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NOTA CRÍTICA AL POETA NICOLA FOTI

Aquel sillón de cuadros

Por: Inma J. Ferrero


La sua emotività e profondità si riversano come un diluvio attraverso questi versi con un accento mistico, dove l’amata è l’immagine divina, la chiave estetica dell’esperienza che unisce misticismo e amore.

L’autenticità di ciò che dice il poeta si traduce nell’originalità e nell’atteggiamento con cui riesce a descrivere la profondità dell’amore, sia ideale, sia fisico, verso l’amata, che è descritta come una divinità, associando, quindi, la bellezza della vita «mistica» e la bellezza del linguaggio poetico amoroso.

AVE, MARIA

Tu, Madre di Dio, Immacolata,
Esalasti la tua rossa purezza
Nell’eco dell’estate
Fuoco della tua Terra
Donasti versi di sangue
Brucianti come ferro incandescente
Trascinasti lontano il confine
Fosti il prima ed il dopo
Legasti l’omega all’alfa
Tra i cumuli passati di macerie
Freme ai tuoi piedi
Polvere arsa e fierezza andalusa.

PIENA DI GRAZIA

Dipingerò il tuo ritratto
Rubando arcobaleni
Staglia il nero dal bianco
Le tue forme perfette
Son feroce passione
Seme gettato al vento
Che porterà la Gioia
Nel tuo prato fiorito
I fiori di gennaio
Son più preziosi e rari
Dei fiori in primavera.

IL SIGNORE È CON TE

In ginocchio, le mani al viso
Tu preghi Dio.
Dio, se ti amo
Accoglierti vorrei
Nell’abbraccio immortale.
Moristi sulla croce
Per redimere il mondo
Benedici l’Amore
Che è carne palpitante
Avvinta nel piacere
Genera nuova vita
Due anime ti pregano
Nel desiderio d’essere
Un unico noi insieme.

TU SEI BENEDETTA TRA TUTTE LE DONNE

Partorirai, Maria, senza dolore,
E pura resterai sempre, in eterno
Genererai quel Dio, nostro Signore
Che ci allontanerà da questo inferno

BENEDETTO IL FRUTTO DEL TUO SENO

Vorrei tornare ad esser puro seme
Dal frutto disseccato, ancora vivo
Linfa che scorre nel tuo intimo nido
Proteggi e accogli il frutto col sorriso

SANTA MARIA

Rimanere vorrei, tra i tuoi capelli
Più neri di una notte senza Luna
Avvilupparmi prigioniero in loro
Per cibo solo lussuriosi baci
Calmare fame e sete mie voraci
Entrare in te come una pioggia d’oro

MADRE DI DIO

Offri il tuo seno
A chi salverà il mondo
Dalla lebbra del peccato
E le coscienze putride
Disinfetterà con spirito ardente

PREGA PER NOI PECCATORI

Nell’attitudine a sporcarmi di vita
Ho colto fiori accanto allo sterco
Ne porto ancora i segni sul mio viso
E la mia bocca ha assaporato il vizio
Di un vivere di sbieco ed in penombra
Madonna, Madre mia, di pelle scura
Redimi questa mia vita sofferta
Sei carne e frutto santi
Nella tua nudità c’è la purezza
Di chi ha amato senza mai peccare
Io, perso tra rifiuti e angoli oscuri
Cerco la luce dell’eterno Amore

ADESSO, E NELL’ORA DELLA NOSTRA MORTE

Carnagione olivastra
Nata tra muri a secco
Nelle torride estati, assetate
E strade bianche di polvere battuta
Stordiscono cicale tra le fronde
La lucertola guizza tra le pietre
Tra i cardi ronza pigro un calabrone
Bambina, già segnata
Dal peso di una vita
Avara di carezze
Le trovasti per caso
Abitasti la casa
Piena di meraviglie
Dove musica e libri
Furon le tue bambole
Maria, tu così pura
Candida come neve
Sarai tu manto lieve
Che rinfresca e consola
La mia ultima ora
Nelle tue mani affido
Ultimo sguardo al cielo,
Poi l’odore di terra
Chiuderò gli occhi, Amore
Un ultimo sussulto,
Poi l’eterno ritorno

Nicola Foti

Dalla Silloge «La Novella Maria»
Tutti i diritti sono riservati

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«NOS EQUIVCAMOS AL CONSIDERAR LA POESÍA COMO UN OBJETO COMÚN O VULGAR EN LUGAR DE CONSIDERARLA COMO UN BIEN PRECIOSÍSIMO»

Por: Isabel Rezmo


El arte, la literatura, está sujeta al amor incondicional ( en la mayoría de los casos) de quienes de forma altruista o de forma desinteresada , la cuidan, la trasmiten y lo convierten en centro de su vida y actividad.

La poesía es el género que lleva el peso de los sentimientos, de la utopía. Que nos proporciona herramientas  para  desarrollar actitudes de valor, comprensión, empatía, respeto, y también de conocimiento. El conocimiento de los autores que nos han precedido, es vital no solo para  perpetuarse en el tiempo, sino además para el aprendizaje. Todo autor  que se precie debe  tener un conocimiento de ese tesoro que nos han legado las generaciones anteriores, y por supuesto no perder de vista la actualidad. Ese es el equilibrio que supone dedicarte a ella consolidar su permanencia.

Igual ocurre como hemos mencionado con el arte en general.

Hemos aprendido a lo largo del tiempo que cuidar nuestro patrimonio es parte fundamental para poder asimilar, adquirir y entender un modo de vida, dejar el legado familiar, lograr proyectos futuros.

Hay una cita de Osho que nos dice: “Ser creativo significa estar enamorado de la vida. Sólo puedes ser creativo si amas la vida lo suficiente para que querer aumentar su belleza, sólo si le quieres traer un poco más de música, un poco más de poesía, un poco más de baile.”

Hoy en Proverso tenemos a una persona que toda su fuerza se dirige a cuidar una parte de nuestro patrimonio cultural y literario. Que ama, y siente el arte como una energía que desborda la piel, y la propia experiencia.

Enamorada de Bécquer,  defiende su legado  y promueve multitud  de actividades tanto en relación a su obra como otras de carácter literario (es actualmente la presidenta  de la Asociación Literaria “Noches del Baratillo” de Sevilla). Y hoy queremos acercarnos a su intensa actividad literaria y también  creativa,  ya que hablamos además, de que es poeta. Una gran poeta, colaboradora de esta casa. Hablamos con Pilar Alcalá García.

Nacida en Sevilla en 1962, licenciada en filóloga hispánica. Durante 12 años fue profesora de Italiano en el IDI de la Universidad de Sevilla. Actualmente es presidenta de “Noches del Baratillo” y secretaria de “Con los Bécquer en Sevilla”. Ha publicado artículos sobre la enseñanza del Italiano y sobre Gustavo Adolfo Bécquer, así como un capítulo en el libro SEM, Los Borbones en pelota, y poemas en las revistas Álora, la bien cercada y Estación Poesía. En 2015 obtuvo el premio “Voces Nuevas” de Poesía de la editorial Torremozas y el “Premio Nacional de Poesía Rumayquiya” en su X Certamen con el poemario “Adamar”. En 2019 ha publicado su segundo poemario, “Poemas de názora y azófar”.

RP: Buenas tardes Pilar, encantados de poder hablar contigo, ¿Qué es para ti el arte?        

PA: Buenas tardes y muchísimas gracias por haber contado conmigo y encantada de responder a tus preguntas.

Pregunta complicada. Para mí el arte es lo que me emociona. Es verdad que hay muchos tipos de emoción y yo la que prefiero es la que me hace sentir escalofríos, la que acelera mi pulso porque me siento invadida por una sensación de felicidad, la que me hace llorar y no de pena. Es cierto que a veces ante una “obra de arte” siento cierto rechazo, me siento incluso estafada, eso sería también un tipo de emoción, pero para mí el arte es la suma belleza, es no cansarte de mirar, escuchar, leer algo, es echar de menos ese algo porque se te ha metido en las venas.

Dijo George Bernard Shaw: “Los espejos se emplean para verse la cara; el arte para verse el alma”. Y estoy totalmente de acuerdo, porque el arte te salva porque te reflejas en él. A mí me pasa que, según mi estado de ánimo, prefiero un tipo de arte u otro, el que vaya en consonancia con mi alma, si estoy triste necesito escuchar una determinada pieza de Rachmáninov  porque me acompaña mientras lloro, hace que mi llanto fluya con menos dramatismo. Si estoy triste quiero arte triste, si estoy alegre quiero arte no triste.

RP: ¿Crees que vivimos una etapa en la que se comprende mejor la necesidad de cuidar nuestro patrimonio cultural y literario?

PA: Creo que hay una parte de la sociedad que está muy involucrada en temas y cuestiones culturales, pero también creo que hay otra parte a la que no sólo no le interesa la cultura sino que hasta la rechaza, no la valora y no la considera necesaria. Lo ideal sería que todos en mayor o menor medida contribuyésemos a mantener el patrimonio cultural pero por desgracia sigue siendo una cuestión algo minoritaria. También es verdad que el concepto de Cultura es muy amplio para algunos y más reducido para otros. A veces hay cosas consideradas cultura que a mí me parecen un atentado a la misma.

RP: Hay una frase de  Ossie Davis  que nos dice: “Cualquier forma de arte es una forma de poder; causa impacto, puede influir en los cambios: no sólo puede cambiarnos, sino que nos hace cambiar.” ¿El arte nos cambia, nos hace ser mejores o más críticos? ¿Cuál es tu impresión?

PA: Por supuesto que sí, el arte tiene mucho poder sobre nosotros, sobre aquellos que lo amamos, claro, sobre las personas con una sensibilidad exagerada, los hiperestésicos (¡qué palabra tan fea para definir un concepto tan hermoso!). El arte te puede hacer cambiar tu concepto de muchas cosas y, sobre todo, el arte te abre los sentidos, te abre el alma y creo que te hace mejor persona, entendiendo el arte como belleza. Ya lo dijo Dostoyevski, “La belleza salvará al mundo”. No sé si eso será así, pero desde luego sí que la belleza salva al hombre en muchas ocasiones, puede tratarse de una salvación en un momento puntual, y lo digo porque a mí me ocurre a menudo. Asistir al espectáculo de lo bello me libra de ciertas situaciones desagradables. La belleza, no entendida como un canon, claro está, cada uno tiene su concepto de belleza y lo que para mí es hermoso puede ser horroroso para otro. Pero se trata de que la belleza, individualmente, nos salve, sólo así podrá salvarnos colectivamente. Lo que es imprescindible es acercarse a ella con la inocencia de un niño. Alguien hablaba del arte como un estado del alma, pues eso, más claro, agua.

Sobre si el arte nos hace más críticos, no sé qué decir, pero me gustaría que nos hiciera más críticos con nosotros mismos. Es muy fácil juzgar a los demás, lo hacemos muy alegremente, lo difícil es juzgarse a sí mismo.

RP: ¿Cómo surge ese amor incondicional  a la figura de Bécquer? ¿Qué ha significado para ti?

PA: Surgió cuando estudiaba en el Instituto Gustavo Adolfo Bécquer y leí sus “Rimas y leyendas”. Tenía 14 años, una edad crítica en la que los sentidos están muy despiertos y muy receptivos, y fue una rima, en concreto la XX, (Sabe si alguna vez tus labios rojos…) la que hizo saltar algo dentro de mí, la que hizo que ese señor de cabellos rizados, paisano mío y que daba nombre al centro donde estudiaba, pasara a ser mi héroe. Nunca me gustaron los cuentos de hadas y princesas y creo que era porque estaba esperando a que apareciera Gustavo para que yo tuviera por fin mi lectura favorita. Años más tarde, en la facultad de Filología volví a encontrarme con el chico de nombre de rey sueco y volvió a desatarse la tormenta porque, además, tuve la suerte de que esta vez Gustavo llegara a mí de la mano de una persona maravillosa, el profesor Rafael de Cózar, él me abrió los ojos con Bécquer, me mostró a un Gustavo que nada tenía que ver con esa imagen ñoña que todavía muchos tienen de él. Se me abrió la curiosidad, no ya de una adolescente, casi lo era todavía, sino de una mujer que estudiaba para ser filóloga porque la literatura era y es lo que más amaba y ama en el mundo. Había encontrado a alguien, Gustavo, con quien quería llenar mis horas, quería saberlo todo de él, no sólo del escritor, sino del hombre. Me había enamorado. Y empecé a devorar biografías y estudios sobre él y empecé a sentirlo cada vez más cerca, incluso percibía que nos parecemos en muchas cosas (puedo estar equivocada, a lo mejor es la pasión que me ciega). Empecé a viajar para conocer cada lugar en el que estuvo y que le inspiró. Y pasó que quise transmitir mi pasión y mi amor por Bécquer a los demás, a sus paisanos. Y es que me daba pena y vergüenza ver que, por ejemplo, en Soria o en la zona del Moncayo, tienen a Bécquer entre algodones, le admiran y le respetan. Yo quería que en Sevilla pasara lo mismo, quería que todos supieran quién era Bécquer, porque siempre lo digo, a Bécquer todo el mundo le conoce pero es el gran desconocido. Se dicen y se escriben muchas tonterías sobre él, pero poco a poco algunos se van convenciendo de que no es un romántico ñoño, ni fue un muerto de hambre. Y lo más importante, hay que conseguir que todos le reconozcan su importancia en la literatura española. Bécquer cambió el rumbo de la lírica y menos mal que nos salvó de esa poesía anodina del XVIII de la que intentaron rescatarnos Zorrilla y Espronceda, pero sin mucho éxito. Salvo Rosalía nadie hizo nada. Y Gustavo lo revolucionó todo, el contenido y la forma, con sus asonancias que hacían presagiar el verso blanco, siendo el rey del hipérbaton… y se adelantó al concepto de poesía pura que luego llegaría de la mano de Juan Ramón Jiménez. Bécquer modernizó la lírica, la sacó de un letargo que duraba demasiado. Hoy Bécquer es considerado el primer poeta moderno y ya empieza a aceptarse que es un presimbolista, sin olvidar por supuesto sus textos románticos, que son de lo mejor de la literatura europea, pero las Rimas no son románticas, salvo alguna excepción. Sin Bécquer no tendríamos a los Machado, Salinas, Guillén, Cernuda, Montesinos, García Montero, Juan Lamillar y un larguísimo etc. De poetas. Todos los que escribimos somos hijos de Bécquer.

El acicate fue el encuentro casual o causal, en 2012, con el comisario de una exposición que se estaba preparando en honor a Bécquer y en cuya organización, al final, participé. Fue entonces cuando comprendí que tenía que pasar a la acción, creé la asociación “Con los Bécquer en Sevilla” y desde entonces y desde ella no paramos de hacer cosas en torno a Bécquer, en la medida de nuestras posibilidades.

Con Bécquer he llenado muchas horas de mi vida, no sólo con la lectura de su obra, sino intentando entenderle, intentando saber cómo fue ese hombre, y movilizando a mucha gente para hacerle homenajes.

RP: Estamos en el 150  año del centenario de su  muerte ¿cómo se está planteando este acontecimiento?

PA: Pues afortunadamente, muy bien. El año pasado contacté, como portavoz de la asociación “Con los Bécquer en Sevilla”, con el Ayuntamiento, el Ateneo, la Casa de los poetas y las letras, etc. y fueron muy receptivos por lo que durante el año 2020, que será “Año Bécquer”, habrá muchos actos en homenaje a los hermanos Bécquer. No olvidemos que Valeriano murió el mismo año que Gustavo, tres meses antes. No puedo dar más detalles porque todavía no se ha hecho público desde el ayuntamiento cuál será el programa de actos, y se me ha pedido discreción, pero sí puedo decir que va a ser un año de leyenda en el que todo rimará. Va a ser un año en el que la ciudad de Sevilla va a estar llena de Bécquer y dará a Gustavo y Valeriano todo lo que se merecen, porque no olvidemos que ellos hicieron mucho por Sevilla y la llevaron siempre en su corazón y en su obra. Por eso, aunque murieran en Madrid, su ciudad natal debe volcarse en este 150 aniversario. Y como tenemos la suerte de que reposen en el Panteón de Sevillanos Ilustres, los tenemos con nosotros, son vecinos de Sevilla.

Además, también desde la sociedad civil hay ganas de hacer cosas para homenajear a los Bécquer y eso es muy hermoso, eso demuestra el cariño que los sevillanos le tienen a sus paisanos. Hay gente que me contacta para decirme que se les ha ocurrido hacer tal o cual cosa, incluso quien me presenta un proyecto en muy avanzado estado de ejecución. Voy a ser optimista y voy a creer firmemente que este 2020 será un gran año para los hermanos Bécquer y para Sevilla.

RP: ¿Qué otros autores han influido en ti?

PA: Siempre he sido muy lectora,  sobre todo de poesía y tuve la suerte de contar con un gran aliado, con mi suegro, que me dio a conocer más poetas y más interesantes de los que conocía en las aulas de la facultad. Creo que en mi poesía no se nota la influencia de ningún poeta, ¡ni siquiera de Gustavo!, todas mis lecturas están muy diluidas en mis poemas. Hay autores que son imprescindibles para mí: San Juan de la Cruz, Pedro Salinas, Luis Cernuda, Ángel González, Julia Uceda, Luis García Montero, Ada Salas, por hablar de poetas españoles. También algunos italianos me son necesarios: Giuseppe Ungaretti, Salvatore Quasimodo, Mario Luzi, Alda Merini, Patrizia Valduga. Y más allá, mis adoradas Florbela Espanca y Wislawa Szymborska. Todos son poetas que releo continuamente, a los que recurro en momentos de desolación.

RP: ¿Crees que ahora  hay una actividad literaria más definida y  más intensa?

PA: Es un tema complicado. Hay mucha actividad pero no todo lo que se hace responde a una realidad literaria y mucho menos poética. Creo que a la Poesía se le está haciendo mucho daño porque hoy cualquiera se considera poeta y eso es un error gravísimo. Hay mucho egocentrismo en este mundillo pseudopoético. Yo misma digo siempre que me considero aprendiz de poeta porque la palabra poeta muy pocos pueden vestirla. Hay un ansia de llevar la poesía a todos sitios y creo que no hay que forzar las cosas, aunque no guste lo que voy a decir, pienso que no a todos tiene que gustarle la poesía, de la misma manera que no a todos nos gusta la novela policiaca. Creo que nos estamos equivocando al considerar la poesía como un objeto común o vulgar en lugar de considerarla como un bien preciosísimo. Hay que acercarse a la poesía como lo que es, algo delicado y frágil, una joya.

RP: La poesía es parte de tu vida, eres autora de varios poemarios, ¿cómo te ves a ti misma dentro de ella?

PA: Te diría que no me veo y acabaría rápidamente la respuesta. Lo cierto es que son los demás los que deben decir cómo me ven dentro de esa maravilla llamada Poesía y por la que siento tanto respeto, a veces creo que demasiado y es ello lo que me impide publicar más. Me asusta ser una ofensa para la Poesía, no me lo perdonaría, y por eso soy muy cauta a la hora de publicar. Soy perfectamente consciente de que mis poemarios no han aportado nada a la poesía, eso es algo muy difícil y que se produce en contadas ocasiones. Lo que sí sé es lo que la Poesía, incluso la que yo escribo, me aporta. Sin ella no podría vivir. Lo he dicho muchas veces, la Poesía para mí es una necesidad vital, como respirar, beber o dormir, pero de ahí a aportar algo para la historia de la poesía, hay un mundo. No olvidemos que ya todo está dicho en poesía, sin embargo lo que no está agotado es el cómo decir, la manera de expresar. Hay que ser muy original para hacer una aportación a la poesía, porque además para escribir antes hay que empaparse de poesía y por desgracia hoy son muchos los que tienen la insolencia de escribir sin haberse dado antes un banquete de poesía.

RP: ¿La poesía sigue siendo para un público minoritario?

PA: Para la inmensa minoría, como dijo Juan Ramón Jiménez. Que hoy día se hagan muchos actos poéticos o se publiquen muchos libros de poesía no significa que la poesía tenga un público de masas, de lo cual me alegro. Sé que tengo gustos bastante raros, y la verdad, prefiero la poesía en la intimidad que en grandes recitales. Intimidad que puede ser compartida con otros, pocos, que además tengan mis mismas inquietudes y gustos.

Creo que la Poesía debe tener algo de elitista y soy consciente de que mis palabras no gustarán. Y cuando digo elitista me refiero más a quienes la escriben que a quienes la leen. Todo el mundo tiene derecho a leer lo que le dé la gana, ¡faltaría más! Y todo el mundo tiene derecho a escribir lo que quiera, pero hay que poner un límite y ese límite está en el hecho hacer público lo que se escribe. Yo creo que cada vez hay menos pudor poético y todo el mundo se cree poeta. Me llama poderosamente la atención el hecho de que en un país donde pocos leen, casi todos publican. Con este tema podríamos estar páginas y páginas, porque aquí vendría a colación el mundo editorial, esos editores sin escrúpulos y sin conocimientos poéticos que sólo piensan en enriquecerse y de paso hacer daño a la Poesía. No todo lo que se escribe debería tener el derecho de ser publicado. En poesía no todo vale, como en cualquier otra disciplina artística. De ahí mis reticencias a publicar, no me prodigo mucho, sólo he publicado dos poemarios y todavía no estoy segura de que un tercero ve la luz, aunque ya esté escrito.

RP: Eres presidenta de la Asociación Noches del Baratillo, una institución muy arraigada en tu ciudad, ¿qué objetivos os estáis marcando para estos años?

PA: Me alegro de que me hagas esta pregunta porque precisamente este 2020 cumplimos 70 años. Somos la institución literaria decana de Sevilla y eso es una gran responsabilidad, después viene lo de ser un orgullo. Es una institución muy peculiar en la que convivimos personas de varias generaciones con maneras diferentes de sentir y escribir poesía. Todavía sigue frecuentando nuestras tertulias de los jueves alguien que ya estaba en el año 1950, cuando se fundó la institución por los poetas Florencio Quintero y Juan Sierra, entre otros, y cuando las reuniones se hacían en un almacén de chatarra. Eso es lo que le da un encanto y un cariz interesante a nuestra institución, lo que le da valor e importancia en el panorama poético sevillano. Desde los años 50 del pasado siglo Noches del Baratillo ha sido un ir y venir de poetas y un cambio a distintas sedes. En nuestra institución puede verse, en cierto sentido, cuál ha sido la trayectoria de la poesía sevillana. En una ciudad en la que tan difícil es cambiar las cosas, en nuestra institución creo que se va notando el aire fresco y la luz que empezaron a llegar con la reforma del local y que ahora están contagiando a quienes damos vida a esas cuatro paredes.

Llevo de presidenta casi dos años y he de decir que el camino no ha sido fácil, precisamente por esos cambios que eran necesarios y que no fueron bien recibidos por algunos demasiado anclados en lo de siempre. Poco a poco la institución va cambiando, tiene más luz, más alegría. Y quiero decir que estos cambios que vamos consiguiendo han sido posibles gracias a todas las personas que me acompañan en la Junta Directiva, pero sobre todo gracias al vicepresidente, Tomás Sánchez Rubio, que en momentos delicados para mí se hizo cargo de todo y desde entonces trabajamos codo a codo con una complicidad exquisita.

Nuestros objetivos son darle al Baratillo lo que se merece, poesía de calidad y por ello cada jueves invitamos a poetas que tienen algo que aportar, algo nuevo que traernos. No podemos quedarnos encerrados en nosotros mismos escuchándonos unos a otros, el objetivo de Noches del Baratillo es el de tener las puertas abiertas de par en par para dar cobijo a quienes de verdad aman la poesía. Un hecho que me parece muy positivo es que hay poetas que nos llaman para pedirnos presentar sus obras en nuestra sede y eso quiere decir algo, dice mucho y bueno sobre nosotros. Además el pasado año recuperamos nuestro “Premio de Poesía Noches del Baratillo” y tenemos intención de darle continuidad. Es una manera de descubrir a nuevos poetas y abrirles el camino de la poesía.

Lo que es cierto es que nuestros objetivos son a corto plazo, es mejor organizar lo más cercano y no poner la vista en un futuro muy lejano. Este año, por ser el del 70 cumpleaños, queremos organizar algunos actos para conmemorar esta efemérides, pero siempre desde la sencillez y con la poesía y los grandes poetas como prioridad.

Nuestro objetivo es darle a la poesía el sitio que se merece y abrir nuestra sede no sólo a los poetas sino a todas aquellas personas que aman y respetan la poesía. Me gusta pensar que el número 28 de la calle Macasta es la casa de la poesía.

RP: Muchísimas gracias por tu tiempo.

PA: A vosotros por haberme regalado este espacio para que exprese mis ideas y opiniones.

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ME QUEDO AQUÍ | MARCO BALZANO

El Anaquel

Los libros liberan más que nutren y quiero ser testigo de esta liberación.

Por: Matteo Barbato


ME QUEDO AQUÍ BALZANO, MARCO Editorial: DUOMO EDICIONES S.L. Año de edición: 2019 Materia: Narrativa general ISBN: 978-84-17128-91-3 Páginas: 232 Encuadernación: Bolsillo  Colección: Nefelibata Precio: 16.80 euros

PREMIOS

Finalista del Premio Strega 2018, premio literario Elba 2018, premio Dolomitas de la Unesco 2018, premio Viadana 2018, premio Latisana 2018, premio Appeal Auctions 2018, premio Minerva 2018, sección Juvenil del Premio Omegna 2019, premio Bagutta 2019, premio Mario Rigoni Stern 2019, premio Méditerranée 2019 a la mejor traducción francesa.

SINOPSIS

La nueva voz de la literatura europea da vida a la historia. Una novela que ilumina el destino de una familia a lo largo del siglo XX.

Cuando la guerra llega a la puerta de casa o se produce una inundación, la población huye. Al menos, eso es lo que hace la mayoría de la gente, pero no Trina, una mujer fuerte y obstinada. Las palabras son la única arma de esta maestra decidida; palabras elegidas con cuidado para escribir a su hija desaparecida, con la esperanza de que un día vuelva; palabras que cuentan el destino de una familia en tiempos convulsos; palabras para expresar la fidelidad a los ideales de juventud y a la resistencia. Marco Balzano construye una novela cálida e intensa que mezcla la Historia en mayúsculas con las pequeñas historias cotidianas y en la que resuena la voz de Trina, una mujer inolvidable.

«Una novela que habla de los grandes momentos y temas de hoy.» – La Repubblica

«Una historia auténtica y pura.» – La Stampa

«La prosa realista de Balzano está llena de lirismo y describe a la perfección los estados de ánimo de las personas y el paisaje que atraviesan.» – Corriere della Sera

«Una historia hermosa, magnífica, poderosa.» – Actualitté.

Fuente: https://www.casadellibro.com/libro-me-quedo-aqui/9788417128913/10038721

RESEÑA

Últimamente, cansado por los excesos de las navidades y por otros temas ajenos a mi voluntad, he dejado de leer y de escribir. Mi diciembre literario, por decirlo de otra manera, ha sido nefasto y, tras el sopor y el cansancio, comienzo este año lentamente, como si incluso la literatura tuviese su cuesta de enero.

Emprendí la lectura de esta novela, de un texto supuestamente más cómodo que la poesía, para sumergirme en su lenguaje fluido, aunque no simple, eligiendo adrede una historia entrañable. Varios fueron los motivos que me impulsaron a la lectura de este libro: las reseñas positivas sobre el autor, los galardones y premios que obtuvo, la historia real como fondo mezclada de forma magistral con la ficción y, por qué no, la portada del libro. En la cubierta observamos un campanario que emerge sobre las aguas: dicha imagen es la síntesis perfecta de una historia sumergida, olvidada; simboliza y resume eficazmente los contenidos de la novela.

El agua lo cubre/cubrió todo, encarna la prepotencia, la invasión, la manipulación política, la violencia opresora, la resistencia de unos pocos que hoy solo pueden ser recordados. Si no existiera la memoria de la palabra, narrada o escrita, la historia solo sería un cúmulo de destrucción y olvido.

Curon, pueblo fronterizo situado entre Italia, Austria y Suiza, era un lugar cuya vida estaba marcada por el ritmo de las estaciones. La política y la historia eran solo ecos perdidos. El idioma era el alemán, la fe cristiana, el trabajo estaba en los campos.

La llegada de Mussolini lo cambió todo. Con el fin de la primera gran guerra y la firma de los armisticios entre las grandes potencias europeas, el pueblecito de Curon pasó a ser parte del territorio italiano. La llegada al poder del fascismo fue cruel, violenta, repentina: en el 1921 se sustituyeron los trabajadores lugareños de las principales instituciones públicas por italianos del sur, la lengua alemana de repente pasó a ser ilegal (a la vez que condenada y perseguida). Nadie conocía el nuevo idioma y parte de los habitantes de Curon se vieron condenados a una vida sin trabajo. La gente terminó por odiar el fascismo. En cambio, y me parece interesante señalarlo, el ascenso del nazismo fue muy bien acogido: años más tarde, la llegada de Hitler detuvo las obras del embalse, dio de nuevo trabajo a los lugareños en detrimento de los invasores italianos y permitió volver a hablar su lengua. Paradójicamente, el Reich fue visto como garante de la libertad y bienestar: durante años fue la imagen (sobrevalorada) de la salvación y muchos de los lugareños se fueron a Alemania o se alistaron en su ejército.

La realidad fronteriza de Curon, sacudida entre dos grandes potencias militares, se vio obligada a resistir: la protagonista de la novela, Trina, es una mujer que lucha contra la historia, contra la miseria, contra los invasores, contra los regímenes dictatoriales. Su deseo de quedarse, de no sucumbir, de no olvidar, de permanecer se descompone lentamente. Trina ve desintegrarse su tranquilidad, pierde a sus amistades por cuestiones políticas, pierde a su hija por irse a Alemania, su marido por ir al frente, y después pierde a su pueblo por escapar a las montañas, por hacerse desertora junto a su marido. Su idioma, el alemán, es el clavo ardiendo al que agarrarse para continuar la lucha, para conservar su identidad. La palabra le regala motivos para seguir adelante. Ella se defiende escribiendo: escribe para superar el dolor de una hija que decide irse con su tía, enseña alemán para suplir las injusticias del poder, publica cartas para denunciar la codicia del poder económico e industrial.

Seguir adelante es el único camino: su prosa (el autor escribe en primera persona con la voz de Trina) es confesional, como si la novela fuera un diario escrito por y para su hija Marica.

Resto qui / Me quedo aquí es el trabajo de un escritor prometedor, es una obra actual, sugestiva, que evoca episodios históricos llamativos y frecuentes en el siglo pasado; el trabajo de Marco Balzano recuerda otro título del homónimo escritor Julio Llamazares cuyo libro (Distintas formas de mirar el agua), también bellísimo, trata la historia de un pueblo español anegado por los intereses del poder franquista.

Para terminar, me gustaría trasladaros las preguntas que el mismo autor nos propone:

  • ¿Existe, para cada uno de nosotros, un lugar o una imagen que representa nuestras raíces?
  • ¿Elegimos nuestro idioma materno o el lenguaje se nos impone por la política y/o por la historia?
  • ¿Tenemos derecho a defender, incluso con la fuerza, nuestros territorios, nuestra identidad, nuestras raíces? ¿Debemos resistir?

En definitiva: una historia entrañable, un libro recomendable

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EL MÉDIUM Y LA VELOCIDAD

 Por: Manuel de la Fuente Vidal


“Mi animal preferido eres tú” de José Gabarre, ed. Los Libros del Mississippi. Prólogo, Miguel Carcasona. Epílogo, Luisa Miñana. 102 páginas.

Hay poetas apasionados por el teatro kabuki japonés, por la lírica popular austro-húngara del siglo XVIII, o por la relación entre la física cuántica y la idiosincrasia de los paramecios. El que nos ocupa no es de esos, aunque que se sepa es un apasionado de la Historia (desde las civilizaciones remotas de Oriente hasta los órganos katiuska de Stalin, pasando por la trova del amor cortés y la Guerra de los Cien Años) y el motociclismo, esa alta, altísima velocidad, que un día le hizo proclamar al campeón Kevin Schwanzt “cuando veo a Dios sé que es el momento de frenar”. Pasiones que le llevan a trazar las curvas de la memoria y la poesía de una manera vertiginosa.

Hablamos del poeta José Gabarre, que acaba de presentar su nuevo poemario, “Mi animal preferido eres tú” que nos hace viajar a muchos mundos, casi derrapando, que podríamos imaginar pero que sin sus versos no podríamos ver.

El poeta, además de músico y editor, también es profesor, y en sus amenas clases aprendemos por ejemplo esta bella declaración de amor: “En cada centímetro cúbico de tu epidermis se encontraban las mismas leyes que llevaron a la extinción de los dinosaurios o que precipitaron la formación de las moléculas de agua”.

José Gabarre puede recordar  a uno de sus mitos, Jim Morrison, “reptil de pelo dórico empalado en la lengua de Rimbaud” y poco después a pasadas relaciones sentimentales “como si a uno le estuvieran tatuando el brazo con exnovias que se acuestan con el jazz de los gatos”, y cambiar de tercio tres páginas después para reflexionar sobre los avatares de su propio destino y existencia: “El pan que parto como género humano desemboca en las lenguas y hago del peso de la lluvia el símbolo de mi crucifixión”.

Gabarre recrea momentos cercanos de la vida cotidiana como los devenires por una discoteca (“entonces puede decirte: ¿podrás abrazarme esta noche en el centro

de la pista de baile?”), con la ternura un tanto entristecida de una mirada renovada (“y dibujáramos cuerpecitos de niñas de calcio con tarjetas de crédito, los huérfanos que se duchan con nuestros besos”), y quizá por eso, por esa tristeza de los días se deja prender por la libertad de la noche (¿también libertinaje?) y entra “a los bares para alquilar la piel de otros cuerpos”. Probablemente en esas barras de los garitos de madrugada es donde descubre “ese instante en el que las matemáticas quedan envueltas entre las sábanas”.

Al poeta no le importa ponerse cara a cara frente al más poderoso (“dejar a Dios sudar en la bañera, mirar al hijo del hombre”) ni cambiarle la pila al reloj del Universo (“los astros se desangran tallados por la indecisión del cronómetro”), antes de lanzarse sin dejar de manipular la manilla del acelerador al temido “sacacorchos” del circuito estadounidense de Laguna Seca, que aquí toma el nombre en forma de descomunal poema de “Ezra Pound reconoce como su señor natural a Alfonso II de Aragón”, que es una auténtica epopeya lírico-épica que arranca en el Tiro de Amílcar Barca y concluye ante las prusianas botas del Kaiser, pasando antes por la “espalda de alguna camarera -cuando todo es soledad y barbitúricos-“, el martirio de los herejes cátaros en Beziers y Montségur, los heroicos arqueros ingleses de la batalla de Azincourt comandados por el héroe shakesperiano Enrique V, y los trovadores aquitanos. Un curso intensivo de historia que muestra y demuestra que la poesía también puede y debe abrir otros y muchos caminos que van más allá de la conquista del corazón de la amada, que puede y debe conseguir que los actores del pasado se metan tranquilamente en papeles contemporáneos.

Gabarre también nos convoca a viajar a la Baja California (¿el desierto de Los Monegros?) y de paso recuerda con herramientas de hoy, Google Earth y Google Maps, mientras ella “seguía conduciendo”, que “una caja de anticonceptivos no era un lugar en el mundo” y que “una puesta de sol no era simplemente un fósil que pudiéramos datar”. Y al fin y a la postre el libro va concluyendo con la desolación que el poeta ve y todo lo impregna (“como cuando una niña comienza a desvestir a sus muñecas, lo cual supone un terror añadido a la vida”) pero también con la esperanza y el convencimiento de que siempre queda algo fieramente humano a lo que agarrarse, como el erotismo que es ver “cómo plagia la luz tus nalgas en el espejo mientras haces café”. 

Este libro de José Gabarre conmueve hasta lo más profundo y de eso trata la poesía. De irnos removiendo pedacitos del corazón y del alma, de que las palabras reconstruyan para los demás mortales, a través de la voz del médium que es el poeta, mundos que no sabemos a ciencia cierta dónde están o qué significan. En “Mi animal preferido eres tú” reconocemos historias venidas de un territorio ajeno a éste, imaginamos paraísos que nos colman, o infiernos que nos desgarran, recorremos un mapa que el poeta traza para que encontremos los muchos tesoros que son sus versos. Gabarre, ni siquiera frena cuando ve a Dios.   

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FRITZ LANG: UN GENIO ENTRE DOS MUNDOS

Por: Tomás Sánchez Rubio


James Harold Wallis nació en enero de 1885 en Dubuque, Iowa; también un mes de enero, pero de 1958, fallecería en Scarsdale, Nueva York. Sus restos reposan desde entonces en el cementerio aconfesional de Ferncliff, de Hartsdale.

J.H. Wallis fue el autor, entre 1931 y 1943, de diez novelas de crímenes y misterio publicadas por el prestigioso sello editorial EP Dutton. El protagonista de las seis primeras era el inspector Wilton Jacks. Formado en la Universidad de Yale, Wallis, aparte de narrativa policíaca, en 1916 había escrito el libro de versos The testament of William Windune, and other poems, y en 1935 dio a luz un curioso libro sobre la figura del político profesional llamado The politician: his habits, outcries and protective coloring.

Su novela más conocida, sin duda, fue Once off guard, publicada en 1942. Dos años más tarde, pasaría al cine de la mano del director Fritz Lang. El viernes 3 de noviembre de 1944 se estrenó en Estados Unidos bajo el título The woman in the window –conocida más tarde en nuestro país como La mujer del cuadro-. El martes siguiente, día 7 de noviembre, tendrían lugar las elecciones presidenciales de las que saldría reelegido para un cuarto mandato el demócrata Franklin D. Roosevelt, venciendo por escaso margen al candidato republicano Thomas E. Dewey.

Cabe resaltar el hecho que supone que ese mismo año de 1944, embarcado como se encontraba el país aún en plena Segunda Guerra Mundial, la industria del cine estadounidense diera a luz producciones de tan notable calidad como Laura de Otto Preminger; Double Indemnity, de Billy Wilder; To Have and Have Not, de Howard Hawks, o Gaslight, de George Cukor. Esta última, conocida en España como Luz que agoniza, y basada en el drama del mismo nombre de Patrick Hamilton, supuso el debut cinematográfico, con dieciocho años, de la futura estrella de la televisión Ángela Lansbury. La acompañaba entonces un magnífico elenco de intérpretes consagrados como Charles Boyer, Ingrid Bergman o Joseph Cotten.

Volviendo a  The woman in the window, diremos que se trata de una cinta de corte policíaco, si bien rompiendo en cierta manera, como era propio en un genio de la talla de Fritz Lang, con algunos de los moldes clásicos del género. También había aligerado el ambiente tenso y claustrofóbico del libro de Wallis, otorgándole un final totalmente diferente y ciertamente inesperado para el espectador. La película, producida por Nunnally Johnson, estaba protagonizada por un trío de actores que ya contaba con una consolidada carrera en el cine. Tenemos en primer lugar al conocido Edward G. Robinson (1893-1973), que acababa de protagonizar otro drama psicológico, Double Indemnity –Perdición en España, ya mencionado. Junto a él, Joan Bennett (1910-1990), de seductora personalidad, en el papel de “femme fatale”, tan característico en el cine negro de la época, y que había afianzado su posición interpretativa gracias a El capitán Drummond, de F. Richard Jones (1929), o Mujercitas de George Cukor (1933). Acompañaba a los dos anteriores Dan Duryea (1907-1968), especializado en encarnar el papel del canalla sin escrúpulos, del villano violento, pero sin embargo atractivo, tan  frecuente en las películas del género policíaco de los cuarenta .

Tan sugestiva resultó la combinación de estos tres intérpretes, que Fritz Lang contó con ellos para el rodaje, al año siguiente, de Scarlet Street (1945), conocida en España como Perversidad. Drama intenso, descarnado y con tintes de humor negro, particularmente la considero una de mis cintas norteamericanas preferidas de la década de los 40. Si en La mujer del cuadro, predomina la intriga del mejor cine policíaco, creando una atmósfera tensa y en ocasiones asfixiante, en Perversidad el espectador se mueve entre emociones contrapuestas. El poder del destino, la culpa, el sexo, la ambición o sencillamente el instinto de supervivencia se dan cita en este episodio de la existencia de Christopher Cross, un simple cajero infelizmente casado, pero con un raro talento para la pintura, y que sucumbe a los “encantos” de una aventurera mujer -personaje mucho más interesante de lo que parecerá a primera vista-. La trágica -e irónica- espiral de los acontecimientos acabará con la perdición física o moral de los principales implicados en la trama.

La obra, basada en la novela La Chienne (1930) de Georges de la Fouchardière, había conocido ya una adaptación francesa en 1931, titulada igual que el libro, bajo la dirección del mejor Jean Renoir. Los protagonistas con los que contaba eran el versátil Michel Simon -padre del también actor François Simon-, Georges Flamant y Janie Marèse, actriz que falleció prematuramente a los veintitrés años.

Fritz Lang, director austríaco de inacabable filmografía, desarrolló su carrera artística en Alemania y en Estados Unidos. Antes de hacer obras como las mencionadas hasta ahora, en Europa había realizado auténticas obras maestras que marcaron el camino a varias generaciones de cineastas. Su trabajo evolucionó según corrientes y tendencias artísticas, pero sus producciones gozaron de un sello que las convierten en auténticos clásicos.

Friedrich Christian Anton Lang nació en Viena, Imperio autrohúngaro, el 5 de diciembre de 1890, y murió en Los Ángeles, el 2 de agosto de 1976. Sus restos descansan desde entonces en el cementerio Forest Lawn Mamorial Park de Hollywood, junto a otras celebridades del mundo del espectáculo como Lucille Ball, Stan Laurel o Bette Davis.

Fritz Lang empezó en 1908 los estudios de arquitectura en la Universidad Técnica de Viena por deseo de su padre, Anton Lang, también arquitecto; sin embargo, su pasión era la pintura, de modo que acabó matriculándose en la Escuela de Artes Gráficas de su ciudad natal. Admiraba el simbolismo de Gustav Klimt y, sobre todo, el expresionismo de Egon Schiele, discípulo del anterior. No obstante, poco después cambia el hogar paterno y los estudios por lo que puede considerarse “ una vida bohemia”, e inicia un periplo a través de diversos países, acabando por establecerse en París hasta el año 1914. Comenzada la Primera Guerra Mundial, se traslada a Viena de nuevo y se alista como voluntario en el ejército austrohúngaro. Herido en 1916, durante su convalecencia empezó a escribir guiones de cine. En el hospital militar conoce al director y productor de cine Joe May -exiliado del nazismo posteriormente como él-, a quien le mostró su trabajo, y que lo contrataría como guionista.

A partir de ese momento, encauzada su carrera cinematográfica, sobre todo tras acabar la contienda, Fritz Lang dirigirá sus propias películas. Era un momento de eclosión del cine en Alemania. Si bien dentro de la estética de la llamada escuela expresionista alemana, predominante en la época y de la que es considerado uno de sus maestros, junto a Friedrich Wilhelm Murnau (Nosferatu, eine Symphonie des Grauens, 1922), o el precursor Robert Wiene (Das Kabinett des Dr. Caligari, 1920), pronto desarrolla unos rasgos que le son reconocidos como propios: en Die Spinner, de 1919, la película más antigua consevada de Lang, ya distinguimos su gran talento dramático, la cuidada composición de las imágenes o un notable sentido espacial…  Tras Der müde Tod, de 1921 -donde Luis Buñuel reconocerá el germen de su vocación cinematográfica-, Dr. Mabuse (1922) o las dos partes de Die Nibelungen (1924), vendrá  en 1927 la considerada su obra “definitiva”: Metrópolis, cinta de ciencia-ficción que, a partir del juego con los espacios, volúmenes y claroscuros representará el apogeo del expresionismo arquitectónico, así como El gabinete del doctor Caligari lo había hecho en el pictórico. Seguirán la curiosa cinta futurista Frau in Mond (1928) y, ya en el ámbito sonoro, “M” (1931), película inspirada en la figura real del asesino en serie Peter Kürten, y que el realizador, particularmente, siempre consideró su mejor trabajo del periodo alemán.

En 1933, en la cinta Das Testament des Dr. Mabuse, que continuaba las aventuras siniestras de este criminal, aparecerá de nuevo su característico inquietante mundo de  sótanos, galerías y cuevas subterráneas, espejos deformantes y visiones ilusorias o distorsionadas, de acuerdo con la mente delirante del protagonista. La película será prohibida por el régimen político existente en Alemania. Será la última colaboración con su esposa y guionista Thea von Harbou… Muy poco después, Fritz Lang marchará a Francia. En París rodó Liliom, protagonizada por Charles Boyer (1934), con escaso éxito; no obstante, el siguiente paso fue Hollywood ese mismo año, contratado por la Metro-Goldwyn Mayer. Sin embargo, ya en Estados Unidos sus primeros proyectos fueron rechazados y tardó dos años en hacer Fury (1936), protagonizada por Sylvia Sidney y Spencer Tracy, y que resultó candidata al Óscar al mejor guion original. A pesar de tenerse que acomodar a las normas de género impuestas por productores y público, sus películas, sobre todo dentro del cine negro y policíaco, presentan -como dijimos al principio- un sello particular: Solo se vive una vez (1937), Secreto tras la puerta (1947), Los sobornados (1953), Más allá de la duda (1956), Mientras Nueva York duerme (1956)… Junto a las mencionadas, más alejadas del género, pero de una fuerza increíble, tenemos Deseos humanos (1954), Los contrabandistas de Moonfleet (1955) o Encubridora (1952).

En varias ocasiones, era manifiesta la crítica social, revelándose con frecuencia sus dudas sobre la justicia, así como una seria reflexión sobre el papel del individuo en la sociedad contemporánea y su desamparo. A finales de los años cincuenta, en parte por el clima creado por las investigaciones del Comité sobre Actividades Antiamericanas; en parte por su rechazo a criterios puramente comerciales, y sumándose la oferta de un productor europeo, viajó a la entonces República Federal Alemana para rodar El tigre de Esnapur (1958), La tumba india (1959) y  -una vez más- Los crímenes del Dr. Mabuse (1960), su última película. No rodó ninguna cinta más hasta su muerte en 1976.

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BEFANA, LA BRUJA BUENA DE ITALIA

Por:Pilar Alcalá García


Acabamos de vivir las últimas navidades, quizá muchos todavía no han guardado las figuritas del belén en su caja ya un poco deteriorada pero que es la mejor para que reposen pastores, reyes magos, un niño y unas ovejas. Quizá quede un poco de “espíritu navideño” en las casas y en las calles, quizá llevamos aún pegado en la suela de los zapatos un trocito de caramelo de la cabalgata del día cinco. Es por ello que me gustaría hablar de la Befana, un personaje italiano que visita a los niños italianos la noche del cinco al seis de enero, sí, la misma que los Reyes Magos, pero no pasa nada, hay niños para todos y no se hacen la competencia, al contrario, se ayudan y complementan. Y con la fiesta de la Befana se acaba todo, hay un refrán italiano que dice: “Viva l’Epifania che tutte le feste si porta via”, (Viva la Epifanía porque con ella se acaban todas las fiestas).

La Befana es otro más de los numerosos personajes que en Navidad llevan regalos a los niños (los Reyes Magos, Papá Noel, Santa Claus, el Olentzero) y es curiosamente el único personaje femenino. El origen de la palabra befana está en el griego ἐπιφάνεια (epifáneia), y además, en ἐπιφαίνω que significa mostrarse, aparecer. Del latín epiphanĭa, se trataría de una deformación del término latino que con el paso del tiempo, a través de un proceso de “corrupción léxica”, se modificó en bifanìa, befanìa (latín vulgar), befana. En italiano existen algunas palabras derivadas de befana: befanaccia, una mujer muy fea; befanina, para referirse en broma a una niña traviesa; befanata, canción de la befana que pandillas de muchachos cantan en Toscana la noche del cinco de enero acompañados de instrumentos musicales y van llamando de puerta en puerta pidiendo regalos. Esto recuerda la costumbre española, sobre todo en los pueblos, de cantar villancicos para pedir el aguinaldo o aguilando. Y también la palabra befana se utilizaba para denominar a un muñeco de trapo que se hacía en los días previos a la Epifanía y el día de la fiesta se colgaba de las ventanas.

La Befana, es un personaje fantástico que tiene su origen en el folklore popular, derivado probablemente de antiguos ritos paganos propiciatorios vinculados a la agricultura y a los ciclos estacionales. Se trata de una mujer anciana, no precisamente guapa, una especie de brujita buena que, volando sobre su escoba mágica, en la noche que precede a la Epifanía, lleva regalos a los niños, más bien dulces y golosinas que juguetes. Baja por la chimenea y deja en los zapatos o, mucho mejor, en los calcetines, sus regalos. Si en España es costumbre dejar dulces y licores o leche para los Reyes Magos y agua para los camellos, en Italia los niños dejan una mandarina en la mesita de noche para la Befana. Y algo que hay que resaltar es que hasta mediados del siglo XX era ella, la Befana, quien traía los regalos a los niños italianos, Babbo Natale no visitaba Italia.

En la actualidad y después de un periodo en el que estuvo relegada por Papá Noel, la historia de la Befana se ha recuperado desde un pueblo de la región de Marche, Urbania. De nuevo la Befana se viste con sus ropas un poco estropeadas y sale a entregar regalos y pequeñas regañinas a los niños caprichosos. Es como si la simpática anciana estuviera viviendo una segunda juventud gracias al redescubrimiento y a la valorización de las antiguas raíces de la auténtica identidad cultural. Se piensa que la Befana es sucesora de la diosa Sabina conocida como Strenia, diosa que representa la buena salud y suerte, por lo que las golosinas que deja la bruja buena serían una especie de sortilegio. ¡No olvidemos lo supersticiosos que son los italianos! De Strenia deriva la palabra “stenna”, regalo. Según la enciclopedia “Treccani”, en esos días de fiesta los romanos se hacían regalos como manera de desear lo mejor para el nuevo año, regalos con carácter simbólico o de significado religioso que enseguida se transformaron en regalos en dinero incluso para el emperador. El origen de la Befana está en los ritos paganos entre los siglos X y VI a.C. muy vinculados a las estaciones del año y sobre todo a la agricultura, estas ceremonias fueron adquiridas por los antiquísimos romanos vinculándolas a su calendario. Lo cierto es que a partir del siglo IV la iglesia empezó a castigar todos los cultos y creencias paganas, y poco a poco el catolicismo fue adoptando la vieja figura pagana femenina. La Befana recuerda la cultura religiosa de santa Lucía que daba regalos a los niños, al igual que San Nicolás antes de Papá Noel.

Y nos gustaría detenernos en la figura de santa Lucía que, siendo siciliana, es muy celebrada en el norte de Italia. Su nombre significa la que porta luz. En las regiones del Trentino, Friuli, Emilia, Lombardia y Veneto, el 13 de diciembre, que es la noche más larga del año, se recibe una visita muy especial: una santa que viaja en burro, y solo de madrugada, pasa para dejar regalos a los más pequeños. Sin embargo, para que santa Lucía pueda hacer bien su trabajo es necesario que no sea vista, en caso contrario, se enfadará y tirará a los ojos un puñado de ceniza al valiente que la espere despierto. Para aumentar la expectativa de los niños, en las calles suenan campanas avisando a los más pequeños que deben ir a la cama, para evitar que la santa les vuelva ciegos, arrojando cenizas a sus ojos. Con el fin de agradecer a la santa los regalos que les traerá, es costumbre dejar alimentos para ella y para su burro en las ventanas de todos los hogares; por lo general naranjas, galletas, café, medio vaso de vino tinto, heno o harina de maíz y sal para el burro. En la mañana del 13 de diciembre, los niños encontrarán caramelos y monedas de chocolate. La costumbre de celebrar Santa Lucia en el Véneto empezó alrededor del siglo XIII d.C., y quizás la ciudad donde esta tradición es más fuerte sea Verona donde para celebrar Santa Lucía desde hace un siglo hay una tradicional feria que dura tres días en Piazza Bra, que se llena de mostradores con juegos, dulces y bombones de cada tipo. Entre los dulces típicos de esta fiesta están las “pastefrolle de Santa Lucia”, de formas variadas: estrella, caballito, corazón. Algo muy especial de la fiesta es que se puede admirar la estrella de Navidad que desde el interior de la Arena de Verona aterriza luminosa en Piazza Bra.

Pero volvamos a nuestra protagonista. La imagen de la Befana se personifica con una bruja, pero en realidad se trata de una anciana cariñosa que se sube sobre una escoba y viaja por los aires, y su presencia representa la limpieza espiritual de las viviendas, así como de las almas, para preparar la llegada de una nueva estación del año. La Befana va vestida con una falda larga oscura y ancha, un delantal con bolsillos, un chal, y en la cabeza un pañuelo y un sombrero, todas las prendas con remiendos de colores vivos. Los niños italianos cantan con entusiasmo esta cancioncilla: “La befana vien di notte con le scarpe tutte rotte il vestito alla romana viva viva la Befana”, que literalmente se traduce así: ¡La befana viene de noche con los zapatos rotos y el vestido a la romana, viva viva la Befana! Se puede relacionar el símbolo de la anciana simpática con lo viejo, específicamente con el año que apenas ha terminado. La escoba que usa se puede relacionar con la limpieza de lo malo y lo antiguo y la entrega de regalos puede tener un valor positivo para iniciar un venturoso año nuevo. La costumbre es que los niños dejen una naranja o una mandarina y un vaso lleno de vino para que la Befana recupere sus energías, ella en agradecimiento barre la casa para purificarla. La Befana, como vimos, lleva puestos unos zapatos rotos, por lo que muchos niños dejan cerca de la chimenea o la cama los suyos, para que los coja si los necesita, a cambio les deja más cantidad de golosinas y obsequios.

En Italia el cinco de enero las calles se llenan de cientos de símbolos representando a la Befana colgados de los campanarios. Los romanos tienen la creencia de que en la medianoche del seis de enero se puede ver a la Befana por una ventana de la Piazza Navona y van allí para ver si aparece, aunque en realidad se trata de una excusa para comprar dulces y juguetes en el mercadillo de la plaza. Y algo muy simpático es que la Befana cuenta con un espacio muy singular, la “Casa della Befana”. Esta casa se encuentra en un pueblo de la provincia de Pesaro llamado Urbania, en ella se puede ver la cama y la gran olla en la que cocina sus pociones, también se puede ver el garaje donde aparca su escoba voladora. Además en Urbania está la oficina de correos, “La Posta della Befana”, y allí están los asistentes de la Befana que te ayudan a escribir la carta.

Y ahora que casi lo sabemos todo de la Befana vamos a saber qué cuenta su leyenda. Se dice que cuando los Reyes Magos iban hacia Belén para visitar al Niño Jesús no sabían el camino que debían seguir porque perdieron de vista a la estrella que les guiaba porque unas nubes negras la ocultaron. Empezaban a preocuparse y preguntaban a todas las personas que se encontraban, pero nadie sabía decirles nada y ya estaban un poco desesperados, cansados y tristes porque pensaban que nunca encontrarían al Niño Jesús cuando se encontraron a una anciana de cabellos largos y blancos y vestida de oscuro; fue muy cariñosa con ellos y les invitó a entrar en su casa para que descansaran y comieran y pasaran allí la noche. Los Magos, agradecidos, le pidieron que les acompañara a visitar al Niño Jesús pero ella se negó. Los Reyes Magos se dieron cuenta de que los niños del lugar no querían a la anciana y le gritaban “bruja Befana” y se fueron de allí algo sorprendidos. Continuaron su camino y mientras tanto la anciana se sintió arrepentida de no haber aceptado la invitación de los Reyes Magos, así que decidió salir de casa para ir con ellos, pero ya era tarde, estarían lejos. Decidió llenar un canasto con dulces y salió de casa pero, tal y como imaginaba, no pudo encontrarlos. La Befana llamaba a la puerta de todas las casas que encontraba y cuando había niños le regalaba dulces de su canasto, ¿por qué hacía eso? porque tenía la esperanza de que alguno de aquellos niños fuera el Niño Jesús. Y así, desde entonces iba por todos sitios regalando golosinas a los niños, para hacerse perdonar por no haber acompañado a los Reyes Magos. Por eso en Italia, aunque por supuesto existen los Reyes Magos y se celebran cabalgatas, como la de Firenze, inspirada en el precioso fresco que pintó Benozzo Gozzoli en la Cappella dei Magi del Palazzo Medici-Riccardi, la auténtica protagonista de la noche mágica del cinco de enero es ella, la Befana.

Por tratarse de una bruja buena, tal vez a alguno de mis lectores le apetezca recibir su visita el próximo año. Si así fuera, ya sabe lo que tiene que hacer…

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CORPOREITÀ E SENTIMENTI NEI VERSI DI NICOLA FOTI | APPUNTI SU I COLORI NELLA NOTTE

Di Cinzia Baldazzi


Quali saranno le sfumature notturne della silloge I colori nella notte i cui versi procedono «in un frullare d’ali», con «volti e cose / Che mai più rivedrò»? Di certo, aveva ragione Giuseppe Ungaretti: l’amore è una finestra illuminata nella notte buia, il vero amore «una quiete accesa». La letteratura del Novecento ne ha accese di luci, scavando al contempo voragini di immensa oscurità. E ora, alle soglie del terzo millennio, afferma Nicola Foti: 

Non è passato invano, amore mio
Il tempo di noi eterni girasoli

Infatti:

Di nuovo i girasoli ci salutan
Ebbri di luce, folli, esagerati

Ma adesso, purtroppo, può accadere – ad esempio nella poesia che dà il titolo al libro – di trovarsi innanzi alle labbra dell’amata, non più «dimora», bensì «pietra tombale»:

Qualche fiore marcito
Di sbiadito amaranto

Lunga sarà la notte
Senza canto

In questa vita, pertanto, in «un frullìo d’ali / Senza mète e confini», diviene urgente per Nicola Foti il dilemma dell’itinerario attraverso cui affrontare l’organizzazione capillare e sociale, i suoi schemi morti: il poeta sembra risolverlo appellandosi alla passione, all’affetto, circondato da un’adesione ingenua, a volte ingorda:

Nel temprarmi alla vita
Mi scoprii
Ingordo d’amore

Una disposizione naturale, tipica dell’esistenza nell’immediatezza totale, integra, transitata in un linguaggio simbolico energico, profondo, altamente polisemico. La parole diventa noi stessi, e rinvia idealmente all’interrogativo formulato dal semiotico statunitense Charles Sanders Peirce:

Che cosa distingue, allora, un uomo dalla parola? Perché è indiscutibile che vi è una distinzione: le qualità materiali, le forze che costituiscono la pura applicazione denotativa, e il significato di quel segno che è l’uomo, sono fattori oltremodo complicati in confronto a quelli della parola.

La risposta fornita da I colori nella notte suggerisce un quadro non conciliante:

Maschera vuota
Dentro ai fiori nascondi
Il verminaio dell’ipocrisia
Lo specchio non riflette più il volto
Dove finì l’incanto di parole
Che di fango macchiasti

In un sistema minaccioso, chiuso, compatto, sotto un «cielo impietoso», il personale e privato dell’autore contamina il linguaggio: i «giorni neri» sono «come ondate d’inchiostro», ma la donna dipingeva – di nuovo – «incanti di parole». Traspare, allora, come un’incrinatura della negatività, e nasce, moltiplicato, il desiderio:

Ti ho desiderata, ti ho cantata
Ti ho maledetta, invocata
Nei silenzi infiniti
Nei simulati amplessi
Dove parola si faceva carne

Le poesie di Nicola Foti allineano una discorsività franta e spezzata, ma internamente organica e ininterrotta: è il segno-segnale di una lotta che si combatte in un deserto assurdo, nell’aridità di un insieme vuoto di certezze o significati attendibili, in un varco del microcosmo dove l’esistente non può essere conosciuto bensì soltanto vissuto, interpellato, eliminando la linea di separazione fra il “dentro” e il “fuori”, l’Io attivo e la cosalità. L’Ego del nostro poeta devolve per intero la coscienza al vissuto, e i suoi messaggi rimangono sospesi, pronti a essere confermati o smentiti.

Quindi, in un input di orgoglio umano, sincero:

Sorge l’aurora
Di porpora e di rosa
Ha la cintura

Del resto, Blaise Pascal ricordava:

Dio ha messo nel mondo abbastanza luce per chi vuole credere, ma ha anche lasciato abbastanza ombre per chi non vuole credere.

Tra le pagine de I colori nella notte prende corpo un’articolata riflessione sul significato dell’esistenza, sul rapporto sottile e indefinito tra l’amore, il tempo e l’eterno, fra il concreto e l’invisibile, il caso e la necessità. Così come quando il mare, con le sue onde perenni che battono la riva, suggerisce le risposte:

Mi parli solo tu, mare
Porti in te il messaggio
Di parole mai pronunciate
Nel frastuono di onde perenni
Non hai voce, eppure
Nei tuoi sussurri e ruggiti
Chiaro si fa il sentire
Di questa mia esistenza
Questo incessante andare e ritornare
Questo continuo vagare.

Tuttavia, in tale affascinante dimensione linguistico-simbolica – convincente nel suo permanere aleatoria, nel rimanere incerta nelle risposte assolute – la ricerca da parte di Foti dell’ultima tappa ontologica dell’esistere non ha modo di compiersi: volendo andare sempre oltre, si interrompe e arretra inquieta ogni volta, prima di avvicinarsi alla conclusione. Il gioco dei contrari, annunciato persino nel titolo, confonde sperimentalmente i confini nell’intervallo di scambio esatto e assiduo tra corporeità e sentimenti, nel bilanciamento tra peso e leggerezza, nel confronto tra il realismo delle cose e il nulla circostante. I quesiti totalitari sostano inespressi, impliciti, nell’alterno apparire di presenze e immagini còlte nello sfumare in un’aura astratta, indeterminata.

Leggiamo, infine, ne I colori nella notte:

Cercavi libertà
Da me, cercasti
Ma non ero padrone delle gabbie
E vissi prigioniero del silenzio
Io mai più seppi
Mai più domandai

Non condivido la resa incondizionata, preferisco evocare un’altra finissima trama di analogie capace di ipotizzare il limite della conoscenza al di là dell’immediatamente verificabile. Sono d’accordo con Walter Benjamin – e forse lo sarà anche Nicola Foti – quando mette in guardia dal vero pericolo: «Nella vita si impara sempre meglio a evitare».

Nicola Foti
I colori nella notte

Proverso Ediciones, 2019, pp. 84
Impaginazione Inma J. Ferrero
in copertina I colori nella notte di Massimo Chioccia e Olga Tsarkova (2001)
Design della copertina Inma J. Ferrero

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JESUS APARICIO GONZALEZ: «LA POESÍA HA SIDO, ES Y SERÁ SIEMPRE, ES INTEMPORAL»

Por: Isabel Rezmo


La palabra es necesaria para el mundo, para el poeta es mucho más. Es su incensario, su plomo, su miga. Necesitamos rescatarla para que el mundo lo entienda. El lenguaje gráfico que rodea el verso es un compendio de múltiples reflejos.La palabra invoca una acción desmedida: desierto y vacío, virtud y conocimiento. Mucha hambre, sencillez.

Nuestra entrevista este mes gira en  torno a estos parámetros.  Presentamos  un poeta, en el sentido más puro y genuino. Jesús Aparicio González (Brihuega, Guadalajara-España) ama la palabra. A través de su poética  refleja todo el trabajo que ha dedicado a cuidarla e intentar trasmitirla como un océano de luz, de verdad.  Su poesía encierra el enigma, imagen, mística, sosiego, introspección…

Probablemente dejemos mucho más. Pero debemos quedarnos  con la verdad que encierra su poesía, una verdad que nace de lo más cotidiano y genuino. El mundo tiene múltiples aristas y Jesús condensa esas aristas en un único y trascendental principio: el verbo, tan real como el aire que respiramos y su meditación es esencial para entender el universo que nos rodea. Un conocimiento a través del   diálogo con la parte humana y poética  que habita en nosotros, y fuera ante nosotros.

Recientemente, ha publicado su último trabajo: “Sin saber que te espera”, con la editorial Ars Poética, (2019).

Proverso quiere acercar a sus lectores, la figura y la obra de este gran poeta, servidor de la palabra y de la sencillez absoluta.

RP: Buenas tardes Jesús, un placer tu compañía. ¿Cómo definirías la poesía?

JA: Pregunta con la que nos acostamos y levantamos cada día los poetas. Cada uno busca la suya en cada poema. Ya lo cantó perfectamente Bécquer: “Espíritu sin nombre/indefinible esencia……de que es vaso el poeta” Y si hay alguna breve poética con la que me sienta también identificado es esta tan conocida de Miguel de Unamuno: “pensar con el sentimiento y sentir con el pensamiento”, idea y emoción formando un todo indisoluble que alimenta la palabra, palabra precisa y necesaria, que al fin y al cabo es la materia con la que construimos y cantamos los poemas. Y si quieres una de mis poéticas más personales te comparto este poemilla incluido en mi libro “El sueño del león”:

Pañuelo y palabra

dan vuelo a una paloma.
Adán fue soplo sobre inerte barro
y yo me vuelvo al barro en breve soplo.
La vida (y la poesía) al fin se explica
desde la magia.

RP: ¿La primera vez que sentiste su llamada: fue conocimiento o revelación?

JA: La poesía entró en mí no por iluminación sino por inmersión. Recuerdo estar en modo poético toda mi vida. Desde que a los tres, cuatro años, escuchaba y cantaba desde el balcón de mi casa natal en Brihuega, las jotas que escuchaba a mi padre y las que yo mismo me inventaba. Pronto dejé de cantar por timidez y me puse a escribir, ocultando lo escrito en principio, publicando bajo sinónimo en mi adolescencia después……. Y hasta hoy, en este tiempo (tan dado al espectáculo) en que me expongo con un cierto temor al desnudo del espíritu en que nos deja la poesía.

RP: En la actualidad con la cantidad de creadores que surgen ¿Dónde radica el éxito en la poesía?

JA: La poesía tiene poco que ver con el “éxito” mundano, con la fama que como humanos perseguimos inútilmente, llevados por el sinsentido de la vanidad. La poesía es el ser irrenunciable que el poeta, que de verdad lo es, lleva dentro. Y con ella va creciendo, recreándose en cada verso, que es siempre esa agua, esa luz que le da vida.

RP: Pessoa afirmaba “Ser poeta no es una ambición mía, es mi manera de estar solo”. ¿Qué significado tiene para ti?

JA: Palabras proféticas de Pessoa. No hay poesía sin soledad, tanto para escribirla como para recrearla leyéndola. Una manera de estar y de ser. Te puedo compartir unos versos que escribí hace apenas dos días:

UN CÍRCULO VIRTUOSO

La soledad nos regala el silencio,
el silencio engendra poesía,
poesía se goza en soledad.

RP: Actualmente hay un activismo poético o literario exagerado; y en ocasiones la poesía se relega a un ámbito privado minoritario.  ¿Dónde crees que radica el equilibrio?

JA: Juan Ramón Jiménez ya nos dijo que dedicaba su poesía “A la inmensa minoría”. A mi modo de ver la Poesía reniega del espectáculo y del circo que en esta sociedad postmoderna estamos montando. Todo ello sirve para su difusión, bien, lo admito. Pero al fin, el verdadero disfrute de la Poesía, se da en el cara a cara con la Palabra, en la soledad del estar con uno mismo.

RP: ¿Crees que la poesía está perdiendo su verdadera identidad?

JA: La poesía ha sido, es y será siempre, es intemporal, trasciende sobre las modas de cada época. Está ahí para quien sabe encontrarla y vivirla, para quien reconoce “ese anillo que sujeta/ el mundo de la forma/ al mundo de la idea” (Bécquer dixit)

RP: ¿Los autores que más te han marcado?

JA: La lectura y relectura de los clásicos españoles han sido siempre un alimento poético en mí. Recuerdo que en mi adolescencia devoraba con insistencia poemas de autores completamente distintos pero esenciales cada uno de ellos: desde León Felipe a Vicente Aleixandre, desde Juan Ramón Jiménez a Blas de Otero, desde Antonio Machado a Luis Cernuda, desde Ángel González a José Ángel Valente…….cada uno es un universo en sí mismos y todos, de alguna manera, han influido en mí.

RP: En tu caso  ¿Cómo es el día a día en tu quehacer poético ?

JA: Contemplar, escuchar, prestar atención a todo aquello que nos rodea, por pequeño e insignificante que se nos presente a los sentidos, cada día puede surgir el relámpago de la poesía. “Amor y poesía cada día” nos aconsejaba Juan Ramón. Y dejar sobre el papel “unas pocas palabras verdaderas” que el tiempo decantará y juzgará si pueden ser publicadas.

RP: De todos tus libros ¿cuál es el más representativo o el que más te ha llenado o te ha dejado satisfecho?

JA: No sabría decirte. Todos tienen algo especial para mí: “Con distinta agua” (que ganó el premio de Aranda de Duero) marcó un punto de inflexión en mi obra, pero luego , creo, he crecido como poeta: “Las cuartillas de un náufrago”….. “La paciencia de Sísifo”…. y este último, claro, “Sin saber que te espera”, por ser el más reciente y el que incluye unos poemas finales dedicados a la enfermedad y muerte de mi padre.

RP: ¿Qué va a encontrar el lector en “Sin saber que te Espera”?

JA: Este libro ahonda en la realidad, pensada y sentida desde el corazón de un hombre que se sabe perecedero y por lo tanto semilla de lo que está por nacer. Poemas que han surgido en el devenir cotidiano, donde el temor y la esperanza construyen el aquí y ahora, muchas veces apresado entre las garras del tigre pero siempre bajo ese soplo que mueve y eleva la mirada del águila. Serenidad y gozo de vivir reconocido en las cosas pequeñas.

RP: Muchísimas gracias por tu tiempo.

JA: Muchas gracias a ti por tu dedicación y trabajo (no siempre reconocido), por el alma y la ilusión que pones en sembrar y difundir la Poesía allí por donde vas.

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EL CUERPO SEGÚN ZAHARA

Por: Juan Ramón Jiménez Simón


El cuerpo es interpretado por el sujeto que lo encarna, es así como la poética del cuerpo entiende que el verso es el generador de su identidad corporeizada y quien integra al cuerpo en una realización consigo mismo, toda la corporeidad se proyecta en la capacidad del sujeto de idear – se a través de relaciones incluso difíciles de comprender. Zahara, con su libro “Teoría de los cuerpos” (Editorial Aguilar, colección Verso&Cuento, 2019) nos declama que el cuerpo es insondable, planteándonos una invitación incansable a la creatividad de la relación corpórea que hace salir a la luz el significado profundo de las vidas vividas en un cuerpo.

El hecho de rescatar al cuerpo y reclamarlo como crítica de la razón poética hace que sea necesario distinguir la comprensión de la transmisión de informaciones. La primera sitúa activamente al lector/a en la base de la acción; la segunda lo contextualiza como agente de recepción. Pero lo relevante es que la persona que lea los poemas de la autora ubetense sea capaz de indagar el origen de su corporeidad en el conjunto de sus vivencias. Esto nos ofrece el convencimiento de que lo auténtico es vivir lo que es real y que el cuerpo tiene como propiedad justamente el riesgo inmediato de una realidad que es vivida significativamente por nuestro organismo de forma global.

Se trata del primer poemario de Zahara, que destaca por su originalidad expresiva al tiempo que elabora una fenomenología propia en tanto que “lo que mi cuerpo es para el otro”, una alteridad basada en cuerpos que se mueven, se repelen e imantan con sus iguales.  Según Sartre (1943, edición 1997), el cuerpo que “yo existo” es lo que “yo trasciendo” hacia nuevas combinaciones complejas, y por eso mi cuerpo pertenece para el otro, una corporeidad que es “utilizada y conocida por otro”, generando nuevas relaciones corpóreas; es la llamada tercera dimensión ontológica el cuerpo.

La concepción del cuerpo en los poemas de Zahara delimita tres espacios corporales (R.B.J.T. Allenby, 1991; T.S. Blyth and E.F. Robertson, 1985): “Clausuras de un cuerpo”, “Correspondencias de los cuerpos” y “Extensión de un cuerpo”, que constituyen una explicación cotejable con la filosofía del siglo XX (Sartre, Meleau-Ponty, Popper y otros). La hermenéutica de “La teoría de los cuerpos” es una perspectiva que facilita la comprensión de una relación circular del propio cuerpo, en cuyo seno emerge la conceptualización de las preocupaciones y maneras de entender la vida y las relaciones generacionales.  No en vano, la autora atiende relaciones que se acabaron, amores afines y correspondidos, momentos difíciles que desdoblan las expectativas puestas, la complicidad sexual,… “cuerpos” que la poeta analiza de forma intensa a lo largo de las páginas de su libro.

La dualidad entre el alma y el cuerpo (donde se encuentra la conciencia de sí misma)  es una magnífica oportunidad para sentir la ambigua congoja de vivir, esa pulsión de las intimidades que se repliegan sobre los secretos de la intimidad.  La vida se revela en la contingencia del propio cuerpo, tan casual y al límite. En los poemas, semaforismos y relatos cortos de Zahara, la conciencia se encarna en un cuerpo que se representa en el mundo, resultando que el cuerpo es la ecuación reversible de la irrealidad bella. De ahí que la paradoja del cuerpo, según Zahara, es que no hay cuerpo sino en situación y no hay situación sino por el cuerpo, puesto que la autora lo entiende en términos de ganar terreno en la comprensión de la misma paradoja.

En definitiva, se trata de un poemario elegante, con prólogo del poeta Ben Clark, donde los isomorfismos vitales se proponen en una mirada pedagógica abierta que no solo propone condiciones de viabilidad para el desarrollo armónico de la corporeidad, sino un marco de concreción posible del hecho poético como objeto de vida de la propia humanidad. Es la principia mathematica de Zahara.

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¿SE ACABARON LAS REVOLUCIONES?

Por: Atonio Tello


¿Por qué el hombre de hoy no siente el impulso de rebelarse contra el poder? ¿Realmente ha perdido toda esperanza? ¿De dónde nace su indiferencia y se somete resignado a lo que el poder económico llama “leyes del mercado”? ¿Es posible una revolución como aquella que hace cien años sacudió el poder burgués e hizo temblar los cimientos del capitalismo?

La Revolución estadounidense de 1776 -mal llamada Revolución americana- abrió la era de las emancipaciones coloniales bajo la bandera del libre comercio, precediendo a la Revolución francesa de 1789, que, bajo el mismo ideario, liquidó el Antiguo Régimen consolidando la democracia parlamentaria burguesa sobre los pilares de los tres poderes. Sin embargo, a pesar del lema “Libertad, Igualdad, Fraternidad” y de la Declaración de los Derechos del Hombre, éste no era el centro del propósito revolucionario sino los territorios considerados como enclaves comerciales para dar salida a la vasta producción generada por la Revolución industrial. En otras palabras, las guerras de emancipación -entre ellas las hispano-americanas- no fueron libradas por la libertad de los ciudadanos que habitaban los territorios colonizados sino por la libertad de comercio en contra del monopolio mercantil que ejercían las metrópolis coloniales. Fueron estas confrontaciones las primeras guerras de ocupación y control del capitalismo, que derivaron a principios del siglo XX en la Primera Guerra Mundial cuando las nuevas potencias entraron en colisión para disputarse el lebensraum -espacio vital-, concepto formulado por el geógrafo alemán Friedrich Ratzel a finales del siglo XIX y que fundamentaría las políticas expansionistas germanas de Otto von Bismarck y Adolf Hitler.

Pronto, en este estadio del desarrollo capitalista a escala internacional liderado por unas pocas potencias, las burguesías locales reaccionaron generando conflictos que a la vez que tendían a liquidar los restos de los antiguos imperios y reinos -algunos de los cuales, como el Reino Unido, supieron reconvertirse en “monarquías constitucionales”- oponían sus revoluciones nacionales Para las burguesías domésticas se trataba de organizar sus propios espacios de mercadeo eliminando las múltiples y pequeñas competencias que suponían las entidades regionales. La alianza del universalismo ideológico con los particularismos nacionales, sublimados por el romanticismo novocentista, dio como resultado el Estado-nación cristiano, el cual nunca pudo neutralizar del todo sus tensiones internas.

El estallido de la Revolución de Octubre de 1917, en el fragor de la Primera Guerra Mundial, supuso la intervención de las masas campesinas y obreras que se abanderaron detrás de su propia condición de clase trascendiendo los ideales del patriotismo burgués capitalista que sólo los tenía como carne de cañón para sus disputas territoriales. Esto viene a explicar en parte el pacto Ribbentrop-Mólotov y luego la alianza de la URSS con Occidente, que determinó la caída del Tercer Reich.

El estatuto imperial de Yalta abocó a los Estados de todo el planeta a que durante más de cuarenta años se vieran obligados a alinearse con alguno de los dos bloques ideológicos que hegemonizaban las relaciones internacionales, lo cual suponía una fuerte presión para la soberanía y la identidad de los Estado-nación. Debido a esta presión surge el Movimiento de No Alineados como un esfuerzo testimonial de numerosos pueblos de contar con una identidad propia en el contexto mundial, al mismo tiempo que las grandes potencias alentaban las “guerras de liberación nacional” dentro de las zonas “amparadas” por el bloque adversario.

Como parte de una soberbia campaña propagandística, el capitalismo occidental impulsó el Estado de bienestar e inició un efectivo proceso de desactivación del espíritu de lucha de la clase trabajadora para el que se valió de numerosas herramientas, desde la inducción al consumo compulsivo hasta el uso de recursos propagandísticos en los que se priorizaban los objetivos sobre los medios, sin reparar en los límites éticos; medios que los filósofos de la Escuela de Frankfurt convinieron en llamar “razón instrumental”.

Asimismo, al final de la Segunda Guerra Mundial, en el seno de la ONU se constituyó la OIT (Organización Internacional del Trabajo) que institucionalizó el sindicalismo como pieza fundamental de las relaciones sociales, económicas y políticas. Sin embargo, en el contexto de la Guerra Fría, en los países del Este el sindicalismo fue absorbido por el aparato del Estado comunista y en Occidente se propició su fragmentación ideológica y política que debilitó el movimiento en la misma medida que aumentaban el compromiso y la colaboración sindicales con el desarrollo industrial presidido por el capitalismo, de modo que en las primeras décadas del siglo XXI, las organizaciones obreras no sólo aparecen muy lejos de la consigna que abogaba por la unidad y la solidaridad entre los proletarios del mundo, sino que funcionan como pieza burocrática del sistema y, por tanto, resultan incapaces de liderar la lucha de los trabajadores contra el capitalismo neoliberal que amenaza con barrer todas las conquistas sociales que conforman el Estado de bienestar.

Tras las caídas del Muro de Berlín en 1989 y de la URSS en 1991, el capitalismo, ya sin oponente ideológico, aceleró lo que se definiría como “nuevo orden mundial” cuyo pilar fundamental es la economía globalizada, al mismo tiempo que las macro unidades político-administrativas se desintegraban al ritmo de las reacciones nacionalistas. El estallido de estas minorías, justificado por razones étnicas, religiosas, económicas o por mero temor a perder su identidad nacional ha dado pábulo a cruentas confrontaciones armadas y espeluznantes matanzas o a meras teatralizaciones (como la reciente declaración “en suspenso” de la República de Catalunya) que buscan solapar las miserias de sus oligarquías dirigentes y que, en cualquier caso, favorecen al poder económico mundial en su propósito de debilitar al Estado-nación a través de las entidades que marcan las estrategias político-económicas (FMI, Banco Mundial, GATT, OCDE, etc.) orientadas al trasvase de la actividad económica y de gran parte de los servicios públicos al sector privado, dominado por las grandes compañías multinacionales.

En este sentido, el Estado-nación desde los años ochenta ha venido siendo aligerado de patrimonio y responsabilidades reduciendo su papel al de gestor local de los intereses económicos multinacionales y, sobre todo, al de agente legitimador de dichos intereses mediante leyes promovidas por una clase política dominada por la tecnocracia economicista alejada de los genuinos intereses políticos y, sobre todo, insensible a las necesidades y el bienestar de la ciudadanía.

Ésta, por su parte, ha ido perdiendo progresivamente su capacidad de respuesta y, en tanto clase trabajadora, su espíritu de lucha. El capitalismo no sólo controla la economía, la política y el aparato represivo del Estado, sino también la cultura. A través de los medios de comunicación, los ideólogos del capitalismo han creado una realidad falsa y, manipulando la opinión pública, han anulado o adormecido el sentido crítico y las capacidades creativas del individuo, convirtiéndolo en lo que Marcuse llamó “el hombre unidimensional”.

Para el sociólogo francés Émile Durkheim, el hombre de la sociedad de masas alienado por la división del trabajo se caracteriza por la anomia, el individualismo y la insolidaridad, Este “hombre unidimensional”, que constituye un elemento clave sobre el que se asienta la sociedad capitalista, es incapaz de pensar en una revolución que lo resitúe en la historia y lo emancipe del orden económico; es incapaz de rebelarse contra las inexistentes leyes del mercado, porque habiendo sido despojado de toda esperanza ha entrado en el infierno y cree que para él ya no hay revolución posible.

Sin embargo y a pesar de la confusión reinante, la opresión económica, las desigualdades y las injusticias sociales parecen haber llegado a extremos insoportables para muchas comunidades independientemente del rango de desarrollo económico y político que hayan alcanzado sus sociedades. Por las más diversas causas hay reacciones colectivas –Hong Kong, Ecuador, Bolivia, Chile, Colombia, Brasil, Francia, etc.- que en el fondo cuestionan un sistema esencialmente inhumano.

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