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FRANCISCO DELGADO-IRIBARREN CRUZ, «CIEN EPIGRAMAS DEL CONFINAMIENTO»

Aquel sillón de cuadros

Por: Inma J. Ferrero


Desde el ingenio y la sátira, con una gran precisión y agudeza Francisco Delgado-Iribarren Cruz nos hace respirar el aire puro de la esperanza a través de los epigramas que dan cuerpo y nombre a su libro “Cien epigramas del confinamiento” editado por la editorial Poesía eres tú.

 “Tenemos a un Salvador
al frente de Sanidad.
Qué lástima que su nombre
no sea una realidad”

En este poemario se aborda la temática del COVID-19, e invita al lector a través de la sátira a una profunda reflexión sobre el momento que estamos viviendo. A través de estos poemas breves el autor nos embarca en un viaje a través de su experiencia personal, nos habla sobre nuestra forma de vivir la pandemia, sobre los políticos, sobre la sociedad, sobre el CONFINAMIENTO en letras mayúsculas, y esto lo hace a través de un lenguaje sencillo y sin florituras, que haremos nuestro porque en el trasfondo de cada poema está nuestra propia vivencia, nuestra propia vida. Es importante señalar que la belleza de estos poemas recae en la utilización de recursos variados, fonéticos y léxicos, la estética también es palpable en la estructura y la ortografía, tan cuidada.  

 “A un hombre toledano
le multaron varias veces
por andar, pecera en mano,
“paseando” a sus peces”

El libro está formado por un soneto que comienza nuestro periplo y por cien epigramas, originariamente es una composición poética que consta de dos redondillas con rima independiente, en la que los versos son octosílabos, con rima  asonante o consonante. Aunque en todos ellos la métrica no es rigurosa, podemos decir que la rima se mantiene, ya que en la actualidad este tipo de estrofa puede tener más o menos versos, pero siempre manteniendo su brevedad a la hora de expresa un solo pensamiento festivo o satírico de forma ingeniosa, en lo cual el autor ha mostrado su gran destreza. “En un taxi el otro día / lo siento, es lo que hay, / me preguntó el taxista / -¿Tiene el virus? / -SÍ -, le dije. / – Pues cójase el Cabify” Como ya hemos señalado antes, es característico del epigrama su tono satírico, irónico e, incluso, sarcástico, lo que hace que su lectura sea amena, reflexiva y en muchos casos arranque de los labios del lector la sonrisa pícara que nos lleva al centro de la acción, pues este libro no es solo un poemario es también un libro que nos habla de la cotidianidad con la que estamos tratando la pandemia en España,  nuestros usos y costumbres, también es un libro crudo con rimas afiladas con las que sentiremos tal vez rabia o impotencia por el devenir de los días y el futuro que se nos muestra tan incierto, pero con ese filo de esperanza con que el autor marca el recorrido poético de esta su obra. Francisco Delgado-Iribarren muestra su gran maestría a la hora de escribir este tipo de composición, dejando un mensaje claro y conciso.

 “Cierto doctor, muy clarividente,
dio un consejo a la plebe:
“No cojáis el COVID-19,
porque pronto sacarán el 20””

La brevedad de los poemas hará que su lectura sea vertiginosa, hasta llegar al abismo en el que nos reconocemos y hacemos nuestro el verso, porque somos los protagonistas. El poeta nos habla en primera persona, creando un yo poético, un yo real y accesible al lector, al que habla directamente, acortando la distancia. Algunos poemas están escritos en tono de consejo, mostrando aquello en lo que está en desacuerdo.

 “Mis mejores compañeros:
inclinación a ser Vago,
algunos hobbies caseros
y plataformas de pago”

Cien Epigramas del Confinamiento de Francisco Delgado-Iribarren Cruz, es un canto a la reflexión, pero también a la esperanza; todos los poemas nos muestran tal como somos, tal como vivimos esta nueva realidad que nos ha cogido por sorpresa y que nos ha hecho descubrir que todos somos humanos con nuestros defectos y virtudes, que debemos aprender, en algunos casos, a ser más responsables y empáticos. Es este un hermoso libro que responde a esta sociedad en algunos casos tan fría e indolente, un libro necesario para los días que corren.


Cien Epigramas del Confinamiento

Autor: Francisco Delgado-Iribarren Cruz

Editorial : Poesia eres tu

ISBN-10 : 8417754652

ISBN-13 : 978-8417754655

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MIGUEL ÁNGEL CAÑADA: «EL POETA ES UN GRAN RADAR ABSORBENTE. UN POETA NO VA IMPASIBLE POR LA VIDA».

Por: Isabel Rezmo


Miguel Ángel Cañada

La poesía es un compromiso, entre el hombre en sí mismo, y con el mundo que le rodea. De esta relación surge un diálogo intenso, fecundo. Porque la palabra no es solo un compendio de emociones, sino todo una relación de voz, palabra, sentimientos, vida, necesidad, denuncia, y camino. Y eso es lo que representa el poeta que este mes Proverso quiere presentar a sus lectores.

Un poeta de Jaén y para Jaén. Porque lleva su tierra tan profundamente arraigada en sí; hablar con él es hablar de Jaén, de sus rincones, de su entorno, de su gente; hablar con él es hablar con un amigo, cercano, íntegro y verdadero.

Miguel Ángel Cañada nació en Jaén en 1965. Desde muy joven, formó parte del movimiento poético de su ciudad colaborando con asociaciones culturales e interviniendo en recitales y colaboraciones literarias y teatrales.
Miembro fundador del grupo literario giennense “Oliversando”, es coordinador de su tertulia.
Ha participado en multitud de antologías, colaborado con algunos libros aportando poesía, relatos, cuentos infantiles, así como en revistas, programas radiofónicos y blogs literarios.
Ha escrito e impartido dos conferencias ambas publicadas en la Revista Penélope
.

“Gloria Fuertes, poeta de guardia”“Zenobia Camprubí, luz en la sombra de un poeta”.
Es autor de algunas letras flamencas de la ciudad de Jaén escritas expresamente para la cantaora Carmen Gersol.
El próximo 28 de febrero, presentará junto a sus compañeros de Oliversando, una antología donde participa con poemas y textos en prosa. Un proyecto para la provincia de Jaén sin ánimo de lucro, cuya finalidad es que la poesía llegue a todas las bibliotecas, centros culturales, penitenciarios… con la finalidad de activar la cultura en nuestra tierra.
En 2018 publicó su Ópera Prima, un libro de poesía: “La Leyenda de Lexy” (Tarqus Editorial), libro nominado para el Premio Andalucía de la Crítica.
En 2020 gana el primer premio poesía Poeta Abendarrach de Cazalilla (Jaén).
En 2021 obtiene accésit en el I Certamen Cartas de Amor de Mar a Mar con “Cartas a Eva”

RP: ¿Qué significa poesía para ti?

MAC: Para mí la poesía es un terremoto que remueve sentimientos, un grito en el bosque, una espera en la ventana, una paloma entre bombas, un eslabón roto de cadenas. La poesía es la fuerza del universo, es el triunfo de la palabra sobre la tierra.

RP: ¿Crees que el poeta en la actualidad ha perdido autenticidad?

MAC. Creo que las redes han facilitado una expansión poética nunca vista, pero también una deformación del poeta con el todo vale, desvirtuando un poco o tal vez un mucho, la autenticidad del verdadero movimiento poético que tal vez pase por ello más desapercibido. Todo el que escribe poesía se cree poeta, el poeta no sólo escribe poemas, los vive; ahí está la autenticidad.    

RP: ¿Cómo te está afectando la pandemia generada por el COVID?

MAC: Al principio y creo que como a tantas personas creativas, me dejó en estado de shock inhibiendo la imaginación, la inspiración. Una vez aceptada la situación comenzó una resiliencia poética invirtiendo el pequeño vórtice que pudiera haber en mis ideas en una avalancha en la que en los últimos meses, con altibajos, he resarcido y con creces, el frenazo primigenio de la pandemia.   

RP: ¿Hemos aprendido algo de toda esta situación?

MAC: Tengo ideas encontradas. Parecía que la sociedad iba a cambiar para bien, como si la experiencia conjunta nos uniera a todos, absorbiera la utópica sociedad solidaria. Pero con el tiempo ha sido todo lo contrario, el COVID ha propiciado una distopía ya instalada en la sociedad, somos tan egoístas que no queremos ver más allá de nuestro ombligo. Somos unos insumisos de la situación, y esto, no ayuda a resolver el gran problema. El mundo sin solidaridad no tiene arreglo, estamos en una sociedad alienada cuyo rumbo nos puede llevar a una gran derrota. Espero que la poesía, la literatura, la cultura en general pueda construir una barrera de contención removiendo las masas encefálicas de muchos.  

RP: ¿Qué nos queda entonces?

MAC:  Nos queda la palabra, la belleza, el amor, la esperanza. Necesitamos educación, despertar a una sociedad dormida. La sociedad está mal encauzada y somos rebaños dirigidos por pequeñas marionetas (medios de comunicación, políticos, financieros) que a la vez cuelgan de hilos más altos y nos manejan a su antojo. Hay que cortar esos hilos. 

RP; ¿Es la incertidumbre lo que puede facilitar  la creación poética?

MAC: La incertidumbre ayuda al ingenio, pero el poder de observar y admirar, de sentir o resistir, el amor, la pérdida, todo en conjunto implica a la creación. 

RP: Como se ha ido forjando en ti tu propia voz poética?

MAC: Todo tiene etapas, te mueve el amor, te inspira la naturaleza, pero también te remueve la injusticia social. Todo ha ido cayendo dentro de una espiral, también el intimismo donde en los últimos meses se me ha hecho más constante. Al final todo esto se convierte en mí “yo” poético, con la ayuda siempre de la lectura. Para poder escribir hay que leer mucho y muy diverso. y esta lectura te invita a madurar en la poesía, a tomar conciencia de esa voz que tendremos que ir dejando plasmada en el folio y que nos hace únicos. 

RP: La naturaleza es también tu otra pasión. ¿Qué situación, lugar, experiencia ha significado algo especial para ti?

MAC: Nosotros somos naturaleza, sólo que se nos ha olvidado. Nos han hecho creer que somos el centro de todas las cosas, el animal racional que todo domina. Nos hemos apropiado de la tierra, del mar, del cielo. Somos el verdadero virus que destruye exterminándose así mismo, pero llevándose por delante todo lo que le rodea. Cuando subo a lo alto de una montaña, cuando veo un animal salvaje impasible a todo, cuando con mi cámara extraigo la belleza de una flor, cuando remojo mis pies entre el vaivén de las olas del mar, ahí me siento pequeñito, somos todos pequeñitos y tenemos que tomar conciencia de que la naturaleza puede vivir sin nosotros, nosotros no sin ella. Somos prescindibles y hay que tomar conciencia. 

Miguel Ángel Cañada, Rocío Biezma

RP: ¿Cómo se expresa, cómo siente  lo que nos rodea?¿Nos influye?

MAC: Primero de todo hay que tener un grado de sensibilidad. El poeta es un gran radar absorbente. Nos empapamos de toda situación y esto nos encauza a la expresión literaria. Si hay sensibilidad, a todos nos influye: lo bueno, lo malo, lo mediocre. Un poeta no va impasible por la vida.  

RP: ¿Cuál es el verso que más te ha llegado?

MAC: “Quiero escribir los versos más tristes esta noche” de Pablo Neruda, lo descubrí en mi adolescencia y me ha marcado para siempre, aunque todos los versos no sean tristes ni los escribas de noche. Después me llegaron otros muchos, pero con este verso me pasa como con el primer amor, nunca se olvida.  

RP: Después de la Leyenda de Lexy, esperamos algún proyecto nuevo?

MAC: La verdad es que tengo varios proyectos en el tintero. Tengo dos libros de poesía escritos en el cajón. Cuando los repaso nunca quedo contento y los retoco una y otra vez. Pienso que la única manera de dejarlos quietos es editándolos, pero la situación actual, social y personal me impide por ahora dar ese paso. Tal vez termine haciendo una selección entre los dos y los deje en uno, pero nunca estaré contento me he vuelto muy autoexigente. Por otra parte, he vuelto a escribir relato, alguno de ellos pendiente de resolución en concurso. 

También sigo con mi pasión por recopilar a los poetas de Jaén o que de alguna manera han pasado dejando huella por esta tierra. El Blog y la Página “Poetas de Jaén, poetas para Jaén”, me absorbe mucho tiempo, pero disfruto dando a conocer la poesía de ayer, de ahora, de los que intentan abrir camino, todo tiene cabida. 

RP:  Gracias por tu tiempo.

MAC: Mi tiempo, como el de todos, es lo más preciado, pero siempre es un placer compartirlo, si no, ¿para qué escribir si no es para dar nuestro tiempo en forma de verso? Gracias por darme cabida. Ha sido un estriptis personal vertiginoso que espero no desconcierte a nadie. 

Y si se me permite, me despido con un poema de Blas de Otero, puede definir una gran parte de esta entrevista. Gracias. 

EN EL PRINCIPIO

Si he perdido la vida, el tiempo, todo

lo que tiré, como un anillo, al agua,

si he perdido la voz en la maleza,

me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo

lo que era mío y resultó ser nada,

si he segado las sombras en silencio,

me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro

puro y terrible de mi patria,

si abrí los labios hasta desgarrármelos,

me queda la palabra.

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EL FENÓMENO POÉTICO

Por: Kepa Murua


El hombre ha necesitado dar mil vueltas sobre sí mismo para descubrir, después del eterno aburrimiento que depara la conclusión de las cosas más necias o los hechos repetidos, que la sociedad está presente y que, pese a la historia, no se ha movido tanto de sitio como parece. Digamos que el lugar es otro, pero que los problemas siguen siendo los mismos. Pocas veces somos conscientes de la fuerza premonitoria que tiene la palabra y la poesía lo hace desde dentro porque mira al hombre con total libertad, con sus carencias y atributos porque habla del individuo, porque habla de la dignidad del hombre en el caos de las ciudades sin ser la anarquía lo que retrata, porque reivindica la palabra y no es acción política lo que reivindica. Buscando al hombre con sus conflictos, buscando el entorno con sus dificultades, damos con la palabra a la espera de un entendimiento nuevo. Palabras que tampoco han cambiado tanto se descubren como nuevas porque se presentan desnudas en el instante que captura el poeta que intenta comprimir la realidad con todas sus consecuencias. En el mundo de los sentidos, cuando el mundo real y el imaginario se confunden y se reconoce el deseo por entender el devenir de la historia y la imposibilidad de abarcarlo todo, el poeta busca su propio conocimiento con sus errores al descubierto, con sus miserias y dudas, su memoria y recuerdo. El fenómeno poético es el valor de aquellas palabras que se atreven con el retrato del individuo y la respiración de los que apenas tienen voz, es el coraje de buscar a los otros en uno aun sabiéndose perdido, es la inevitable presencia en un mundo eternamente herido.

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MUJER, LA LITERATURA COMO ESCAPARATE

Por: Carmen García González


En este brevísimo recorrido por los personajes femeninos en literatura occidental; veremos como  a la mujer se le ha destacado por su belleza, por la falta de ella, su maldad (caso de hechiceras, brujas o mujeres de mal vivir), su accesibilidad o sus acciones.  

Desde Helena de Troya hasta Lisbeth Salander, (la protagonista de la exitosa trilogía sueca Millenium), los personajes femeninos en la literatura han evolucionado a la par que evolucionaba la sociedad.

En “La Ilíada” Troya cae por la belleza de Helena y en “La Odisea” Penélope espera sufriente , tejiendo un  interminable tapiz, a que regrese su esposo, el guerrero Ulises.

En las tragedias griegas, Clitmenestra o Medea, son los hechos de los hombres, los que convierten a estas mujeres en seres malignos y vengativos.

Cuando el cristianismo arrasa con el mundo clásico y lo que queda de él se refugia en los copistas de los monasterios, los personajes femeninos pierden categoría terrenal  y la mujer adquiere un  papel de musa y mito inalcanzable.

La doncella, la dama, es un ser etéreo para el amado. Los caballeros medievales llevan anudado en el brazo las cintas de la amada, por la cual se enfrentan a todo tipo de peligros, son las novelas de caballería, surgidas a la sombra de los grandes poemas épicos: “Tristán e Isolda”, “La canción de Roldan”, “La muerte del rey Arturo”, “El Cantar del Mío Cid”. En todos, ellas (Isolda, Ginebra, Jimena…) esperan a su amado caballero, sea su marido o no. No existe la mujer de clase baja, las campesinas no despiertan la pluma de los bardos, más allá de alguna pastora de belleza deseable por los nobles.

Pero volviendo a las damas deseadas, es Miguel de Cervantes con “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha” donde el autor satiriza a este tipo de musa, transformando a una aldeana de pueblo, Aldonza Lorenzo, en la amada inalcanzable de Don Quijote, Dulcinea del Toboso. Cervantes retrata todo tipo de personajes femeninos en su Quijote,  mujeres de carne y hueso, desde las más vulgares, las mozas de las ventas, hasta las de clase alta, como la Duquesa que juega con los sentimientos y las aspiraciones de los dos protagonistas.

Otro personaje tipo en la literatura es el de la mujer hechicera o bruja, adoradora del demonio, a la que casi siempre se la representa vieja, fea, contrahecha y muchas veces loca. Ahí tenemos sin ir más lejos, a estos personajes que sobre todo ha encumbrado el teatro: las brujas de “Macbeth” o   “Celestina”, alcahueta y mala persona que desata la tragedia de “Calisto y Melibea” nuestros «Romeo y Julieta» particulares.

   Con la llegada de la Ilustración y la Revolución Francesa comienza a cambiar, aunque muy lentamente, el papel de la mujer sobre todo en Europa. La mujer tiene más acceso a la cultura, y los editores se dan cuenta de que las nuevas burguesas, y  no solo las aristócratas, saben leer y les gustan las historias de mujeres: las heroínas ya no son meros objetos de deseo, a ellas también las mueven las pasiones.

Surgen las llamadas novelas góticas (“Mademoiselle de Marsán” de Charles Nodier), donde todo es emoción, sentimiento y tragedia.

El Romanticismo como corriente literaria está en su cénit. Desde Walter Scott con “Ivanhoe” hasta  Víctor Hugo con “Los Miserables” la mujer se transforma en protagonista de las tramas al lado de los hombres que ama y por los que lucha.

Ya entrados en el siglo XIX, escritoras como las hermanas Brönte, herederas de la escritora Jane Austen (cuyas novelas relatan magistralmente el mundo femenino en Inglaterra, donde las muchachas casaderas de clase alta son expuestas como ganado para que las escojan como esposas), convierten a sus protagonistas en  heroínas a medio camino entre el romanticismo y el realismo pragmático que se va imponiendo en la sociedad; como nos describen en sus novelas “Jane Eyre” y “Cumbres borrascosas” y “Agnes Grey”.

Toda corriente cultural es sustituida por otra totalmente contraria a la que reemplaza; de los supuestos del romanticismo, se pasa al realismo, y nacen precisamente las tres grandes novelas protagonizadas por mujeres del siglo XIX: “Madame Bovary”, “Ana Karenina” y “La Regenta”.  Tres mujeres marcadas en su destino por el amor, o más bien por la falta de él, y cuyo adulterio (el de las tres) termina trágicamente en muerte física o social, en el caso de La Regenta. Las tres novelas utilizan estos dramas para retratarnos de forma magistral las sociedades en las que viven sus protagonistas, asfixiadas por matrimonios desgraciados y castigadas por sus devaneos.

Con la llegada del siglo XX, los esquemas de la novela tradicional se rompen, ya no solo es principio,  nudo y desenlace. Nacen las vanguardias y el surrealismo, el mundo cambia y los autores experimentan nuevas formas de narrar.

    La mujer como personaje literario se va adaptando a estas nuevas fórmulas, surgen géneros distintos: la novela negra, la ciencia ficción, el género de terror (ya cultivado por Edgar Allan Poe o Bécquer), la novela fantástica, o la novela como propaganda política (“La madre” de Gorki). En todos ellas la mujer afronta un nuevo destino; ya no es la amada inalcanzable, ni la bruja, ni la burguesa ociosa, ni la heroína romántica. Ahora trabaja fuera de casa, gana un sueldo, es independiente, puede ser desde una asesina (aunque generalmente es una víctima en los cientos de novelas de género negro que se publican),  hasta una madre coraje que lucha por su pueblo y por sus hijos, fatal  devora-hombres, astronauta, prostituta (personaje muy querido también por el género negro) o presidenta de un país.

Pero si hay dos nombres de mujer que han traspasado la literatura para convertirse en iconos y dar pie a una forma de actuar y de ser en el universo sobre todo masculino, estos han sido los de Carmen y Lolita.

Carmen, la creación del escritor del  siglo XIX  Prosper  Mérimée, mujer de rompe y rasga,  libre para amar al que se le antoje, y cuyo destino es trágico precisamente por eso: por ser libre. Carmen una especie de “alter ego” femenino del don Juan, pero mientras que para don Juan, ser libre para sus seducciones no tiene ninguna importancia, para Carmen su libertad para escoger amores se traduce en su pecado.

Lolita, la niña protagonista de la novela de Nabokob, que da su nombre precisamente a este tipo de niña/adolescente que seduce a los hombres adultos; porque seduce ella, aunque acabe de dejar de jugar con muñecas. ¿No es paradójico?  ¿Cuántas Lolitas pueblan novelas escritas por hombres?

Volviendo al principio, en la saga Millenium el personaje de Lisbeth Salander, nos muestra  un nuevo tipo femenino en la literatura: libre, violento, arriesgado, complicado, una hacker superdotada, que no concuerda muy bien con el concepto de lo femenino, pero en el que  se ven reflejadas muchas chicas de hoy.

Es curioso que ha surgido una literatura escrita para mujeres y por mujeres  “erótico/festiva”, con un pie en la pornografía y que tiene hoy en día una gran demanda. No es otra cosa que las mal llamadas novelas románticas a las que ahora se les añade sexo más o menos explícito, y aunque no deja de ser una anécdota cuenta con millones de lectoras. Quizás heredera de aquellas otras novelas eróticas convertidas en clásicos, aunque no eran de más nivel que estas, pero cuyos lectores eran hombres generalmente como “Fanny Hill” (escrita en el siglo XVIII)

La escritora Laura Freixas,  en una de sus muchas conferencias asegura que se le ha dado poca importancia a la relación materno-filial en las distintas ficciones. Sin embargo, tenemos casos últimamente de novelas donde la importancia de esta relación se hace evidente, la escritora norteamericana de origen chino Amy Tan, basa precisamente en estas relaciones el argumento de casi todas sus novelas.

Les propongo un juego (a las mujeres, aunque los hombres también podrían hacerlo, pero en su género), búsquense en algunos de los personajes femeninos que retrata con maestría  la novela más representativa del realismo fantástico sudamericano: “Cien años de soledad” de García Márquez, seguro que encuentran alguno a su medida.

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TRINCA, ALGO MÁS QUE UNA REVISTA JUVENIL

Por: Tomás Sánchez Rubio


El domingo 1 de noviembre de 1970, con una tirada de setenta mil ejemplares y cincuenta y dos páginas a todo color, aparecía en los quioscos de todo el país la revista Trinca. Su periodicidad sería quincenal y el precio, 25 pesetas.

Trinca nacía en el seno de la editorial madrileña Doncel, creada por la Delegación Nacional de la Juventud de Jesús López-Cancio, en el año 1959. Al frente de la casa se encontraba Jaime Suárez Álvarez. Desde su nacimiento, Doncel había llevado a cabo una prolífica labor de publicación: aparte de los renovados libros de texto “oficiales” —no podía ser de otra manera— para la asignatura de Formación del Espíritu Nacional, se destacó por la edición no solo de narrativa, teatro y poesía, sino también de estudios sobre la literatura juvenil, como El arte de la historieta, de Juan Antonio de Laiglesia; o La prensa infantil en España, del dominico Jesús María Vázquez. De enorme éxito en la época resultó su colección La ballena alegre. Con el tiempo Doncel consolidaría  su presencia en el mercado exterior —con una participación destacada en ferias y exposiciones internacionales—, principalmente iberoamericano.

La revista conoció tres directores durante su singladura de otros tantos años en el panorama gráfico español:Isidoro V. Carvajal Baños, Alfonso Lindo Rodríguez y el periodista de prensa y radio Antonio Casado Alonso. Parece ser que la idea de crear  Trinca partió de los gerentes de Doncel Carlos González Vélez y Juan Van-Halen Acedo, poeta y académico. Se reconocía como su modelo la publicación francesa Pilote, revista de historietas fundada por René Goscinny en octubre de 1959. Corría la edición de esta a cargo de la casa Dargaud, fundada en 1936 e introductora en el país vecino de la serie belga Les aventures de Tintin et Milou. De aparición semanal en su origen y mensual a partir de 1974, Pilote dejaría de publicarse en 1989. Allí verían la luz por primera vez los ya clásicos Astérix, El teniente Blueberry, Lucky Luke o el “agente espaciotemporal” Valérian. Por mi parte, querría aprovechar para recordar, con sincera emoción, el trabajo, dentro y fuera de Pilote, de la historietista de dilatada y reconocida trayectoria Claire Bretecher —fallecida justamente en febrero del pasado año—,  cofundadora de L´Écho des savanes; pionera del cómic de carácter crítico y social, su serie “Les frustrés” se publicaría en España en las páginas de la revista Totem durante 1977.

Sea como fuere, es preciso señalar que la revista Trinca ofrecía un nuevo estilo de prensa juvenil no conocido en nuestro país hasta entonces. Si buscamos en el Diccionario de la Real Academia (DRAE) el significado del término “trinca”, encontramos como tercera acepción: “grupo o pandilla reducida de amigos”. Sin duda, esta palabra hacía referencia a los protagonistas de una serie que aparecía en la página 4 del primer número: las divertidas aventuras de varios amigos y amigas adolescentes, obra del dibujante José García Pizarro y con guion de Antonio Arias, conocidos ambos por haber trabajado juntos en las populares Aventuras del FBI. Sin embargo, ese nombre pudiera también hacer alusión a esa concepción más  desenfadada, no sé si “más libre”, de las relaciones entre los jóvenes a finales de los 60 y principios de los 70: empezaba a pasar la época de exaltación de la camaradería entre la juventud española, fruto del perpetuo recuerdo de una guerra civil desconocida para los menores de treinta años. Se hacía precisa una renovación en el lenguaje y en las formas de expresión y de creación. Trinca, indiscutiblemente, debe considerarse hija de su época: vinculada a una editorial católica y afín al gobierno, nació en la última etapa de la dictadura, en una fase de intento de modernización del Régimen en busca de su inserción en  esa  Europa descolonizadora, del Mercado Común y principios liberales, a quien miraba con desconfianza pero con anhelo a la vez. Por tanto —o sin embargo—, Trinca se convirtió en una puerta abierta, no solamente a nuevas inquietudes sociales, sino también  a una creatividad que tanteaba nuevos caminos. Unía a profesionales de la historieta de diferentes escuelas y diverso recorrido: unos comenzaban entonces; otros gozaban ya de una dilatada carrera en el mundo gráfico. Así ocurría, por ejemplo, con el pintor e historietista Antonio Hernández Palacios (1921-2000), anteriormente dedicado al mundo de la publicidad, creador de las aventuras del personaje de la portada del primer número de la revista: Manos Kelly, magistral obra de madurez, que, en palabras del investigador y crítico Javier Coma, “se elevaría por encima de otros westerns de su tiempo gracias a un riguroso esfuerzo de documentación y a su valor poético”. Junto a él, nos encontramos a un joven Miguel Calatayud (n. 1942), con un estilo rompedor y personalísimo por su elegancia y exhuberancia cromática, que realizaría las populares series Peter Petrake o Los doce trabajos de Hércules. En mi memoria se encuentra el número extra de Navidad de 1972, donde Calatayud hizo que me acercara, quizá por vez primera, al universo de Edgar Allan Poe con su magistral versión ilustrada de La máscara de la muerte roja.

La singular pareja artística Ventura & Nieto —Enrique Ventura (1946), dibujante; Miguel Ángel Nieto (1947-1995), guionista— conocieron muy pronto el éxito en Trinca; primero con una serie de parodias en blanco y negro (¡Es que van como locos!), y luego con una inacabable historia surrealista y caótica (Maremagnum), donde Groucho Marx se codeaba con John Wayne, el Príncipe Valiente o Flash Gordon. Posteriormente a esta etapa, trabajarían para las revistas satíricas El Papus o El jueves.

Entre el magnífico elenco de artistas que trabajaron en la revista, merece mención especial el veterano dibujante Adolfo Buylla (1927-1998), creador del “explorador galáctico” Yago Veloz, que se inicia en el número 23 hasta la casi desaparición de Trinca,  en el número 62. Adolfo Álvarez-Buylla Aguelo fue hijo de un diplomático asturiano represaliado y residió varios años en Colombia y México. Tras su regreso a España en 1948, triunfó en los años 50 con el popular héroe futurista Diego Valor, inspirado en la serie inglesa Dan Dare, primero en colaboración con Bayo y más tarde en solitario. Asimismo, trabajó para Bruguera en El Capitán Trueno. Con Yago Veloz, Buylla no solo parodiará el nombre de Diego Valor, sino que construirá una caricatura del prototipo del aventurero “sideral” por excelencia, Flash Gordon. Artista con proyección internacional, posteriormente trabajó sobre todo para los mercados estadounidense y británico.

Una de las obras más notables del siempre admirable Oscar Wilde es El fantasma de Canterville, y fue Juan Arranz (n.1932) el historietista cuya adaptación en las páginas de la revista me hizo conocer el relato del genio irlandés. A partir del año 1970 no solo publicó esta versión ilustrada en Trinca, sino también las de El libro de la selva, de Rudyard Kipling, y Robinson Crusoe, de Daniel Defoe. Arranz había iniciado su carrera en la agencia Selecciones Ilustradas hacia 1955. Antes y después de Trinca trabajó en Francia con publicaciones célebres como Quatre-Vingt-Seize. En el número 8, publicado en febrero de 1971, otro “grande” del panorama gráfico nacional, Carlos Giménez (n. 1941), artista precoz, tradicionalmente adscrito al conocido como Grupo de La Floresta,  rendiría homenaje al escritor sevillano Gustavo Adolfo Bécquer con una versión ilustrada de “El Miserere”, original, intensa y de impecable factura.

Otros personajes y series entrañables serían, entre muchos otros, “Los guerrilleros” de Bernet Toledano, o los aguerridos luchadores intemporales “Haxtur” (Víctor de la Fuente) o “Kronan” (Jaime Brocal)

Cabe destacar en Trinca, desde sus orígenes, una enorme variedad de secciones y contenidos, así como un alto nivel de “interacción” con sus lectores. Junto a reseñas cinematográficas —la primera dedicada a Hello Dolly, ganadora de tres óscars en 1969—, se daban cita concursos, tests —“¿Sabes dominarte?…”—, reportajes sobre cuestiones de actualidad —“El accidente de Steve McQueen…”— y sobre temas históricos; coleccionables, páginas dedicadas a la música —“Diez que sí y diez que no”—  y al arte de todos los tiempos, así como pasatiempos o entrevistas. Ante el nuevo curso escolar, en el primer número se detallaba “el nuevo plan de estudios”, reforma planteada por el Ministerio de Educación y Ciencia del XII Gobierno de Franco, encabezado por José Luis Villar Palasí, y que establecía la enseñanza obligatoria hasta los catorce años, con una Educación General Básica estructurada en dos etapas, un Bachillerato Unificado Polivalente de tres años, y un Curso de Orientación Universitaria… Acompañaban al citado reportaje las palabras de José María Otero Navascués, militar y físico especializado en óptica, presidente de la Junta de Energía Nuclear desde 1958; Gerardo Diego, reconocido poeta perteneciente a la Generación del 27, y un joven Tomás Marco Aragón, compositor y ensayista, que había sido Premio Nacional de Música en 1969. Los tres hablaban de sus años como estudiantes, de su vocación y de la carrera emprendida para alcanzar los objetivos marcados.

El último número de Trinca, el 65,tenía fecha del 1 de julio de 1973, domingo —como siempre—. Tras haber ganado el Aro de Oro en 1972 y 1973 a la mejor revista juvenil, seguía costando 25 pesetas. Su portada estaba dedicada a la conquista del espacio… Quizá fuera algún tipo de metáfora.

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LA MUJER EN LA LITERATURA DE LOS SIGLOS XVI al XVII

El Atelier

Por: Inma J. Ferrero


El llamado “Siglo de Oro” tiene unos límites algo imprecisos (no todos los críticos aceptan este término ni las fechas que engloba), pero suele fecharse desde mediados del siglo XVI hasta casi finales del siglo XVII; es decir, incluiría parte del Renacimiento y parte del Barroco. El contraste entre estos dos siglos, el Renacimiento en el XVI (época de profundas transformaciones políticas, sociales y culturales) y el Barroco en el XVII (época de convulsiones, marcada por una fuerte visión pesimista de la vida) es evidente en la literatura nacida en este periodo.

Al hablar de la literatura castellana en los siglos XVI y XVII en seguida nos vienen a la mente nombres como Garcilaso de la Vega, Fray Luis de León, Góngora, Quevedo y Lope de Vega; pertenecientes todos ellos a la generación de Oro de la literatura española. Sin pararnos a pensar por un momento en la figura de la mujer dentro del mundo de la escritura, de su figura no como musa inspiradora de poemas, como objeto literario (personaje), sino como fuente de creación esta.

La eclosión, en el momento actual, de una literatura escrita por mujer, ha hecho que se vuelvan los ojos hacia aquellas escritoras que fueron pioneras en su arte. Así, no son ajenos a nadie los nombres de Safo y Erina, y empiezan a conocerse los de las trobadoresas, como el de Beatriz de Día, y los de los de algunas poetas arabigoandaluzas. Entre estas poetas podemos citar nombres como:

Wallada bint al-Mustakfi (994-1091)

Hija de uno de los últimos califas que vivió en el siglo X, la princesa Wallada es una de las escritoras importantes de Al-Ándalus que habló sobre su relación secreta con el poeta Ibn Zaydún y sus palabras están llenas de fuerza. En sus poemas, además de amor, hay celos, dolor, reproche y sátira.

Lubna de Córdoba (-984)

Esta escritora española se crió entre los muros del palacio del sultán Abderramán III, en Medina Azahara. Fue una intelectual andaluza del siglo X, nacida esclava y de origen cristiano. Experta en gramática y matemáticas, escribió poesía, fue responsable de la biblioteca real de Córdoba y secretaria del califa Alhakén II. La historiografía árabe afirma que Lubna trabajó también como traductora, escribiente, experta en adquisiciones para la biblioteca real y matemática.

Las trobairitz

En la Edad Media también hubo trovadoras y escritoras importantes, las trobairitz, mujeres de clases nobles que escribieron y transmitieron sus poemas, principalmente de amor, y que se movieron en la Provenza francesa y en Cataluña. Aunque la mayoría de las obras de las que hay constancia son de escritoras francesas, algunos expertos destacan a la gallega María la Balteira, que acompañaba al ejército cantando y bailando.

Leonor López de Córdoba y Carrillo (1362/1363-1430)

Natural de Calatayud y fallecida en Córdoba, su producción literaria está basada en sus Memorias, elaboradas ante un notario público, unas de las primeras autobiografías en lengua castellana. La importancia de este documento para las escritoras españolas es en gran parte histórica, ya que fue consejera de la reina Catalina de Lancáster durante la regencia de su hijo Juan II de Castilla.

Isabel de Villena (1430-1490)

Es la escritora más importante hispánica medieval de obra conservada por su amplitud y talla intelectual. Defendió la dignidad del género femenino. Nacida en Valencia en 1430, fue una escritora y religiosa que vivió en la corte de María de Castilla. La única obra que se ha conservado de su autoría es Vita Christi, edición de Aldonça de Montsoriu, abadesa que la sustituyó en el convento de las clarisas de Valencia. Hay algunas referencias a varios tratados y una obra mística, el Speculum Animae.

A este punto, es importante señalar que en nuestra tierra, la mujer escribía desde el momento en que se pasó del empleo del latín al romance, aunque esta labor fuera mal vista y ocultada bajo seudónimo por aquellas que se atrevían a desempeñar esta labor, reservada únicamente a los hombres. Partamos de ahí. Con todo, no fue fácil. María de Zayas se dirige a los hombres que les dan “por espadas ruecas y por libros almohadillas”, que “nos negáis armas y letras”. Más allá de momentos puntuales (el Japón de Shikibu, la Grecia de Safo, la Provenza del siglo X o el Al-Andalus de las poetas árabes), la creación femenina ha seguido un camino complicado, un camino repleto de obstáculos y de lucha. En la época que va del XV al XVII podemos nombrar a cuarenta y tres “poetisas”. De Florencia Pinar hasta Sor Juana Inés de la Cruz. Algunas son muy conocidas, como la santa Teresa de Jesús, María de Zayas y Sotomayor, sor Ana de Jesús (destinataria del Cántico espiritual) y Antonia de Nevares, hermana del último amor de Lope de Vega, padre de sor Marcela de San Félix, autora de El jardín del convento. Y además del “Fénix de México”, hay una lisboeta: Violante Do Ceo; una peruana: Amarilis, y una napolitana: Luisa Manrique.

El oficio de escritora no estaba muy identificado con el papel de la mujer en la época. Sin embargo, hubo un personaje masculino que defendió en este sentido a la mujer, propugnando que las mujeres tenían que aprender a leer, eso sí, para conocer mejor los libros eclesiásticos y sagrados y, por supuesto, sin olvidar nunca sus obligaciones domésticas. Hablamos del humanista Juan Luis Vives. Poco después, Fran Luis de León también abogaría por la necesidad de que la mujer aprendiera a leer. En su obra La perfecta casada, así lo expresa, aunque no opina lo mismo con respecto a la escritura.

Beatriz Galindo «La latina» (1465-1534)

Entre las mujeres escritoras, conocida como «La latina» perteneció a la nobleza del entorno de los Reyes Católicos y conversó en latín con la reina, con quien mantuvo una intensa amistad. Influenciada por el ambiente de estudios de su ciudad natal, Salamanca, fue una mujer culta, dominadora de los textos clásicos a los 16 años. Se le atribuyen el Estudio, notas y comentarios sobre Aristóteles, junto a algunos poemas y cartas en latín.

Florencia Pinar (1470-1530)

Aunque se desconocen algunos datos biográficos de esta escritora española como su lugar de nacimiento, de Florencia Pinar se sabe que fue dama de la corte de Isabel I y primera mujer en participar en justas poéticas. Fue incluida en el Cancionero General y se le atribuyen seis canciones.

Sor María de Santo Domingo (1480/86-1524)

Si bien otras escritoras importantes de la época pertenecían a la nobleza, en el caso de Sor María de Santo Domingo o beata de Piedrahita fue hija de labriegos y campesina hasta que tomó los hábitos, estando primero en Piedrahita y después en Ávila. No llegó a escribir, pero utilizó el dictado para transmitir sus experiencias místicas a través de El Libro de la Oración y Las revelaciones.

Leonor Centellas Marquesa de Cotrone (S. XV)

Junto a Florencia del Pinar, Leonor Centellas es la otra mujer escritora en el Cancionero General. Hay constancia de que en las fiestas de coronación de los Reyes Católicos en 1475 en Valladolid sacó una invención basada en fuegos bordados en la manga de su vestido junto a unos versos que decían «Mi hazer ansí me conviene/contenta con lo que fuere».

Beatriz Bernal (1501/1504 – 1562/1586)

Después de tener muestras de literatura femenina fundamentalmente en verso y en torno a experiencias personales, la vallisoletana Beatriz Bernal publicó en 1545 la primera novela escrita por una mujer, en concreto, una novela de caballerías llamada Cristalián de España. En la primera edición figuraba como autora una «señora natural de la noble y más leal villa de Valladolid», aunque posteriormente se conocería el nombre tras la reimpresión encargada por su hija, una curiosidad más que nubló el conocimiento en su época de otra de las mujeres escritoras españolas.

Oliva Sabuco (1562-1622)

Considerada escritora española del Renacimiento, nació en Alcaraz (Albacete) y compuso la Nueva Filosofía de la naturaleza del hombre, no conocida ni alcanzada de los grandes filósofos antiguos, la cual mejora la vida y salud humana. Es un tratado sobre filosofía y salud donde, entre otros contenidos, hablaba del tratamiento para la peste. Por esta obra se ganó muchos halagos de la época e incluso Lope de Vega la llamó la «décima musa».

Sor Juana Inés de la Cruz (1648-1695)

Juana Inés de Asbaje Ramírez de Santillana​, ​ más conocida como sor Juana Inés de la Cruz, fue una religiosa jerónima y escritora novohispana, exponente del Siglo de Oro de la literatura en español. Considerada por muchos como la décima musa, cultivó la lírica, el auto sacramental y el teatro, así como la prosa.

Cristobalina Fernández de Alarcón (1576-1646)

Autora natural de Antequera (Málaga) que se codeó con los mejores poetas andaluces de la época e incluso se impuso en algunas justas poéticas. Fue incluida en la antología Flores de poetas ilustres junto a autores como Góngora, Quevedo o Lope de Vega. Su principal temática fue religiosa, aunque escribió una bella canción de amor de estilo petrarquista.

Ana Caro Mallén de Soto (1590-1646)

Continuamos en el Siglo de Oro con otra autora andaluza, en principio sevillana, aunque este aspecto no está totalmente claro. Se le conocen cuatro relaciones de poemas impresos, algunas décimas a personas relevantes y las obras de teatro El conde partinuplés y Valor, agravio y mujer, comedia famosa en la época. Se le considera la primera dramaturga profesional.

Ana Caro Mallén de Soto (1590-1646)

Continuamos en el Siglo de Oro con otra autora andaluza, en principio sevillana, aunque este aspecto no está totalmente claro. Se le conocen cuatro relaciones de poemas impresos, algunas décimas a personas relevantes y las obras de teatro El conde partinuplés y Valor, agravio y mujer, comedia famosa en la época. Se le considera la primera dramaturga profesional.

María Zayas y Sotomayor (1590-¿1661?)

Natural de Madrid, fue una mujer que vivió en diferentes ciudades por pertenecer a familia de militares. En literatura destacó por la escritura de novelas amorosas de ambiente cortesano, en algunos casos plagiadas por su marido. Escribió además una comedia y se acerca en ocasiones a la picaresca. Sus principales obras son Novelas amorosas y ejemplaresDesengaños y La traición en la amistad.

Santa Teresa de Jesús (1515-1582)

Fundadora de la Orden de Carmelitas Descalzos —rama de la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo—, mística y escritora española. También es conocida simplemente como santa Teresa de Ávila. Su nombre secular fue Teresa Sánchez de Cepeda Dávila y Ahumada.

Antonia de Navares ()

En realidad de ella se sabe muy poco, solo que fue la hermana de la amante de Lope de Vega.

Sor Marcela de San Félix (1605-1687)

Hija de Lope de Vega y de la actriz Micaela de Luján, pasó a ser religiosa con 16 años bajo la denominación de Sor Marcela de San Félix. Escribió mucho más de lo que se ha conservado en cinco volúmenes y una autobiografía espiritual que fue quemada junto a cuatro volúmenes. Se conservan veintidós romances, dos seguidillas, ocho loas, una endecha, una lira, un villancico y seis obras teatrales.

Juliana Morell (1594-1653)

Fue descendiente de judíos conversos. Estamos ante una poeta con grandes conocimientos clásicos y de distintos idiomas a una edad muy joven. Defendió una tesis sobre Margarita de Austria en 1608 con 14 años y sus obras principales son traducciones de textos eclesiásticos.

Marcela del Carpio, Sor Marcela de San Félix (1605-1687)

Hija de Lope de Vega y de la actriz Micaela de Luján, pasó a ser religiosa con 16 años bajo la denominación de Sor Marcela de San Félix. Escribió mucho más de lo que se ha conservado en cinco volúmenes y una autobiografía espiritual que fue quemada junto a cuatro volúmenes. Se conservan veintidós romances, dos seguidillas, ocho loas, una endecha, una lira, un villancico y seis obras teatrales.

Violante Do Ceo (1693-?)

Violante del Cielo, nacida como Violante de Ávila da Silveira Montesinos, fue una religiosa dominica y escritora en lengua portuguesa y castellana.

Amarilis ()

Amarilis fue, al parecer, una poetisa anónima peruana de finales del siglo XVI. Se cree que nació en Huánuco. No se sabe a ciencia cierta si fue hombre o mujer, aunque se cree que fue mujer por la lectura del único poema.

Luisa de Manrique (1649-1721)

María Luisa Manrique de Lara y Gonzaga fue virreina de Nueva España de 1680 a 1686 junto con su esposo Tomás de la Cerda y Aragón, III Marqués de la Laguna de Camero Viejo.​ Ella, además, era princesa de la casa de Mantua Gonzaga-Guastalla y XI condesa de Paredes de Nava.​

La variedad formal es notable dentro de la producción literaria de estas valientes mujeres que se atrevieron a ir más allá de lo que su género permitía en aquellos siglos. Así encontramos sonetos, octavas, romances, villancicos, letrillas, madrigales, sátiras, liras, décimas… Más allá de las obras indiscutibles (la de la santa de Ávila o la magistral de sor Juana Inés de la Cruz), destacaría la “Epístola a Belardo”, de Amarilis; el soneto “Al marqués de San Felice”, de Euterpe o el primero de Leonor de la Cueva; los poemas de las extremeñas Luisa de Carvajal y Catalina Clara Ramírez de Guzmán; y el “Himno en desprecio del mundo”, de sor Hipólita de Jesús.

Para terminar, quisiera señalar que durante este periodo, podemos vislumbrar un discurso literario en el que la mujer da testimonio a través de la literatura, de su “yo” creador, y esto lo hace a través de la experiencia propia, busca unas señas de identidad para, además de estar existir, se consiga ser, comenzar a ser, fuera del yugo de la sombra masculina. Las escritoras, poetas de ahora deberíamos estar agradecidas a estas mujeres que constituyen la semilla de lo que somos, sin olvidarnos de seguir luchando por todo aquello que llegaremos a ser, pues en algunas circunstancias aún se nos “menosprecia” y no se nos da el lugar que nos corresponde.

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PAQUI AQUINO PÉREZ: «LA POESÍA ES UN ENCUENTRO CON UNO MISMO Y CON EL MUNDO, ES LA QUE ME MANTIENE UNIDA A LOS RECUERDOS».

Por: Isabel Rezmo


SOLEDAD
En ti estás todo, mar, y sin embargo,¡qué sin ti estás, qué sólo,qué lejos, siempre, de ti mismo!
Abierto en mil heridas, cada instante,cual mi frente,tus olas van como mis pensamientos,y vienen, van y vienen,besándose, apartándose,con un eterno conocerse,mar, y desconocerse.
Eres tú, y no lo sabes,tu corazón te late y no lo siente…¡Qué plenitud de soledad, mar sólo!
Diario de un poeta recién casado Juan Ramón Jiménez

El mar tiene esas connotaciones que nos proporciona serenidad, calma, introspección. Su sonido es gratitud, es lucha, es fuerza. Y con él, viene además el sonido de la poesía de tantos poetas como Juan Ramón Jiménez. Y hoy hemos querido traer desde Huelva el sonido del poema, de la vida, de sus inclemencias en la voz y la entrevista con Paqui Aquino.

Mujer, poeta:

Paqui Aquino Pérez, 1948.
Nací cuando estaba amaneciendo en San Juan del Puerto un pueblo de la provincia de Huelva, se asomaba el astro Piscis comenzando a brillar en el firmamento.

Escribo para expresar mis sentimientos, llevándome a un mundo irreal donde me transformo en aprendiz de poeta.
Quiero dejar en mis versos mis huellas y busco en la poesía mi alimento.
Desde niña soy amante de los libros y ahora soy mujer y sigo amando las palabras, llegando a cambiar mi diario personal por mi agenda cultural. Comencé mi actividad literaria a partir de 2000-2001 cuando funde la Tertulia Literaria «Nuevo Horizonte» de Huelva, pasando a constituirse en el 2007 en Asociación Cultural de Mujeres, soy la presidenta desde su fundación hasta hoy, en 2008 funde la Asociación Fahrenheit 451 las personas libros de Huelva, para fomentar la poesía a través de la palabra compartida y es desde este espacio cultural donde fomento y desarrollo mi pasión por la literatura y el voluntariado cultural.

Forma parte de la Plataforma “Poetas de Huelva por la Paz” desde su fundación y de la Asociación Cultural de “Poetas del Atlántico”.
He participado en los siguientes encuentros: Burros Verdes, Moguer Huelva, Encuentros Poéticos Teatro Romano de Itálica, Úbeda III y IV Encuentro Internacional de Poesía, Poetas Andaluces, árabes y portugueses con Miguel Hernández. Antología del II Y III Encuentro en Rosal de la Frontera, Festival Internacional de Poesía y Arte Grito de Mujer Moguer, Huelva y Castro Marín, Portugal. Encuentro Internacional de Editores Independientes, “Edita” Punta Umbría, Huelva…
Tengo más de 20 antologías publicadas, algunas en colaboración con la Tertulia Literaria “Nuevo Horizonte” y otras… destacando las siguientes: Poemas y relatos (2001), Las Otras Mujeres (2003), Habitaciones Propias (2006), Palabras de Mujeres Onubenses (2008), Alquimistas de Sueños (2014). Lazos Unidos, Libro solidario de igualdad de género (2016), Poetas de Huelva por la Paz (2016), Huelva es Verso (2017).
Las Mil y una noches del 1900 (2017), Confinamientos de Versos (2020), antología solidaria, Se abre el Telón y Con letra de Mujer, publicados por la asociación de Jardín de Judith ediciones, Antología 20 Ver-S.O.S. una producción de Atreverse yo tu prójimo…
Accésit al poema “La otra orilla” en el XIII concurso Nacional de poesía de Barcelona. (2009)
Colaboración desde el 2001 en la Revista de las Fiestas Patronales de San Juan Bautista, San Juan del Puerto (Huelva)

He colaborado en el disco del cantautor Nicolás Capelo “Palabra de Mujer”, con la letra de la canción “A mis nietas” (2015).
Poema “Réquiem a Antonio Perejil Delai”, musicado y cantado por Alonso Pérez en el homenaje celebrado en Nerva en marzo de 2020 y publicado en la revista “nervenses”.

En el 2018 público en solitario mi libro de poemas: Autorretrato: Por el amor y por la vida.

RP ¿Cuándo nace en ti la necesidad de escribir?

PA: Escribir es expresar mis sentimientos, desde niña ha sido una necesidad para mí, escribía en mi diario y leía todo lo que cogía en mis manos: periódicos, tebeos de hadas, y ya un poquito más mayor me incline por la poesía, comenzando a leer a Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado Alejandra Pizarnik, Virginia Wolff, incluso forre mi cuarto con algunos poemas de Mario Benedetti. Hoy con mi nueva forma de pasear por la vida, con la prisa justa, entregando todos mis sentidos al placer de la poesía y a todas mis emociones, a mis versos tranquilos en esta nueva etapa de mi vida.

RP: ¿Qué lugar ocupa la poesía en tu día a día?

PA: La poesía para mí es una aliada, es una forma de vivir, es la que me ayuda y está a mi lado todos los días para ayudarme a pasar los baches que me voy encontrando por la vida. Ella me mantiene la ilusión para seguir viviendo.

RP: ¿La poesía es un “encuentro”?

PA: Sí, creo que es un encuentro conmigo misma y con el mundo, es la que me mantiene unida a los recuerdos, llevándome hasta el papel en blanco y desnudarme de todos los sentimientos guardados en mi corazón desde siempre, la poesía hoy para mí es tan necesaria que no concibo vivir sin ella.

RP: Aunque la pregunta suene a tópico, ¿crees que la poesía puede (o debe) cambiar el mundo?

PA: Creo que la poesía puede cambiar el mundo, como digo en mi frase para los poetas de la paz: “la paz es un objetivo, un camino que no tiene fin ni fronteras” y la palabra hecha poesía casi siempre conmueve al que la lee, es el objetivo de los poetas de Huelva por la paz, denunciar y reivindicar para que la poesía pueda parar una bala y ojalá se consiga algún día.

RP: ¿Qué autores te han influido más?

PA: Son varios los escritores/as que me han influido, leo mucho a Miguel Hernández, Bécquer, José Manuel de Lara, Me gusta mucho la poesía más actual como la de Isabel Rezmo y la de otras autoras de la generación del 27 y también la novela me atrae y leo mucho a Isabel Allende, María Dueñas… Pertenezco a dos clubes de lectura y se lee de todo, desde Edgar Allan Poe hasta Julio Llamazares y en el otro es todo lectura femenina. Todos los temas me gustan, a veces unos más que otros.

RP. Elige un verso que te haya marcado especialmente

PA: «Caminante no hay camino, se hace camino al andar» este verso de Antonio Machado me lo aplico mucho, la vida es un camino continuo que cada día es diferente y lleva por senderos inesperados y hay que salir al encuentro de momentos y días buenos y otros regulares.

RP: ¿Qué supuso para ti escribir Autorretrato?
PA: Supuso un ante y un después en mi vida de “poeta” publicar
Autorretrato: por el amor y por la vida, fue un cambio y una
responsabilidad, había participado en más de veinte antologías en todo este tiempo, pero un poemario solo mío me parecía una utopía, el día que me lo propusieron yo me eche a reír, lo veía imposible, pero aquí está y estoy muy contenta, habla de mí, de mi vida, de mis inquietudes con la sociedad y hay poemas, amor, mi niñez, mi pueblo San Juan del Puerto, de Paz para denunciar, la guerra, la contaminación, las injusticias hacía la mujer…

RP: Perteneces a varios grupos poéticos. La pandemia ha traído la inactividad, el pasotismo o cuanto menos una actividad cultural más reducida, ¿crees que en el futuro será así? ¿Cómo ves toda esta situación generada por la pandemia?

PA: La pandemia le ha dado un gran golpe a la cultura, este tiempo de inactividad cultural en todos los ámbitos la ha dejado muy malherida, de hecho es el sector más castigado de todos por la COVIC-19. Yo opino que pasará tiempo antes de que volvamos a ver los teatros llenos y los recitales con gentes que realmente les guste la poesía. Hay que ser realista porque estábamos viviendo una época maravillosa, parece que se había despertado de un largo sueño y las gentes empezaron a ir a los actos culturales con asiduidad; pero ahora costará mucho volver a llenar los teatros y salones de actos. Espero con esperanza que volvamos a verla florecer.

RP: ¿Tienes pensado algún nuevo proyecto a largo o a corto plazo?

PA: Pues siempre tengo proyectos y ganas de hacer cosas por la cultura. Ahora me centro mucho en mi Tertulia Literaria “Nuevo Horizonte” para que a tod@S estemos escribiendo poesía, aunque sea a través del WhatsApp y nos conectamos cada tres semanas y con el audio hacemos una tertulia y exponemos nuestros trabajos. También está en el cajón un montón de cuentos que quiero organizar para publicar, eso a largo plazo, espero que pase esta pandemia para renovar todas las actividades culturales con alegría.

RP: ¿El miedo es una reacción, o una consecuencia?
PA
: El miedo es una reacción adaptativa que nos prepara para actuar ante un posible peligro. El miedo es la emoción que más consecuencia produce en nuestro interior.
RP: Gracias por asomarte a esta casa:
PA
: Muchas gracias por invitarme a participar en la Revista Cultural Proverso. Gracias a Isabel Rezmo y a Inma J. Ferrero por su gran labor por la cultura en general y la poesía en particular, hay que seguir de mil maneras diferentes y siempre reinventando proyectos para estar preparadas para cuando termine esta pandemia y volvamos a los recitales. Espero que nos veamos pronto.

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APROPIACIÓN CULTURAL INDEBIDA

Por: Antonio Tello


La apropiación de bienes culturales –tangibles e intangibles- está ligada desde antiguo al colonialismo y al capitalismo, y considerada negativamente desde mediados de la década de los 70 del siglo XX. Una definición precisa de la noción favorecería dilucidar lo positivo y lo indebido de la apropiación evitando el celo radical de los vigilantes de la corrección política que daña, confunde y desvirtúa un sano y enriquecedor factor de progreso.

El saqueo colonialista ha sido la principal fuente de fondos que ha nutrido los grandes museos europeos, especialmente los de Alemania, Gran Bretaña y Francia, donde se pueden ver piezas procedentes de Medio Oriente, Asiria, Babilonia, Antigua Grecia, Egipto y de otras partes del mundo, como la isla de Pascua. Un saqueo que nadie cuestionó hasta que algunas personas de los países damnificados empezaron a reclamar lo que les pertenecía, como es el caso de Melina Mercouri, la inolvidable actriz de “Nunca en domingo”, cuando fue designada ministra de cultura de Grecia (1981-1989). En 1983, la actriz griega se dirigió de este modo al Parlamento británico:

“Ustedes deben entender lo que los mármoles del Partenón significan para nosotros. Son nuestro orgullo. Son nuestros sacrificios. Ellos son el más noble símbolo de nuestra excelencia.
Son el tributo a la filosofía de la democracia. Son nuestras aspiraciones y nuestro nombre. Ellos son la esencia de lo griego […] Le decimos al Gobierno británico que ellos han guardado esas esculturas por dos siglos y las han cuidado tan bien como han podido, por lo cual les damos las gracias, pero, en nombre de la equidad y la moralidad, por favor, devuélvanlas”.

Pero el encendido discurso de Mercouri apenas si surtió efecto en los británicos y no fue hasta 2008 que el Reino Unido devolvió sólo un fragmento de un friso del Partenón.

Recientemente, en 2017, la Corte Constitucional de Colombia instó a su Gobierno a iniciar ante España las gestiones para la devolución del llamado Tesoro de los Quimbaya, 122 piezas de oro precolombinas, que en 1893, el entonces presidente colombiano, Carlos Holguín, donó imprudentemente al Gobierno español sin tener en cuenta ni su valor cultural y artístico ni sus límites para disponer de un bien emblemático de la cultura colombiana. Este ejemplo pone de manifiesto que no siempre las apropiaciones son fruto del robo explícito sino también de la falta de sensibilidad o de respeto de las autoridades locales con su propio patrimonio cultural.

La noción de apropiación cultural en un sentido amplio alude a la adopción de elementos propios de una cultura por parte de otros ajenos a ella o bien a la violación de los derechos de propiedad intelectual. Tanto los elementos como los límites de la propiedad se presentan difusos, sobre todo cuando no están focalizados en obras o creaciones artísticas, sino en producciones simbólicas, ya sean folclóricas, religiosas, etc., y esto da pábulo a los excesos con que ciertos defensores desvirtúan la justicia de una causa. De hecho, la apropiación cultural puede ser considerada como un movimiento genuino del proceso civilizatorio. No hay ninguna cultura en la historia de la humanidad que no haya progresado sin establecer vías de donaciones y apropiaciones con otras. En todo caso, los robos y usurpaciones se verifican en el orden patrimonial o cuando los elementos propios son enajenados por una cultura impidiendo que la afectada pueda seguir usándolos o beneficiándose de ellos.

Picasso tomó de la pintura egipcia antigua y de las máscaras africanas los principios plásticos básicos que dieron lugar al cubismo; George Lucas se inspiró en “La fortaleza escondida”, de Akira Kurosawa y este tomó elementos occidentales de Shakespeare, Dostoievsky y Hammet, entre otros, y, entre infinidad de otros ejemplos, ahí tenemos nuestro alfabeto, fruto de un largo proceso de adopción y modificación de grafías y fonéticas que tienen su cuna en las lenguas y escrituras semíticas, egipcias y griegas, o la “apropiación” occidental de los números arábigos y del número cero y del sistema decimal indio para las matemáticas. Esto significa que así considerada la apropiación cultural es un modo de adoptar, transformar y crear un nuevo elemento resignificado a partir de una comunicación entre lo propio y lo ajeno cuyos límites se difuminan en beneficio del progreso humano.

Desde este punto de vista no debe confundirse este tipo de apropiación con aquella cuyo propósito es el uso y disfrute egoísta de un bien cultural generado por un individuo o una comunidad. Se trata en este caso de una apropiación cultural indebida que daña los intereses de un grupo o comunidad u ofende las creencias de sus creadores. Es en este apartado en el que se encuadran las usurpaciones de autoría, sobre todo en música y literatura, o los plagios literarios.

El rey león y otras historias de despojos

Así como los países colonialistas se apropiaron indebidamente de miles de piezas arqueológicas de antiguas culturas, la historia de la música y la literatura está plagada de casos de flagrantes que han causado graves daños económicos y morales a los autores originales de las obras. Un caso interesante que si bien ya había salido a la luz algunas décadas atrás, volvió a la actualidad tras el éxito mundial de la película animada “El rey león”, estrenada en 1994 y reestrenada en 3D en 2014, cuando en 2004 los herederos del autor de la canción “Mbube” o “The Lion Sleep Tonight” (“El león duerme esta noche”) antepusieron una demanda a la compañía Walt Disney reclamando las correspondientes regalías.

Pero esta historia venía de lejos, allá por 1939, en Johannesburgo (Sudáfrica), cuando un obrero zulú de nombre Salomon Linda y los amigos con los que formaba el grupo vocal Evening Bird, entraron en el estudio de grabación de un blanco llamado Eric Gallo y grabaron con un rudimentario acompañamiento instrumental la rítmica “Mbube” (El león). A pesar de que la canción se convirtió en un éxito y por años la música de los coros zulúes fue llamada mbube, Linda y sus amigos recibieron a modo de compensación media libra esterlina y continuó barriendo y acomodando bultos en los galpones de “Gallo Records”.

Pero, doce años más tarde “Mbube” había traspasado las fronteras del país y del continente y llegó a oídos de Pete Seeger, quien no dudó en incorporarla a su repertorio llamándola “Wimoveh”. Pero no sólo cambió el título de la canción sino también el nombre de su autor, quien pasó a ser Paul Campbell, seudónimo utilizado para cobrar las regalías cuando se grababan piezas folklóricas. Pero Seeger no disfrutó mucho del éxito, ya que fue perseguido y censurado por el macarthismo, de modo que “Wimoveh” quedó en el aire hasta que en 1961, la RCA encargó a George Weiss que la adaptara para el grupo The Token. Weiss hizo los pertinentes arreglos para una canción de cuna pop llamada “The Lion Sleep Tonight”, cuyos autores pasaron a ser el arreglista y los productores Luigi Creatore y Hugo Peretti. El 8 de octubre del año siguiente, en un suburbio de Johannesburgo moría Salomon Linda en la más extrema pobreza, tanta que su familia no tenía ni para pagarle una lápida. El poco dinero que Seeger había dispuesto pasarle al autor de “Mbube” recién llegó a su familia en los años ochenta.

En 1990, cuatro años antes de que Disney estrenara “El rey león”, la editorial Wimoveh llevó a los tribunales a los autores de “The Lion Sleeps Tonight” y en el curso del juicio salió a la luz el nombre de su autor original y el juez dispuso que parte de los derechos de autor fuesen a parar a la familia de Salomon Linda. En 2000, el periodista sudafricano Rian Malan, como cuenta el español Diego a Manrique en una nota publicada por el diario El País, relató el largo y tortuoso camino del mayor éxito musical salido de África. Disney, demandada en 2004, acabó pactando el pago de regalías por el uso de la canción en su exitosa película. Si bien las cantidades no han sido reveladas parecen asegurar una vida digna a los herederos de Salomon Linda.

El saqueo muchas veces sigue caminos distintos y se encarnan en saqueadores seriales, como ha sucedido con Jimmy Page, el carismático guitarrista de Led Zeppelin, una de las bandas de rock más famosas de la historia de la música pop. Page no tuvo ningún tipo de escrúpulo a la hora de atribuirse la autoría de decenas de canciones procedentes del folk y del blues a cuyos creadores originales despojó de miles de dólares. Algunos de los éxitos más grandes de Led Zeppelin como “Whole Lotta Love” o “Dazed and Confused”, resultaron ser de Willie Dixon (“You Need Love”) y de Jak Holmes.

Tampoco está clara la situación de la icónica “Starwaiy to Heaven”, que al parecer tiene partes de “Taurus”, una pieza del grupo californiano Spirit.

En el campo de la literatura también son frecuentes los robos, tanto por parte de los autores como de las editoriales. Estas últimas no sólo meten la mano en las regalías de los autores sisándoles cantidades, sino que hasta se apropian de sus creaciones. La piratería de los grandes grupos editoriales suele aprovechar resquicios que dejan las leyes de propiedad intelectual. Hay que partir de la idea de que la industria editorial funciona sobre la base de este saqueo y de la apropiación indebida de los derechos de
autor, especialmente de las llamadas “obras de encargo”, las cuales dan lugar a la expoliación de cantidades millonarias que anonimizan a los autores mediante seudónimos, diluyendo su autoría con el añadido de seudoautores (diseñadores, ilustradores, productores, editores, etc.) o lisa y llanamente quitando sus nombres de las tapas u ocultándolos en el interior.

El plagio es un recurso que no sólo afecta a autores mediocres sino también a algunos consagrados por la industria y en algunos casos dotados de cierto talento intelectual. En 1994, el español Camilo José Cela, quien había obtenido en 1989 el premio Nobel de Literatura, obtuvo el premio Planeta con la novela “La cruz de San Andrés”, que resultó ser “Carmen, Carmela, Carmiña (Fluorescencia)”, una obra creada por María del Carmen Formoso según la Justicia le dio la razón diez años más tarde.

En 2006, el premio La Nación-Sudamericana a la novela “Bolivia Construcciones”, de Sergio Di Nucci, fue revocado una vez que se constató que era un plagio de “Nada”, novela de la española Carmen Laforet con la que en 1945 había obtenido el premio Nadal y en 1948 el Fantesrath de la Real Academia Española. Ese mismo año, el premio Planeta a la novela “El conqusitador”, del argentino Andrés Andahazi, también fue cuestionado al revelarse un plagio de “Los indios estaban cabreros”, de Agustín Cuzzani. Asimismo, en 2015, el periodista Leonardo Haberkon descubrió que “Plata quemada” de Ricardo Piglia contenía párrafos enteros copiados de una crónica publicada por el diario uruguayo “Acción” en 1965, cuando se produjeron los hechos relatados en la novela. Cabe recordar que el premio Planeta concedido a “Plata quemada” también se vio envuelto en una polémica a raíz de una denuncia presentada por el escritor Gustavo Nielsen, quien consideró que había sido perjudicado, hecho que fue estimado por la Justicia que estimó que el premio había sido “redireccionado”.

La estupidez desvirtúa la causa

Del mismo modo que la ignorancia o la superficialidad que sostiene la jerga inclusiva desvirtúa la causa por la igualdad social de la mujer, los excesos y delirios de quienes dicen luchar contra la apropiación cultural amenazan con desvirtuar su sentido positivo.
Ya en 1986, el cantante Paul Simon había sido acusado de apropiación cultural por usar música africana en su disco “Graceland”, lo cual, con este criterio, cabía suponer que ningún negro podía cantar ópera o jugar al fútbol. Pero los vigilantes de la corrección política no reparan en la estupidez de sus posiciones y también cuestionaron a The Beatles por el uso del sitar, instrumento propio de la India, en la canción “Whitin Whitout You”. Más recientemente las cantantes Iggy Azalea, Rihanna y Rosalía han sido víctimas de airadas reacciones, por ser una australiana blanca que canta hip-hop, una negra de Barbados por vestir un traje tradicional chino en la portada de una revista o una española que “usurpa” la designación latina, término, según los puristas radicales privativos de la población americana de raíz hispana.
Pero quienes piensen que este es el límite de la necedad social se equivocan. Allí están para demostrarlo el escritor jamaicano Marlon James y la actriz estadounidense Scarlett Johansson también acusados de apropiación cultural. Al primero se lo condena por escribir la novela “Leopardo negro, lobo rojo”, ambientada en África, lo cual llevaría a condenar por lo mismo a Isak Dinessen, y a Sidney Pollack por dirigir la versión cinematográfica de esta novela, o a Shakespeare por escribir “Romeo y Julieta”, una historia de tradición véneta, o a Emilio Salgari por escribir la saga de “Sandokan”, cuyas aventuras transcurren en Malasia, en fin.
El caso de Scarlett Johansson raya con la idiotez, considerando que esta (idiocia) es el grado más profundo del retraso mental. La actriz, que ya había sido acusada de apropiación cultural por encarnar a una asiática en la película “Ghost in the Shell”, volvió a ser atacada y obligada a renunciar a interpretar el papel de un hombre transexual en “Rub & Tub”. En una entrevista a la revista “As If”, Johansson declaró:
“como actriz debería ser capaz de representar a cualquier persona o a cualquier animal, o cualquier árbol, porque ese es mi trabajo y esos son los requisitos de mi trabajo”.
Ante tanta ignorancia y estupidez generalizadas, que llevan hasta a una drag-queen a denunciar a la cantante Ariana Grande por plagio de su estilismo, cabe preguntarse si la actriz Tilda Swinton encarnará a David Bowie en la película biográfica del músico o si Halle Baley renunciará a su papel protagónico en “La Sirenita”, siendo ella negra y la historia escrita por el blanco danés Hans Christian Andersen o si la lengua original de difusión de “El rey león” será la kikuyu o la kiswahili en lugar del inglés. Cabe preguntarse asimismo si estos grupos tan políticamente correctos realmente están preocupados por la apropiación cultural realmente indebida que afecta a los derechos de los pueblos y de los individuos o son ignorantes funcionales a las tendencias disgregadoras y deslegitimadoras que impulsa el sistema.

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EMILY BRONTË, LA SOLEDAD SALVAJE.

Por: Carmen García González


“¿Nunca más te inspirará la Tierra/ oh tú, soñadora solitaria?/ Pues la pasión ya no arde en ti/ ¿dejará de abrazarte la Naturaleza?.” (Poema “¿Nunca más te inspirará la Tierra?”)

En los llamados “años del desarrollismo” del periodo tardofranquista, la radio, junto con los incipientes aparatos de televisión, ocupaban un lugar de honor en los hogares de muchas familias trabajadoras de la España de final de los años sesenta y principio de los setenta. En esas tardes de radio, una  niña  escuchaba un serial que anunciaba, con una profunda voz, la dramatización de una novela: “Cumbres Borrascosas”. Cuya historia de amor, violencia, fantasmas, celos, traiciones y venganzas contada desde los ojos de una criada, seducía cada tarde a la niña que no entendía del todo tan pasional relato. La autora del relato era una escritora inglesa del siglo XIX, una tal Emily Brontë.

Años más tarde, esa niña, ya adolescente, leería la novela sintiéndose profundamente fascinada por la historia y por la autora; una autora, de una única novela y un único poemario, que en su momento pasaron sin pena ni gloria (en el caso del poemario), o duramente criticados, por soez y vulgar, en el caso de la novela; y que con el tiempo se convertirían en un referente clásico de la literatura anglosajona.

Emily Brontë poeta ha sido eclipsada por la Emily novelista, pero sus poemas  están como fiel reflejo de su autora, una mujer retraída, introvertida y misteriosa, alejada del mundo -solo salió de su casa en tres ocasiones y prácticamente enfermaba anímica y físicamente cuando estaba lejos- que amaba con pasión la naturaleza y a su familia.

“Oh, he vuelto a los días de mi infancia/ de nuevo soy una niña; / y bajo el techo paterno que me abriga / junto a la vieja puerta de la entrada / miro caer esta tarde nubosa / tras un día de lluvia.”  (Poema “Suave neblina sobre la colina”)

La biografía de los hermanos Brontë, es digna de una película. Cinco hermanos criados en solitario en los páramos de Yorkshire, por un padre pastor anglicano, viudo, y una tía que consagra sus mejores años a cuidar de sus sobrinos huérfanos de madre desde muy pequeños.

Emily Jane Brontë nace  el 30 de julio de 1818 en Thorton en la región de Yorkshire, Inglaterra. A los tres años, su familia, se traslada a vivir a Haworth, fue la quinta de seis hermanos. Su madre muere cuando los niños cuentan seis, cinco, cuatro, tres, dos y unos años; su padre, pastor protestante de origen irlandés que muchas veces se paseaba con una pistola en el bolsillo, decide llamar a una hermana de su madre para ayudarle en su crianza. Estos tres adultos: el padre, la tía y una criada de la casa, serán la verdadera familia de los niños.

En ese paisaje gris y agreste, los hermanos se dedican a sus estudios (el padre poseía una extensa biblioteca, sobre todo de clásicos, donde los niños tuvieron acceso a una vasta cultura), a cuidar de la casa, y cuando les dejan sus obligaciones,  a escribir historias donde vuelcan sus fantasías. Casi doscientos años antes  de las sagas de “Juego de tronos”, “Las crónicas de Narnia” e incluso del “Señor de los Anillos”, los hermanos Brontë: Charlotte, Emily, Agnes y Bronwell, se entretienen desarrollando en sus historias, complicadas tramas entrelazadas de reyes, caballeros, damas, campesinos y guerreros en varios reinos inventados: Angria, Gondal y Glass Town.

“Sopla-viento del oeste- sobre el árido/ túmulo: / ¡Murmuran, arroyos del verano! / No hay necesidad de otros sonidos /  Para custodiar a mi dama en su / descanso”  (Poema “La tumba de mi señora”)

En la familia no sobra el dinero y las hermanas se verán obligadas a trabajar como institutrices(las dos hermanas mayores mueren muy pequeñas). El hermano, Bronwel, la gran esperanza de la familia para sacarlos de la pobreza, con el tiempo se convertirá en un pintor mediocre, alcohólico y adicto al opio al que  Charlotte, Emily y Anne, cuidarán con cariño y Emily con especial pasión, pues le adora.

Emily, iracunda y asocial, escribe sus poemas en secreto, hasta que un día Charlotte los encuentra y propone publicarlos en un solo volumen junto a los de ella y los de Agnes. Emily se niega en un principio y solo consiente cuando entre las tres llegan al acuerdo de publicarlos bajo un seudónimo masculino, pues ellas, lectoras empedernidas, saben bien que en aquella Inglaterra ya casi victoriana, están muy mal vistas las mujeres literatas.     Las hermanas publican su poemario en 1847 bajo los seudónimos de Currer (Charlotte), Ellis (Emily), y Acton (Agnes) Bell. Seudónimo que también utilizará Emily para publicar “Cumbres Borrascosas” un año después.

“Caminaré, más no sobre viejas huellas/ heroicas/ no por los senderos de alta moralidad/ y no entre rostros inciertos/nebulosas formas del rancio pasado.” (Poema “Estrofas”)    

En este ambiente de austeridad crece Emily, salvaje y tímida en demasía, escuchando las historias de fantasmas que les cuenta su criada; libre, por la naturaleza que la rodea; dura, cuando tiene que ir a recoger a su hermano a las tabernas y lo arrastra borracho hasta la casa parroquial; escribiendo, todo lo que siente en poemas inclasificables porque sus versos pueden ser: góticos y románticos a la vez, naturalistas, emocionales, místicos, salvajes… versos donde mezcla todas las pasiones que se agitan dentro de su ser.

“Vendré cuando estés triste/ sola en la oscura habitación/cuando el loco júbilo del día desvanezca/ y se disipe la sonriente alegría/ de las frías tinieblas de la noche” (Poema “Vendré cuando estés triste”)

Del carácter diferente de Emily, de su pensamiento contrario a la rectitud y las normas sociales que imperaban en la época, dan buena cuenta sus versos continuamente:

“¿Acaso desprecio al ciervo tímido/ porque sus miembros tiemblen de miedo?/¿Me burlaría del lobo aullando su agonía/porque su cuerpo es flaco y feo?/ ¿Oiría con alegría el grito del lebrato/ por no ser capaz de morir con valor? /¡No! Entonces, sobre su memoria/ que el corazón de piedad se enternezca.” (Poema “Estrofas para…”)

El destino es a veces caprichoso, el reverendo sobrevivirá a sus seis hijos; Bronwwel totalmente desquiciado muere en 1848, Emily que apenas ha cumplido los treinta años le sobrevivirá pocos meses. Al enfermar no consiente que ningún médico la trate por mucho que Charlotte insista. Fallece el 30 de julio de 1848.

“Oh, en la hora en que deba dormir/lo haré sin identidad/ y ya no me importará como cae la lluvia/ o si la nieve cubre mis pies” (Poema “Cuando deba dormir”)

Su famosa novela  ha sido publicada un año antes, sin saberlo ha creado un personaje inmortal: Heatcliff, personificación del amor pasional y vengativo más allá de la muerte que siente por su amada Catherine Earnshow. Nadie sabe que Ellis Bell es una mujer, y el manuscrito recibe las críticas más feroces. Solo después de su muerte Charlotte decidirá descubrir la identidad de las tres hermanas.

Se ha escrito mucho sobre las hermanas Brontë: Charlotte autora de la exitosa “Jane Eyre”, Emily y su pasional “Cumbres Borrascosas” , y Anne autora de la más realista de las novelas  escrita por las tres hermanas “Agnes Grey”; pero poco sobre la Emily poeta. La periodista y escritora Angeles Caso, estudiosa de la familia, publicó su vida novelada en “Todo ese fuego”, y desde hace tiempo rescata los versos de Emily traduciéndolos al castellano; a ella como a muchos otros, el universo Brontë la atrapó desde un primer momento.

Dicen que por los páramos de Yorkshire, en los días nublados y ventosos, se puede ver a una pareja entre la niebla. ¿Son acaso Heatcliff y Catherine, o Emily y su amado hermano Bronwell?.

“Ven, camina conmigo/ no hace mucho existíamos/ pero la muerte ha robado nuestra /compañía/-como el amanecer se roba el rocío-.” (Poema “Ven, camina conmigo”)

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CLARICE LISPECTOR: “CUANDO NO ESCRIBO ESTOY MUERTA”

Por Evaristo Cadenas Redondo


“E um nome latino, ne, eu preguntei para o meu pai desde quando havía Lispector na Ucrania. Ele disse há generaçaes anteriores. Eu suponho que o nome for rolando, rolado, perdendo algumas sílabas e se transformando nessa coisa que parece “LIS NO PEITO”, em latim: flor de lis ”. (Clarice Lispector. Um enigma)

Cuando el entrevistador le pregunta a Clarice qué significa su apellido: Lispector. Ella responde, en portugués de Brasil, lo copiado más arriba, que no traduzco porque se entiende.

Hace mucho que estoy apuntado a una página de Puerto Rico que todos los sábados envía un correo con un cuento. De vez en cuando llegaba uno de Clarice Lispector y yo me decía a mi mismo que algún día tenía que profundizar en tan excelente escritora. Este pasado año 2020, de tan infausto y dramático recuerdo, fue el año Lispector porque se cumplían los 100 años del nacimiento de la escritora.

El programa de radio “La llama” de Jorge Barriuso, Radio Clásica, dedicó su hora a la escritora. En el Babelia del 12 de diciembre, Cristina Sánchez – Andrade, escritora y traductora de “Por qué este mundo. Una biografía de Clarice Lispector” de Benjamin Moser, publicada por Siruela (492 páginas) dedica un entusiasta artículo a nuestra mejor escritora de hoy. En  El Cultural de El Mundo, (04-12-20) la también escritora Brasileña Nélida Piñón le dedica un precioso artículo con el título de “La inmortal Clarice”. Nuria Azancot en la página siguiente escribe un conciso y completo “Diccionario Lispector”. Hay más: ABC Cultural también y creo que todos los otros, periódicos y revistas literarias de aquí y del mundo, hicieron su particular homenaje a tan nombrada escritora.

CLARICE LISPECTOR nació el 10 de diciembre de 1920 en Chechelnik (Ucrania) Cuando solo tenía dos meses llegó a Brasil junto a sus padres, judíos errantes, y sus dos hermanas. El padre, superviviente inmigrante, se dedicaba a comprar y vender ropa usada y a fabricar jabón. Cuando tenía diez años la madre murió. Sus orígenes tan humildes y carentes de dinero marcó a Clarice para toda su vida. A muy temprana edad se aficionó a leer y como consecuencia inmediata a escribir cuentos que ofrecía al Diario de Pernambuco que no quería publicarle porque sus textos ofrecían sensaciones, no situaciones como hacían los otros niños.

Con catorce años se trasladó a Río de Janeiro, junto a su padre y una hermana, y empezó a leer a los escritores nacionales más importantes como Machado de Asís, Rachel de Queiroz, Eça de Queiroz, al ruso Fédor Dostoievski, y especialmente Herman Hesse y su Lobo estepario. Ingresó en la facultad de Derecho de la Universidad de Brasil y empezó a escribir pequeñas colaboraciones para periódicos y revistas. Con diecisiete años terminó de escribir su primera novela, “Cerca del corazón salvaje” que le publicaron cuatro años después y que recibió el premio Graça Aranha a la mejor novela publicada en 1943. Contaba Clarice que cuando ofreció esta novela, el editor no creía que hubiera sido escrita por ella. Pensaba que la había copiado y al ver su insistencia y casi juramento de que era obra suya, le respondió: No te preocupes, te creo. Ya tienes editor.

En la Universidad conoció al que fue su marido, el diplomático Maury Gurgel Valente a quien acompañaba en sus viajes y diferentes destinos como Nápoles en 1944, en plena Segunda Guerra Mundial. Durante varios años Clarice estuvo en Inglaterra, París, Berna y Washinton. Mantuvo intensa correspondencia con algunos escritores y sus hermanas. En 1946 publicó “La lámpara” su segunda novela que había sido escrita entre Río y Nápoles. Esta novela “La lámpara” sorprende por su original madurez y forma literariamente novedosa de gran calidad que recuerda a los mejores como Sartre en “La Nausea” o a Albert Camús en “El extranjero”. La acabo de leer y todavía me duele. 

En 1954 le traducen su primera novela al francés con portada de Henri Matisse. Mientras tanto tiene a sus hijos Pedro y Pablo, se separó de su marido y regresa a Río de Janeiro en 1959 en donde retoma su actividad como periodista. Aquí hay que mencionar a Virginia Wolf en relación con la necesidad de un cuarto propio y de los ingresos suficientes como para poder escribir sin presiones externas ni molestias para la creación. Algunos críticos comparan a Clarice Lispector con la mencionada Virginia Wolf (y hasta con James Joyce). No soy quien para llevarles la contraria, pero creo que la obra y personalidad de Clarice es única e incomparable, como también fue única e incomparable la londinense. Cada a una su manera. A lo que me refiero es que la necesidad que tenía Clarice de dinero hizo que no dejara de trabajar colaborando y escribiendo como una trabajadora incesante para poder ser independiente. Su objetivo era no dejar de crear porque llegó un momento en el que escribir era el único sentido que tenía su vida, junto al cuidado de sus hijos, naturalmente. Por eso decía que cuando no escribía se sentía muerta. “Soy una mujer hueca, si no escribo”, añadía en una entrevista que concedió poco antes de morir y que se puede ver en internet.

Decía Aruki Murakami que escribir un cuento es como plantar un árbol, escribir una novela se parece a plantar un bosque. Clarice era una especialista en cuentos sublimes. Publicó su primer libro de cuentos “Lazos de familia” con cierto éxito y donde aparecen algunos relatos que ayudaron a darle fama como los titulados “Amor”, “Una gallina”, “La mujer más pequeña del mundo” y otros imprescindibles. Más tarde vendrían “La legión extranjera” y otros muchos. Todos con el sello inconfundible de Clarice. Ni que decir tiene que leer a esta autora es adictivo y emocionalmente de una fuerza pocas veces sentida. Puedo asegurar que cuando me emociona un autor o autora, como es el caso, no puedo reprimirme y lo digo, lo grito, lo manifiesto, y eso. Admiro profundamente a Clarice.

El año 1960 publicó la novela “La manzana en la oscuridad”, convertida en obra de teatro. En 1963 publicó la que se considera su obra maestra: “La pasión según G. H”, escrita en solo unos meses.

Resulta que Clarice fumaba y en el año 1966 se quedó dormida en el sofá y su cigarrillo encendido destruyó parte de su apartamento y tuvo que permanecer varios meses en el hospital donde le salvaron la vida y reconstruyeron su mano derecha que quedó casi paralizada. Desde ese momento, ya recuperada, su amiga y secretaria, Olga Borelli, pasaba a limpio los textos a máquina. Las marcas producidas por este accidente, junto a la enfermedad de su hijo Pedro, esquizofrenia, le causaron frecuentes depresiones.

Dominaba el portugués, inglés, francés, y español muy bien. El hebreo, yiddish con cierta fluidez y tenía nociones de ruso. Tradujo, por ejemplo, de español el cuento “Historia de los dos que soñaron” de Jorge Luis Borges para el Jornal de Brasil.

Escribió libros infantiles, poesía, novelas, relatos, teatro, crónicas, entrevistas, cartas, ensayos, pintó algunos óleos, e hizo traducciones de obras extranjeras que le dieron mucha fama y prestigio. Era requerida con frecuencia para dar conferencias en muchas Universidades y Foros Culturales de Brasil y otros países latino americanos. Fue traducida a casi todos los idiomas del mundo. En España tuvo como editora a Carmen Balcells y fue editada en Siruela, que publicó casi toda su obra en tapa dura y esmerada presentación. Actualmente Siruela está publicando sus obras en formato económico. La revista literaria El Paseante de la editorial Siruela publicó algunos cuentos de Clarice.      

Unos meses después de haber publicado su última novela, La hora de la estrella, en octubre, le descubrieron un cáncer de ovarios del que falleció el 9 de diciembre de 1977, un día antes de su cumpleaños. En el hospital, a la hora de su muerte, le estaban cogiendo las manos sus amigas íntimas Nélida Piñón y Olga Borelli.

Para cuando Clarice Lispector murió, había publicado 26 libros, habían adaptado obras de teatro, realizado películas, (La hora de la estrella) y conseguido ser considerada uno de los clásicos de la Literatura Universal del siglo XX.

Clarice Lispector llamaba la atención: rubia, ojos verdes, elegante, sofisticada, con mucho carisma, subyugante personalidad, sensible, valiente, y nombre y apellido exóticos, misteriosa, extraña, y mágica.

De forma póstuma se rescataron otros cuatro o cinco libros más. Se han publicado varias biografías, cientos de tesis doctorales y miles de conferencias sobre Clarice. Desde hace muchos años se dictan en Universidades y Foros Culturales de Brasil y en todo el mundo, seminarios y talleres sobre ella. Es escritora de culto. Definitivamente.

EL DOLOR – PLACER DE LEER A CLARICE

La primera impresión que se recibe cuando se lee a Clarice es de sorpresa ¿Cómo pudo escribir de forma tan distinta? Sus personajes sufren angustiosamente y su deseo más recurrente es el de morir ¿Por qué no me muero ahora mismo? dice Virginia la protagonista de “La lámpara”. Nadie me entiende. Para vivir así, mejor morirme, añade. No sé si esto les suena. La identificación con los sentimientos y situaciones vitales de sus protagonistas suele ser total. Sus seguidores demuestran lo que la admiran. Amo a Clarice, dicen.

Leerla es difícil. Escribe de tal forma que, mientras lees, sientes placer, como si comieras una magdalena, pero enseguida te das cuenta de que no has entendido nada y hay que volver a leer el párrafo entero y masticar bien cada palabra, cada frase afilada como navaja, cada aforismo, cada poema escondido. Es cuando te das cuenta de la belleza y el valor que alcanza su excelente escritura. El sufrimiento de sus personajes duele.

Los que conocieron a Clarice, dicen que sus escritos son un reflejo real de como era. Ejemplo: Una vez estaba con un grupo de amigos. Ella un poco apartada de la conversación. Los otros hablaban de futbol, de esto y de lo otro. Le dijeron: Clarice ¿Qué te parece lo que estamos hablando? Pensó un segundo, y respondió: “No entiendo por qué no hablamos de la muerte que es lo que nos tiene que preocupar a todos”.

Debería extenderme un poco más, pero creo que con lo dicho es bastante.

“Ángela: Te amo tanto como si siempre estuviese diciéndote adiós. Cuando estoy demasiado sola, uso cascabeles en los tobillos y en las muñecas. Entonces casi todos mis pensamientos salen fuera y vuelven a mí como respuestas. Yo tengo que ser mi amiga; si no, no aguanto la soledad”. (“Un soplo de vida”. Clarice Lispector)

Cuídense. Puede que algún día lluevan lágrimas dulces.

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