en el universo. Según Humberto Eco, las obras literarias nos invitan a la libertad de la interpretación, porque nos proponen un discurso con muchos niveles de lectura y nos ponen ante las ambigüedades del lenguaje y de la vida.

Hoy en Proverso dentro de esta unión entre música y poesía vamos a fijar nos en la figura del cantautor.

Un cantautor es aquel que canta, y le pone música a sus propias creaciones. Reúne las cualidades de poeta, músico y cantante, o sea una gran capacidad de expresar en bellas o impactantes palabras, sentimientos o hechos, y, a la vez, posee conocimientos musicales y una voz privilegiada y educada para el canto.

Si bien en general los autores de canciones y quienes las entonan no son los mismos, a veces, existen esta posibilidad de reunir ambos dones.

Los cantautores, que frecuentemente son solistas, pueden elegir temáticas variadas en sus repertorios. Puede tratarse de temas románticos, de protesta social, o filosóficos.

Podemos mencionar a Serrat, Joaquin Sabina, Fito Paez, Silvio Rodriguez, Luis Pastor….La lista es inmensa. personas que han establecido un vínculo sagrado y único que han hecho del texto una melodía, y de una melodía  pura poesía y belleza.

Vamos a quedarnos en Baeza, en Jaén.  Vamos acercarnos a ese trabajo  a veces solitario  pero también  compartiendo momentos con los compañeros, con la poesía y la música.

Jose Pedro Jimenez nació en Madrid hijo de baezanos se vino a su tierra de origen donde reside con su familia, y donde trabaja y se dedica a su gran pasión que es la música. Baeza Ciudad patrimonio de la Humanidad junto a Úbeda, apenas separadas por 8 km. Ciudad Machadiana,  pues  el poeta Antonio Machado dio clases de Francés en la antigua universidad, hoy sede del Instituto de Ed. Secundaria Santísima Trinidad. Ha realizado multitud  de eventos, presentaciones, recitales.

Ha puesto música a los grandes maestros como Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Jorge Manrique o Miguel Hernández. Ha puesto voz y música a diferentes poetas tanto de Jaén como fuera de ella. Ahora promociona su último CD  cuyos beneficios serán íntegramente donados a la Asociación Jienense    de Esclerosis Múltiple.

RP: Buenas tardes José Pedro, es un placer tenerte en Proverso.¿Cómo se lleva el hecho de ser químico y a la ver atraerte el mundo de la música y la poesía?  Se supone que hay un punto contradictorio entre las letras y la ciencia condenadas a no entenderse…¿Cuándo descubriste que la música era tu vocación?

JPJ: El placer es mío. Mi pasión hacia la música tanto en la escucha como en la necesidad de aprenderla es muy temprana. Sin embargo, a finales de los años 70 y en un barrio obrero de Madrid, las cosas eran distintas y el acceso a la música no era tan sencillo. Mi padre me compró mi primera guitarra cuando tenía 14 años, y desde entonces comenzó esta aventura. Respecto a la decisión de estudiar una carrera de ciencias, fue algo más pragmático que una verdadera vocación.

 RP: La poesía también forma `parte de tu vida ¿cómo llegaste a ella? ¿Cómo te influye   al hacer tu propia música?

JPJ: Desde niño he sido aficionado a la lectura, aunque me imponía respeto la lectura de poesía. El destino y la invitación de un compañero, José Manuel Ortega, me llevó a participar en el II encuentro Internacional de poesía en Ubeda, y desde aquel día surgió un flechazo con la poesía que espero perdure para siempre. Leer a los grandes poetas clásicos, y también a nuestros contemporáneos, me creó una nueva conciencia acerca del compromiso del autor de canciones y el contenido de los textos. La letra de una canción es un género distinto de la poesía, es más flexible y directo, pero después de esta etapa vivida, de una forma inevitable mis letras son más elaboradas que anteriormente.

RP: ¿Dónde se une la poesía y la música?¿Cuando surge la chispa entre ambas?

JPJ:Creo que de algún modo siempre han estado unidas, si entendemos que todos los textos desde la tradición oral tienen una carga poética. En algún momento de la historia los caminos de la música y la poesía se separaron, pero en las canciones desde varias décadas atrás hay letras de canciones con un gran contenido poético, aunque no sean considerados poemas en sí mismos. Ahí tenemos el caso de Bob Dylan con un premio Nobel.

En España a partir de la década de los 60 nos acostumbramos a venerar artistas de habla inglesa, donde, de una forma involuntaria nos estábamos perdiendo el 50% del contenido de la canción. Por eso reivindico hacer proyectos como este en el que la supremacía es del texto y la composición musical se adapta y se somete al poema.

RP: ¿Crees que la figura  del cantautor tradicional (rebelde, contradictorio, antisistema..) está en desuso?

JPJ: Se escuchan muchos comentarios en esta línea. Pienso que se confunde una palabra como cantautor con un movimiento que sucedió en un momento concreto de nuestra historia. En la lengua inglesa se utiliza un término como “songwriter” que aglutina muchos más tipos de artistas y compositores. En cualquier caso, ese movimiento que he mentado hizo una gran labor en la divulgación de la poesía en los países de habla hispana.

RP: En la música ¿Artistas que  han influido en ti?

JPJ:Ante todo soy un gran amante de la música en una gran diversidad de estilos, desde jazz, rock, pop, canción de autor y muy especialmente músicas de raíz, como blues, folk, flamenco, etc.. Lógicamente, en mi faceta artística pueden ser más apreciables algunas influencias, aunque pueden surgir en cualquier momento cosas que provienen de los demás estilos.

RP: ¿La música es una utopía?

jpj: La música forma parte de la historia y de todos nosotros, desde nuestra infancia, adolescencia, y posterior vida adulta. La música nos transporta a momentos de nuestra vida muy puntuales, posee una magia muy especial. Considero una utopía que la música ocupe su verdadero lugar en la sociedad, tanto en la educación como en otros ámbitos. Hoy en día una parte muy importante de la música presente en los grandes medios es música de “consumo rápido”.

RP: Si tuvieras que elegir una canción que significara para ti algo, ¿Cuál sería?

JPJ: Hace tiempo que pienso en esto, buena pregunta. Hay días que creo que “Imagine” de John Lennon es la canción perfecta, tanto por una melodía universal como por el mensaje tan profundo que posee. Un canto a la humanidad no perecedero.

RP: Estás muy comprometido con los eventos solidarios, de hecho estás promocionando tu último proyecto un CD donde has musicalizado a poetas universales con poetas actuales, cuya recaudación será donada a la Asociación Jienense de Esclerosis Múltiple ¿Cómo surgió “Canciones Poéticas»?

JPJ: “Canciones poéticas” es una recopilación de mis mejores composiciones sobre textos poéticos. Sentí la necesidad de grabar este material cuando decidí cerrar esta etapa de composición. Por varias razones, cuando llegó el momento de editarlo, decidí que este proyecto debía tener un carácter social, y mi relación con AJDEM se remonta a muchos años.

RP: ¿Crees que en  la actualidad hay un mayor auge de este tipo de eventos y que ayudan a movilizar a la gente, a concienciarla antes los problemas?

JPJ: Creo que hay muchas personas y organizaciones trabajando en actos solidarios, y la respuesta es muy calurosa por parte de la sociedad. Sobre todo, puedo hablar de provincias como la de Jaén, un hecho muy destacable con las dificultades económicas que estamos atravesando desde el comienzo de la crisis, y agravada hoy en día por el bajo precio del aceite.

RP: ¿Tienes otros proyectos en mente?

JPJ: Sí, tengo textos propios que necesitan melodías, y algún proyecto relacionado con la literatura tradicional.

RP: Para acabar, una reflexión.

JPJ: Vivimos un momento en el que hay una eclosión de propuestas en lo que se refiere a la cultura de base, en sus distintas disciplinas, como música, poesía, pintura, audiovisual, etc…

Creo que no debemos caer en la trampa de la autocomplacencia cuando empiezan a llover las primeras gotas de reconocimiento, en medios como las redes sociales. Pienso que debemos esforzarnos en mejorar día tras día en la medida de los posible y con objetivos realistas, ya que no podemos dedicar a las artes todo nuestro tiempo. Aun así, como artistas debemos mirarnos al espejo sin piedad, para conseguir ofrecer lo mejor de nosotros.

RP: Gracias por asomarte a esta casa.

JPJ: Muchas gracias a vosotros por acordaros de este humilde músico.

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LA BELLEZA DE LAS CICATRICES

Por: Manuel de la Fuente Vidal


“Tierra de luz blanda”, de Ezequías Blanco. Prólogo de Enrique Gracia Trinidad. 54 páginas. Ed. Los Libros del Mississippi, 2020.

Verte postrado en una cama de hospital a la espera de una intervención quirúrgica y luego asumiendo cada punto de sutura de la recuperación no es precisamente una de las situaciones más divertidas de la vida. Entre galenos, enfermeras, auxiliares, goteros, comida famélica, sábanas que no son las tuyas y buenas inyecciones de aburrimiento cuando no de dolor (un lobo siempre voraz, siempre hambriento), no se tienen, por muy bien que te traten (que suele ser lo habitual), muchas ganas de reír. Pero esas horas que pesan como largas noches de noviembre sí que te dejan tiempo para reflexionar, aprender, conocerte mejor si aún no te conocías lo suficiente y hacerte preguntas y en el mejor de los casos dar con algunas respuestas que nunca están de más. Porque al fin y a la postre al enfermo no le viene nada mal recordar esa sana costumbre japonesa del arte del kintsugi que reivindica la belleza de las cicatrices, o, como escribe nuestro poeta, “así considérate más bello por haber / estado roto y por haber sido reparado”. Y es que nuestro escritor, y catedrático, Ezequías Blanco, ha pasado por esa mencionada cama de hospital y ha dejado constancia del trance en su nuevo libro, “Tierra de luz blanda”, que lleva atinado y certero prólogo de Enrique Gracia Trinidad.

Ya apenas situados en la primera página, los síntomas se tornan agudos: “Sientes que un perro te muerde un rincón / del espíritu que un águila rompe / tu hígado con sus garras / sin que aparezca nadie a rescatarte. / A ti que nunca ofendiste a los dioses / ni te llamaste Prometeo”.

Y no está el horno para bollos ni el cuerpo para fuegos prometeicos porque el poeta (y, sobre todo, el hombre) se encuentra ante “la entrada en el túnel / de los tantos por ciento / donde nunca existe garantía de salida”.

Pero para atravesar ese túnel hay que sentir ese elixir agridulce, ese estar y no estar, que es la anestesia: “La nada se hace dueña de tu piel / y en la garganta notas ruiseñores de fiebre. (…) Una ciudad áspera se ha dispuesto / entre tus labios y tu boca. / En derredor revolotean / los ángeles custodios”.

No obstante, Ezequías Blanco no se pone histriónico ni sufre de más y le queda un hueco para el humor (tirando a negro, eso sí) cuando le echa un vistazo al gotero que está sobre su cama, “…un perro faldero: / te sigue a todas partes como haciéndote burla”, o cuenta y recuenta, como un rosario del dolor los remiendos que hay sobre su cuerpo, esas innúmeras grapas tatuadas en la piel : “Ahí te han dibujado una figura / te han tatuado una escolopendra / como los hombres de Altamira / hacían en los techos de sus grutas”. Sin embargo, cualquier herida es un precipicio y el poeta conjura “a la queja porque sientes / cómo por el crepitar de las llamas / está siendo crucificado / todo lo verde de la tierra”. Pero queda el consuelo de esa diosa en forma de enfermera que una y otra vez viene en tu socorro: “Su ayuda es siempre virgen (…) Te fatigas de tanto imaginarla / te cansas de esperarla y sonreírle/ (…) El anillo de bodas está dentro del cofre”.

Y ya finalmente, cogido de la mano de la preciosa “Paseo por el amor y la muerte”, de John Huston, como en aquellas medievales danzas macabras Blanco exorciza sus últimos temores (y terrores) y camina por la pradera de la vida como un piel roja porque “sabes que estás vivo y deambulas sereno / hacia donde tus antepasados caminaron”.

Libro conmovedor, y fieramente humano, reflexión dolorosa pero entrañable y sin aspavientos sobre el dolor, el miedo, las heridas, que concluye en esa pregunta que nuestra especie lleva haciéndose miles de años: “¿Habrá algún día en que el dolor se aplaque? / ¡Esa ha sido siempre la esperanza de los hombres”. Y con esa esperanza (sobre)vivimos.

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