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ANGEL MARCELO | COMO EDITOR PREVALECE EN MI EL CONCEPTO DEL BUEN TRATAMIENTO DE LA LENGUA Y SUS FORMAS

Por: Isabel Rezmo


Hoy en día es evidente la cantidad de poesía que se edita, y la cantidad de “poetas” que escriben.   La línea que divide el hecho de publicar y ser buen poeta difiere muchísimo, puesto que la auto publicación ha sido el gran descubrimiento para que cualquier persona, cualquier escritor más o menos consagrado, más o menos bueno, tenga acceso a la posibilidad de ver su libro publicado.

Pero Proverso lejos de poner esta crítica ya de por si caliente, en el tejado de los demás o de crear polémica, intenta mostrar esa realidad,  y también la realidad de las nuevas editoriales: sus objetivos, sus logros y la ayuda que están ofreciendo a los poetas y escritores que tienen dificultad  a la hora de publicar; y además está ofreciendo nuevos servicios  y posibilidades al resto.

Pero si decimos que además de editores son poetas, la cosa cambia.   Es mucho más loable. ¿El poeta puede ser buen editor? La historia nos dice que es posible.

En la segunda mitad del siglo XX y en la primera década del siglo XXI, las condiciones materiales relativas a la divulgación de la poesía de vanguardia se convirtieron en objeto de interés para la crítica.  Los editores y los poetas apuestan por nuevas estrategias de proximidad y confianza. En una dinámica parecida a la que dio origen al poeta-crítico –teórico y a la vez practicante de su arte–, hoy día son numerosos los casos de poetas-editores que hacen de su práctica editorial un verdadero manifiesto poético.

Entre ellos hemos encontrado a un compañero en el camino, que hace muy pocos años abrió la puerta a otras posibilidades  poéticas y editoriales: Hablamos de la Editorial Tarqus; al frente de la misma encontramos al también poeta,  Angel Marcelo

Editor, poeta y periodista. Editor en Tarqus Editorial, un proyecto que busca fundamentalmente ayudar y promover al escritor independiente a ver su obra publicada y difundida. Como poeta y escritor ha participado  en todas las antologías de Poetas en Red ; en las antologías de Poesía en Microrelato Compostela de 2016 a 2017;  en el libro 22 Rincones de Valladolid editado por la Asociación Habla, en las antologías de Cien Poetas en Mayo de 2017, 2018 y 2019. A partir de 2019 se encarga de la VI Antología del Encuentro Internacional de Poesía “Ciudad de Úbeda”.

Actualmente coordina junto a Diego Horschovski el Ciclo de Poesía e Microrelato Compostela, por cuarto año consecutivo, y por segunda temporada el SLAM POETRY Compostela asociado al circuito nacional. En radio realiza y conduce  dos programas   de radio en la sintonía digital de Radio Campus Culturae  de Santiago de Compostela :

www.radiocampuscultura.org:

Tren de Medianoche. Viernes a las 23 h

Poéticamente incorrectos martes a las 20:30 h

RP: Buenas Tardes Ángel, ¿cómo surgió la Editorial Tarqus?

AM: Surge casi por necesidad aquí en España. En el año 2013 por temas de la crisis tuve que reinventarme y decidí volver a las fuentes: el diseño gráfico, la edición  y el periodismo. Desde el año 2009 ya venía realizando distintas antologías de los Encuentros de Poetas en Red y otras asociaciones y al quedarme desempleado con cincuenta y tantos, no dudé en profesionalizar esa  faceta que estaba llevando a cabo y que además, me gustaba.

RP: Hasta la fecha ¿cómo valoras la trayectoria que ha seguido la editorial? ¿Tus objetivos a corto/largo plazo?

AM: Oficialmente la editorial tiene tres años de vida, aunque la actividad hubiera comenzado antes. No puedo sentirme más satisfecho con la forma en que ha ido creciendo, teniendo en cuenta que es un proyecto hecho desde cero, sin créditos ni otro tipo de apoyo. Mis objetivos a corto plazo son que año tras año continúe creciendo tanto en la familia de autores como el en volumen de ediciones. En el largo plazo sueño con que llegue a ser un referente de las editoriales de autores independientes.

RP: Al hacerte editor, ¿Dónde queda el poeta? ¿El poeta se hace partícipe a la hora de editar; es decir,  prevalece en algún momento?

AM: La edición es un trabajo como cualquier otro. No es necesario ser escritor o poeta para llevarlo a cabo, aunque ayude estar en el meollo. Un editor, ya sea de una pequeña editorial como de una gran compañía necesita un alto grado de empatía y mucha intuición. Cuando empiezas a trabajar con un autor, antes o después acabará revelándote su vida, tal vez porque de algún modo quiere asociar su obra a su propia experiencia. Es por eso que un editor tiene que tener algo de la sensibilidad del psicólogo. Y cuando hablo de sensibilidad me refiero a la capacidad de captar el mensaje rápidamente. Como editor prevalece en mi el concepto del buen tratamiento de la lengua y sus formas, que en definitiva, es la materia prima de la escritura. Luego habrá trabajos que conmuevan a unos o a otros, pero eso ya sería tema para otra nota.

RP: También  te asomas  a la radio, a la fotografía. ¿Te queda algo por  descubrir?

AM: Bueno, la fotografía es una pasión desde la niñez casi y la radio un medio que siempre me llamó mucho la atención, porque no te olvides que soy de una generación que se crió con la radio. Entonces esa inquietud que siempre tuve sumada a la formación periodística, me llevó a meterme en ello en cuanto tuve una oportunidad, pero la realidad, es que lo hago solo por placer, así como otros van al cine, yo salgo a hacer fotos o me meto dos horas en un estudio. Me gusta la naturaleza y me quedan por descubrir los ochomiles del planeta, pero creo que a eso en esta no vida no llego.

RP: ¿Cómo ves el mundo editorial que te rodea?

AM: Es un mundo en plena expansión. Hay un nicho de mercado importante y la prueba es la gran cantidad de fusiones que se producen entre los grandes a nivel global. Por otra parte las nuevas tecnologías digitales han democratizado al sector (por usar un término tan de moda) y esto ha promovido el surgimiento de pequeños sellos editoriales por todas partes. Obviamente, como ocurre en todos los ámbitos, cuando se produce una burbuja, aparece mucha improvisación y “cantamañanismo”. Pero creo que es un camino que hay que transitar. Al final siempre quedan los que trabajan de un modo honesto y profesional.

RP: ¿Crees que hay demasiada saturación de autores? ¿Crees que la calidad queda un poco al margen, frente a lo comercial?

AM: Por lo que decía antes, las tecnologías digitales permiten hoy pequeñas tiradas a bajos costos. Hoy cualquiera puede escribir y editar un libro. La gente siempre escribió y celebro que así sea y que quede demostrado. La saturación surge justamente, porque cualquiera que escriba puede ver su obra publicada, ¿pero quién puede quitarle ese derecho a nadie? Ahora, no creo que esto haga que la calidad quede sometida a lo comercial, ya que antes cuando la escritura era una profesión de elite, también primaba lo comercial por sobre todo lo demás. Y nunca nos olvidemos que estamos en una sociedad de mercado: si algo se vende es porque alguien lo compra.

RP: ¿Cómo te acercaste al mundo de la poesía?

AM: Siempre fui un lector asiduo sin llegar al fanatismo. Hice mis pinitos de escritura en la adolescencia como casi todos, pero fue recién después de los veinticinco años que comencé a escribir pensando en compartir mis letras y experiencias. De ahí en más no paré, sobre todo porque me ayudó a crecer como persona.

RP: ¿Autores preferidos?

AM: Bueno hay muchos… ¡cómo nombrarlos a todos! Pero para no dejar la pregunta huérfana, te puedo citar a Cortázar, Benedetti, Pessoa o a Jack London, Simenon, Hemingway, Baricco, Auster.

RP: De los libros que llevas editados, ¿alguno que sea especial?

AM: Que pregunta difícil. Tal vez mi respuesta te parezca una pretensión de ser políticamente correcto, pero son todos especiales. Pero ¿sabes por qué ocurre? porque trabajo íntimamente con cada autor en cada libro. Ver un libro llegado de imprenta es una alegría inmensa; verlo en las manos del autor es ya un valor agregado.

RP:  Para finalizar algo que desees expresar.

AM: Ya que me das la oportunidad, me gustaría romper una lanza por la autoedición como camino válido de difusión y por los autores que lo eligen. Se tiende a asociarlo con precariedad y falta de autoestima pero no es asi. Decir “yo no pago por editar” o aconsejar, “no pagues por editar” es quitarse o quitar un derecho que tenemos todos. Si rascamos un poco hallaremos más oscuridad en el mundo editorial tradicional que en el mundo de la autoedición.

RP: Muchas gracias por asomarte a PROVERSO

AM: Gracias a PROVERSO, por esta oportunidad y contad conmigo y la familia Tarqus para todo lo que ayude a difundir cultura. Siempre.

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LA FIRENZE DE VASCO PRATOLINI

Por: Pilar Alcalá García


Cuando viajamos nos gusta llegar a nuestro destino con cierta información, hoy día es inevitable porque la tenemos al alcance de la mano. Si vamos a Firenze podemos ir cargados de datos, de listas de museos, iglesias, plazas, trattorie, pero si queremos tener una información del alma de Firenze, nada como leer los libros de Vasco Pratolini, mejor aún es leerlos mientras se está en la ciudad del Arno.

Vasco Pratolini nació en Via de’ Magazzini el 19 de octubre de 1913, a pocos metros del Palazzo Vecchio y de la Piazza della Signoria. (En la primavera de ese mismo año los restos de los hermanos Bécquer llegaron desde Madrid a Sevilla para ser enterrados en la cripta de la Anunciación). La calle en que nació se quedará en la memoria del futuro escritor y dará título a una novela de 1942. Con tan sólo cinco años se queda huérfano de madre y el padre está en la guerra por lo que irá a vivir con los abuelos en una calle cercana, Via del Corno, que será el escenario de una de sus mejores novelas, “Cronache di poveri amanti”. En 1929 se va a vivir con el padre que se había casado en segundas nupcias. Vivía en Via Toscanella, en Oltrarno, frente al estudio del pintor Ottone Rosai donde se relaciona con intelectuales y se acerca cada vez más a las posiciones comunistas. Vasco sabía leer y escribir cuando con cinco años fue inscrito en las Escuelas Pías, pero un incidente interrumpió su asistencia a los escolapios: “No sé por qué indisciplina, el maestro me obligó a poner las manos sobre el pupitre y me pegó con la regla, entonces yo le lancé el tintero y me echaron de los Escolapios. Hice los exámenes de segunda elemental y llegué hasta quinto”.

Fue autodidacta y empezó a trabajar siendo un adolescente en los más variados empleos, lo que le sirvió más tarde para describir a los personajes obreros de sus novelas. Decide dedicarse a tiempo pleno a estudiar y asiste a cursos en la Universidad, por lo que pasa los días en la biblioteca y las noches con Rosai y sus amigos en el café Alhambra de Piazza Beccaria.

En 1935 enfermó de tuberculosis y estuvo internado en diversos sanatorios de Trento hasta que se curó y regresó a Firenze en 1937. Fue entonces cuando nació una estrecha amistad con Elio Vittorini lo que significó leer a Svevo y Proust entre otros, y sobre todo, replantearse su adhesión al fascismo, con el acicate del estallido de la guerra civil española en la que quiso participar del lado de la república, pero una recaída se lo impidió. Empezó entonces a frecuentar el café Giubbe Rosse, donde se reunían los intelectuales, y allí conoció a Eugenio Montale, futuro premio Nobel en 1975, y a Alfonso Gatto con quien trabajará en la revista “Campo di Marte”, cerrada más tarde por el gobierno. Al encontrarse sin trabajo acepta, a finales de 1939, un empleo en la Direzione generale delle belle arti del ministerio de Educación y se marcha a Roma. Muerta su abuela ya nada lo retenía en su Firenze natal. En Roma se hace partisano; dos años más tarde se casa con la actriz napolitana Cecilia Punzo. En octubre de 1942 acepta un empleo como profesor de historia del arte y poesía moderna en el Conservatorio de música de Torino, que durará poco puesto que al año siguiente se marcha a Parma y después a Fermo antes del regreso a Roma donde participa en la resistencia bajo el nombre de Rodolfo Casati como responsable político del PCI. Nace su hija y se traslada a Milano y después en 1945 a Napoli, donde enseña en el Istituto Statale di Arte, aquí permanecerá hasta 1951, año del regreso definitivo a Roma, donde vivirá hasta su muerte en 1991. Está enterrado en Firenze, en el cementerio de Porte Sante, junto a San Miniato.

Además de escritor Pratolini fue periodista y colaboró en numerosos periódicos y revistas. Como dato curioso señalar que fue comentarista de partidos de fútbol y del Giro di Italia. Fue también un gran guionista y trabajó con importantes cineastas de la época como Visconti o Rossellini. Suyos son los textos de famosas películas como Paisá, Rocco y sus hermanos, o Crónicas de pobres amantes y Crónica familiar (inspiradas en su propios libros y ganadora, la primera del Prix International en Cannes en 1954, y la segunda del León de Oro en Venecia en 1962). Su vida fue frenética entre viajes a París, Berlín, EE. UU. y la escritura de novelas, guiones y poesía, pero Vasco siempre estaba insatisfecho con lo que hacía, él mismo se reconocía deprimido. Ni siquiera los premios recibidos aliviaron su angustia vital: en 1983 es nombrado doctor honoris causa por la universidad de Firenze, en 1985 se le concedió el Fiorno d’oro, en 1988 el premio literario Ori di Taranto y el Pirandello de narrativa, entre otros.

Pratolini es, junto a Cesare Pavese, Italo Calvino, Alberto Moravia y Elio Vittorini, el creador del neorrealismo, si bien su estilo es diferente. Su novela de mayor éxito, la que mejor acogida tuvo del público fue “Metello”, de 1955, que ganó el Premio Viareggio. Escribió 26 novelas pero sólo nos ocuparemos de las que tienen como escenario su ciudad natal. En ellas las calles y las plazas de Firenze no son un simple lugar, sino que son, con sus habitantes, protagonistas de escenas donde son muy importantes las luces y las sombras, los rayos de sol, los colores y los olores, el sonido de las ventanas que se abren, del coche de caballos que se aleja, los juegos de los niños, los gritos de los vendedores…

Sus primeros relatos, reunidos bajo el título de “Diario sentimentale”, 1956, están inspirados en los recuerdos de su adolescencia. Después publicó una serie de novelas. En todas estas obras será Firenze la razón de ser de cada página:

Il Quartiere, 1944: ambientada en Santa Croce, uno de los barrios más populares de Firenze en los años 30, aparece un grupo de jóvenes que están en esa edad en que se pasa de la adolescencia a la juventud. Podemos decir que se trata de una novela coral porque ninguno de los personajes destaca sobre los otros. El recuerdo y el tono lírico e intimista pasan a un segundo plano para que la narración adquiera una dimensión más amplia. De hecho esta obra es considerada una de las mejores del autor. “Estábamos contentos con nuestro barrio”, así empieza la novela.

Cronaca familiare, 1945: novela escrita del tirón a raíz de la enfermedad de su hermano Ferruccio, se trata de una crónica íntima en memoria del hermano muerto. Es en realidad un diálogo en tres partes: infancia, juventud y enfermedad; un libro con material autobiográfico que Vasco consigue encerrar en una estructura narrativa por encima del sentimentalismo. Y siempre con hermosas descripciones de Firenze, Vasco narra sus visitas al hermano, el camino subiendo la colina para encontrarlo, por Costa Scarpuccia, Costa dei Magnoli y cómo al alcanzar la cima él quería detenerse a contemplar a San Jorge y el dragón esculpidos sobre una puerta. Habla de los olivos de via San Leonardo donde todas las cancelas estaban cerradas y él andaba pisando con fuerza con los tacones para que el eco fuera lo más fuerte posible.

Cronache di poveri amanti, 1947: llevó el neorrealismo a cada una de sus páginas y así hizo de la Firenze de los años veinte el icono inolvidable de un mundo dolido pero vivo donde la esperanza seguía encendida. Ambientada en Via del Corno donde había vivido de pequeño, de la que Vasco decía que era su Arcadia popular. Una calle de 50 metros, sin aceras pero llena de personas auténticas. Una calle donde se encontraba lo mejor y lo peor del mundo, corazones y cerebros enfermos de obsesiones y deseos, pero sobre todo Via del Corno era el hogar de la autenticidad de sus vecinos, los asuntos, las rivalidades, los amores de sus habitantes traspasan las paredes.

Le ragazze di Sanfrediano, 1952: protagonista es un barrio popular en la Firenze de después de la guerra, animado por la presencia tierna y alegre de seis muchachas: Mafalda, Tosca, Gina, Silvana, Bice e Loretta. Son las chicas de Sanfrediano, la pequeña república de las trabajadoras a domicilio; son los personajes más logrados de Pratolini. Tienen manos blancas y ojos como luces abiertas de par en par sobre el corazón. Con 16 años son capaces de llevar agua a los partisanos, descaradas y sinceras, siempre dispuestas a decir con orgullo: “Soy una muchacha de Sanfrediano, no lo olvides nunca”. Estas seis chicas estaban enamoradas del mismo hombre, un tal Bob que se parecía a Robert Taylor y, como él, era fascinante y seductor y quería para él a todas las chicas del barrio. Lo que no había tenido en cuenta Bob es el orgullo de las mujeres de Sanfrediano, barrio obrero y lleno de artesanos. Las chicas, orgullosas, capitaneadas por Tosca, darán a Bob una feroz lección de la que saldrá malparado no sólo físicamente. El seductor volverá a ser simplemente Aldo y se casará con una de sus víctimas. Metello, 1955: el gran éxito de Pratolini, novela de trabajo y cárcel, primer volumen de una trilogía, evoca los años 1875-1902 cuando la clase obrera, a la luz de las nuevas doctrinas socialistas, se unía a las reivindicaciones de toda Europa. Metello, nacido en el barrio de San Niccolò, huérfano educado por campesinos, es un personaje que cala hondo. En esta obra Pratolini ofrece un amplio cuadro de vida colectiva, social y sentimental, aparecen las huelgas, la represión, los encuentros en calles y plazas, las discusiones en las tabernas, el tiovivo de Porta Romana y los fuegos artificiales vistos desde el puente de la Carraia.

Espero que quienes conozcan Firenze hayan reconocido los lugares y deseo que vuelvan para buscar la huella de la Firenze más auténtica, sobre todo de noche, cuando los turistas ya no llenan las calles. Sentarse en un banco de Piazza Santa Croce a esperar a Metello y sus compañeros y fumarte con ellos un “mezzo toscano” porque el bajo sueldo no daba para uno entero. Recorrer Via del Corno y escuchar los cuchicheos de sus habitantes, los golpes del herrero. Ir a Sanfrediano, para encontrar allí, en sus talleres de artesanos, el corazón obrero de la ciudad, más allá del Arno, para escuchar las risas, el llanto y las confidencias de sus chicas.

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HE HEREDADO UN NOGAL SOBRE LA TUMBA DE LOS REYES | BASILIO SÁNCHEZ

El Anaquel

Los libros liberan más que nutren y quiero ser testigo de esta liberación.

Por: Matteo Barbato


He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes
Basilio Sánchez
ISBN 978-84-9895-361-9
Colección Visor de Poesía N. 1061
Edición 2019
83 páginas, 12 euros
XXXI Premio Loewe 2018

Basilio Sánchez, Cáceres 1958, llega nuevamente a las estanterías con HE HEREDADO UN NOGAL SOBRE LA TUMBA DE LOS REYES, el último trabajo de una larga trayectoria poética.

Médico de profesión, poeta desde temprana edad, Basilio Sánchez es un personaje que, por su forma de ser, me proporciona simpatía (su calidad rehúye de los circuitos literarios influyentes), interés (su refinada poesía, fiel a su voz interior, es también una búsqueda constante y continua que se aleja de las modas del momento) y admiración (su virtuosismo nos regala un conjunto de reflexiones y versos que, en mi opinión, se mantendrán en el tiempo).

Su trabajo, dicho con sus mismas palabras, es el breviario de un contemplativo y reúne las meditaciones de alguien que se muestra y se define a través de la palabra. Sus versos a su vez forman y convierten, definen y explican la realidad que le rodea.

La poesía para Basilio Sánchez es su manera de ser, su lugar en el mundo: su compromiso, la contemplación y la exploración de la realidad («la realidad es un relámpago que persiste»), se revela con el ejercicio de su arte: «la palabra es lo conocido excavando una puerta dentro de lo desconocido». Su búsqueda («Estoy buscando ahora / la pila de una fuente / y una piedra grabada, / una gota de agua en el hueco de una concha / que aún pueda reflejar el universo, / aunque ya no sea el mar») reconduce sus pasos a lo cotidiano, a lo sencillo, a lo sagrado («Acercarnos con afecto a las cosas / nos permite intimar con lo sagrado / que permanece en ellas») y la conexión primigenia con el Todo se detiene ante la belleza de lo ínfimo («He aprendido a vivir con las ruinas, / a abrir una ventana y asomarme al silencio y a la ternura/ de lo que ya no existe»).

La poesía de Sánchez establece un vínculo con el mundo a través de lo sagrado de las cosas («Acercarnos con afecto a las cosas / permite intimar con lo sagrado / que permanece en ellas») y es la naturaleza la que nos regalará las respuestas que anhelamos («En la ventana arde / la lámpara de cobre / de la que se desprenden las palabras»).

Razón y poesía, sencillez y esencia, la experiencia y lo sagrado: el lenguaje poético de Sánchez huye de grandilocuencias refugiándose en la divinidad de lo cotidiano. Muy interesante.

NOTICIAS DE INTERÉS

Perfil del autor:
http://basiliosanchez.info/index.htm
http://basiliosanchez.info/biografia.htm

Más poemas del autor:
https://www.poemas-del-alma.com/basilio-sanchez.htm

POESÍA:

AMO lo que se hace lentamente,
lo que exige atención,
lo que demanda esfuerzo.

Amo la austeridad de los que escriben
como el que excava en un pozo
o repara el esmalte de una taza.

Mi habla es un murmullo,
una simple presencia que en la noche,
en las proximidades del vacío,
se impone por sí sola contra el miedo,
contra la soledad que nos revela
lo pequeños que somos.

El poeta no ha elegido el futuro.
El poeta ha elegido descalzarse en el umbral del desierto.

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FORTUNATO RAMOS | LA PROFUNDA VOZ DE LOS ANDES

Por: Tomás Sánchez Rubio


Antigua tierra de los indios omaguacas, la Quebrada de Humahuaca (Argentina) fue declarada Patrimonio de la Humanidad en el año 2003. Se extiende a lo largo de 170 kilómetros en una pronunciada pendiente norte-sur a ambos lados de la cuenca del Río Grande. Vínculo geográfico entre los Valles y la Puna, se encuentra rodeada por empinados cerros. Allá encontramos pueblos de calles estrechas, casas de barro y capillas blancas; veranos frescos y cálidos inviernos; ancestrales creencias, bulliciosas y coloridas fiestas y arte milenario. La Quebrada, impresionante y mágica, se extiende a través del conocido como Camino del Inca, que sigue el curso del Río Grande y su espectacular valle, desde su nacimiento en el altiplano desértico y frío de los Altos Andes hasta su confluencia con el Río León, unos 150 kilómetros al sur.

La Quebrada de Humahuaca forma parte, junto con los Valles, las Yungas y la Puna, a la provincia de Jujuy, uno de los veintitrés estados federados de Argentina. Situada al NO del país, limita al Sur con la provincia de Salta, y al norte y al oeste con Bolivia y Chile respectivamente. Su capital es San Salvador de Jujuy. En una tierra de llamas -la única bestia de carga domesticada que hallaron los españoles al llegar a esta zona del imperio incaico-, guanacos y aligustres, el 16 de octubre de 1947, con pocos días de diferencia respecto a otro conocido cantautor argentino, Raúl Carnota, nació en Coraya -a casi 1.500 kilómetros de Buenos Aires- Fortunato Ramos, interesantísima figura dentro de la poesía y la música popular de aquel territorio.

Se dice de Fortunato Ramos que es músico, poeta, recitador, escritor, maestro rural y labrador. En su búsqueda de la difusión y afirmación de la ancestral cultura de la Quebrada de Humahuaca, es una presencia constante en el Tantanakuy, festival anual que tiene lugar en aquellas tierras y que se celebra desde 1974 por iniciativa del músico charanguista Jaime Torres, precisamente descubridor y mentor de Ramos, así como del poeta Jaime Dávalos. El Tantanakuy, cuyo nombre, proveniente del quechua puede traducirse por “encuentro”, reivindica las manifestaciones artísticas de la región, a la vez que promueve el intercambio entre músicos, pero también estudiosos de la cultura popular, que llegan de otras tierras de fuera y dentro de Argentina. Allí se cantan las coplas aprendidas de generación a generación, se baila el carnavalito -alegre danza prehispánica conocida también en Colombia, Chile o Perú-; y se tocan instrumentos de origen inmemorial como el siku, el erke o la quena. A partir de 1982 se celebra, asimismo, el Tantanakuy infantil, donde los más jóvenes festejan con orgullo su identidad cultural, repitiéndose todos los meses de octubre en diferentes localidades de la Quebrada y la Puna.
En 1983, Miguel Pereyra y Federico Urioste realizaron el cortometraje Ecos sobre los Andes, un viaje a la cultura incaica de la mano de Fortunato Ramos, que acabaría convirtiéndose en documental sobre la figura y el alma de este noble humahuaqueño, sobre su música, su poesía y su fascinante historia viva…

Ramos, por otro lado, ha llevado su voz y su son a diferentes países de Europa junto al grupo jujeño Huayra Muyoj, así como al continente asiático y Oceanía acompañando al maestro Jaime Torres. Su acordeón y su erke han quedado inmortalizados en grabaciones con el propio Torres o el grupo Los hijos de Humahuaca y los Cacharpaya; también con la banda de rock Divididos, y al lado de artistas como Tomás Lipán o Mónica Pantoja.
Su obra escrita publicada consta de cinco libros: Poemas costumbristas de un maestro rural, Los runas y changos del alto, Costumbres, poemas y regionalismos, Collas de la Quebrada de Humahuaca -traducido al francés, alemán e inglés-, y Personajes de la Quebrada de Humahuaca.

En las letras y versos de este peculiar y entrañable autor argentino merece especial atención la presencia de la ancestral Pachamama, así como la del milenario pueblo colla.

La Pachamama o Mama Pacha es la gran y venerada Madre Tierra, una diosa totémica de los incas, a la que se ofrecían presentes en las ceremonias agrícolas y ganaderas. Es el núcleo del sistema de creencias de los pueblos indígenas de los Andes Centrales de América del sur: la diosa femenina de la tierra y la fertilidad, una divinidad agrícola benigna concebida como la madre que nutre, protege y sustenta a los seres humanos. En la tradición incaica es la deidad de la agricultura comunal, fundamento de toda civilización y el Estado Andino, la más popular de las creencias mitológicas del ámbito incaico que aún sobrevive con fuerza en las provincias del noroeste argentino.

La Pachamama, junto con las deidades Mallku y Amaru, conforman la trilogía de la percepción aimara del binomio naturaleza-sociedad, y sus cultos son las formas más antiguas de celebración que realiza este pueblo. Con la invasión de los españoles y la persecución de las religiones nativas, tal deidad, como producto del sincretismo, comenzó a identificarse frecuentemente con la Virgen María. En Perú concretamente, se la identifica con la Virgen de la Candelaria.

Las principales ceremonias en honor a esta divinidad telúrica se realizan al inicio de la siembra y cosecha, y en las marcadas y señaladas de la hacienda, pero el homenaje principal se lleva a cabo durante todo el mes de agosto, especialmente el primer día del mes. El 1 de agosto es cuando se alimenta a la Pachamama, para lo cual se entierra una olla de barro con comida cocida, junto a hojas de coca, alcohol, vino, cigarros y chicha, entre otras cosas. También es costumbre que los festejantes usen cordones blancos y negros –atados en los tobillos, muñecas y cuello- confeccionados con lana de llama hilada.

En cuanto al otro gran protagonista de la poesía de Fortunato Ramos, el pueblo colla, coya o kolla, diremos que con tal nombre se denomina al conjunto culturalmente sincrético y homogéneo de pueblos indígenas andinos de las provincias del noroeste de Argentina, principalmente Jujuy, Salta y Catamarca. Actualmente, por causa de la emigración se encuentran kollas viviendo en todas las provincias de Argentina, así como en la región de Atacama, en Chile.

La cultura kolla no es estrictamente indígena, sino mestiza -chola-, pero a pesar de la transculturación sufrida por la acción colonizadora y la imposición del cristianismo, aún practican sincréticamente algunos de sus rituales primitivos, como los relacionados con la Madre Tierra, y mantienen otras formas culturales como la minga -antigua forma de cooperación y trabajo solidario- o el sirviñaku -matrimonio a prueba-.

El idioma español es la lengua de los kollas actuales, pero se conserva el conocimiento y uso del idioma quechua en los departamentos de Santa Catalina y Yavi, junto a la frontera boliviana, en áreas que se integraron a Argentina a comienzos del siglo XX.

Relacionado con los kollas, debemos mencionar el emotivo encuentro entre el niño jujeño Eyen Federico Quispe y la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, ante quien este, vestido con el traje típico de su pueblo, recitó el poema de Fortunato Ramos No te rías de un colla. Fue durante la apertura de la edición de 2013 de Tecnópolis, gran muestra de ciencia, tecnología, industria y arte, que se celebra anualmente en Argentina. El vídeo del acontecimiento podéis encontrarlo fácilmente en las redes.

Aquí os ofrezco el poema. Vale realmente leerlo y saborearlo.
No te rías de un colla que bajó del cerro,
que dejó sus cabras, sus ovejas tiernas, sus habales yertos;
no te rías de un colla, si lo ves callado,
si lo ves zopenco, si lo ves dormido.

No te rías de un colla, si al cruzar la calle
lo ves correteando igual que una llama, igual que un guanaco,
asustao el runa como asno bien chúcaro,
poncho con sombrero, debajo del brazo.

No sobres al colla, si un día de sol
lo ves abrigado con ropa de lana, transpirando entero;
ten presente, amigo, que él vino del cerro, donde hay mucho frío,
donde el viento helado rajeteó sus manos y partió su callo.

No te rías de un colla, si lo ves comiendo
su mote cocido, su carne de avío,
allá, en una plaza, sobre una vereda, o cerca del río;
menos si lo ves coquiando por su Pachamama.

Él bajó del cerro a vender sus cueros,
a vender su lana, a comprar azúcar, a llevar su harina;
y es tan precavido, que trajo su plata,
y hasta su comida, y no te pide nada.

No te rías de un colla que está en la frontera
pa’l lao de La Quiaca o allá en las alturas del Abra del Zenta;
ten presente, amigo, que él será el primero en parar las patas
cuando alguien se atreva a violar la Patria.

No te burles de un colla, que si vas pa’l cerro,
te abrirá las puertas de su triste casa,
tomarás su chicha, te dará su poncho, y junto a sus guaguas,
comerás un tulpo y a cambio de nada.

No te rías de un colla que busca el silencio,
que en medio de lajas cultiva sus habas
y allá, en las alturas, en donde no hay nada,
¡así sobrevive con su Pachamama!

Fortunato Ramos
Costumbres, poemas y regionalismos (2003)

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ANTONIO CAPILLA | “LA LITERATURA VERTEBRADORA DE LA IDENTIDAD NACIONAL Y LA PERTENENCIA A UN TODO UNIVERSAL.”

Por: Isabel Rezmo


En este mes que inicia su curso cultural y literario realiza una entrevista al poeta Antonio Capilla Loma.

Dentro del mundo de la poesía podemos encontrarnos con multitud de amigos y compañeros que dan su particular visión del mundo que le rodea. A veces esa visión no concuerda con lo que pensamos, pero nos ayuda a aprender. El aprendizaje parece estar en desuso hoy en día. Parece que sabemos de casi todo, y en la poesía supone un agravante. El significado completo de ese aprendizaje se llama: respeto, buen hacer, ilusión y humildad.

Antonio Capilla Loma reúne esas cualidades. De sus escritos emana humanidad, conciencia social, no en vano ha participado y participa en multitud de encuentros y antologías, lecturas poéticas encaminadas a defender y a denunciar los problemas a los que se enfrenta la sociedad.

Pero también cuida y desarrolla una exquisita labor en la creación poética. Su poesía es un conjunto armónico, de belleza y elegancia. Cuida la palabra y a ella se entrega.

Antonio Capilla Loma, sevillano de nacimiento y madrileño de adopción, reside en Pozuelo (Madrid). Es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid y Diplomado en Magisterio, especialidad de lengua y literatura españolas. Ha sido profesor de lengua y literatura españolas durante 37 años. Es socio del Ateneo Blasco Ibáñez y de otras destacadas instituciones literarias. Además de colaborar en revistas y antologías, ha prologado varios libros y participado en recitales de poesía por España y Portugal.

Algunos de sus poemas se pueden leer en el blog del autor LA VOZ QUE NADIE APAGA, en diversas antologías poéticas como Arte fénix, NEcesarias PALabras, Antología de poesía universal, Poetas para el siglo XXI, Poetas andaluces contemporáneos, Poetas del 15 de mayo, Poesía solidaria del mundo, Encuentro Internacional de Úbeda, Pentadrama (Ciudad Juárez), Poetas sin sofá, Flores del desierto (Grito de mujer 2016, Editorial Unaria), antologías del Ateneo Blasco Ibáñez de Valencia, Antología de los Viernes Sarmiento, Antología Internacional de Poesía y Arte con diversas publicaciones dedicadas a Auschwitz, Palestina, Grito de Mujer, Ciudad Juárez, etc.

Así mismo ha publicado en revistas literarias: Azahar, Álora la bien cercada, Imán, Alambique, Escritores en Red, Encuentros y Palabras (Pentadrama), Aquarellen Literatura, Repoelas, Biblioteca de Figuras Literarias Libro IV dedicado a Ángela Figuera Aymerich, Luz cultural, etc.

Entre otras obras ha publicado: “Y el corazón al viento”, Madrid, 1991; “Viento del sur”, Huerga y Fierro Ediciones, Madrid, 2009; “El fuego en la palabra”, Huerga y Fierro Ediciones, Madrid, 2012; “El águila de fuego con las alas del tiempo”, Huerga y Fierro Ediciones, Madrid, 2013; “Lúa”, edición bilingüe en castellano y gallego, Editorial Lastura, Madrid, 2013; Lúa, 2ª edición ampliada en castellano y gallego, Editorial Lastura, Madrid, 2016; “Lúa”, (selección de poemas en árabe y castellano), Editorial Lastura, Madrid, 2016; “Piedra de la honda”, Editorial Vitruvio, Madrid, 2016.

RP: Buenas tardes Antonio un placer asomarte a Proverso. Esta pregunta seguramente te la habrán hecho en multitud de ocasiones ¿Qué es para ti la poesía?

AC: Era aún muy joven cuando murió mi hermana Pepi a la edad de 25 años, lo que supuso un duro golpe para toda la familia y en particular para mi madre que la quería con delirio. Una noche de tormenta en que oía su llanto y sus lamentos a través del tabique que separaba mi alcoba de la de mis progenitores sentí la imperiosa necesidad de plasmar los sentimientos que me embargaban, y de este modo nació mi primer poema. Así que en cierta medida creo, como decía Felix Grande, que la poesía es salvífica, que “sirve para salvarse la vida, para consolarnos” y que lo hace acercándonos a la belleza como equivalente del bien socrático que nos eleva por encima del reino animal al que no obstante pertenecemos. Así pues, el hecho de consolarnos no implica necesariamente que tengamos que evadirnos de la realidad en que vivimos, desde sus orígenes la poesía asume la necesaria catarsis que nos purifica mediante el dolor propio o ajeno cuando éstos acontecen sin que hayamos podido remediarlos. Creo conveniente dejar claro con ello que, lejos del manido lema de “el arte por el arte”, entiendo la poesía como el arte que persigue valores humanísticos y que por ende son universales.

RP: ¿Terminamos siempre por descubrir algo nuevo en ella?

AC: La originalidad ha sido concebida en el romanticismo como condición “sine qua non” de toda obra artística. Sin embargo, nada se crea “ex nihilo”. Actualmente estoy viendo “Juego de Tronos”, tanto he oído hablar de esta serie televisiva que he querido comprobar si merecía su extraordinaria fama, y la verdad es que me está gustando. Pues bien, en esta obra se retoman motivos históricos, literarios y artísticos en general que son harto conocidos y desvelados por quienes tienen suficiente acervo cultural y mente crítica. Sin embargo, dichos motivos se presentan en otro contexto, de suerte que se cambian los personajes, la cronología, los lugares, etc. De esta manera la trama resulta efectivamente original. Intento decir por lo tanto que aunque los temas sean recurrentes (el amor, la muerte y la vida en palabras de Miguel Hernández), siempre deberíamos encontrar algo nuevo en toda obra poética.

RP: ¿Cómo llegaste a la poesía? ¿Qué autores te han marcado más?

AC: Supongo que a todos nos hicieron aprender algún poema cuando éramos niños. En mi caso recuerdo algunos que no olvidaré jamás, o al menos eso es lo que deseo si la salud me lo permite. José de Espronceda con “La canción del pirata” y Rubén Darío con “A Margarita Debayle” pueden ser dos referentes de esta experiencia infantil. Pero mi encuentro ciertamente notable con la poesía se debe a mi padre que me regaló las obras completas de Federico García Lorca cuando yo era tan sólo un chaval de 12 años y aún vivía el dictador. El libro pertene a la Colección Aguilar y he de decir que sus tapas en piel están desgastadas por el uso, más el de mi padre que el mío propio, aunque es verdad que las leí con fruición y marcaron mi amor a la auténtica poesía. En cuanto a mi primera experiencia creativa, mi primer poema como ya he dicho está dedicado a mi madre. ¿Qué autores me han marcado más? Sin lugar a dudas: León Felipe, Miguel Hernández, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Gustavo Adolfo Bécquer, los poetas de la generación del 27; y, naturalmente, todas las figuras señeras de la poesía española como Jorge Manrique, Garcilaso, Quevedo, Lope de Vega, Calderón, San Juan de la Cruz, etc. Soy consciente de que me dejo en el tintero a otros poetas no españoles de la talla de un Rubén Darío o un Walt Whitman pero no quiero ser excesivamente prolijo.

RP: Si tuvieras que definirte con un verso, ¿Cuál sería?

AC: Cito a Rabindranath Tagore:

¡No dejes que pasen las horas en la sombra!
¡Enciende la lámpara del amor con tu vida!

Y pido perdón ahora por citarme a mí mismo con estos versos de HACIA LA LUZ, obra inédita que espero que pronto también la vea:

Qué sublime locura
hasta llegar al ser en su grandeza
como un rayo de luz
que se adentra en la sombra.

RP: El pasado 20 de agosto participaste en la I Justa Poetica Villel de Mesa, en un momento del acto de clausura expresaste: “el poeta es un creador que puede sentir el latido del cosmos…” Mirando la vida, la sociedad que nos rodea, ¿La emoción es el primer eslabón en la creación poética? ¿Es el único?

AC: La lírica es emoción hecha belleza. No hay lírica sin emoción. Ahora bien, el sentimiento expresado prosaicamente no forma parte de la expresión poética. La poesía requiere un dominio del idioma que conduce a la expresión artística; la cual, en palabras de Fernando Lázaro Carreter, ha de estar dotada de “literariedad” que es una manera especial de comunicar. Porque en definitiva el poema es comunicación verbal aunque a veces resulte críptico. Es decir, no vale cualquier forma de expresión sino que el decir poético somete a la lengua a una tensión y a un ritmo que no es usual en el habla cotidiana, para ello tiene a su alcance las llamadas figuras literarias que todo poeta conoce y utiliza. En este quehacer cualquier tema puede ser sujeto y objeto de la lírica, pero efectivamente no me cabe la menor duda de que aquellos que tocan la “sensibilidad del corazón” son los más recurrentes, aunque también es completamente cierto que la emoción resulta en múltiples ocasiones de la pura expresión formal hecha arte sin que el contenido vaya ligado a sentimiento personal alguno.

RP: Has trabajado como profesor de lengua y literatura ¿Cómo ves el presente de la literatura en la escuela y en la sociedad actual?

AC: Como profesor de literatura pude comprobar el gusto de los estudiantes por esta asignatura cuando se imparte como algo estimulante y útil para su enriquecimiento personal. El diálogo con las obras sobresalientes de la historia y como herramienta para desarrollar una mente crítica y constructiva es algo apasionante que el alumno puede y debe experimentar, la misión del profesor es la de facilitárselo poniéndolo a su alcance. Fijaos, creo probable que dentro y fuera de España haya quien al ser preguntado por don Miguel de Cervantes no sepa quién fue, pero me cuesta mucho más creer que no sepa nada sobre don Quijote y Sancho Panza. La literatura forma parte de la vida hasta el punto de que en el habla cotidiana se utilizan frases acuñadas en obras literarias y palabras que han sido inventadas por escritores, toda nuestra experiencia vital está impregnada de literatura. Así que ha sido, es y será siempre un pilar fundamental para la formación de la ciudadanía, por lo que no hay país que no incluya en sus planes de estudio la literatura como vertebradora de la identidad nacional y la pertenencia a un todo universal.

RP: En tu creación también tiene un papel destacado la denuncia social. ¿La poesía es un arma revolucionaria? ¿Puede cambiar y mover conciencias?

AC: Es verdad que hay poetas que prefieren encerrarse en su “torre de cristal” para crear obras realmente bellas, pero la poesía también puede y debe contribuir a mover conciencias. Gabriel Celaya decía que “la poesía es un arma cargada de futuro”. Pero para cambiar la realidad es necesario además la conjunción de infinidad de fuerzas y recursos humanos. Como nos dice Paulo Freire: “Nadie libera a nadie, nadie se libera solo, los hombres se liberan en comunión mediatizados por el mundo”; o lo que es lo mismo, mediante el quehacer solidario de la inmensa mayoría de la sociedad es como se puede cambiar la misma. Así, pues, no cabe duda de que la poesía coadyuva a la sensibilización del ser humano en su aproximación a la belleza y contribuye por sí misma a que este aborrezca la fealdad de la injusticia. No obstante, en mi opinión, el poeta hace muy bien cuando se compromete activamente con el tiempo histórico que le toca vivir y lo refleja en su obra, esta es sin duda alguna la opción elegida por mí..

RP: ¿El poeta tiene la “obligación”/ “el deber” de convertirse en un ejemplo por encima de los otros. Es su verdadero compromiso?

AC: Al menos debería ser el principio y la consecuencia de su obra cuando esta se entiende como compromiso con los valores que representa. Sin embargo, se trata más bien de un “desideratum” que no se cumple casi nunca en su totalidad. No obstante, voy a decir algo que quizás no se haya dicho antes: Jesuscristo es para mí el poeta más puro que ha habido en toda la historia de la humanidad. Pero, como sabemos, su compromiso le costó un suplicio horroroso hasta morir en la cruz, y no creo que deba pedirse tanto a ningún ser humano. Sin embargo, ha habido quienes, salvando la distancia y en cierta medida, han seguido su ejemplo: estoy pensando, por ejemplo, en García Lorca, Miguel Hernández y Víctor Jara. Pero hay más casos dignos de mención que seguramente conocéis.

RP: ¿Algún proyecto a corto plazo?

AC: Tengo un libro inédito en proceso de edición. Así que, en cuanto se publique, me gustaría presentarlo en todos los sitios a los que sea invitado para ello. Y, naturalmente, siempre que pueda pienso seguir acudiendo a recitales y demás eventos poéticos.

RP: Para despedirnos, ¿algo que quieras resaltar?

AC: Bueno, añadir simplemente que la poesía ha sido siempre la cenicienta para el público en general. Sin embargo, es la raíz que alimenta el quehacer literario. Ojalá que todo el mundo busque su zapatito de cristal, como lo hizo el príncipe con Cenicienta, y que, al igual que él, tenga la dicha de encontrarlo para casarse con ella.

RP: Gracias por asomarte a nuestra casa que es la tuya.

AC: Gracias a Proverso por su compromiso con la poesía y por haber tenido la gentileza de invitarme. Espero que los lectores sean benevolentes y acojan mis palabras con el mismo cariño con que se han pronunciado.

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CARLO COLLODI Y PINOCCHIO

Por: Pilar Alcalá García


El mismo año en el que se usó por primera vez el alumbrado público por gas en España, en la Lonja de Barcelona, y tuvo lugar el último auto de fe en Valencia, nació en la Via Taddea de Firenze el periodista y escritor Carlo Lorenzo Filippo Giovanni Lorenzini; fue el 24 de noviembre de 1826. Su padre, Domenico Lorenzini, era el cocinero de los condes Ginori, y su madre, Maria Angela Orzali, a pesar de ser maestra, trabajaba en la finca de los condes Garzoni. Carlo fue el mayor de diez hermanos y de esta finca siempre guardó buenos recuerdos. La madrina del pequeño Carlo fue la duquesa Mariana Ginori y el bautizo tuvo lugar en la basílica de San Lorenzo, obra de Michelangelo Buonarroti.

Carlo pasó parte de su infancia en Collodi, con la familia materna. De esta pedanía de Pescia, en provincia de Pistoia, adoptó su nombre artístico. Fue un niño inquieto y con tendencia a la insubordinación, por ello fue enviado a estudiar teología al seminario de Colle di Val d’Elsa, donde estuvo desde los 12 a los 16 años, y luego a los escolapios de Firenze, donde asistió al curso de retórica y filosofía. En Colle, provincia de Siena, hay una placa colocada en lo que fue el seminario, donde se recuerda y homenajea a tan ilustre alumno. La verdad es que paseando por las calles de Colle puedes imaginarlo como el perfecto escenario de las aventuras de Pinocchio. Es más, los habitantes del pueblo dicen, con orgullo, que muchos personajes del libro están inspirados en vecinos de Colle di Val d’Elsa.

Su carrera literaria empezó cuando tenía alrededor de 20 años y realizaba los catálogos comentados de la prestigiosa librería florentina Piatti. Entonces empieza a acudir a los círculos mazzinianos, (seguidores de Giuseppe Mazzini cuyo ideario era el de la creación de un estado italiano unitario republicano), y es colaborador de La Rivista di Firenze hasta 1847, año en que apareció su primera publicación en el periódico L’Italia Musicale, uno de los periódicos especializados más importante de la época. Al año siguiente se enrola como voluntario y va al campo de batalla en la Primera Guerra de Independencia italiana. Cuando regresa a Firenze obtiene un cargo de mensajero del senado toscano y funda Il lampione, periódico político-satírico que enseguida será suspendido por el gobierno. Empieza colaboraciones con otros periódicos e intenta resucitar Il lampione. En 1853 dirige el periódico teatral La scaramuccia pero sus intentos teatrales son fallidos y decide dedicarse a la prosa; publica I misteri di Firenze en 1857; lo que llama la atención de esta obra es la habilidad, la soltura y sobre todo la ironía con las que consigue encadenar y encajar, uno dentro de otro, toda una serie de relatos que son casi bocetos pero que terminan formando un verdadero tejido novelesco. Publica también Un romanzo in vapore. Da Firenze a Livorno, donde cuenta la extraordinaria novedad del tren, describiendo a los primeros viajeros y las diferentes percepciones del espacio y el tiempo; leyendo esta novela se tiene la sensación de un mundo que cambia a la velocidad de una máquina de vapor. Además, el lector podrá hacer un pequeño viaje en el siglo XIX toscano, en un mundo suspendido entre la tradición campesina y el progreso que avanza. Ambas son obras de poco valor pero interesantes porque en ellas Collodi vuelca su vena polémica y humorista, propia de las gacetas. También será colaborador, entre 1853 y 1860, de La Nazione, el primer diario distribuido en toda Italia que a día de hoy se sigue publicando en Firenze.

En 1859 repite experiencia como soldado en la Segunda Guerra de Independencia italiana contra el imperio austríaco. Tras un breve paso por Milano, donde trabaja en la editorial Sonzogno, regresa a Firenze para trabajar como empleado en la comisión de censura teatral.

Y a medida que escribo estas palabras me doy cuenta de las grandes similitudes que existen entre Collodi y Bécquer. Fueron contemporáneos, tuvieron una infancia complicada, cambiaron sus apellidos y ambos se dedicaron a la escritura, con algún escarceo teatral, y al periodismo, bien como fundadores de periódicos, bien como colaboradores y redactores. También ambos tuvieron que ver con las tareas de censura y estuvieron vinculados a sus respectivos gobiernos. Y lo que más me llama la atención es que ambos describieran un viaje en tren, Collodi en una novela, como acabamos de comentar, en 1856, y Bécquer en su magnífico artículo “Caso de ablativo” de 1864. Estamos en pleno Realismo y la presencia del Impresionismo y el Simbolismo ya son un hecho patente.

Volvamos con Collodi. Los tiempos han cambiado, así que decide resucitar Il lampione. Es entonces cuando el gobierno provisional de Toscana le encarga que responda a Eugenio Albéri, quien había incitado a los toscanos a oponerse a anexionarse al Piemonte. Su respuesta será el panfleto titulado “Il signor Albéri ha ragione!”, opúsculo satírico que firmará como Carlo Collodi; a partir de este momento ese será su nombre de pluma.

A partir de aquí, la vida hasta entonces tan agitada de Collodi, parece cambiar y serenarse. Los años trascurrirán entre empleos gubernativos y la labor creativa centrada en una continua actividad como periodista y escritor. Empujado por el editor Felice Paggi, traducirá la obra de Perrault y de otros autores infantiles tras lo cual inicia la creación del “Giannettino”, una serie de libros educativos. Al mismo tiempo, aprovechando la fama de la que empezaba a disfrutar gracias a sus escritos infantiles, recoge en un volumen una serie de artículos. En 1868, invitado por el Ministero della Pubblica Istruzione, formó parte de la redacción de un diccionario de lengua hablada, el “Novo vocabolario della lingua italiana secondo l’uso di Firenze”.

Sin embargo, tras esta apariencia de bondad y persona seria, empleado del gobierno, se esconde una vida dedicada al juego y llena de deudas. Y será precisamente por esto, por la urgencia de conseguir dinero, por lo que Collodi se dedique a la escritura, entre otras obras, de Le avventure di Pinocchio, una obra de madurez; publicada al principio de manera irregular y por capítulos entre 1881 y 1883 en el periódico Il Giornale per i bambini –del que Collodi será director en 1883-, y después en un volumen en 1883, por el editor Paggi de Firenze. Vendrán otras publicaciones y el 26 de octubre de 1890 se suicida porque no consiguió pagar una deuda de juego, aunque suele decirse que murió de un infarto. Fue enterrado en la capilla Lorenzini, en el cementerio de Le Porte Sante de la Basílica de San Miniato al Monte de Firenze.

Todo este material de ideas mazzinianas, y esa mirada ingeniosa con la que describió la realidad de la Toscana, a través de fulminantes invenciones lingüísticas, y el hecho de que Collodi era masón (aunque no se puede encontrar en ningún registro oficial, hoy nadie duda de ello), harían posible el nacimiento del intemporal Pinocchio, el personaje infantil italiano conocido en todo el mundo y que tantas obras ha inspirado: canciones y películas. Un personaje universal y complejo que no se agota en un periodo histórico. Aunque Pinocchio se publica al mismo tiempo que las obras de Edmondo De Amicis y Emilio Salgari, Collodi es considerado el fundador de la literatura infantil en Italia. Tal vez porque Collodi se despega de la literatura pedagógica (pedante) de la época a favor de la invención creativa, estimulante. El éxito del libro fue tal que se ha publicado en Italia sin interrupción, excepto 1914, en distintas ediciones, y ha sido traducido a 240 lenguas.

Pero la obra maestra de Collodi, ese intelectual del Risorgimento que trabajó y luchó por la unidad de Italia, no fue bien acogida por todos, hubo quien desaconsejó su lectura e incluso quien pidió su prohibición. No obstante el libro se convirtió en un best seller a nivel internacional. En 1937 Benedetto Croce revaloriza el libro al definirlo como el más hermoso de la literatura infantil italiana.

No podemos terminar estas palabras sin hablar de algo curioso. Ya comentamos que el libro se publicó, inicialmente, por capítulos en Il Giornale per i bambini, pues bien, el final era bien distinto del que conocemos hoy día. Pinocchio no termina su historia convertido en un niño de carne y hueso, sino que muere ahorcado en un roble y los autores del crimen son el Gatto y la Volpe. Los lectores del periódico, que eran en su mayoría niños y jóvenes, se quedaron estupefactos ante el macabro final de la historia de Pinocchio. Lo que sucedió después es realmente entrañable ya que escribieron en forma masiva a la redacción del periódico pidiendo que Collodi cambiara la historia; los niños querían a su marioneta viva y no colgada de un árbol. Collodi en un primer momento fue bastante reacio pero al fin aceptó y el 10 de noviembre de 1881 en “La Posta dei bambini” el director anunció que: “El señor Collodi me escribe que su amigo Pinocchio sigue vivo y que sobre su historia os podrá contar todavía muchas cosas simpáticas. Era normal: una marioneta, un trozo de madera como Pinocchio, tiene los huesos duros y no es fácil mandarlo al otro mundo. Por eso nuestros lectores quedan avisados: Muy pronto empezará la segunda parte de la “Storia di un burattino” que se llamará Le avventure di Pinocchio”. Fue así como Collodi cambió el final e hizo que Pinocchio se convirtiera en un niño de verdad, un niño bueno que incluso salva a Geppetto, su padre, y a la Fata Turchina.

Las lecturas e interpretaciones que se han hecho a lo largo de los años sobre el personaje y la historia de Pinocchio son variadísimas e incalculables, pero sobre esto, sobre el significado del nombre de la marioneta más famosa de la literatura y sobre otros personajes del libro, hablaremos en otra ocasión.

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FERNANDO PESSOA | EL YO CONFLICTIVO

El Atelier

Por: Inma J. Ferrero


Desde las últimas lluvias, las horas escriben atentamente la transmutación oscura de su geografía de segundos, se proyecta la multitud sobre el ángulo inverso de mi escritorio, cuerpo quieto en la danza sinuosa de un tic-tac sombrío. Tú me dices desde las sombras: “Entre la vida y yo hay un cristal tenue. Por más claramente que vea y comprenda la vida, no puedo tocarla”. Me reclino entonces en la confusión vacía de este abismo creado en la resonancia de este silencio dolorosamente imperfecto. Me he extraviado de mí, de la anamnesis desvirtuada que me oprime y me repite ¿Quién es yo? ¿Qué es este intervalo que hay entre yo y yo?

Fernando Pessoa nace en Lisboa en el año 1888, pasó su infancia y juventud en la República de Sudáfrica; cursó estudios de derecho en la Universidad de El Cabo y regresó a Lisboa en 1905. Inició su obra literaria en inglés, aunque a partir de 1908 creció su interés por la lengua portuguesa.

De Pessoa, podemos decir, que es un caso único dentro del mundo literario. Su obra es una de las más originales de la literatura portuguesa y fue, junto con Mário de Sá Carneiro, uno de los introductores en su país de los movimientos de vanguardia. A partir de 1914 proyectó su obra sobre cuatro heterónimos: Ricardo Reis, Álvaro de Campos, Alberto Caeiro y Bernardo Soares para quienes inventó personalidades divergentes y estilos literarios distintos. Frente a la espontaneidad expresiva y sensual de Alberto Caeiro, Ricardo Reis trabaja minuciosamente la sintaxis y el léxico, inspirándose en los arcadistas del siglo XVIII, mientras que Álvaro de Campos evoluciona desde una estética próxima a la de Walt Whitman hasta unas preocupaciones metafísicas en la tarea de explicar la vida desde una perspectiva racional. Pero también fue Bernardo Soares, el oscuro oficinista creador de la prosa suntuosa de El libro del desasosiego.

Sobre estos desdoblamientos del poeta en varias personalidades reflejó Pessoa sus distintos yos conflictivos, a la vez que elaboraba su propia obra poética, a veces experimental, una de las más importantes del siglo XX y que en su mayor parte permaneció inédita hasta su muerte. Su poesía, que supone un intento por superar la dualidad entre razón y vida, fue recogida en los volúmenes Obras completas: I. Poesías, 1942, de Fernando Pessoa; II. Poesías, 1944, de Álvaro de Campos; III. Poemas, 1946, de Alberto Caeiro; IV. Odas, 1946, de Ricardo Reis; V. Mensagem, 1945; VI. Poemas dramáticos; VII. y VIII. Poesías inéditas, 1955-1956.

Su obra ensayística ha sido recogida en Páginas íntimas de autointerpretación (1966), Páginas de estética y de teoría y crítica literarias (1967) y Textos filosóficos (1968). En 1982 apareció el Libro del desasosiego, compendio de apuntes, aforismos, divagaciones y fragmentos del diario que Fernando Pessoa dejó al morir en 1935.


CINCO POEMAS DE FERNANDO PESSOA

Como si cada beso

Como si cada beso
Fuera de despedida,
Cloé mía, besémonos, amando.
Tal vez ya nos toque
En el hombro la mano que llama
A la barca que no viene sino vacía;
Y que en el mismo haz
Ata lo que fuimos mutuamente
Y la ajena suma universal de la vida.

Traducción de F. Gutiérrez

Cuando ella pasa

Sentado junto a la ventana,
A través de los cristales, empañados por la nieve,
Veo su adorable imagen, la de ella, mientras
Pasa… pasa… pasa de largo…

Sobre mí, la aflicción ha arrojado su velo:-
Una criatura menos en este mundo
Y un ángel más en el cielo.

Sentado junto a la Ventana,
A través de los cristales, empañados por la nieve,
Pienso que Veo su imagen, la de ella,
Que no pasa ahora que no pasa de largo

Traducción de Rafael Díaz Borbón

El viento, el viento alto

El viento, alto en su elemento
Me hace más solo -no me estoy
Lamentando, él se tiene que lamentar.

Es un sonido abstracto, insondable
venido del elusivo fin del mundo.
Profundo es su significado.

Me habla el todo inexistente en él,
Cómo la virtud no es un escudo, y
Cómo la mejor es estar en silencio.

Traducción de Rafael Díaz Borbón

Esto

Dicen que pretendo o miento
En cuanto escribo. No hay tal cosa.
Simplemente
Siento imaginando.
No uso las cuerdas del corazón.

Todo cuanto sueño o pierdo,
Que pronto cae o muere en mí,
Es como una terraza que mira
Hacia otra cosa más allá.
Esa cosa me arrastra.

Y así escribo en medio
De las cosas no junto a mis pies,
Libre de mi propia confusión,
preocupado por cuanto no es.
Sentir? Dejemos al lector sentir!

Traducción de Rafael Díaz Borbón

No quiero rosas, con tal que haya rosas

No quiero rosas, con tal que haya rosas.
Las quiero sólo cuando no las pueda haber.
¿Qué voy a hacer con las cosas
que cualquier mano puede coger?

No quiero la noche sino cuando la aurora
la hizo diluirse en oro y azul.
Lo que mi alma ignora
eso es lo que quiero poseer.

¿Para qué?… Si lo supiese, no haría
versos para decir que aún no lo sé.
Tengo el alma pobre y fría
Ah, ¿con qué limosna la calentaré?

Traducción de F. Gutiérrez

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NOVELA VERSUS POESÍA | EL PROBLEMÁTICO DEVENIR DE LA POESÍA

Por: Javier del Prado Biezma. (Poeta entre profesor y crítico).


0. Está claro que en la invisible, pero real, disputa entre la poesía y la novela que se ha dado en la literatura occidental desde finales del siglo XIX, pero sobre todo, en la segunda mitad del XX, la novela ha ganado la partida a la poesía, hasta convertirse en el casi único género literario que sigue pujante; (excepción hecha del ensayo, con su componente filosófica, y del teatro, con su dimensión cada vez más espectacular y menos textual, como lo demuestra el poco respecto que los montajes actuales tienen de los textos, que son, en muchas ocasiones, sólo pretexto de puestas en escena magistrales, pero falsificadoras de la intención y del contenido mismo de las obras originales).

Esta victoria, sí victoria, (pues los novelistas se ven gozosos triunfadores de la justa, frente a los trasnochados, pobres y despreciados poetas), no deve leerse teniendo sólo en cuenta el hecho de la edición moderna.

El buen novelista publica y el que es bueno, tiene mucha suerte y un buen representante puede alcanzar triunfos que llegan a hacerlo famoso, es decir, a adquirir una cierta popularidad y a ganar algo de dinero. Mientras, el buen poeta deambula por las editoriales minoritarias, y sólo los muy buenos y con suerte (los hay, también, que trabajan el marketing o que colaboran de manera más o menos anónima con el mundo de la canción pop) pueden llegar a ciertas editoriales más prestigiosas, aunque no importantes en el nivel económico, y a hacerse un pequeño nombre en el mundo de las letras. Algunos (muy buenos o no tan buenos) pueden, incluso llegar a tener premios de renombre en un nivel nacional o internacional – pero sabemos que en estos premios siempre interviene el equilibrio de los juegos económicos y políticos, y sólo suelen llegar a manos de los ‘muy viejos’, si no a manos de los que están a punto de morirse, excepción hecha de aquellos que frecuentan el mundo del “famoseo”..

1. Para explicar esta derrota de la poesía (que conlleva la victoria de la novela) es preciso, a mi entender, remontarse a las fuentes, es decir, al devenir de la historia (teórica y práctica) de la literatura y del hecho de la escritura: estudiar por qué, cómo y para qué y para quién se escribe; a la par, es necesario tener en cuenta los acompañantes estéticos y sociales de este acto de escritura; (me refiero al mundo de la canción, del cine, de las artes plásticas y cinematográficas, es decir, al mundo de la imagen y del espectáculo visual o músico-visual).

Tres factores esenciales intervienen a mi modo de ver en este fenómeno de confrontación

  • El primero, esencialmente filosófico o ligado al pensamiento filosófico y social que configura la necesidad o no necesidad del hecho literario y/o artístico.
  • El segundo, esencialmente estético, ligado a lo que se considera objeto de arte u objeto de arte literario (su contenido y su forma; y el espíritu que rige esa forma.
  • El tercero, esencialmente coyuntural, relativo al contexto estético y social en el que novela y poesía se mueven.

3. Cabe precisar, antes de seguir con mis reflexiones, que el término poesía lo empleo aquí tal como se ha ido configurando esencialmente a lo largo de la modernidad y no con el valor que tenía en la tradición antigua y medieval, pero tampoco con el valor espúreo que ha ido tomado en la modernidad, sobre todo a partir del Romanticismo y en que es poesía todo sentimiento o acercamiento a la realidad desde una dimensión emocional pseudo estética.

Aristóteles

Para mí, aquí y ahora, es poesía, el contenido encarnado en forma de un texto cerrado (en su corta extensión habitual) que, en la expresión de los sentimientos y conceptos, tiende a tener una autonomía funcional, capaz, gracias a su lenguaje y al modo de mirar la realidad, de liberarlo de ‘lo narrativo’ y de ‘lo didáctico’; de manera más laxa, un texto en el que lo narrativo o lo didáctico pueden ser algo circunstancial, pero no esencial o dominante, como podía pasar antaño en la poesía épica o en la poesía didáctica.

Esta liberación le permite apostar por un lenguaje capaz de alcanzar, en su función referencial, un más allá de la realidad capaz de develar o de inventar lo no dicho y en su función expresiva, un más allá del sentimiento, tal como lo expresa el lenguaje habitualmente empleado; y ese más allá, es el germen de lo que llamamos poeticidad.

Con esta noción moderna de poesía (pero liberada del acompañamiento musical propio de la poesía lírica de antaño) se cierra, el triángulo llamado, erróneamente, de Aristóteles: narración, teatro y texto ‘poético’; (sabemos que Aristóteles nunca hablo de este último espacio como diferente o exento de los dos anteriores y que sólo en el siglo XVIII Cascales, en sus Tablas filológicas, se plantea teóricamente su existencia).

4. Para analizar estos tres elementos a los que antes aludía, no voy a seguir el orden en el que los he enunciado, ello por motivos didácticos, con el fin de ir del más aparente (2) al más circunstancial (3), dejando para el final el circunstancial, pues es el más ligado a la recepción del objeto artístico y literario. Los reformulo de una manera menos conceptual. A lo largo del último siglo hemos asistido a:

– La implantación paulatina de la idea siguiente: la forma, sobre todo la forma que deriva de unos cánones ‘preestablecidos’ es un componente retórico y ornamental y no forma parte del texto como la auténtica morada del espíritu.

– La competencia que le sale a la poesía (esencialmente a la de contenido emocional) con el triunfo del mundo de la canción y la competencia que le sale a la poesía (esencialmente a la de contenido descriptivo, paisajística o cósmica, en el mundo del documental cinematográfico).

– La desconsideración del ser como esencia, dejando el paso a la consideración del ser como existencia. Lo que conlleva el triunfo de la temporalidad como base de esta conciencia existencial de la vida, postergando la espacialidad como morada de esta; (ello pesar de las teorías científicas que tiende a meter en mismo saco, ‘real’ y conceptual, espacio y tiempo, con expresiones como cronoespacio – y otras.

5. Analicemos los problemas que plantea el hecho de que la forma pase a ser de naturaleza retórica (puramente decorativa) y no sea ya considerada como elemento esencial del texto, en su creación como morada aparencial del espíritu.

Durante siglos, el verso ha sido la morada formal del pensamiento literario, al menos, del pensamiento literario que aspiraba a instalarse en los niveles elevados del mundo de las letras. Se escapaban de esta pretensión ciertos textos filosóficos, algunas fábulas (no así los fabliaux, ya en la Edad Media) y algunas comedias clásicas, frente a las tragedias; incluso la narración que luego se va ser llamada ‘roman’, es decir ‘novela’ estaba bajo su dominio; lo que la convertía en .poesía – poesía narrativa

Durante la Edad Media (hablo siempre de Occidente y de los textos escritos en las primitivas lengua romances – y muy a la ligera) este patrón sigue vigente. Aunque se empieza a observar que ciertos textos, los aparentemente más cercanos a la vida cotidiana y/o vulgar y grotesca (ciertos textos narrativos, ciertos textos autobiográficos) se van encomendando a la prosa, dando lugar al paulatino nacimiento del cuento, de la narrativa picaresca y ejemplarizante, así como a las derivaciones en prosa de la novela caballeresca medieval, escrita en verso (ciclo del Rey Arturo), hasta llegar al Amadis de Gaula y a su conversión paródica en El Quijote .

Molière

Esta evolución va creando una divisoria casi imperceptible entre una literatura espontánea o, mejor, con un uso ‘natural’ de la lengua (que sale en prosa y que esta escrita para ser leída) frente a una literatura que, aunque sea escrita en lengua vulgar (en romance), sigue los parámetros de la literatura tradicional, escrita en verso, es decir en un lenguaje elaborado, trabajoso, ‘no natural’ (¿artificial?, pues), y que está escrita para ser, aún, recitada en voz alta, en la mayoría de los casos o para ser cantada, aún. Molière, como Lope, escribe aún la mayoría de sus grandes obras cómicas en verso (en verso de arte mayor, el primero y con todo el abanico que le ofrece la métrica, el segundo) lo que obliga a sus personajes a hablar en verso, un verso muy elaborado, aunque sea en una comedia; (los personajes de Lope, no lo olvidemos, se declaran, habitualmente, en soneto), pero algunas de sus comedias ‘inferiores’ las escribe ya en prosa. Algo percibido como más cercano del público y ‘natural’.

Durante el siglo XVIII (un siglo en el que la retórica clásica tiene una importancia capital en la enseñanza), este modo tradicional de escribir va a ir tomando en las mentes modernas, por reacción contra tanto artificio imitativo y docente, un matiz cada vez más peyorativo. Se admite que esta alta escritura es retórica (es decir, está basada para sus efectos en los artificios de la retórica y de la versificación – un remedo lingüístico de la música) y, poco a poco, se tenderá a pensar que sólo es retórica – de la mala.

Admitiendo que este procedimiento de escritura sea tolerable para la poesía lírica y para la tragedia (actos literarios singulares que sacan al lenguaje de su ambiente natural, – la palabra hablada a diario) se empieza a pensar que es totalmente inapropiada para decir las cosas de la vida ordinaria, las cosas vulgares y cotidianas que configuran el mundo del hombre moderno. No olvidemos que en el siglo XVIII estamos asistiendo al paulatino triunfo de la burguesía (es decir de la gente que vive en el burgo, en la ciudad, de su trabajo artesanal o del comercio) frente a la aristocracia y el campesinado (la gente que vive en castillo o palacio o en casa de aldea, y que es propietario o siervo).

Debido a esta doble confluencia, (apogeo de la burguesía y descrédito de la preceptiva retórica, sin olvidar la paulatina alfabetización de toda la aristocracia y de la burguesía), de manera casi generalizada en Europa, se va imponiendo el uso de una escritura en prosa para todo lo que no sea Poesía y Tragedia y, en esta prosa, una escritura que tienda hacia la naturalidad: una prosa que imite lo más posible el habla del hombre de la calle y de la casa, ajena a los adornos de prosodia y de dicción que permiten la lectura en voz alta y la declamación teatral. Esa voluntad de ‘naturalidad’ llegará hasta nuestros días, incorporando cada vez más el lenguaje popular y el vulgar… a medida que se impone la novela sobre las demás artes literarias; (sin olvidar el hecho más moderno de la dicción del verso clásico como si fuera prosa sobre los escenarios – fenómeno esencialmente español). Esta imposición se inicia en el siglo XVIII (incluso los grandes filósofos, Voltaire, Diderot, Rousseau, escriben novelas como medio de difusión ‘popular’ de sus ideas) y se culminará en el XIX, con la caída del Romanticismo (fecha oficial, tópica, 1849).

Eugenio Montale

Esta tendencia estética, con otros aspectos que veré luego, producen un efecto singular en la historia de la literatura: si en el Romanticismo el paradigma del hecho literario por excelencia es aún la poesía y el poeta lírico o el autor de tragedias o dramas (en verso, aunque las haya ya en prosa), con la llegada del realismo hacia 1850 (triunfo oficialdefinitivo de la conciencia burguesa en Occidente), el gran literato empezará a ser el novelista, que cuenta la vida común de la gente común (cada vez más común: Emma Bovary es el ejemplo que más comúnmente se recuerda, 1856), en el lenguaje común, cada vez más común.

Todo ello, a pesar de los nombres de Baudelaire, Rimbaud, Mallarmé, Rubén Darío, JRJ, T.S. Eliot. E. Montale, etc. y de la llegada del Surrealismo, que ofrecen obras poéticas muy importantes, con renombre, pero, para ciertas minorías: ello se ve, aún en la temporalidad, con la importancia social nula de un intenso Baudelaire frente a un inmenso V. Hugo, poeta, dejando de lado su condición de dramaturgo, novelista y orador político; ello se ve, ya en la contemporaneidad, con importancia social nula de un definitivo Mallarmé frente a un popular E. Zola. A este respecto es significativa la importancia que tomará en el siglo XX Mary Shelley, con su novela, hoy de culto, frente a la insignificancia que tuvo ésta en vida, durante el Romanticismo, (aunque en este caso influyen otros factores que en otra ocasión veremos.)..

6. Es esencial constatar cómo (empeñados los poetas en su excelencia temática y en su excelencia de lenguaje y de prosodia) la poesía empieza a declinar como paradigma de lo que es la gran literatura. No desaparece su grandeza en la consideración abstracta del hecho literario, pero sí en la consideración social y económica, incluso entre las élites. Sigue siendo excelsa, pero no para el común de los lectores que la encuentran ajena a sus preocupaciones vitales e ideológicas y, sobre todo, la consideran ARTIFICIAL y “pas à la MODE” (como me decía un alumno francés hace ya veinte años , cuando discutíamos sobre el tema en los Cursos de Preparación para la Agrégation.

Pero esa artificialidad que, antaño, hacía su grandeza (era el gran ARTI-FICIO, pero artificio, como todas las artes – ‘arte-facere’), entrará en crisis cuando, ya el Romanticismo, al poner por delante de la perfección formal la importancia de la ‘confesión auténtica del yo’, intentará huir de las formas más complejas del poema y del verso (salvo contadas excepciones, como algunos poemas de V. Hugo y de Zorrilla en España – dos magistrales versificadores): olvido del soneto, olvido de las estrofas elaboradas, búsqueda de un poema uniforme/informe (G. A. Becquer), en el que los versos se siguen unos a otros sin estructurarse en una forma ‘artificial’<, esa forma artificial que se repite o se reinventa de estrofa en estrofa, imitando la dinámica natural de la música (en sus juegos de redundancia y contraste que estructuran con repeticiones la dinámica de la temporalidad).

Antonio Machado

En España el uso enorme que hace el Romanticismo del romance clásico es un ejemplo más de este asentamiento de la poesóa en una forma fácil, sin grandes problemas formales, pero por mas ‘natural’ más ‘popular’..

En definitiva, tras el romanticismo (con la excepción de algunas islas del llamado modernismo) la poesía se encamina hacia el poema amorfo (sin estructura formal más o menos fija, definida) que domina la poesía de hoy en día, bajo el influjo del neoromanticismo poético en el que vivimos. Esta tendencia hacia la simplificación tendrá un momento de parada o de retroceso con la escuela Parnasiana y su vuelta al Renacimiento y al Barroco (Th. Gautier, Th. De Banville, etc.) y su continuidad en el interior de los Simbolistas y de los Modernistas hispanoamericanos y de la generación del 27, con su posterior vuelta a Góngora (Rubén Darío, Herrera Ressing, M. Machado, aspectos de A. Machado,), Guillén, etc.; Juan Ramón Jiménez aquí, como en todo, es una excepción (pobreza de su estrofa, salvo en la época más modernista, en torno a 1910 y sus Sonetos espirituales, del 13 y del 14, pero experiencias activas a lo largo de toda su vida con de todas las formas que permite el poema moderno, amétrico.

7. Esta búsqueda de una poesía que siga los parámetros estéticos (naturalidad en formas y en lenguaje) de la prosa nacida en la novela (desde el siglo XVI, con el Lazarillo y con la parte costumbrista del Quijote, salvo raras excepciones, ligada al realismo y al naturalismo, incluso en la novela romántica autobiográfica de principios del XIX) va a tener dos consecuencias básicas para la poesía, pues iniciarán el proceso de su ‘condena a muerte’: la elección de temas prosaicos, comunes, para la poesía, como para la novela, (matar a la Rosa, torcerle el cuello al cisne, como símbolo esenciales de la poesía), dichos de una manera natural, lo más prosaica posible. Pero no olvidemos que, muy significativamente, la obsesión de Rilke, de Juan Ramón y de Eliot por la rosa, es de esta época).

A esta dimensión se le añade el hecho de que el individualismo romántico ha puesto de manifiesto un problema insoslayable, teorizado por Mallarmé: si la poesía es la traslación del yo individual a lenguaje, esta traslación debe hacerse de la manera más personal, en temas, en semántica y en música. En consecuencia, el verso tradicional (verso de música común para todos los poetas) no puede valer para la expresión de la música individual de cada uno de ellos. Ya puse de manifiesto en un amplio artículo mío lo que pienso de este razonamiento, restrictivo y, en parte falso – “De las formas fijas a las formas abiertas” (2006). Este razonamiento de Mallarmé, con el destino de la poesía lírica cada vez más ligado a la expresión del universo interior del yo (y menos a la celebración del Cosmos y del otro), unido a la segunda propuesta de Baudelaire, la de los Poemas en prosa (lo que significa que puede haber una poesía que no esté obligada a echar mano del verso y cuyo ámbito será las calles de la ciudad – y no el cosmos, es decir, una poesía prosaica) abocan la poesía a la pérdida de su identidad formal (su presencia especial en la página) y la pérdida de su identidad prosódica (la que la religaba a la música y, en cierto modo la separaba, gráficamente del resto de la escritura literaria, convirtiéndola en un arte – es el punto de vista de J.P. Sartre, que no comparto del todo

J.P. Sartre

8. Conclusión primera: ¿es necesaria entonces la poesía, si la prosa (en la novela) puede cumplir con la misión que ahora se le ha ‘encomendado’: decir los secretos del yo y, algunos conflictos de lo social, de lo social? (Había que hacer aquí una excepción, para considerar la situación peculiar de la poesía durante los periodos de guerras y revoluciones, con la recuperación de los problemas del otro, en la sociedad y en la historia, lo que conlleva el retorno a una forma más prosódica y musical, que puede ser recitada o cantada; ejemplo cierta poesía de Guerra Civil española y de todas la guerras o revoluciones).

¿Necesaria? si la novela, sobre todo si estamos ante una novela que es capaz de incluir en el desarrollo de la anécdota incisos líricos de confesión del yo de los protagonistas e incisos descriptivos ante las maravillas de la naturaleza, del espacio por el que transcurre la acción; el ejemplo de Proust es definitivo, pero no único. La creación del “monólogo interior”, por G. Dujardin, en Les Lauriers son coupés (generalizado por su amigo Joyce) es paradigma de lo primero. Proust y Gide ejemplos perfectos de ambas posibilidades, pero ya Galdós, en lo que el mismo llama, en Fortunata y Jacinta, “los monólogos íntimos”, abre el paso a esa tendencia narrativa capaz de envolver en narración auténticos poemas en prosa.

Una novela así (y en el siglo XX los ejemplos se multiplican) puede cumplir esta misión de manera más natural, más fácil, más rentable desde el punto de vista social y desde el punto de vista de la dificultad/facilidad de la escritura y de la lectura.

¿Para qué, entonces la poesía, esa poesía que, temática y musicalmente tiende a la prosa) si, entonces (y aquí paso al nivel de la recepción), la canción popular y pop cumple la función sentimental y musical que le estaba encomendada y cualquier reportaje cinematográfico o televisivo puede cumplir con creces la misión de exponer, con todo detalle visual, las maravillas del cosmos, el más visible y el más secreto?

9. Me quedo aquí, en este primer nivel de la confrontación, como hecho natural de la narración (como expresión máxima de la prosa) y de la poesía (como expresión máxima de ese uso de lenguaje que, un principio, no querría ser prosa, sin saber, hoy en día, muy bien lo que es y lo que quiere ser.

En otro momento (II. El triunfo de la novela) desarrollaré el conflicto desde la perspectiva del tema de la temporalidad, como seña identitaria de un hombre (el moderno), condenado a ser un ser-en-la-historia, sin esperanza de eternidad; es decir incapaz de aspiración hacia una a-temporalidad espacial a la que podemos llamamos ‘paraíso’ o eternidad). ‘Muerto Dios’, el Hombre Moderno se ha convierte en un ser de la Historia y para la Historia. “Hijo del siglo” (no ya de Dios) lo llamó A. de Musset, en su novela, insoslayable desde esta punto de vista, Confesiones de un hijo del siglo). El ‘hombre’ es un ser de historia y de tierra, es decir, de tránsito y de narración por el desierto de la tierra.
La novela, mejor que la poesía, se instala en la Historia al ser historia, se instala en la dinámica del paso del tiempo, al ser acontecimiento que ‘adviene’, que siempre está en suspens(o) . La poesía, contrariamente, se ha visto, después del Simbolismo, abocada a instalarse en un presente atemporal, el instante absoluto de la poesía pura… a no ser que se convierta en narración (como la poesía antigua: epopeya, idilio y elegía…

Pero, ¿entonces?

Volveremos sobre ello, a partir del nacimiento del cuento corto con voluntad de poema en prosa (o viceversa).

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ANTOLOGÍA VI ENCUENTRO INTERNACIONAL DE POESÍA “CIUDAD DE ÚBEDA”

Por: Juan Ramón Jiménez Simón


Ya desde la imagen de portada se nos invita a ahondar en las raíces de la palabra. Es ella quién se sirve del poeta para perpetuarse en el viento y en la memoria. Estamos ante una antología de poesía que ya en su mismo título, acertado y significativo, se nos convoca a desdoblar la mirada, a hacerla nueva y múltiple, a volver nuestra lectura a una multiplicidad de connotaciones que trae el lugar y su sentido, señalando la llegada al actual escenario literario de una apuesta intelectual y social de encuentro y experiencia vital: Úbeda, patrimonio de las letras.

Esta antología, repleta de voces poéticas, de poemas que surgen de múltiples formas de percepción, de identidades diversas, de estilos y de registros, de vivencias y de encuentros, es una labor necesaria para acercar a los lectores, una visión de conjunto de la poesía que se escribe actualmente, dentro de una realidad social cambiante y discontinua desde la riqueza que pueden aportar las diversas miradas líricas a nuestra historia literaria. Máxime cuando estas traspasan nuestras fronteras con la presencia de otros países. La Antología VI Encuentro Internacional de Poesía “Ciudad de Úbeda” (tarQus Editorial, 2019) da a conocer en su conjunto a los creadores del momento actual. No están todos los que conforman el panorama literario actual, pero son los que están en este momento haciendo protestación de la palabra a través del verso y de la vida, en sus múltiples manifestaciones culturales.

Así, en sus páginas, descubriremos textos de gran intensidad poética, con riesgo en el lenguaje, lucidez y compromiso, textos donde nos van dejando el testimonio escrito de sus vidas, reivindicaciones e inquietudes de autores y otros más reconocidos. Y éstos son los poetas: Maritxé Abad i Bueno, David Álvarez Sánchez, María del Carmen Aranda, Naulé Arvelo, Rocío Biedma, Clara Blázquez, María Callealta Torres, Miguel Ángel Cañada Castellano, Carmen Castejón Cabeceira, Antonia Cerrato Martín – Romo, Carlos Cisneros Domínguez, Jorge Colmenero Jurado, Rosa Contreras, Flavia Falquez, José Antonio Fernández García, Sagrario Fernández Valverde, Inma J. Ferrero, Nicola Foti, María del Carmen Gallego Banderas, Ana García Briones, Eva García Madueño, Raquel Gil Espejo, René González Medina, Esther Gonzáles Sánchez, Laura Gutiérrez Cortés, Vicente Jiménez García, Juan Ramón Jiménez Simón, Lola Lirola, María Ángeles Lonardi, Rafael Luna García, Francisco Luque Bonilla, José Márquez Montero, Pedro Javier Martín Pedrós, Yolanda Martínez Aranda, Paco Mateos, Inmaculada Nogueras Montiel, Carmen Ortigosa, Carmen Pérez García, María Piña, Almudena María Puebla, Sole Raya, Pilar Redondo, Isabel Rezmo, José Rodríguez Infante, José Romero Martín, Ángel Marcelo Saffores Arrúa, Ivonne Sánchez Barea, Tomás Sánchez Rubio, Cristóbal Sanz Sánchez, Ayla Selenne, Carlos Franco Vargas Ruíz, Alejandro Vico Alonso, Yadira Vidal Vailladiego, Eva Yárnoz y Mabel Zaves.

El trabajo de edición, riguroso, corre a cargo del poeta y editor Ángel Marcelo Saffores, de tarQus Editorial. En la contraportada de la antología, el equipo organizador de Úbeda Encuentro Poético reivindica “el papel del poeta como rico transmisor y defensor de la cultura; como agente transformador de la sociedad”, en el que cada poeta antologado aporta sus virajes líricos con la singularidad de que quienes nos han precedido en el cerro de la palabra: San Juan de la Cruz, Miguel Hernández y Antonio Machado. Como “la poesía es un encuentro”, se constata una evidencia: la profunda conexión entre el momento poético más reciente y la intergeneracionalidad pedagógica de quienes vivimos del verso y de la palabra. Buena parte de este camino es lo que nos abre este libro, que se convierte en un catálogo de mapas poéticos abierto.

Cada uno de los poetas está representado con uno o dos poemas y todos aportan textos inéditos también. En ellos vemos a un colectivo cuyo lenguaje y experiencia vital nos hablan de un ansia de aprendizaje, del coraje necesario para arriesgar, de la difícil aventura de volar. Y esa aventura cobra forma en muchos de estos autores en palabras que, como aves en vuelo.

Otra de las temáticas que en cierto modo es hilo del entramado de la Antología Poética VI Encuentro Internacional de Poesía Ciudad de Úbeda y que también está presente en los poetas de la antología, dibujando dentro de la diversidad, de gustos, estilos e idearios estéticos distintos, una cierta unidad de contexto, un lugar de condicionamiento común y un espacio lírico e histórico compartido e inconfundible, es la conciencia del tiempo. Ese sucederse de la palabra y la historia vital en un espacio concreto, que podemos caracterizarlo con el tema clásico emblemático machadiano y que luego han desarrollado tanto otros poetas, podría servirnos como referencia de aproximación a los antologados, casi como eje de una lectura en la plural identidad de este grupo de participantes en el evento literario. Así lo atestiguan en su tono vivencial sus versos cuando la temporalidad de estos poetas se va desgranando no sólo en la extensión horizontal sobre la página sino también en la verticalidad de sombras y luces que pone el transcurso vital sobre su palabra: desde el amanecer hasta la noche, y así un día tras otro.

Esta antología, diseñada con el cuidado y el esmero tarQus Editorial, supone un manual de referencia para la poesía, al ofrecernos una panorámica de autores, de poemas con giros inesperados, de voces propias que nos hablan del instante y de la vida, de lo que les inquieta, de las ciudades, del sexo, de las flores, de los sueños, de las tradiciones y costumbres, de los escritores que les influyen, etc. Todos los poetas de la Antología, a través de la palabra, cultivan la humanidad, por lo que su presencia se prolonga más allá del soporte papel, a través de las redes sociales, en un creativo ejercicio de libertad.

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J. M. BARBOT | AGUA SERÁS Y LO OLVIDASTE

El Anaquel

Los libros liberan más que nutren y quiero ser testigo de esta liberación.

Por: Matteo Barbato


Agua serás y lo olvidaste
J. M. Barbot
Colección Alcalima de Poesía
Editorial Lastura
Primera edición: junio, 2019
N.º de páginas: 82
Formato: 148×210 mm
ISBN: 978-84-120380-2-6
Encuadernación rústica con solapas
10.00 €

J.M. Barbot, seudónimo de José María Barranco Ribot, regresa a las crónicas literarias con su tercer libro, un poemario lleno de aciertos, fruto de una travesía vital llena de hallazgos, incertidumbres y deseos (los de un poeta en busca de respuestas, los de un arqueólogo con las manos llenas de barro).

AGUA SERÁS Y LO OLVIDASTE es el resultado de este proceso: un camino de «lluvia, vapor y sueño» que tiene como denominador común el agua.

Cabe destacar la curiosa y llamativa conjunción entre el hombre, buscador de antigüedades, y el alma de un poeta que (también) excava en las profundidades de la conciencia: el polvo de las excavaciones y el agua son conceptos centrales y simbólicos. Dos lados, distintos y complementarios[1], que ayudan a entender la figura del autor a través de sus múltiples yoes: la poética de un escritor que se redescubre a través de la palabra («El barro que traemos en las manos / nos dice quiénes fuimos en las sombras»), la de un «niño que bucea en los charcos», la de un adulto que aclara sus pasos a través del rastro distorsionado de la memoria. Somos noria y estanque, manantial y marea, charco y cloaca, cristal y conciencia, visión y olvido, sed y naufragio: los seres humanos son espejo del océano.

Desde las primeras líneas, el poeta, enfrentado voluntariamente a la verdad, se desnuda: «descubro que mi rostro /es igual que la máscara, /que jamás hubo sombra en los espejos / y que las cicatrices indelebles / son como las derrotas: / tan sólo una tramoya que sustenta / este escenario gris, / esta vida que es lo que parece». Su poética es directa e informal («mis poemas son más de andar por casa, /de mirar a los ojos y hablar de lo vivido») y sus versos ahondan en el pasado, en las pieles que se fueron desgastando, en los condicionales que no fueron futuro y en hermosos paisajes a lo que «nunca supe regresar».

Sus versos se unen bellamente a la nostalgia regalándonos palabras que arañan y acarician: léxico profundo e impactante, suave y demoledor a un tiempo, al igual que el agua. Las metáforas se mezclan con los recuerdos: emergen afanes e icebergs (vértices que «muestran la punta del desastre»), lo que somos y fuimos, lo que estamos siendo como reflejo de rostros sucesivos (nuestros yoes a través del tiempo): somos sueños ya inventados, gestos y mantras que «nos trasladan al oscuro vapor de la nostalgia».

En cada poema, nos aproximamos a la lectura de un multiverso que gira en torno a las múltiples semblanzas del agua. El ser humano, a su vez compuesto por el 60% de este elemento, nunca llegará a ser polvo tal y como nos ha ilustrado la cultura judeocristiana sino es y será «arena hecha diamante»: gracias al amor y al espíritu «somos eternos, invencibles como el agua».

A pesar de perdemos en los mapas absurdos del presente (y con grietas en los ojos), a pesar de la larga travesía y de las derrotas, la poesía nos acompañará en el camino: será alivio y símbolo de una lucha compartida entre lectores y poetas hasta que todos diremos… sí… «yo también me perdí en aquellos océanos, yo también naufragué en los mismos desiertos».

En definitiva, cinco capítulos, una treintena de poemas rotundos, cuidados en cada detalle[2]: ejercicios maravillosos que forjan un libro cuyo ritmo ágil y concienzudo recorre el mismo itinerario de un río que llega al mar.

AGUA Y OLVIDO

Eres agua que casi no recuerda
lo que fue justo antes de ser gota,
lluvia y vapor y sueño,
escarcha en las entrañas
o iceberg que nos muestra la punta del desastre.

Agua que vibra
en círculos concéntricos
cuando la piedra intenta
quebrar ese momento y esa lámina
en la que vemos a Narciso.

Has sido surco, acequia y rambla,
el cañón que se abre entre la roca
y el meandro indeciso que va y viene.

Gesto de paz –agua que no se niega
ni al peor enemigo–
pero también
el más feroz guerrero,
el que se traga ejércitos compactos
y acaba con imperios invencibles
y dioses que olvidaron aprender a nadar.

Embalse, noria y balneario,
diluvio, tromba, maremoto,
manantial que susurra en los jardines
y granizo que rompe cristales e ilusiones.
Compasión y crueldad en la misma moneda.

A veces sed, otras naufragio,
y un momento después
témpano y hielo,
río que nunca se repite
y no mira hacia atrás,
glaciar que atrapa y colecciona
reliquias del pasado que ya no tienen alma.

Grieta en la roca y desconcierto,
líquido pensamiento incontenible,
clepsidra que devora los minutos.

Fuiste vaso y cazuela,
redoma, cantimplora,
cafetera y pellejo,
e incluso el cuenco de las manos,
inmemorial, efímero y sencillo.

Y de nuevo serás, cuando te toque,
estanque y nieve,
charco, fuente, cloaca
y las gotas que empañan esa tarde de octubre
en que el verano empieza a desteñirse.

Eres agua.

Agua fuiste.

Serás agua.

Lo sabes desde siempre.

Lo sigues olvidando.

J. M. Barbot

J.M. Barbot, vallisoletano nacido en Burgos en 1976, se licenció en Historia, especialidad de Arqueología, en la Universidad de Valladolid. Su formación como arqueólogo incluye excavaciones en yacimientos emblemáticos como Tiermes, Pintia, Mérida o Jerusalén. Desde 1999 ha trabajado como arqueólogo en diversas empresas. En 2003 fijó su residencia en Madrid. En su faceta literaria, en el año 2000 ganó el I Certamen Provincial Poético Juvenil Ateneo de Valladolid con el poema ‘Insomnio del navegante’. Tras varios años apartado de la literatura, retomó su actividad en 2013 dando recitales poéticos en Madrid y Valladolid. Desde inicios de 2013 forma parte del grupo PoeKas. En 2014 fue seleccionado para participar en la antología Anónimos 2.2, editada dentro del festival Cosmopoética. Ese mismo año publicó su primer poemario, titulado “Ulises desconcertado” (Ediciones En Huida). En Lastura ha publicado el libro de cuentos “Cristales rotos”. En la primavera de 2019 ha publicado en esta editorial el poemario “Agua serás y lo olvidaste”.

Resumen biobibliográfico extraído desde la Web del editor: http://lastura.es/?page_id=256

[1]: Descubrí escuchando una vieja entrevista radiofónica que el autor no relaciona estos dos puntos en mi opinión tan cercanos, considerando que la poesía y la arqueología no tienen (o no tuvieron) conexión causal directa en la vida del autor. Quizá me equivoque…

[2] quiero destacar que incluso se tomó en cuenta la fecha de impresión de la obra que coincide con el nacimiento de Federico García Lorca.  Quizá sea solo una coincidencia, quizá sea la mano experta de Lidia López Miguel, la editora.

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