Tag : literatura

post image

PAPUSZA | LÁGRIMAS DEL LARGO OLVIDO

El Atelier

Por: Inma J. Ferrero


Cae lentamente la lluvia sobre la ventana de mi habitación, esas gotas saben de mi nostalgia, de mi deseo de encontrar la palabra que describa todo aquello que se anuda entre mis labios.

Paseo los dedos lentamente por la estantería, leyendo el título, a veces desgastado de esos libros que me alimentan y son mis compañeros de cuarto. Detengo los ojos en un nombre “Papusza”, despacio, muy despacio acaricio el lomo de tesoro que ha decidido acompañarme.

Hace ya 32 años, la poetisa gitana conocida con el nombre de Papusza (muñeca en romaní), murió el 8 de febrero de 1987, en Inowrocław, Polonia, entre la indiferencia y negación de los suyos. Bronislawa Wajs (este era su nombre real) nació el 17 de agosto de 1908, en Lublin, Polonia. Papusza fue una de las mujeres gitanas que más ha contribuido a la transmisión de la cultura gitana gracias a la literatura.

Su familia pertenecía a la comunidad Polska Roma, el grupo nómada más numeroso en el este y norte de Polonia al inicio del siglo XX. Debido a esto Papusza pasó una gran parte de su infancia siendo nómada a lo largo del río Niémen. Su padre murió cuando ella tenía 5 años y su madre se casó de nuevo con Jan Wajs, arpista y alcohólico. Su madre leía las manos y adivinaba la buenaventura y Papusza aprendió de ella el oficio. Pronto se da cuenta de que a su vida le falta algo, su ansia de saber y su curiosidad hacen que rápidamente se interese por querer conocer lo que hay en los libros y en los periódicos. En esa época, en Polonia el de niños alfabetizados o que fueran a la escuela era muy grande. Por tanto, Papusza aprendió en secreto el alfabeto con la ayuda de niños que iban a la escuela y aprendió a leer gracias a una comerciante. Debido a su gran interés por la cultura recibió burlas e insultos por parte de los miembros de su pueblo.

A los 15 años la casaron con un hombre 10 años mayor que ella, al que nunca quiso. Al poco tiempo de casarse su marido ingresa en la cárcel. Más tarde Papusza se casó con el hermano del marido de su madre, Dionizy Wajs de 42 años, también fue un matrimonio forzado. Su nuevo marido (Wajs) era músico, dirigía una orquesta itinerante y Papusza se integró rápidamente en el grupo y cantó canciones tradicionales. Al mismo tiempo, improvisaba poemas, epopeyas y canciones infantiles. Después ella escribe todas sus creaciones en lengua romaní.

Polonia fue el primer país ocupado por el régimen nazi durante la Segunda Guerra Mundial y fue el país más perjudicado, ya que perdió una gran parte de su población judía y gitana. La familia de Papusza perdió una gran parte de su familia, especialmente durante un violento ataque de su campamento por los nazis en 1943 cerca de Wlodzimierz.

En 1949, Papusza conoce a Jerzy Ficowski, un joven poeta polaco que huía de la policía comunista. Él se refugió en el campamento gitano hasta 1951, pensando que sería más difícil de que lo encontrasen allí. Según él, de esa estancia en el campamento y el tiempo que pasó con Papusza, vinieron todos los problemas de la poeta. El único crimen de Ficowski fue proponer a Papusza traducir sus escritos al polaco y publicarlos. En 1950, una revista polaca publicó los escritos de Papusza y a partir de ahí se inicia su reconocimiento y su desgracia.

En sus escritos, Papusza relató las leyendas gitanas, los sueños y las esperanzas de su comunidad, pero también las penas y los problemas como el genocidio. En sus textos se muestran los viajes, durante su infancia. También habla de su cultura, de sus tradiciones a las cuáles estaba muy apegada. Pero también se muestra una mirada crítica sobre su comunidad, mostrando los puntos más negativos, como la pobreza, la dificultad de la vida nómada.

El éxito de Papusza ante la sociedad mayoritaria polaca, no gustó a las diferentes comunidades gitanas. Durante esa época, el comunismo forzaba a la sedentarización de un modo brutal y Papusza fue vista como una traidora, ya que había compartido los secretos de la comunidad gitana. Ellos pensaban que este hecho conduciría al pueblo gitano a la perdición y a una destrucción irremediable. Los conocidos de Papusza en el mundo literario, los que le habían hecho famosa, no pudieron hacer nada por ella ante un régimen que utilizó sus textos para justificar crímenes contra su comunidad. Papusza fue desterrada por los suyos y tuvo que huir con su familia. Mas tarde a causa de una depresión, su marido la tacha de demente y su marido la interna en un hospital psiquiátrico. El destierro obligado la hundió totalmente, porque ella no confiaba en los “no gitanos” y adoraba a su comunidad.


SEIS POEMAS DE PAPUSZA

NADIE ME COMPRENDE

Nadie me comprende,
sólo el bosque y el río.

Aquello de lo que yo hablo ha pasado todo ya,
todo, y todas las cosas se han ido con ello…

Y aquellos años de juventud.

OH, SEÑOR, .ADONDE DEBO IR?

Oh, Señor, .adonde debo ir?
.Que puedo hacer?
.Donde puedo hallar
leyendas y canciones?
No voy hacia el bosque,
ya no encuentro ríos.

!Oh bosque, padre mio,
mi negro padre!

El tiempo de los gitanos errantes
paso ya hace mucho. Pero yo les veo,
son alegres,
fuertes y claros como el agua.
La oyes
correr
cuando quiere hablar.

Pero la pobre no tiene palabras…
… el agua no mira atrás.

Huye, corre, lejos, allá
donde ya nadie la vera
Nadie me comprende,
solo el bosque y el río.

Aquello de lo que yo hablo
ha pasado todo ya, todo,
y todas las cosas se han ido con ello…
Y aquellos años de juventud.

CANCIÓN DE LOS BOSQUES

¡Ah, mis bosques!

No os cambio por nada
en este gran mundo blanco,
por nada, ni por el oro
ni las piedras preciosas;
las piedras preciosas
hacen hermosos fuegos
y llenan los ojos de muchos hombres.

Pero mis montañas de piedra
y cerca del agua las rocas
me son más queridas que las deseadas piedras
que hacen hermosos fuegos.

En mi bosque por la noche
cerca de la luna brillan los fuegos,
lucen como las piedras preciosas
que los ricos llevan en sus manos.

¡Ah! ¡Mis bienamados bosques!

Arboles que huelen a salud

¡Cuántos
Cuántos chavorrillos gitanos habéis criado
como si fueran vuestros pequeños!

Si el viento mece el alma como si fuera una hoja,
el alma nada teme.

Los niños gitanos cantan,
aunque sufran, aunque estén hambrientos
saltan, juegan y bailan, como el bosque les
ha enseñado.

¡BUENOS DÍAS, GITANOS!

Sueño

La radio emite en romanó.

Escucho su voz:

“Buenos días, gitanos, grandes y pequeños!

¡Qué tengáis salud y fortuna!”

Estudio, micrófono, música.

Los gachés bailan con nosotros.

Los gachés se ríen con nosotros.

Estoy feliz.

Sueño

La radio emite en romanó.

Escucho su voz:

“¡Huid lejos, gitanos, jóvenes y mayores!

¡Huid, huid muy lejos!”

Granadas, bombas, armas, cuchillos.

Los gachés nos golpean.

Los gachés nos asesinan.

Estoy desolada.

VÍA LACTEA GITANA

Quiso Dios y lo consiguió
que la Tierra y el Agua se casasen.

La Tierra y el Agua ruegan a Dios
un hijo varón, el Sol, de corazón.

La Tierra engendró cinco veces
y nacieron cinco hijas, estrellas:

Primera estrella: Flor

Segunda estrella: Fe

Tercera estrella: Manzana

Cuarta estrella: Pájaro

Quinta estrella: Esperanza

La Tierra y el Agua exclaman
un hijo varón, el Sol, desean.

Dios escucha y dice:
“¡Jurad y prometed!

Cada año sacrificaréis un cordero,
y con su sangre señalaréis la frente del niño

Y le llamaréis Pan”

La Tierra y el Agua lloraban de alegría y dijeron:
“¡Hemos hecho un juramento!”

EL VIENTO SOPLA DENTRO DE MÍ

El viento sopla dentro de mí,
llueve dentro de mí,
llena de agua estoy,
los ojos fluyen afuera
truena dentro de mí,
la ira empuja hacia fuera
golpea sobre el corazón como en un yunque,
toda mi alma buena, mendiga, vocea,
la obligan a salir de mí,
cierra los ojos,
retorciéndose las manos,
se levantan,

Se abre la boca,
las palabras pequeñas las dejo dentro de la boca :
¡Quisiera volverme buena!
¿Lo has oído?
Quiero el sol conocer.


BIBLIOGRAFÍA

Wikipedia

Eldiario.es

 

 

post image

LAFCADIO HEARN Y LOS ESPÍRITUS DE ORIENTE.

Por: Tomás Sánchez Rubio


Léucade, conocida hasta el siglo XIX por Santa Maura, es, junto con Corfú, Paxos, Ítaca, Cefalonia, Citera o Zante, una de las Islas Jónicas de Grecia. Su superficie es de poco más de trescientos metros cuadrados y consta, en la actualidad, de unos 26.000 habitantes. Allí nacieron el poeta y dramaturgo Aggelos Sikelianos (1884-1951) y la cantante de ópera Agnes Baltsa (1944).

También vino al mundo en aquella isla, un 27 de junio de 1850, Patrick Lafcadio Hearn, periodista y escritor cosmopolita, profundo conocedor y divulgador de la cultura japonesa en Occidente. Ese mismo año de 1850 tendrá lugar el nacimiento, en Edimburgo, de Robert Louis Stevenson, en tanto que fallecerá, en su París natal, el gran novelista Honoré de Balzac.

Lafcadio -gentilicio de Léucade (Lefkada)- era hijo de una campesina griega de la vecina Citera, Rosa Antonia Kassimati, y de un cirujano militar irlandés católico, Charles Bush Hearn, que se encontraba allí con motivo de la ocupación inglesa. Recordemos que fue el XIX un siglo de todo menos tranquilo en la historia de Grecia: tras la Guerra de la Independencia contra el Imperio Otomano, se desarrolla un largo periodo de inestabilidad civil con la directa intervención de otros países en su política interna. Después del asesinato de Ioannis Kapodistrias (1831), primer jefe de Estado de la Grecia independiente, las potencias europeas con el apoyo de Rusia designaron como rey a Otón Wittelsbach, hijo de Luis I de Baviera. En 1862, tras su deposición, Inglaterra logró que la Asamblea helena nombrara monarca a Jorge I, hijo del rey de Dinamarca y cuñado del príncipe de Gales…

El caso es que la familia de Lafcadio Hearn, siendo él todavía un niño, se traslada a Dublín, donde Charles deja a su mujer y a su hijo al ser destinado a las Indias Occidentales; por su parte la madre, rechazada por la familia del marido, vuelve a su patria confiando al pequeño a una tía abuela paterna en Gales, la cual se obstinaría, sin demasiado éxito, en que cursase la carrera eclesiástica. Sufre nuestro autor una infancia bastante triste y solitaria. Aparte de padecer el abandono de sus padres, así como la muerte de su hermano mayor al poco de nacer él, tiene lugar en su adolescencia la pérdida accidental del ojo izquierdo, siendo precaria de por sí la visión del derecho. Sin embargo, como es propio de los grandes espíritus creadores, tales circunstancias no impidieron que se convirtiese en un absoluto apasionado de la lectura, haciéndose de un bagaje cultural y lingüístico que le permitiría desenvolverse dentro del mundo de las letras y el periodismo a lo largo de toda una prolífica vida. Estudió, aparte de en Gran Bretaña, en Francia, de cuyo idioma, así como del español, realizaría traducciones.

En 1869 llegó a Estados Unidos. De Nueva York, donde se ganaba la vida trabajando en restaurantes, pasó a Cincinnati (Ohio), ejerciendo de corrector de pruebas y luego como redactor en The Cincinnati Enquirer y en The Commercial. Más tarde marcharía a Nueva Orleans para trabajar en el periódico Ítem; allí se interesa por el vudú, la historia, la cocina y los barrios marginales, tema este sobre el que también había escrito en su anterior etapa de Cincinnati. En 1881 empezó a trabajar en The Times and Democrat. Recopila sus trabajos periodísticos en Hojas sueltas de literatura extraña (1884) y en Gombo Zhebes (1885). Sus textos comienzan a aparecer en las revistas de Nueva York y en 1887 publica Fantasmas de la China. The Harper’s Magazine le envió como corresponsal a la Martinica, donde permaneció dos años y medio; fruto literario de esa estancia fueron Two years in the French West Indies (1890), la mejor descripción de estas islas editada hasta hoy, así como Youma, The Story of a West-Indian Slave, o la novela Chita. Publica, asimismo, varias traducciones de escritores franceses importantes, como Guy de Maupassant o Gustave Flaubert.

En 1890 decide marchar a Japón -en pleno periodo Meiji-, para escribir allí una serie de artículos destinada también a The Harper’s Magazine. Poco después de su llegada a Yokohama, rompió las relaciones con este periódico, comenzando su carrera docente como profesor de Literatura inglesa -llegó a ejercer la enseñanza en la Universidad Imperial de Tokio-. No obstante, en los veinticuatro años transcurridos en Japón hasta su muerte, no dejaría de escribir y publicar sobre el país que lo acoge y cuyas gentes y costumbres ejercen tan gran fascinación desde un primer momento sobre él.

La base de los cuentos de fantasmas orientales sobre los que Hearn escribirá con frecuencia, dentro de una variada producción literaria dedicada a Japón, se encuentra en las historias populares que le narraba su esposa, Setsuko Koizumi (1869-1932). Se trataba de cuentos tradicionales de espectros y aparecidos. Gracias a Setsuko, oriunda de una familia de samuráis y con la que tiene cuatro hijos, Lafcadio se zambulle en la cultura nipona: se nacionaliza como japonés y abraza el budismo, adoptando además el nombre de Koizumi Yakumo a partir del apellido de su nueva familia política. Junto a su esposa consiguió la estabilidad que había estado buscando en sus viajes; su dominio de la lengua local era imperfecto y ella ignoraba el inglés, pero ambos podían comunicarse en un japonés rudimentario.

El 26 de septiembre de 1904 Hearn fallece en Tokio, víctima de un ataque al corazón, un mes después de la desastrosa derrota en Port Arthur de Rusia frente a Japón, acaecida durante la guerra que enfrenta a ambas potencias. En ese mismo año, desde el punto de vista literario asistimos a una serie de acontecimientos reseñables: el dramaturgo José de Echegaray obtiene el primer premio Nobel de Literatura concedido a un español; nacen los escritores Graham Greene y Pablo Neruda, y fallece el escritor y dramaturgo ruso Antón Chéjov.

La localidad de Matsue, donde residió Hearn con su familia, honró su memoria dedicándole el Lafcadio Hearn Memorial Museum. En Okubu se le recuerda con un parque con su nombre y presidido por una efigie suya. Por otra parte, la tumba puede visitarse en el cementerio Zōshigaya, en Toshima (Tokio). En dicho camposanto reposan los restos de otras celebridades como Ogino Ginko (1851-1913), primera mujer licenciada y practicante de la medicina occidental en Japón, o el actor Hiroshi Kawaguchi (1936-1987).

Merece destacarse, de entre las ediciones en castellano de la obra de nuestro autor, Fantasmas de la China y del Japón, volumen que pertenece a la colección Clásicos y Modernos de Ediciones Espuela de Plata (2011). Con prólogo de Luis Alberto de Cuenca, filólogo, poeta y ensayista, recupera en sus poco más de doscientas páginas, la impecable traducción al castellano del poeta, periodista y diplomático uruguayo Álvaro Armando Vasseur (1878-1969) de la edición de 1920, debida a Biblioteca de La Prensa de Lima. Fue el primero de los libros de Hearn editados en castellano. La pulcra traducción de Vasseur respeta el lenguaje poético, el cuidado vocabulario y las delicadas imágenes del autor. Recordemos que Ediciones Espuela de Plata, como sello editorial complementario del Grupo Renacimiento, se creó en 1999 para autores hispanoamericanos y universales, siendo en 2003 reconocida por el Ministerio de Cultura con el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural. En esta colección Clásicos y Modernos han visto a la luz novelas como El hombre que fue jueves, de G. K. Chesterton; o bien La isla del tesoro, de R. L. Stevenson.

En la mencionada edición, formada por Los Fantasmas de la China, por una parte, y Los Fantasmas del Japón por otra, merecen especial atención los relatos “La leyenda de la tejedora Celeste”, “El último pensamiento de un decapitado” o “El devorador de sueños”.

Los célebres fantasmas japoneses de Lafcadio Hearn inspiraron toda una tradición de cine y literatura paranormal que llega hasta Hideo Nakata (n. 1961), director de películas como Ringu (The ring), de 1998, pero estrenada en España en 2000. No obstante, su herencia directa más notable se encuentra en el director Masaki Kobayashi (1916-1966). Su filme, El más allá (Kwaidan), de 1964, con casi tres horas de metraje y con guion de Yôko Mizuki, es una colección de cuatro historias de fantasmas -cuatro relatos sin conexión aparente entre sí: “El cabello negro”, “la mujer de nieve”, “Hoichi, el hombre sin orejas”, o “En una taza de té”- extraídas del libro Kwaidan: Stories and Studies of Strange Things (1903) escrito por Hearn, donde unos relatos son tradicionales o populares y otros de creación propia. El denominador común es que están protagonizados por espíritus que interactúan con los vivos. Recordemos que “Kwaidan” es una transcripción arcaica de “Kaidan”, que significa “historia de fantasmas”. La película de Kobayashi ganó el Premio Especial del Jurado en el Festival de Cine de Cannes de 1965, recibiendo, ese mismo año, una nominación al Óscar a la mejor película extranjera.
Otras obras que merecen destacarse de nuestro autor serían Visiones del Japón menos conocido (1894), o bien Kokoro. Impresiones de la vida íntima del Japón (1891); traducida esta al castellano por el intelectual y político español Julián Besteiro.

post image

LA ARMADURA ÉTICA DE DON QUIJOTE

Por Antonio Tello


Lo que hace genuina una obra de arte, cualquiera sea su lenguaje, es la densidad con que recrea la realidad del mundo. Una realidad cuyos matices y registros son percibidos según la sensibilidad, lucidez o capacidad de reflexión de cada uno.

Este es el caso de El Quijote y lo que explica que cada uno de nosotros vea cosas que, muy probablemente Cervantes ni se planteó a la hora de escribir. Al menos, no de una manera deliberada. Hasta puedo imaginarme a Francisco Robles, su editor, viendo sus inútiles afanes con la literatura teatral, diciéndole: «Miguel, escríbeme un libro cómico, que guste a la gente, un libro lleno de aventuras», y a Cervantes aceptando a regañadientes el reto y escribiendo, para ver qué pasaba, una primera y tímida aventura, una primera salida de su estrafalario héroe. Puedo imaginarme aquellos pocos folios circulando de mano en mano entre lectores de buen cuño y a éstos haciéndole a Cervantes sus pertinentes comentarios.

Pero seguramente Cervantes no necesitaba oír qué opinaban los otros de su pequeño relato para saber lo que tenía entre manos. Él era en principio lector inteligente y sagaz y, como tal, consciente de su talento narrativo. No en vano en el prólogo de sus Novelas ejemplares se jacta de ser «el primero que ha novelado en lengua castellana».

El material que tiene entre sus manos es pura realidad y lo que escribe, El Quijote, una novela realista, pero no en el sentido de crónica de lo evidente que la literatura española adoptará y que le supondrá una losa de la que hasta hoy no ha podido sacarse de encima. No, la realidad que aborda Cervantes en El Quijote es cuasi ontológica, pues trata del ser humano y su relación con el mundo que lo rodea.

La realidad que recrea está sometida a ojos de don Quijote a los caprichos de encantadores que todas nuestras cosas mudan y truecan, y las vuelven según su gusto, y según tienen la gana de favorecernos o destruirnos; y así eso que a ti te parece bacía de barbero me parece a mí el yelmo de Mambrino, y a otro le parecerá otra cosa», como le dice a Sancho.

Es así que, como bien precisa el profesor Martín de Riquer, en la primera salida, don Quijote es quien desdobla su personalidad y desfigura la realidad; en la segunda, son los demás quienes tratan de convencerle de que la realidad no es como él la ve, sino como la ven ellos, y en la tercera, es él quien la ve como se presenta y los demás quienes tratan de engañarle.

En cualquier caso se trata de una realidad trastocada e inestable; una realidad distorsionada por un discurso ideológico del poder que solapa la realidad cotidiana de los habitantes de la España central. Una realidad que no sólo empobrece y aliena a los seres humanos impidiéndoles su natural evolución cultural y progreso social, sino que traiciona los valores éticos fundamentales que han propiciado hasta entonces el desarrollo espiritual, científico y tecnológico de la civilización occidental.

Esta realidad o irrealidad ideológica que impone la Contrarreforma es el correlato de ese lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiere acordarse Cervantes; es este páramo empobrecido por los censores culturales y religiosos el lugar que habita don Alonso Quijano, el decadente hidalgo en quien don Quijote se encarnará como representación de unos valores éticos a los que las órdenes de caballería dieron sentido práctico, cuando la Iglesia tenía el patrimonio de la conciencia y de la fe en el contexto mítico de la Europa medieval. El principio evangelizador que había dado origen a las órdenes religiosas se prolonga en las órdenes de caballería. De aquí que fuesen los sacerdotes y no los reyes quienes originalmente armaban a los caballeros que salían a la conquista de Tierra Santa, o a luchar contra los musulmanes, con la promesa de indulgencias que les asegurarían la vida en el Paraíso.

Don Quijote, por tanto, no es un loco aunque lo parezca. Si acaso es una fantasía de carne y hueso que se revela a causa de la impostura de una patria de vaga geografía, donde sólo existen aldeas miserables, nobles perdidos en la meseta, delincuentes y falsarios; donde venteros aparecen como castellanos y prostitutas como doncellas; donde prevalecen la pobreza y la injusticia, los entuertos que él sale a desfacer reivindicando la vigencia de los valores esenciales. Unos valores que él representa y que han contribuido a forjar una realidad humana distinta que ahora sospecha oculta detrás de esa otra cambiante por «obra de los encantadores».

El camino del grial de don Quijote es el camino hacia esa otra realidad emergente. Un camino en cuyo transcurso se aboca a reparar injusticias, luchar contra monstruos que son máquinas y destruir falsos personajes y títeres manejados por tramposos, aunque luego acepte indemnizarlos, como al titiritero Maese Pedro. Y en ese camino, el primer signo de genuina realidad que encuentra es la banda del catalán Roque Guinart, un bandolero verdadero, tan gentil como brutal, dueño de esa cínica caballerosidad urbana y laica, que caracteriza la realidad del Renacimiento que don Quijote va a descubrir en Barcelona.

En el horizonte de don Quijote y de Sancho, Barcelona aparece como algo palpable donde los encantamientos tienen el rango de trucos, como el de la cabeza cortada que habla, y los ciudadanos trabajan, pasean, se divierten y viven la angustia de la guerra. Aquí don Quijote escapa de la ficción, se humaniza y siente miedo por primera vez. No lo vemos, pero acaso se esconde o queda paralizado durante la escaramuza en el puerto, donde ve caer a su lado a dos soldados muertos. Es un Quijote de carne y hueso, que ve y huele la sangre y la muerte reales y no recreadas en la realidad ficticia que ha habitado hasta poco antes.

Barcelona aparece así como la concreción de una realidad práctica, vital, productiva y utilitaria, fruto de un pensamiento que pone al hombre como centro del universo y hacedor de su propio destino. Un pensamiento, el humanista, que se opone a la concepción divina de la realidad que defiende la Contrarreforma, que tiene uno de sus grandes baluartes en la España católica, en la Castilla mesetaria, «ese lugar de la Mancha» de cuyo nombre Cervantes no quiere acordarse. En el nuevo contexto social, don Quijote parece perder cuerpo y presencia; parece diluirse en la nueva realidad mediterránea y es entonces, en ese trance de aparente debilidad,  cuando se hacen presentes también en Barcelona las fuerzas que se oponen a su misión reivindicadora.

Don Quijote es desafiado por el Caballero de la Blanca Luna. Como en el pasado, el desafiamiento consiste en quitar la fe a alguien a modo de reparación por un daño infligido. En el espacio mítico del medioevo la existencia del individuo dependía de la fe y su derrota en duelo singular suponía aceptar la razón del vencedor, que era una forma de muerte cuando no la muerte misma.

– Insigne caballero y jamás como se debe alabado don Quijote de la Mancha, yo soy el Caballero de la Blanca Luna, cuyas inauditas hazañas quizás te le habrán traído a la memoria; vengo a contender contigo, y a probar la fuerza de tus brazos, en razón de hacerte conocer y confesar que mi dama, sea quien fuere, es sin comparación más hermosa que tu Dulcinea del Toboso; la cual verdad si tú la confiesas de llano en llano, excusarás tu muerte, y el trabajo que yo he de tomar en dártela; y si tú peleares y yo te venciere, no quiero otra satisfacción que dejando las armas y absteniéndote de buscar aventuras, te recojas y retires a tu lugar por tiempo de un año, donde has de vivir sin echar mano a la espada, en paz tranquila y en provechoso sosiego, por que así conviene al aumento de tu hacienda y a la salvación de tu alma; y si tú me vencieres, quedará a tu discreción mi cabeza, y serán tuyos los despojos de mis armas y caballo, y pasará a la tuya la fama de mis hazañas. Mira lo que te está mejor, y respóndeme luego, porque hoy todo el día traigo de término para despachar este negocio». (II, LXIV)

Don Quijote no rehúsa el combate y se enfrenta a la muerte «encomendándose al cielo de todo corazón y a su Dulcinea». El combate es breve y a la primera embestida don Quijote da con sus huesos en tierra. El vencedor le coloca la lanza en el cuello para que, a cambio de su vida, reniegue de la belleza de Dulcinea en favor de su dama de acuerdo con los términos del desafío.

– Vencido sois, caballero y aun muerto, si no confesáis las condiciones de nuestro desafío.

Don Quijote, molido y aturdido, sin alzarse la visera, como si hablara dentro de una tumba, con voz debilitada y enferma, dijo:

– Dulcinea del Toboso es la más hermosa mujer del mundo, y yo el más desdichado caballero de la tierra, y no es bien que mi flaqueza defraude esta verdad. Aprieta, caballero, la lanza, y quítame la vida, pues me has quitado la honra. (II, LXIV)

Este es sin duda uno de los momentos más bellos y emotivos del libro. Vencido en buena lid, don Quijote reconoce su derrota, pero no rinde su dignidad. En este momento sabe que la fidelidad a su amada es la columna vertebral de su existencia de caballero, que su palabra es su razón de ser, la armadura ética de todo hombre cualquiera sea la realidad que habite.

Por esto Don Quijote afronta la muerte sin renegar de los principios que defiende. Como Sócrates, que no acepta huir como le proponen sus amigos y bebe la cicuta; como Thomas Moro, que se niega a plegarse a los intereses de Enrique VIII de Inglaterra, porque la transgresión de las leyes conduce al caos, y es ejecutado por ello, don Quijote espera que la lanza le atraviese el cuello sabiendo que aquello que él encarna –la justicia, la honradez, la dignidad, el valor- trasciende la muerte. Lo que hasta entonces era una intuición, la visita a Barcelona se lo ha revelado casi como una certeza.

Las sociedades tradicionales – dice Alfred Weber- se modernizan cuando son capaces de desarrollar junto a los avances científicos y tecnológicos sus instituciones históricas, sus creencias y sus valores, porque son los valores morales y las conductas de las personas los que en definitiva marcan las tendencias del progreso, sin olvidar que al mismo tiempo los cambios tecnológicos, como los que en ese tiempo histórico se están produciendo, implican nuevos modelos de organización social.

Don Quijote parece comprender cuando siente la punta de la lanza en el cuello que, en un mundo donde la razón empieza su gobierno y se impone con la realidad de los hechos concretos, es el momento crucial en que su actitud debe servir para hacer visible tanto el anacronismo de todo encantamiento de la realidad como la vigencia de la integridad ética y el derecho humano al sueño y a la esperanza en el mundo de la razón. Con este gesto de alta dignidad don Quijote pone las cosas en su sitio antes de regresar al lugar que a él le corresponde.

Con la restauración del orden lógico y complejo de la realidad, don Quijote resulta tan poderoso e incómodo para quienes sólo aceptan la razón y el pragmatismo como única realidad, como para aquellos otros que viven en la impostura ideológica del pasado, como los Duques, el Cura y el Bachiller recurriendo al engaño, al disfraz y a la destrucción de las ideas contenidas en los libros que la imprenta ha empezado a popularizar. Por eso pienso que El Quijote es mucho más que la primera novela moderna; El Quijote es la primera alegoría de la modernidad que trata del radical tránsito desde el mundo mítico y deísta del medioevo al mundo racional y pagano – laico –  del Renacimiento.

Acabado el duelo con el Caballero de la Blanca Luna, la suerte del Caballero de la Triste Figura está echada y, vencido y «deslocado», es obligado a regresar a su aldea por su vencedor. También Sancho comprende con su pragmático sentido común que todo se ha acabado y que debe regresar junto a su amo a la aldea de la que partieron un anochecer ya lejano en el tiempo, pero no puede dejar de pensar que soñó y que ahora  «la luz de la gloria de sus hazañas escurecida, las esperanzas de sus nuevas promesas deshechas, como se deshace el humo en el viento».

Aunque abatido, don Quijote, por su parte comprende que la experiencia le ha servido para confirmar lo que ya sabía: para reconocerse en su verdadero ser, en la esencia de su identidad.

– Yo sé quien soy –respondió don Quijote-. y sé que puedo ser, no sólo los que he dicho, sino todos los doce Pares de Francia, y aun todos los nueve de la Fama (I, 5). Dice en el temprano capítulo 5 de la primera parte.

Pero, aun así, aun sabiendo quien es, don Quijote convierte su regreso en una afirmación de su identidad y la de Sancho como vía necesaria para liberar definitivamente al viejo hidalgo de su encantamiento y, como representante de un pasado ya caduco, dejarlo morir en paz.

En su regreso a su patria innominada, Don Quijote no quiere dejar duda alguna acerca de quien y lo que es y, reconociendo la validez de otras realidades que, como la suya, están llenas de valores y falsedades, recurre a un personaje del Quijote apócrifo de Alonso de Avellaneda para dar fe de que él y Sancho son los personajes genuinos. Y Álvaro Tarfe, tal el personaje elegido, así lo declara y da fe ante un alcalde que encuentran en el camino de que esos que tiene ante él son los verdaderos don Quijote y Sancho y no los que él conoció en el otro libro.

A partir de ese momento, don Quijote empieza a deslocarse y, como en una película de Chaplin, a alejarse, a diluirse «como humo en el viento», para vivir eternamente en el imaginario como paladín de la justicia mientras deja el trance de la muerte al hombre de carne, a don Alonso Quijano.

post image

LA MODA DEL ENGAÑO

Por: Enrique Gracia Trinidad


La otra tarde, paseando por mi ciudad de Madrid, me dio por pensar —ya ves tú qué manía— que estamos en un mundo donde el engaño está de moda.

No porque no haya existido siempre —el engaño es consustancial al ser humano— sino porque ahora lo hemos perfeccionado. Debe ser el progreso.

Son apariencia mentirosa o artificio la cirugía estética, los avatares y otras identidades fingidas en Internet, las frutas abrillantadas de los mercados, las dietas y potingues milagrosos que prometen mejor aspecto a damas y caballeros.

Son engaños consumados la democracia que aparentando bondad supone mentir a los ciudadanos con su propio permiso. Son mentira las promesas electorales.

Son falsas todas las publicidades que nos rodean, las estadísticas, las noticias que nos cuentan los medios cada uno según sus intereses, las ofertas de bancos que nunca nos dicen lo de la letra pequeña, las pólizas de seguros que incumplen en cuanto pueden lo prometido.

Son artificio hueco los rituales eclesiásticos y el boato de otros ritos seglares llenos de costumbre y vacío, el currículum de cualquier hijo de vecino —inclúyase el de un servidor—. También la diplomacia que convierte la falsedad en un arte.

Y hasta es engaño el arte, al menos en cuanto remedo de la realidad, porque muchos creen que la imita, pero en el fondo nos ofrece una realidad totalmente nueva, sea en palabras, óleos, notas musicales o diseños de los que ahora presume hasta el gato. Este engaño en el arte es al menos una creación que incluso mejora la realidad.

No hay forma de escapar al engaño más que dejándose engañar y engañando nosotros al mismo tiempo.

Pero —ahora que vuelvo a pensarlo—, no es una moda. Mentí al llamarlo así —mira por dónde, otra mentira—. Una moda tiene como sustancia el ser pasajera y mucho me temo que la mentira, el disimulo y el fingimiento son práctica creciente, inseparables compañeros de la vida. No han dejado de existir a lo largo de los siglos y tal vez no lo hagan jamás. Si ya lo decía Discépolo: “Que el mundo fue y será / una porquería, ya lo sé. / En el quinientos seis / y en el dos mil, también.” ¡Toma! ¡y en el dos mil dieciséis y en el dos mil veinte y en los que vengan!

post image

ELOGIO DEL VERSO

Por: Carmen García González


“Y daría igual que fuéramos eternos”

Parece falaz o incluso infantil pretender que un verso( como este del poema “Una vida mejor” de Guadalupe Grande) o varios influyan de tal manera en la vida de una persona que esta llegue a cambiar sus esquemas de vida por una frase; pero como todo en el universo humano puede ser factible, desde lo más excelso hasta lo más execrable; un verso puede también convertirse en la llave que guíe nuestra vida hacia otros derroteros.

La Poesía , ese arte minoritario y pobre: pobre porque no se mueve en los márgenes crematísticos en los cuales bailan otras artes, minoritario (que no elitista aunque lo parezca) porque muchos poetas no llegan a la gran masa, a no ser que a algún cantante de moda se fije en ellos y ponga música a sus poemas; desvestida hace ya mucho tiempo de los corsés que la constreñían en su forma y por tanto muchas veces en su fondo (léase rima y métrica) se ha convertido en el triunfo de la palabra.

Sabemos que artesanos de ella hay muchos, basta con utilizar un vocabulario variado, contar sílabas, acentuar, dotar de ritmo y ser correcto gramaticalmente; en definitiva, saber escribir bien, incluso utilizar algunas técnicas que enseñan en los talleres de escritura para poder escribir un poema. Todos podemos hacerlo… pero…genios de la palabra ¡hay tan pocos!

Aquellos que además de maestría saben llegar a lo más hondo del ser humano, ”tocar la fibra” de las emociones, hacer llorar, sentir, amar, soñar… dejar al lector o al que escucha recitar un poema, sumido en sus propias cavilaciones acertando de lleno en la diana de nuestro ser, ése, ése es el Poeta con mayúsculas.

Cuando Miguel Hernández escribe: “Y yo que creí que la luz era mía…”
Nos está hablando de la fragilidad del ser humano que se ha creído en algún momento de su vida omnipotente. Miguel está encarcelado y al borde de su final, reflexiona sobre su vida llena de luz y de sombras. Esa fragilidad del ocaso nos llega y hace que pensemos sobre nuestra propia debilidad. Somos mortales, pasajeros…

Octavio Paz en su poema Ladera Este dice:

“La casa está habitada por una mujer rubia / la mujer está habitada por el viento” qué soledad no nos trasmite, qué bruma no nos envuelve… La levedad del tiempo, el silencio…

“Y soy una mujer. Apenas algo / carne desnuda, sola , desarmada” . Muchas mujeres se sentirán identificadas con este poema de Ángela Figuera Aymerich, qué sentimiento femenino tan universal y qué poeta tan desconocida.

El laureado Pablo Neruda en su poemario “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”. En el primer verso de su poema número veinte , el más conocido de todo el libro se lamenta:

Puedo escribir los versos más tristes esta noche…” ¡Y quién no se ha sumido en la tristeza una noche junto a la ventana contemplando el oscurecido cielo!…¿,Cómo puede un poeta unir palabras tan sencillas y crear un universo tan grande?

Ahí reside la grandeza de un poema, en ese verso que nos ancla a su lectura, o que resuena en nuestros oídos una y otra vez porque el poeta, ese ser que puede ser incluso un desalmado, ha sabido expresar lo que llevamos dentro y no nos atrevemos a decir, el mundo interno del ser humano dibujado por veinticuatro caracteres.( si el poema está escrito en castellano)

Cada lector, cada amante de la poesía, tendrá sus propios versos, los que recuerda de un poema que leyó, que escuchó en un recital, que le susurraron en el oído. Al principio se ha hablado de los músicos que cogen la letra de un poema y lo hace universalmente conocido; muchos, primero han escuchado esas canciones y luego se han dado cuenta que eran versos de Machado, Hernández, Benedetti…

Eso me recuerda a una actuación en un teatro; en el escenario un hombre declamando un texto que parecía un monólogo y resultó ser un poema de Luis Alberto de Cuenca titulado “La Malcasada” del que solo recuerdo estos versos: “Me dices que Juan Luis no te comprende…./ ¿Qué quieres que haga yo? ¿Que mate a alguien?/ ¿Que dé un golpe de estado libertario?”. A partir de ahí, a veces cuando algo me resulta imposible yo misma me digo “¿Qué quieres que haga yo? / ¿Que de un golpe de estado libertario?”

Buscando mi propio verso, aquel que como una tormenta arrasó mi yo interno cuando lo leí primera vez porque el mundo que me ofrecía ya me era conocido encontré : “Vendrá la muerte y tendrá tus ojos”. No necesita más; el resto del poema de Cesare Pavese, no me es indiferente pero a pesar de leerlo muchas veces solo este verso martillea mi interior.

Existen tantos y tantos versos que nos envuelven, nos transportan, nos reconocen… “Se me va de los dedos la caricia sin causa“ de Alfonsina Storni,

El Poeta…es semejante al príncipe de las nubes…/ sus alas de gigante le impiden caminar”, del poema El Albatros de Charles Baudelaire. La atormentada Silvia Plath en su poema Espejo escribe: “Su rostro con la noche sustituye las mañanas/ Me ahogó niña y vieja”. El gran Francisco de Quevedo termina uno de sus sonetos más famosos con una frase desoladora: “Y no hallé donde poner los ojos/ que no fuese recuerdo de la muerte”. Antonio Colinas relaja el espíritu diciendo: “En la noche de los páramos negros estoy solo y profundamente en paz”. Y Walt Whitman, el poeta optimista, vital, enaltecedor de la naturaleza y la alegría del ser humano, nos aconseja en el último verso de su poema “No te detengas”: “No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas”.

Emplazo a los que lean estas líneas que busquen el suyo entre las miles de poesías que han leído a lo largo de su vida , y si no han leído nunca poesía, que lo intenten, a lo mejor descubren un placer oculto el encontrar en las palabras de otros, aquello que nosotros mismos no sabemos, queremos o somos incapaces de definir.

Y cómo no terminar este texto de la misma manera que lo empecé, con otro verso , esta vez de nuevo del poeta norteamericano Walt Whitman:

“¡Oh, capitán! ¡Mi capitán! nuestro temeroso viaje está hecho…

post image

FLAVIA FALQUÉZ| “LA POESÍA ES UNA FORMA DE NOMBRAR EL MUNDO Y APROPIARSE DE ÉL”

Por: Isabel Rezmo


 

PROVERSO tiene el placer de conversar con la poeta  colombiana Flavia Fálquez. Recientemente ha regresado después de visitar su tierra de origen en Colombia, después de un largo tiempo de ausencia.  Flavia tiene doble nacionalidad española y colombiana. Inmenso es su amor por Lorca, y vive establecida en Granada, ciudad que la enamoró y por eso decidió  quedarse.

Flavia nació́ y creció en Barranquilla (Colombia). Es licenciada en Filosofía y Letras, con especialización en literatura; su tesis de grado, García Lorca y el sortilegio del duende, mereció la distinción Summa Cum Laude de la Universidad de los Andes de Bogotá, ciudad en la que vivió durante más de veinte años.

En 1978, su poemario Hojas de nostalgia obtuvo el primer lugar en el concurso de poesía de la Universidad Javeriana de Bogotá y fue publicado al año siguiente. En 1994, su libro Coplas a Leonor obtuvo el segundo lugar en la VII versión del Premio Nacional de Poesía Carlos Castro Saavedra de la ciudad de Medellín, publicado con un prólogo de Meira Delmar por el PEN Club de Bogotá en 1995.

En 1996 realizó un curso sobre escritura de guiones para cine y televisión en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños (Cuba) y en 1997, ya en España, hizo estudios de doctorado en Historia Medieval en la Universidad de Granada, así como un posgrado en Técnicas Audiovisuales. En junio de 2012 terminó un master en Fotografía en la Escuela de Fotografía, Interpretación y Cine, Filmosofía de Granada.

Es miembro de la Academia Norteamericana de Literatura Moderna (Capitulo Reino de España) y ha participado en diversos encuentros poéticos en España y Colombia, entre los que se encuentran: el V, VI y VII Encuentro de Mujeres Poetas de Roldanillo ( Valle del Cauca‐Colombia ), el VI Festival “Grito de Mujer” de Granada, el III , IV Y V Encuentro Internacional de Poesía “Ciudad de Úbeda”, el I Encuentro Nacional de Poesía “En un lugar de La Mancha”, el Festival Internacional de Poesía de Madrid, 2016 , y el IV Encuentro Internacional de Poesía “Ciudad de Aprilia” en Italia. Su poema “Montaje” fue finalista en el XXV Concurso de Poesía “Ciudad de Arnedo” (La Rioja) y también ha sido finalista, sucesivamente, en los concursos “Versos en el Aire V”, Erotismo Poético II y “Luz de luna II” de Diversidad Literaria. Su obra se ha publicado en numerosas antologías de poesía españolas e iberoamericanas.

En febrero de 2017, MRV Editor independiente publicó su tercer libro de poemas: “Para nombrar la madrugada”.

R.P: Buenas Tardes Flavia un placer asomarte a las páginas de PROVERSO. ¿Cómo te encuentras después de un viaje tan largo y esperado en el tiempo a tu tierra de origen, Colombia?

F.F: Primero, quiero darle las gracias a Proverso por brindarme esta calurosa bienvenida. En cuanto al viaje, debo confesaros que todavía me encuentro un poco en tierra de nadie. He regresado al que es mi hogar desde hace 21 años, pero de alguna manera mi inconsciente aún sigue allí. Y es que nadie regresa indemne de un viaje a los orígenes. Yo tomé la decisión de volver a Colombia impulsivamente y solo movida por las ganas de estar un largo tiempo con mi madre. Para ello, en lo único que pensé fue en que mis médicos (soy trasplantada y tomo inmunosupresores) me dieran el visto bueno, más que por mí, por mi madre y  para que pudiese estar un poco tranquila le transmití lo que los médicos decían: que con las medidas necesarias, no había ningún problema con el trópico y sus legendarias virosis. Me lancé a la aventura sin tener en cuenta que todo viaje tiene algo de iniciático, más aún cuando éste implica volver a la tierra de tu infancia y juventud, y por ello no pensé en lo que me esperaba, en las lecciones que aprendería y en lo intensas que serían las vivencias.

Yo me vine de Colombia en octubre de 1997 saturada y cansada de mi vida allí. Ese hecho y el sentir la emoción de  que por fin conocería España y llegaría a Granada tras los pasos de Lorca, no me dejaron ser consciente de todo lo que dejaba atrás. Luego vinieron las muertes de muchos seres queridos, las pérdidas que ya son incontables y poco a poco me fui distanciando de mi tierra. Mi lazo permanente, mi ancla fue y ha sido siempre mi madre. Por ella, no me desligué por completo  de esas ciudades, de ese mundo en el que transcurrió gran parte de mi vida.

Tomé el avión hacia Cartagena de Indias llena de incertidumbre y de mucho miedo. No sabía qué me iba a encontrar después de tantos años,  ni si soportaría la ausencia de mis seres queridos. Hoy que lo veo con la distancia que da el tiempo transcurrido, me doy cuenta de que en realidad me estaba embarcando en un viaje hacia mí misma.

R.P:   Supongo, que  este viaje te ha supuesto reencontrarte  a ti misma en muchos aspectos. ¿Es así?

F.F: Claro, pero fue un proceso largo que me llevó casi todo el viaje. Menos mal que fui por dos meses y medio, porque si hubiera viajado sólo por un mes, no habría podido lograr sentir  la conexión con mi tierra. Cuando llegué, la primera sensación fue de extrañeza y me sentí muy identificada con un personaje de la última novela del escritor cubano, Leonardo Padura, que dice más o menos así: la sensación de extrañeza termina por imponerse a la de pertenencia. Y eso fue lo que me ocurrió en los primeros días, todo había cambiado tanto (ni se imaginan aquí en Europa, la velocidad a la que cambian las ciudades sudamericanas) que no lo reconocía y muchas veces me sentí desubicada porque no lograba sentirme de allí, no lograba encontrar en mi alguna sensación de pertenencia. Y así pasé el primer mes, como una turista cualquiera recorriendo, conociendo y a veces reconociendo los lugares en los cuales transcurrió mi infancia y juventud.

Luego comenzó a pasar algo que yo nunca esperé: por casa de mi madre empezaron a desfilar, venidos de Barranquilla, primos, tíos, amigos de toda la vida, compañeras de colegio. Y aquel viaje que yo imaginé un poco triste y solo, por la ausencia de todos los  que hemos perdido en nuestra familia en los últimos años, se convirtió en una muestra de amor y cariño de una fuerza increíble. Una fuerza centrípeta que me fue envolviendo y empezó a preparar mi viaje hacia Barranquilla, mi ciudad.

Barranquilla era mi  verdadera asignatura pendiente. Allí no sólo nací sino que viví todos mis años de colegio. Es la ciudad donde estuvo mi hogar, la casa de mis abuelos maternos en donde crecí y empecé a soñar el mundo. Yo soy hija del primer matrimonio de mi mamá y al ella volverse a casar, La Curia (siempre la Iglesia) me impidió ir a vivir con ella en Cartagena De Indias. Así que Cartagena se convirtió para mí en la ciudad de las vacaciones y Barranquilla fue siempre mi hogar hasta que me fui a Bogotá a estudiar en la universidad.

Yo tenía cierto resquemor en volver, porque creí que me pesarían mucho las ausencias y el saber que ya no tenía ninguna casa a la que llegar. Por eso empecé a hacer pequeños viajes de ida y vuelta (Cartagena y Barranquilla están a hora y media en coche). Al comienzo, desconocí por completo  la ciudad, había crecido tanto que por momentos sentí que estaba visitando una ciudad nueva. Después, decidí ir por cuatro días y entonces pude recorrerla toda de la mano de la mejor de las guías, una amiga de siempre (y compañera de colegio) desde que ambas teníamos 4 años. Y es que una ciudad, y más Barranquilla, es también su gente, su luz, su olor, sus sabores y así, poco a poco, rodeada de una gran familia que me sorprendió con su presencia constante, y de amigos que no me dejaron entristecerme por lo perdido, comencé a reconectar con la ciudad que fue mía.

Quizás el momento cumbre de mi regreso a Barranquilla fue la presentación de “Para nombrar la madrugada”  en el Centro Cultural Cayena de la Universidad del Norte, el más importante centro educativo de la ciudad. Fue tal la acogida de la gente ( hubo que abrir las puertas del recinto porque no cabía el público), el cariño que me demostraron, la receptividad que tuvo mi poesía que sentí que por fin había vuelto, que era una más entre todos. Me volví a sentir nuevamente barranquillera.

Después, volví a Cartagena De Indias, aún sin ser consciente de que todo había dado la vuelta.  Un mes y medio después ya la sensación de pertenencia había vencido a la de extrañeza, pero eso no lo sabría hasta que llegó el día en que tuve que regresar a España.

He de decir que durante esos dos meses y medio viví también una relación muy intensa con mi madre. No nos separamos nunca durante ese tiempo y yo me dediqué a mirar detalladamente su vida, como diría el escritor aragonés, Manuel Vilas en su novela “Ordesa”. De eso tampoco se despide uno fácilmente, hay una cierta sensación atávica de desprendimiento, de salida del útero nuevamente. Sin darme cuenta me acostumbré a estar con mis hermanos, a las rutinas de mi madre, a su compañía, a sus lecciones de vida  y hoy ya cuento los días para que pronto pueda venir a España para continuar regodeándome con ese aprendizaje. Me siento por ello muy afortunada, porque no todo el mundo que tiene vivo a su padre o a su madre, o a los dos, es consciente de lo importante que es detenerse a contemplar sus vidas. Es una experiencia enriquecedora.

Así que aquí estoy de nuevo en Granada, en la ciudad que elegí para que construir mi hogar rodeada de mis obsesiones: Lorca y la Alhambra.  Vengo de un viaje profundo y enriquecedor de reencuentro conmigo misma y de reconciliación con mi tierra. Me acompaña la alegría de sentirme reconocida y querida por muchísima gente,   el saber que la familia que me acompaña es mucho más grande de lo que pensaba y que mis amigos siguen siendo los mismos incondicionales de la infancia y juventud.

R.P: ¿Qué es la poesía para Flavia Fálquez?

F.F: Para mí la poesía es una forma de nombrar el mundo y al mismo tiempo de apropiarte de él, el poeta tiene la posibilidad de fijar determinados instantes y salvarlos del inclemente paso del tiempo y por ello del olvido. Los poetas, como todas las personas tocadas por el arte, tenemos la posibilidad de ver más allá del común de las personas, vemos lo que es invisible a otros ojos y lo rescatamos por medio de la palabra. La mejor definición la da Lorca cuando dice: (Soy)…” un pulso herido que sonda las cosas del otro lado”.

R.P: ¿Es necesario que el poeta conjugue la  palabra en un ideario, en algo personal y único?

F.F: No lo creo, pienso que la poesía como todo arte, debe ejercerse desde la libertad. El poeta debe decir aquello que le toca el corazón, pero sin perseguir un fin determinado. El poema habla por sí sólo y dirá lo que tenga que decir.

R.P: Lorca es por antonomasia tu poeta de cabecera,  tu guía y tus pasos.

F.F: Federico es para mí mucho más que un poeta de cabecera. Primero, fue un amor loco en mis años de estudiante universitaria y después, con el tiempo, se ha convertido en un compañero, un alter ego, cuyas palabras y las emociones que transmite, me han acompañado en los momentos más importantes de mi vida. Como dice el dramaturgo, Lluís Pascual en un bello libro que ha escrito sobre su relación con García Lorca: “Esto iba a ser, mi hermano…mi gemelo…un espejo al que poder mirarme, un reflejo en forma de refugio…y cuyos pensamientos y emociones se parecían a los míos, o más bien los míos encontraban su libre expresión en la manera como él los contaba”.

Tras sus pasos me vine a Granada, de su mano la conocí y aquí sigo alerta a todo lo que pase con él. Es un tema que no dejo descansar y al que sigo estudiando después de más de 30 años.

R.P: ¿Otros poetas  que hayan influido en ti?

F.F: Muchos. Lorca ha marcado mi vida, pero curiosamente no es el poeta que más ha influido en mi poesía y en mi manera de decir las cosas. La lista podría ser infinita, pero voy a tratar de ceñirme a esos que no pueden faltar en la biblioteca de mi habitación. Empezaré por Cernuda, cuyos poemas me han influido mucho, Salinas, Borges, Cavafis, el colombiano Darío Jaramillo, José Hierro, Ángel González, Cristina Peri Rosi, Dulce Maria Loynaz, José Emilio Pacheco y muchos más. Me quedo corta.

R.P: Tu último libro libro  editado es “Para nombrar la Madrugada “con la editorial MRV.¿Que ha supuesto para ti ¿¿Tienes nuevos proyectos literarios a la vista?

F.F: Ese era un libro que estaba por publicar desde hacía mucho tiempo. Estaba terminado y listo desde hacía algunos años, pero no se habían dado las circunstancias para publicarlo. Así que verlo en negro sobre blanco supuso una gran satisfacción y la sensación de que al fin había pagado una deuda con una época importante de mi vida y con todas aquellas personas que lo inspiraron. Tengo otros proyectos esperando, otros dos libros que pienso que terminaran publicados en uno solo y otro que es el que estoy escribiendo en estos momentos y que para mí  tiene otro tono, tal vez el de la madurez o el de la voz de una sobreviviente.

R.P:  ¿El poeta se reconoce en sus letras? Hay quien dice que al escribir muere algo de nosotros, para luego renacer en el siguiente verso.

F.F: Personalmente me reconozco en todo lo que escribo. Mis poemas son como pequeñas fotografías que con palabras han logrado detener el tiempo y atrapar un instante. Tal vez sea por deformación profesional, pero siento que mis fotografías y los poemas que escribo logran lo mismo: fijar un instante. Detrás de cada poema y cada fotografía hay una historia que puedo recrear cada vez que los leo o miro. Es más, puedo hacer el ejercicio mental para saber  qué circunstancias estaba viviendo, qué estaba haciendo o que estaba sintiendo cuando los creé.

R.P: Tú te has amamantado de la cultura en ambos lados del charco, ¿qué semejanzas, diferencias percibes? ¿Es más lo que nos une ?

F.F: Bueno, nos une una gran herencia literaria, la del castellano. Todo estudiante de colegio o universidad en cualquier país de Suramérica estudia a los grandes clásicos que la literatura castellana. Las diferencias vienen después y están marcadas por la forma de decir o describir un mundo, que a su vez está influido por sus circunstancias sociológicas, por su historia y geografía. Incluso en la propia Colombia se dan diferencias entre una región y otra. No es lo mismo la explosión de colores, palabras y decir del Caribe que la que se da en la meseta donde se encuentra Bogotá a 2700 metros de altura sobre el nivel del mar. Supongo que, parafraseando a Ortega y Gasset, todo artista, todo poeta, a uno u otro lado del “charco”, es él y su circunstancia.

R.P: Para finalizar algo que desees resaltar para los lectores de PROVERSO.

F.F: Sólo que lean mucho y no se detengan nunca. Es la manera más grata de  divertirse, de viajar, crecer o aprender. Y siempre que recomiendo esto se me viene a la mente una frase del escritor francés Gustave Flaubert que aprendí en mi etapa de estudiante y  la cual adopté desde entonces: “el único modo de soportar la existencia es aturdirse en la literatura como en una orgía perpetua”

post image

¿POR QUÉ SE ESCRIBE?

Por: Javier del Prado Biezma. (Poeta entre profesor y crítico).


(A la memoria de mi maestro, Jean-Pierre Richard, muerto el 15 de marzo de 2019)

Javier del Prado Biezma

1.- ¿Por qué se escribe? ¿Por qué uno escribe?

Es ésta una de las preguntas que más oigo a mi alrededor literario, junto a otra más enigmática aún, pero de más fácil respuesta, según parece, “Se nace o se hace uno poeta”. Es ésta una de las preguntas que más lanza al ruedo Justo Sotelo, en su tertulia del Café Gijón, a la que, alegremente, el responde siempre con la misma frase  (“Escribimos porque sabemos escribir”); mientras yo intento adentrarme en el problema por vericuetos que siempre me llevan al mundo de lo que podríamos llamar, las funciones (sociales o individuales) de la literatura (y, hoy en día, desde la modernidad) del arte.

Tendría que establecer antes de seguir mi razonamiento una distinción entre dos preguntas muy similares: ¿por qué se escribe? Y ¿para qué se escribe. En su día, hice un seminario sobre la cuestión, harto ya de tanta reflexión y de tanta descripción (narratología y poética formalistas) sobre el aspecto técnico del mismo problema: ¿cómo se escribe, cómo se organiza un texto?, mientras que sólo desde perspectivas  o estrictamente pedagógicas o confusamente médico-patológicas me habían dado respuesta al porqué y al para qué de la escritura.

Con el fin de centrarnos en un tema preciso y no perdernos en divagaciones especulativas propuse en el seminario, como tema de central, la pregunta siguiente: ¿por qué seguimos haciendo el Nacimiento (el Pesebre) en la época de Navidad, incluso personas que no creen que Jesús sea Dios e, incluso, personas que no creen en Dios? La pregunta centraba el tema de la ficción, tal vez, pero no el tema de la escritura. EL resultado del seminario fue, para mí, la producción de un texto de más de cien páginas (en espera de publicación).

Se me antoja pensar que el porqué escribimos nos remite directamente al que escribe (al autor), mientras que el para qué se escribe nos remite al receptor de esta escritura (el lector). Este segundo aspecto nos llevaría a las antes aludidas funciones (sociales) del arte y de la literatura y, por tenerlas más claras, hoy las voy a dejar de lado (aunque un día vuelva sobre ellas en estas mismas páginas.  El primer aspecto es, desde mi punto de vista más complejo y cabe desentrañarlo  con más atención, aunque aquí no haré sino esbozarlo.

Está claro que no me vale la simple (en apariencia) aseveración de Justo Sotelo, aunque esta esté ligada a la dimensión placentera de la escritura. En cualquier caso, sería necesario analizar las razones de ese placer, de esa complacencia – de esa afirmación complaciente del yo en sí mismo que se siente y se ve escribiendo. Afirmación que contradice los tan traídos dolores del parto de la escritura, nacidos de las ensoñaciones de Mallarmé sobre “la página en blanco” y que yo, en mis estudios sobre el poeta y sobre su ’mayor’, Baudelaire, he ligado a los problemas  de carencia de fuerza y de tensión existencial que ambos sufrían. Carencia que ni Verlaine (a su modo) ni Rimbaud (al suyo) padecían – por limitarme al cuarteto mayor simbolista.

2.- Releyendo el Fragmento 1 de mis Fragmentos de una biografía imposible

“Bajaba de los trópicos, con su cargamento aéreo de tierras azules y rojas; amasaba su rabia en campos olorosos de salvias silvestres… y se engolfaba en mis ojos durante noches enteras: el sueño de sus manos se arremolinaba  por mi cuerpo, como aguas maniatadas; desaparecía, luego, como un perro amaestrado. A veces, de madrugada, lo encontraba arrebujado en el cuenco invertido de un pino, otras, colgado en jirones de las ramas más altas de un eucalipto”

Releyéndolo, recibo el comentario de Justo Sotelo a mi última “Esquizofrenia”, publicada en Facebook. La leo… y veo que de nada sirvió mi post explicando la etimología de la palabra, hoy usurpada por la psiquiatría, y el uso etimológico que de ella hago para usarla como título de una serie de poemas que he iniciado; esquizofrenia: alma desgajada, partida, separada en dos partes. Me responde que no ve nada en mi escritura que sea esquizofrénico; vamos, que mi título es un puro adorno retórico. Yo le explico y el me contesta de nuevo… “Los que escribimos lo hacemos porque sabemos escribir. Como los que pilotan aviones o barcos porque saben pilotar…” En nuestro juego de observación y respuesta, respuesta y observación se van mezclando poco a poco dos temas: el de mi escritura esquizofrénica (o no) y el de saber por qué se escribe.

Y me doy cuenta de la ambigüedad que tenía, que tiene, el “Fragmento 1” de mis Fragmentos… ¿Cuál es su referente? No creo en las casualidades; ir a buscar mi libro, abrirlo por esa página y leerlo (mientras recibo el mensaje de Justo Sotelo) tiene que tener un sentido más profundo que el del puro azar.

Y me pongo a pensar… y pienso. Pienso como amo. Arrebatado, a trompicones. Encontrando respuestas conscientes a preguntas que sólo me he planteado de manera inconsciente; y viceversa.

¿Quién baja de los trópicos?

¿Por qué a una discípula mía, hoy catedrática de universidad, se le ocurrió centrar su intervención, como presidenta del acto de homenaje, el día de mi jubilación, entorno a la posible esquizofrenia  racional múltiple de mi persona; esquizofrenia que, al parecer, me permitía dictar un oficio a mi secretaria al mismo tiempo que estaba dibujando (sic) un poema en los folios que siempre tengo delante de mí? ¿Por qué se me ocurrió a mi, siete años después, poner el título de Esquizofrenias a los poemas que emborrono en las márgenes de los libros que tengo sobre las rodillas, mientras me estoy tomando el capuchino de media mañana o de media tarde?

Albert Camus

3.- Sé, (me lo enseñó Albert Camus, una tarde, sentados en una roca provenzal, envueltos en luz mediterránea y en el esplendor azul de las lavándulas silvestres) que para escribir sobre existencialismo no hace falta ser existencialista, del mismo modo que para hablar de la homosexualidad no hace falta ser homosexual y, concluyo, para plantear los problemas de “la naturaleza esquizoide de los humanos” ¿es preciso tener una escritura esquizofrénica? Y ¿en que se nota una escritura esquizofrénica? ¿en los sonetos perfectos, sin mácula, de un Gérard de Nerval? ¿en los ensayos de ensueño racional de un Rousseau?

Paul Ricoeur

La naturaleza esquizoide del ser humano  es una de las ‘situaciones’  esenciales de la configuración de su personalidad y se manifiesta en lo que de manera más neutra o técnica podemos llamar las aporías del yo, tal como las define Paul Ricoeur,. Empezando por el dualismo que lo configura como cuerpo total, por un lado, y como espíritu total por otro, sin soslayar la interdependencia radical de una totalidad respecto de la otra; siguiendo por las aporías clásicas del ser uno (identidad) deseando ser varios (alteridad), del ser de un espacio y de un tiempo determinado, deseando tener una omnipresencia espacio-temporal; sin olvidar los temas de la realidad y el recuerdo, de la realidad y el deseo; y otros… rupturas de la conciencia que , no, por no ser ‘patológicas’, son menos rupturas, desgajamientos, separaciones. Heridas. Esa misteriosa “espina clavada en mi carne” que confiesa tener Pablo de Tarso, en su “Segunda Carta a los Corintios”.

Pero qué tendrá que ver todo esto con mi fragmento, con la frase que Justo Sotelo me repite cada dos por tres respecto de que “algunos sabemos escribir y por eso escribimos”, con las revelaciones que me hizo Albert Camus esa tarde que acababa de dejar a Patrice de la Tour du Pin, embobado con sus caballos salvajes a la búsqueda de ese Dios que, según él, “olía a pato silvestre”.

4.- Pues no. Yo no escribo por que sé escribir. No.

Para empezar, cuando empecé a escribir a los catorce o quince años, yo no sabía escribir. MI mente se debatía entre un español que estaba a punto de olvidar (habiéndome ido de España a los once), un francés que empezaba a dominar (mis estudios los hacía en lengua francesa) y un italiano que me servía para jugar e ir por la calle, cuando salía del internado. Cada lengua ocupaba un espacio de predilección en mi mente. Si sentía, sentía en español (junto a mi soledad), si razonaba, razonaba en francés (junto al frère Sester, mi maestro de pensamiento y, más tarde, de filosofía), pero si miraba el paisaje o el jardín, lo miraba y decía en italiano (junto al fratel Bruno). Y cuando me ponía a escribir, mi párrafo era una auténtica hamburguesa trilingüe.

Eso sí era una esquizofrenia verbal, lo que viene a significar que era una esquizofrenia epistemológica y de conciencia existencial, (en la más racional y sistemática de las mentes).

Yo empecé a escribir (y empecé a escribir  con rabiosa pasión) por que tenía algo que decir (eso sentía, eso creía) y tenía que decirlo bien. Algo (mucho) que decir… y decirlo bien (muy bien). Yo empecé a escribir por que tenía que resolver, unir o conformar la pluralidad de mi yo. Porque, en definitiva tenía que recuperar o inventarme un yo, y este sólo podía inventarlo o recuperarlo en una escritura. Pues, a la esquizofrenia nativa que imponen las aporías del yo, (y que configuran la naturaleza problemática del ser humano)  se habían añadido esas circunstancias: haber llegado a ser una persona sin patria, sin lengua madre o con tres patrias y tres lenguas madres y, sabemos, que la lengua madre es el territorio conceptual, imaginario y emocional que el yo habita.

5.- Ayer, mi única respuesta posible a Justo Sotelo (a Justo le gusta mucho provocarme) sólo pudo ser la siguiente: “pues yo no escribo por que se escribir; escribo para conseguir crearme una morada en la que habitarme”. Es evidente que esta respuesta, pretenciosa, no es simplista; y merece que le trace un trayecto para llegar a ella.

Jean-Pierre Richard

Reflexionando estos días para dar forma a mi pensamiento (y coincidiendo estas reflexiones con la muerte de mi gran maestro, en crítica literaria, Jean-Pierre Richard  me vinieron a la mente lo que pueden ser estas etapas , escalones, o círculos concéntricos de aproximación.

Es evidente, si se leen mis escritos, a lo largo de esos cincuenta años que he dedicado a la producción poética, a la docencia de la poesía y a mi teorización de esa producción y de esa enseñanza, es evidente que  mi teoría de la creación literaria está ligada a los conceptos de carencia y de abundancia. La carencia, en primer lugar, como principio constitutivo del yo. (El don de la carencia, se titula uno de mis artículos más queridos) y, en segundo lugar, a la superabundancia del yo, como resultante ocasional de su actividad acaparadora de sensaciones, emociones y saberes..

Patrice de la Tour du Pin

Escribimos en ocasiones, porque hemos aprendido que la escritura es un modo eficaz para compensar las carencias marcadas por las aporías esenciales. La ficción, por ejemplo nos permite ser de varios lugares y de varios tiempos distintos de aquel que es nuestro, aunque sólo sea durante el tiempo de la escritura. El escritor necesita recrear un espacio y un tiempo con cierta ‘auténticidad’ en el que el personaje se encuentre como en su tiempo y en su espacio propio. Esta creación conlleva un ejercicio de apropiación, también, por parte del escritor.  El novelista, creador de personajes variados e, incluso contradictorios, proyecta su yo (en sensaciones, emociones y saberes, sobre esos personajes (“Madame Bovary soy yo”, dijo Flaubert, pero no sólo Madame Bovary; podía haber añadido, también Charles y Rodolphe, etc.) y puede llegar a ser legión, aunque sólo sea en las intensas intermitencias del acto creador; eso, sin llegar a tener que contemplar las soluciones dadas por algunos poetas a la pluralidad de voces que sienten en su interior (las escasas y familiares de A. Machado, las múltiples, plurales y contradictorias de F. Pessoa y, más aún, de Patrice de la Tour du Pin.

Compensaciones ficcionales (no, imaginarias, reales en la psicología existencial) de esas aporías que conforma la falla esencial de la psicología del ser humano, limitado en su realidad y plural en su deseo de identidades, y de su sueño de espacios y tiempos restringidos, por fin, abolidos.

No creo, sin embargo que sólo escribamos por que algo nos falta, porque queremos paliar la herida de una ausencia (tristeza de amor, tristeza de enfermedad, tristeza de injusticia, tristeza de muerte. En ocasiones el cerebro o el corazón, mejor, en ocasiones el espíritu está tan lleno de sensaciones (visuales, auditivas, olfativas, táctiles…). de sentimiento (alegría, felicidad, plétora amorosa…) de ideas; tan lleno, que necesita explotar en grito, en gesto, en palabra: y, entonces se pone a escribir (sepa o no sepa escribir: como aquel recluta que, de noche escribía garabatos verbales incendiados a su novia, recién descubierta, y que por la mañana me los pasaba para que yo se los escribiera ‘bien’. Y pienso en la urna que se llena y que es preciso volcar, alegoría con la que Lamartine describe el acto crador (como inspiración y como expiración, en cu carta-poema “A una señorita Inglesa”.

Escribimos por que necesitamos escribir, y en el escribir constante, aprender a escribir bien: es decir, elevar la realidad emocional de nuestras carencias y de nuestros superabundancias a la categoría de obra de arte, en la mediación de la escritura; mediación en la que nuestro ser encuentra el definitivo espacio de acogida.

6.- Es posible que, en alguna ocasión, se escriba por que se sabe escribir y se quiere exhibir ese saber; como el compañero de excursión que, sabedor de que tiene una potente voz, en medio del viaje, lanza desde el fondo del autocar un chorreón de voz, entonando una jota baturra, que a todos nos deja atónitos, pero que, pasada la sorpresa, a todos nos molesta o deja indiferentes. Escribir porque se sabe escribir sería, entonces, un acto de vanidad que no sería compensado por la belleza formal de lo que ese saber nos dice.

A mis casi ochenta años, yo sigo escribiendo  porque ya me falta semen y músculo, pero aún me sobra sangre y materia gris.

post image

PATRICIA BENITO | DEL SOFÁ Y DEL LADO.

Por: Juan Ramón Jiménez Simón


De corteza insegura, débil, cerrando los ojos, en la calma de quién contempla el desierto… Las emociones en las que transita Patricia Benito nos lleva a la geografía íntima de su alma, en  (…) los pedazos que no me atreví a rescatar de naufragio. Una necesidad que la autora vive en (…)  un duelo a vida contra el espejo. Reafirmación que resurge de su propia voz por sentir el pulso vital y creativo de sí misma.

“Tu lado del sofá” (editado por Aguilar en “Verso & Cuento”, 2018) puede considerarse como una relectura de una nueva mirada. Algunos de sus versos se prestan a una deconstrucción constante, no solo por la emotividad de sus palabras, sino por su capacidad para retratar algunos de los aspectos más complejos del ser humano.  Esa despedida poética es, a su modo, una forma de arrojar luz sobre nuestra propia realidad.

Patricia Benito quiere, después un “carpe diem” vital, recuperar el descanso donde “el sol ponía la irreparable hora del descanso (Dámaso Alonso). Junto al sofá, la autora se implica en una tarea, característicamente épica, siguiendo la tradición greco-latina de la quietud provocada por el amor (en una sala de espera). Es el genio femenino cultivado por Apolonio de Rodas, Virgilio y Ovidio; y antes que estos, en cierto modo por Safo, forjadora de una pedagogía del “cerrar los ojos” que es recreada por la poeta a lo largo de sus poemas.

Esa valentía al abandonarse, a pesar de todo, en “un cuarto creciente a medio tiempo” es un auténtico canto a la magia de lo cotidiano, al pequeño lugar que ocupamos en el mundo. En “Tu lado del sofá” recoge historias que revelan su habilidad para reflexionar poéticamente acerca de las mismas, en una hermenéutica de final abierto tan característico en nuestro devenir. Una constante de su poética es la trazabilidad del “Vive, joder, vive” a una aceptación de todo cuanto aconteció y de la ausencia, generando un proceso interno de aprendizaje tan real como la vida misma. Solo así se puede contemplar los retales del alma con una mirada educativa que es urgente incorporar.  En este sentido, la autora nos anima a cambiar el foco de sitio, dejando de atender lo que ocurre fuera de nosotros mismos como si fuera lo más importante y de consentir que la toma de decisiones favorezca el miedo, y en su lugar poner la emoción en el centro de todo nuestro quehacer, atendiendo al cuidado de uno/a mismo/a. Esto supone organizar los momentos del “sofá” de modo que se garantice esta centralidad de la vida: que todo cuanto nos ocurra contribuya a la sostenibilidad personal. Conlleva que en los muchos casos en que el día entre en conflicto con la noche, se le dé prioridad absoluta al primero, al tiempo que se reflexiona y se contemple a la segunda. Por eso, el poemario tiene la finalidad de</>

Escribirte a ti en vez de hacerlo sobre ti.
Esa sutil diferencia que lo hace nuestro
o de todos los demás.

Y, además, admite con humildad la capacidad regeneradora de las caídas:

Nada tan difícil de asimilar
como llegar a casa
y que todas las cosas
sigan donde las dejé.

post image

“HAIKUS COMPLETOS” | LUIS ALBERTO DE CUENCA. UNA LLAMADA A LA QUIETUD.

Por: José María Herranz Contreras


HAIKUS COMPLETOS (1972-2018), de Luis Alberto de Cuenca.
Los libros del Mississippi. Colección Libretos del Mississippi.
Madrid, 2019.
Prólogo de Ricardo Virtanen. Ilustraciones de Javier de la Rosa.
ISBN: 978-84-945796-8-4

Esta bella edición ilustrada de “Los libros del Mississippi”, en su colección “Libretos del Mississippi”, inaugura el primer número de la misma con una recopilación de todos los haikus publicados hasta la fecha por el poeta novísimo y culturalista Luis Alberto de Cuenca y Prado, cuya amplia obra en verso, prosa y ensayo cumple ya los 48 años de publicaciones, y cuya altura y calidad le han hecho merecedor de formar parte del canon literario español. Los “Libretos del Mississippi” en su forma y diseño rinden homenaje a aquellos libretos ligeros de la city, que Lawrence Ferlinghetti editara durante los años 50 y 60 en San Francisco, y que publicó a casi todos los autores de la generación beat, en su sello “City Light Books”. Historia de la literatura moderna que hoy reactualiza Luis Alberto de Cuenca con esta edición de sus haikus reunidos.

Resulta sorprendente constatar que hasta la fecha no habían sido reunidos en un único libro los haikus escritos por el autor. Doble mérito, por tanto, el de este libreto al acercar al gran público este género, que también servirá para tender puentes entre la cultura japonesa y el mundo occidental.

Si bien es cierto que el haiku se inició aproximadamente en el siglo XVI en Japón, muy ligado en su origen al Tao y posteriormente al zen, cuyos primeros haijines usaron fundamentalmente la impresión del instante, la pincelada del mundo natural como máxima expresión de la iluminación del momento, o satori, en siglos posteriores usaron temas más cotidianos y posteriormente urbanos para ampliar el horizonte de dicha forma poética. No es hasta finales del siglo XIX y principios del XX cuando algunos poetas importan el haiku o sus ecos en otras formas estróficas, como hicieran los modernistas Juan Ramón Jiménez o los hermanos Machado (Antonio y Manuel), así como Federico García Lorca (recordemos el Poema del cante jondo). Tal y como señala Ricardo Virtanen en su detallado y esclarecedor prólogo, Luis Alberto de Cuenca se configura como uno de los más destacados cultivadores occidentales de este género, junto con Leopoldo María Panero y Jesús Munárriz entre otros, reinterpretando de manera personalísima esta forma poética. Este erudito prologuista ilustra estupendamente en su prefacio un resumen de la historia de este género en Japón, así como las vicisitudes de su importación al mundo occidental y un pequeño análisis de las estrofas que tuvieron eco del mismo (como por ejemplo en el cante popular flamenco la soleá y la seguidilla),  así como muchos otros aspectos de la obra luisalbertiana al respecto.

Salvando la distancia entre ambas culturas, así como la forma expresiva (en el haiku japonés clásico no se puntúa la estrofa, y obedece a unas normas bastantes estrictas en recursos y contenido), el haiku en español conserva la secuencia estrófica (5-7-5) sin rima o asonantado, y en el caso de Cuenca mantiene bastante el espíritu original del mismo. El libreto se estructura en 7 partes que recogen los haikus escritos en 6 de sus libros de forma dispersa, en concreto, los publicados en Elsinore, Por fuertes y fronteras, Sin miedo ni esperanza, La vida en llamas, El reino blanco y Cuaderno de vacaciones, cerrando el ciclo un conjunto de Inéditos, y abarcando en total los años 1972 a 2018. Se agradece la labor compiladora del autor, junto al editor Antonio Benicio Huerga, amigo personal del mismo, en esta reunión y selección erudita de los textos de Alberto de Cuenca, aprovechando el formato tan bello de los “Libretos del Mississippi”, que en su momento y en los Estados Unidos también reunieron haikus de destacados poetas de la generación beat, como se ha señalado anteriormente, como los escritos por Jack Kerouac y Allen Ginsberg.

En De Cuenca, los haikus aquí reunidos pueden clasificarse, como indica Ricardo Virtanen en desenfadados (lo cotidiano y lo amoroso), misterioso-metafísicos, clásicos (que inciden en el repentino cambio de tono para conseguir ese asombro del instante), epigramático-jocosos, y míticos. Como no podía ser de otra manera, el poeta controla perfectamente el uso de los recursos necesarios para conseguir el efecto deseado, según las normas generales del género, aunque con su sello distintivo y personal, su propia voz poética, en suma. Vean estos ejemplos:

Talle de viento.
Un jazmín se desploma.
Llanto del agua.

(haiku clásico, elementos naturales, pincelada del instante, emoción asombrada)

En esta alcoba
ya nada puede hacerse
salvo morir.

(haiku metafísico, de tono misterioso, que evoca el paso del tiempo y el fin del amor juvenil)

Vivió. Murió.
Supo ser nadie y todos
al mismo tiempo.

(haiku clásico de tono intenso y filosófico, que refleja el destino de cualquier ser humano)

Qué hará esa nube.
¿Pasar? ¿Derramar lluvia
sobre mi hoguera?

(haiku que usa un recurso de la naturaleza para hablar del sufrimiento amoroso y pasional)

El libro se completa con unas bellas y estilizadas ilustraciones de Javier de la Rosa que ilustran algunos de sus poemas, y que recuerdan delicadamente a los dibujos de Federico García Lorca o Rafael Alberti.

En suma, este libreto es un deleite exquisito para que el lector pueda disfrutarlo en pequeñas dosis, meditando en silencio y con suficiente tiempo cada uno de los poemas, ya que el haiku requiere exactamente eso: dejarse llevar por las imágenes concisas que en su intensidad y polisemia nos hablan de lo que compartimos todos y todas, esto es, la fugacidad del tiempo, el sentido de la propia existencia, la belleza de la propia vida y sus sencillas cosas, el amor y el disfrute sensual, el cariño, la risa, el absurdo, y el misterio de la muerte al que todos nos dirigiremos algún día. En tiempos tan enloquecidos y desquiciados como los actuales, en nuestra cultura y civilización, no es poco: una llamada a la quietud, a la detención del tiempo, a la belleza del instante, a la iluminación. Larga vida a estos “Haikus completos” de Luis Alberto de Cuenca, y gracias a “Los libros del Mississippi” por haberlos editado.

post image

MIS CUATRO POETAS | DÍA INTERNACIONAL DE LA POESÍA

El Atelier

Por: Inma J. Ferrero


He dejado de mirar el calendario, mis pensamientos se han parado en el presente: en el aquí y en el ahora. Ya no necesito tanto rememorar las horas pasadas, el tiempo se oxida entre los brazos del horizonte y yo estoy en paz, porque me reconozco limpia, segura y sé que mis ojos miran alto, porque tengo la suerte de poder ir con el alma desnuda y la cabeza alta.

Pero algunos días me sucede que al revistar mis viejos libros no puedo evitar desviar la memoría a mis poetas; a esos que me dieron el latido poético, los mismos que me enamoraron tantas veces al leer sus versos.

Hace unos días ha sido el día Internacional de la poesía, yo les he rendido como siempre mi tributo, porque es de ley dar reconocimiento a aquellos que han infundido en ti la llama de la esperanza.

Frédéric Chopin

Sin música no habría poesía en mi, sin ella el sonido, la cadencia, el ritmo, la palabra serian una tormenta que no da fruto. Mi primer poema fue la Berceuse Op. 57 Re bemol mayor de Chopin, interpretada por Arturo Benedetti Michelangeli.

En la música de Chopin hay una urgencia reveladora que consigue desenmascarar a quien la toca. Como una máquina de la verdad o un detector de metales, sus partituras apelan al sentimiento puro. Podemos decir entonces que es música del corazón: desbordante, intensa, circunstancial, porque a veces es eufórica, otras confortable y casi siempre melancólica.

Bajo mi punto de vista, la música de Chopin, trata de lo sagrado en el hombre, de lo divino sin Dios, de la trascendencia inmanente, del reconocimiento absoluto del Otro, de la santidad de la existencia, de la espiritualidad absoluta, imposible de ser profanada, eterna.


Vicente Aleixandre

Mi segundo Poeta D. Vicente Aleixandre. de él os recomiendo, “ESPADAS COMO LABIOS” “LA DESTRUCCIÓN O EL AMOR” , mi ejemplar de la editorial Castalia es un regalo de mi profesor de Literatura del Instituto D. Miguel Ángel León, siempre tan preocupado de mis lecturas y de guiar mis pasos.

“Espadas como labios” de Vicente Aleixandre supuso para la lírica vanguardista española el alcance de una de sus experimentaciones más radicales, lo que supone una ruptura con los modelos de construcción de la subjetividad de la tradición poética española. Este poemario reúne 41 poemas y trata los temas eternos de la poesía: vida, amor y muerte, lo que lo hace tan especial es que Aleixandre trata estos temas desde un punto de vista profundamente humano.

“La destrucción o el amor” se presenta como un poemario que reveló la poderosa personalidad de Vicente Aleixandre como poeta, le situó entre los poetas de mayor fuerza y originalidad, este libro es una de sus obras más fértiles y que más influencia ha ejercido en poetas de las generaciones posteriores. Por este libro ganó el Premio Nacional de Poesía.

En ambos poemarios están presentes los rasgos de estilo más inconfundibles de Aleixandre: reiteraciones, presencia de imágenes poéticas y visionarias..

Estos dos poemarios, son una magnífica lectura que nos engancharán de principio a fin. Contienen ese tipo de poesía en la que te involucras deseando que los versos nunca acaben, porque te reconoces en cada verso, en cada palabra.

POESÍA

EL ALMA

El día ha amanecido.
Anoche te he tenido en mis brazos.
Qué misterioso es el color de la carne.
Anoche, más suave que nunca:
Carne casi soñada.
Lo mismo que si el alma al fin fuera tangible.
Alma mía, tus bordes,
tu casi luz, tu tibieza conforme.
Repasaba tu pecho, tu garganta,
tu cintura: lo terso,
lo misterioso, lo maravillosamente expresado.
Tocaba despacio, despacísimo, lento,
el inoíble rumor del alma pura, del alma manifestada.
Esa noche, abarcable; cada día, cada minuto, abarcable.
El alma con su olor a azucena.
Oh, no: con su sima,
con su irrupción misteriosa de bulto vivo.
El alma por donde navegar no es preciso
porque a mi lado extendida, arribada, se muestra
como una inmensa flor; oh, no: como un cuerpo
maravillosamente investido.
Ondas de alma…, alma reconocible.
Mirando, tentando su brillo conforme,
su limitado brillo que mi mano somete,
creo,
creo, amor mío, realidad, mi destino,
alma olorosa, espíritu que se realiza,
maravilloso misterio que lentamente se teje,
hasta hacerse ya como un cuerpo,
comunicación que bajo mis ojos miro formarse,
organizarse,
y conformemente brillar,
trasminar ,
trascender,
en su dibujo bellísimo,
en su sola verdad de cuerpo advenido;
oh dulce realidad que yo aprieto, con mi mano, que por
una manifestada suavidad se desliza.
Así, amada mía,
cuando desnuda te rozo,
cuando muy lento, despacísimo, regaladamente te toco.
en la maravillosa noche de nuestro amor.
Con luz, para mirarte.
Con bella luz porque es para ti.
Para engolfarme en mi dicha.
Para olerte, adorarte,
para, ceñida, trastornarme con tu emanación.
Para amasarte con estos brazos que sin cansancio se
ahorman.
Para sentir contra mi pecho todos los brillos,
contagiándome de ti,
que, alma, como una niña sonríes
cuando te digo: « Alma mía… »


Blas de Otero

Mi tercer poeta, Blas de Otero, os recomiendo “ANCIA” . Este libro recoge dos de los libros más emotivos del poeta “Angel fieramente humano” y “Redoble de conciencia”, más 38 poemas que no estaban incluidos en ellos. El prólogo que no tiene desperdicio es del también poeta Dámaso Alonso, y es todo una joya. Este es uno de mis poemarios favoritos, ¿Por qué? porque no solo fluye en él la intima cadencia de la poesía del hombre situándose frente a la muerte y frente al vacío, sino que también surcan sus páginas la poesía del amor y de la esperanza. Es un libro de la búsqueda incesante en medio del caos, del individuo existencial, un libro en el que la palabra toma doble conciencia de su límite y significación. En este poemario es palpable el cuidado extraordinario de la forma en el verso que en Blas de Otero es característico. Importante también decir que este libro es Premio Fasternrath 1961 de la Real Academia Española.

Este es sin duda un poemario que no se debe dejar de leer, que no nos dejará indiferentes ante su lectura y posterior compresión, y que recomiendo a todo aquel lector que sienta preferencia por la poesía desgarrada que nos lleva a pensar que una vez perdimos la luz y que nuestros días se nublaron en una profunda desesperanza.

POESÍA

HOMBRE

Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte,
al borde del abismo, estoy clamando
a Dios. Y su silencio, retumbando,
ahoga mi voz en el vacío inerte.
Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte
despierto. Y, noche a noche, no sé cuándo
oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando
solo. Arañando sombras para verte.
Alzo la mano, y tú me la cercenas.
Abro los ojos: me los sajas vivos.
Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas.
Esto es ser hombre: horror a manos llenas.
Ser y no ser eternos, fugitivos.
¡Ángel con grandes alas de cadenas!


Eugenio Montale

Mi cuarto poeta Eugenio Montale, os recomiendo “HUESOS DE SEPIA” (Ossi di seppia,1925) de Eugenio Montale, este libro no sólo es el más representativo de este poeta, sino también es el más traducible fuera del contexto cultural italiano. Conocí a Montale en uno de mis viajes a Roma y por sugerencia de mi amiga Isabella, que dicho sea de paso me regaló el libro. Mi primera sensación fue la de hallarme ante un poeta sobresaliente, que poseía una profundidad poco habitual y en desuso en la poesía actual. Lo que me impacto de la poesía de Montale fue el frecuente uso irónico de la métrica y la rima consonante.

En “Huesos de sepia” nos encontramos ante un Montale que nos muestra su poesía tal como es. Y es que la poesía de este poeta es contenida; trata temas de forma repetida, (la incertidumbre, el inquieto cambio, la vida dificultosa, la identidad …) desarrollados con una morosidad constante. A pesar de su contenido angustioso, no es una poesía desgarrada ni excesiva. En buena medida es una poética identificada con el mar, como él es una poesía que cambia pero que permanece. En varios poemas usa las formas impersonales de los verbos lo que confiere al sujeto una condición ausente o pasiva. Formalmente, los poemas los desarrolla, muchas veces, describiendo minuciosamente unos estados, unas sensaciones, unos temas, para luego extraer sus conclusiones. El mismo Montale hablaba de no confundir lo fundamental con lo transitorio; de ahí que su obra sea fruto de una voluntad de búsqueda concentrada de lo esencial.

Este es sin duda, un libro de lectura apasionante que os enganchará y conseguirá que no queráis abandonarlo, incluso releerlo, es un poemario para leer pausadamente y saboreando la palabra. Si todavía no has leído nada de este autor, es una buena oportunidad para iniciarte.

POESÍA

LOS LIMONES

Óyeme, los poetas laureados
se mueven solamente entre las plantas
de nombres poco usados: boj, ligustros o acantos.
Yo, para mí, amo las calles que conducen
a las herbosas zanjas donde en charcos
casi secos acechan los muchachos
alguna enjuta anguila:
los senderos que siguen los ribazos
bajan ente el penacho de las cañas
y llevan a los huertos, entre los limoneros.
Mejor si la algazara de los pájaros
se apaga devorada por el cielo:
más nítido se escucha el susurrar
de las ramas amigas al aire casi inmóvil,
y las sensaciones de este olor
que no sabe separarse del suelo
y llueve en el pecho una dulzura inquieta.
Aquí, de las pasiones apartadas
por milagro calla la guerra,
aquí también a los pobres nos toca nuestra parte
de riqueza
y es el olor de los limones.
Mira, en estos silencios en que las cosas
se abandonan y parecen muy próximas
a traicionar su último secreto,
a veces esperamos
descubrir un error de la Naturaleza,
el punto muerto del mundo, el eslabón perdido,
el hilo que al desenredarlo finalmente nos ponga
en el centro de una verdad.
La mirada sondea a su alrededor,
la mente indaga, concuerda, desune
en el perfume que se propaga
cuando más languidece el día.
Son los silencios en los que se ve
en cada sombra humana que se aleja
alguna perturbada Divinidad.
Mas desfallece la ilusión y el tiempo nos devuelve
a las ciudades rumorosas donde el azul se muestra
solamente a retazos, en lo alto, entre molduras.
Después, la lluvia cansa el suelo; se espesa
el tedio del invierno sobre las casas,
la luz se torna avara, amarga el alma.
Hasta que un día, a través de un portón mal cerrado,
entre los árboles de un patio
se nos aparece el amarillo de los limones,
y se deshiela el corazón
y retumban en nuestro pecho
sus canciones
las trompas de oro del esplendor solar.

I LIMONI

Ascoltami, i poeti laureati
si muovono soltanto fra le piante
dai nomi poco usati: bossi ligustri o acanti.
lo, per me, amo le strade che riescono agli erbosi
fossi dove in pozzanghere
mezzo seccate agguantanoi ragazzi
qualche sparuta anguilla:
le viuzze che seguono i ciglioni,
discendono tra i ciuffi delle canne
e mettono negli orti, tra gli alberi dei limoni.
Meglio se le gazzarre degli uccelli
si spengono inghiottite dall’azzurro:
più chiaro si ascolta il susurro
dei rami amici nell’aria che quasi non si muove,
e i sensi di quest’odore
che non sa staccarsi da terra
e piove in petto una dolcezza inquieta.
Qui delle divertite passioni
per miracolo tace la guerra,
qui tocca anche a noi poveri la nostra parte di ricchezza
ed è l’odore dei limoni.
Vedi, in questi silenzi in cui le cose
s’abbandonano e sembrano vicine
a tradire il loro ultimo segreto,
talora ci si aspetta
di scoprire uno sbaglio di Natura,
il punto morto del mondo, l’anello che non tiene,
il filo da disbrogliare che finalmente ci metta
nel mezzo di una verità.
Lo sguardo fruga d’intorno,
la mente indaga accorda disunisce
nel profumo che dilaga
quando il giorno piú languisce.
Sono i silenzi in cui si vede
in ogni ombra umana che si allontana
qualche disturbata Divinità.
Ma l’illusione manca e ci riporta il tempo
nelle città rurnorose dove l’azzurro si mostra
soltanto a pezzi, in alto, tra le cimase.
La pioggia stanca la terra, di poi; s’affolta
il tedio dell’inverno sulle case,
la luce si fa avara – amara l’anima.
Quando un giorno da un malchiuso portone
tra gli alberi di una corte
ci si mostrano i gialli dei limoni;
e il gelo dei cuore si sfa,
e in petto ci scrosciano
le loro canzoni
le trombe d’oro della solarità.

This site is protected by wp-copyrightpro.com

error: Content is protected !!