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ANTOLOGÍA VI ENCUENTRO INTERNACIONAL DE POESÍA “CIUDAD DE ÚBEDA”

Por: Juan Ramón Jiménez Simón


Ya desde la imagen de portada se nos invita a ahondar en las raíces de la palabra. Es ella quién se sirve del poeta para perpetuarse en el viento y en la memoria. Estamos ante una antología de poesía que ya en su mismo título, acertado y significativo, se nos convoca a desdoblar la mirada, a hacerla nueva y múltiple, a volver nuestra lectura a una multiplicidad de connotaciones que trae el lugar y su sentido, señalando la llegada al actual escenario literario de una apuesta intelectual y social de encuentro y experiencia vital: Úbeda, patrimonio de las letras.

Esta antología, repleta de voces poéticas, de poemas que surgen de múltiples formas de percepción, de identidades diversas, de estilos y de registros, de vivencias y de encuentros, es una labor necesaria para acercar a los lectores, una visión de conjunto de la poesía que se escribe actualmente, dentro de una realidad social cambiante y discontinua desde la riqueza que pueden aportar las diversas miradas líricas a nuestra historia literaria. Máxime cuando estas traspasan nuestras fronteras con la presencia de otros países. La Antología VI Encuentro Internacional de Poesía “Ciudad de Úbeda” (tarQus Editorial, 2019) da a conocer en su conjunto a los creadores del momento actual. No están todos los que conforman el panorama literario actual, pero son los que están en este momento haciendo protestación de la palabra a través del verso y de la vida, en sus múltiples manifestaciones culturales.

Así, en sus páginas, descubriremos textos de gran intensidad poética, con riesgo en el lenguaje, lucidez y compromiso, textos donde nos van dejando el testimonio escrito de sus vidas, reivindicaciones e inquietudes de autores y otros más reconocidos. Y éstos son los poetas: Maritxé Abad i Bueno, David Álvarez Sánchez, María del Carmen Aranda, Naulé Arvelo, Rocío Biedma, Clara Blázquez, María Callealta Torres, Miguel Ángel Cañada Castellano, Carmen Castejón Cabeceira, Antonia Cerrato Martín – Romo, Carlos Cisneros Domínguez, Jorge Colmenero Jurado, Rosa Contreras, Flavia Falquez, José Antonio Fernández García, Sagrario Fernández Valverde, Inma J. Ferrero, Nicola Foti, María del Carmen Gallego Banderas, Ana García Briones, Eva García Madueño, Raquel Gil Espejo, René González Medina, Esther Gonzáles Sánchez, Laura Gutiérrez Cortés, Vicente Jiménez García, Juan Ramón Jiménez Simón, Lola Lirola, María Ángeles Lonardi, Rafael Luna García, Francisco Luque Bonilla, José Márquez Montero, Pedro Javier Martín Pedrós, Yolanda Martínez Aranda, Paco Mateos, Inmaculada Nogueras Montiel, Carmen Ortigosa, Carmen Pérez García, María Piña, Almudena María Puebla, Sole Raya, Pilar Redondo, Isabel Rezmo, José Rodríguez Infante, José Romero Martín, Ángel Marcelo Saffores Arrúa, Ivonne Sánchez Barea, Tomás Sánchez Rubio, Cristóbal Sanz Sánchez, Ayla Selenne, Carlos Franco Vargas Ruíz, Alejandro Vico Alonso, Yadira Vidal Vailladiego, Eva Yárnoz y Mabel Zaves.

El trabajo de edición, riguroso, corre a cargo del poeta y editor Ángel Marcelo Saffores, de tarQus Editorial. En la contraportada de la antología, el equipo organizador de Úbeda Encuentro Poético reivindica “el papel del poeta como rico transmisor y defensor de la cultura; como agente transformador de la sociedad”, en el que cada poeta antologado aporta sus virajes líricos con la singularidad de que quienes nos han precedido en el cerro de la palabra: San Juan de la Cruz, Miguel Hernández y Antonio Machado. Como “la poesía es un encuentro”, se constata una evidencia: la profunda conexión entre el momento poético más reciente y la intergeneracionalidad pedagógica de quienes vivimos del verso y de la palabra. Buena parte de este camino es lo que nos abre este libro, que se convierte en un catálogo de mapas poéticos abierto.

Cada uno de los poetas está representado con uno o dos poemas y todos aportan textos inéditos también. En ellos vemos a un colectivo cuyo lenguaje y experiencia vital nos hablan de un ansia de aprendizaje, del coraje necesario para arriesgar, de la difícil aventura de volar. Y esa aventura cobra forma en muchos de estos autores en palabras que, como aves en vuelo.

Otra de las temáticas que en cierto modo es hilo del entramado de la Antología Poética VI Encuentro Internacional de Poesía Ciudad de Úbeda y que también está presente en los poetas de la antología, dibujando dentro de la diversidad, de gustos, estilos e idearios estéticos distintos, una cierta unidad de contexto, un lugar de condicionamiento común y un espacio lírico e histórico compartido e inconfundible, es la conciencia del tiempo. Ese sucederse de la palabra y la historia vital en un espacio concreto, que podemos caracterizarlo con el tema clásico emblemático machadiano y que luego han desarrollado tanto otros poetas, podría servirnos como referencia de aproximación a los antologados, casi como eje de una lectura en la plural identidad de este grupo de participantes en el evento literario. Así lo atestiguan en su tono vivencial sus versos cuando la temporalidad de estos poetas se va desgranando no sólo en la extensión horizontal sobre la página sino también en la verticalidad de sombras y luces que pone el transcurso vital sobre su palabra: desde el amanecer hasta la noche, y así un día tras otro.

Esta antología, diseñada con el cuidado y el esmero tarQus Editorial, supone un manual de referencia para la poesía, al ofrecernos una panorámica de autores, de poemas con giros inesperados, de voces propias que nos hablan del instante y de la vida, de lo que les inquieta, de las ciudades, del sexo, de las flores, de los sueños, de las tradiciones y costumbres, de los escritores que les influyen, etc. Todos los poetas de la Antología, a través de la palabra, cultivan la humanidad, por lo que su presencia se prolonga más allá del soporte papel, a través de las redes sociales, en un creativo ejercicio de libertad.

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J. M. BARBOT | AGUA SERÁS Y LO OLVIDASTE

El Anaquel

Los libros liberan más que nutren y quiero ser testigo de esta liberación.

Por: Matteo Barbato


Agua serás y lo olvidaste
J. M. Barbot
Colección Alcalima de Poesía
Editorial Lastura
Primera edición: junio, 2019
N.º de páginas: 82
Formato: 148×210 mm
ISBN: 978-84-120380-2-6
Encuadernación rústica con solapas
10.00 €

J.M. Barbot, seudónimo de José María Barranco Ribot, regresa a las crónicas literarias con su tercer libro, un poemario lleno de aciertos, fruto de una travesía vital llena de hallazgos, incertidumbres y deseos (los de un poeta en busca de respuestas, los de un arqueólogo con las manos llenas de barro).

AGUA SERÁS Y LO OLVIDASTE es el resultado de este proceso: un camino de «lluvia, vapor y sueño» que tiene como denominador común el agua.

Cabe destacar la curiosa y llamativa conjunción entre el hombre, buscador de antigüedades, y el alma de un poeta que (también) excava en las profundidades de la conciencia: el polvo de las excavaciones y el agua son conceptos centrales y simbólicos. Dos lados, distintos y complementarios[1], que ayudan a entender la figura del autor a través de sus múltiples yoes: la poética de un escritor que se redescubre a través de la palabra («El barro que traemos en las manos / nos dice quiénes fuimos en las sombras»), la de un «niño que bucea en los charcos», la de un adulto que aclara sus pasos a través del rastro distorsionado de la memoria. Somos noria y estanque, manantial y marea, charco y cloaca, cristal y conciencia, visión y olvido, sed y naufragio: los seres humanos son espejo del océano.

Desde las primeras líneas, el poeta, enfrentado voluntariamente a la verdad, se desnuda: «descubro que mi rostro /es igual que la máscara, /que jamás hubo sombra en los espejos / y que las cicatrices indelebles / son como las derrotas: / tan sólo una tramoya que sustenta / este escenario gris, / esta vida que es lo que parece». Su poética es directa e informal («mis poemas son más de andar por casa, /de mirar a los ojos y hablar de lo vivido») y sus versos ahondan en el pasado, en las pieles que se fueron desgastando, en los condicionales que no fueron futuro y en hermosos paisajes a lo que «nunca supe regresar».

Sus versos se unen bellamente a la nostalgia regalándonos palabras que arañan y acarician: léxico profundo e impactante, suave y demoledor a un tiempo, al igual que el agua. Las metáforas se mezclan con los recuerdos: emergen afanes e icebergs (vértices que «muestran la punta del desastre»), lo que somos y fuimos, lo que estamos siendo como reflejo de rostros sucesivos (nuestros yoes a través del tiempo): somos sueños ya inventados, gestos y mantras que «nos trasladan al oscuro vapor de la nostalgia».

En cada poema, nos aproximamos a la lectura de un multiverso que gira en torno a las múltiples semblanzas del agua. El ser humano, a su vez compuesto por el 60% de este elemento, nunca llegará a ser polvo tal y como nos ha ilustrado la cultura judeocristiana sino es y será «arena hecha diamante»: gracias al amor y al espíritu «somos eternos, invencibles como el agua».

A pesar de perdemos en los mapas absurdos del presente (y con grietas en los ojos), a pesar de la larga travesía y de las derrotas, la poesía nos acompañará en el camino: será alivio y símbolo de una lucha compartida entre lectores y poetas hasta que todos diremos… sí… «yo también me perdí en aquellos océanos, yo también naufragué en los mismos desiertos».

En definitiva, cinco capítulos, una treintena de poemas rotundos, cuidados en cada detalle[2]: ejercicios maravillosos que forjan un libro cuyo ritmo ágil y concienzudo recorre el mismo itinerario de un río que llega al mar.

AGUA Y OLVIDO

Eres agua que casi no recuerda
lo que fue justo antes de ser gota,
lluvia y vapor y sueño,
escarcha en las entrañas
o iceberg que nos muestra la punta del desastre.

Agua que vibra
en círculos concéntricos
cuando la piedra intenta
quebrar ese momento y esa lámina
en la que vemos a Narciso.

Has sido surco, acequia y rambla,
el cañón que se abre entre la roca
y el meandro indeciso que va y viene.

Gesto de paz –agua que no se niega
ni al peor enemigo–
pero también
el más feroz guerrero,
el que se traga ejércitos compactos
y acaba con imperios invencibles
y dioses que olvidaron aprender a nadar.

Embalse, noria y balneario,
diluvio, tromba, maremoto,
manantial que susurra en los jardines
y granizo que rompe cristales e ilusiones.
Compasión y crueldad en la misma moneda.

A veces sed, otras naufragio,
y un momento después
témpano y hielo,
río que nunca se repite
y no mira hacia atrás,
glaciar que atrapa y colecciona
reliquias del pasado que ya no tienen alma.

Grieta en la roca y desconcierto,
líquido pensamiento incontenible,
clepsidra que devora los minutos.

Fuiste vaso y cazuela,
redoma, cantimplora,
cafetera y pellejo,
e incluso el cuenco de las manos,
inmemorial, efímero y sencillo.

Y de nuevo serás, cuando te toque,
estanque y nieve,
charco, fuente, cloaca
y las gotas que empañan esa tarde de octubre
en que el verano empieza a desteñirse.

Eres agua.

Agua fuiste.

Serás agua.

Lo sabes desde siempre.

Lo sigues olvidando.

J. M. Barbot

J.M. Barbot, vallisoletano nacido en Burgos en 1976, se licenció en Historia, especialidad de Arqueología, en la Universidad de Valladolid. Su formación como arqueólogo incluye excavaciones en yacimientos emblemáticos como Tiermes, Pintia, Mérida o Jerusalén. Desde 1999 ha trabajado como arqueólogo en diversas empresas. En 2003 fijó su residencia en Madrid. En su faceta literaria, en el año 2000 ganó el I Certamen Provincial Poético Juvenil Ateneo de Valladolid con el poema ‘Insomnio del navegante’. Tras varios años apartado de la literatura, retomó su actividad en 2013 dando recitales poéticos en Madrid y Valladolid. Desde inicios de 2013 forma parte del grupo PoeKas. En 2014 fue seleccionado para participar en la antología Anónimos 2.2, editada dentro del festival Cosmopoética. Ese mismo año publicó su primer poemario, titulado “Ulises desconcertado” (Ediciones En Huida). En Lastura ha publicado el libro de cuentos “Cristales rotos”. En la primavera de 2019 ha publicado en esta editorial el poemario “Agua serás y lo olvidaste”.

Resumen biobibliográfico extraído desde la Web del editor: http://lastura.es/?page_id=256

[1]: Descubrí escuchando una vieja entrevista radiofónica que el autor no relaciona estos dos puntos en mi opinión tan cercanos, considerando que la poesía y la arqueología no tienen (o no tuvieron) conexión causal directa en la vida del autor. Quizá me equivoque…

[2] quiero destacar que incluso se tomó en cuenta la fecha de impresión de la obra que coincide con el nacimiento de Federico García Lorca.  Quizá sea solo una coincidencia, quizá sea la mano experta de Lidia López Miguel, la editora.

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JOSE MARIA HERRANZ | “ARTE DE LA DANZA”

Por: Manuel de la Fuente Vidal


“Arte de la danza”
José María Herranz
Prólogo: José Luis Moreno-Ruiz
Ed. Los Libros del Mississippi

ES AMOR, QUIEN LO PROBÓ LO SABE

En aquellas noches tenebrosas y terribles del Neolítico, nuestra especie, el Hombre, junto al fuego, aterrorizada, miraba al firmamento creyendo que sus horas estaban contadas. Pero entonces, el chamán contemplando las estrellas sintió apresurado el ritmo de su corazón y armado con una rama se puso a seguirlo golpeando sobre la rama de un gigantesco roble. Y sus apesadumbrados hermanos sintieron que la luz y la alegría volvían a su sangre y a su cuerpo, y sus extremidades y su alma se reconfortaban con el ritmo, con el arte de la danza. Éste, Arte de la Danza, es el sugerente título de un libro no menos sugerente firmado por José María Herranz, que ancla sus palabras en aquellas ya casi remotas noches de la Movida madrileña en los años 80, donde corrían la vida y la libertad en lugares como el Ras, Voltereta, Rock-Ola, donde hervía la juventud después de tantos años de tinieblas. Quizá, como dijo Neruda, “nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”, o quizá sí, pero aquellos días permanecen en nuestra memoria como lo hacen en los versos de Herranz, autor ya de un buen puñado de libros. Joy Division, Depeche Mode, Nitzer Ebb… le brindan la sintonía para poner en marcha la discoteca, “su iglesia” en la que “adoraos a vosotros, adorad el universo”, “tremola la cósmica bandera en el templo de la danza” y “arde inextinguible el hidrógeno de dios para todas las criaturas”. En estos tiempos de versitos de corazoncitos de adolescentes rotos, que no valen ni para ilustrar una carpeta colegial, el libro de Herranz nos hace viajar a ese territorio de ensueño donde la poesía es iluminación, como servida por los dioses a través de sus palabras, que no otra cosa es el gran poeta, un médium entre las alturas celestiales y los terrestres seres humanos: “Por eso, hermanos, dancemos, es nuestro lugar y nuestro tiempo. Celebremos nuestro cuerpo y el del otro con deleite, disfrutemos la vida que radiante y pletórica nos es brindada”. La danza se nos presenta aquí, en estas páginas, como un acto de liberación sexual, incluso política, como un templo de celebración y un lugar de abrazos y ternura, la puerta de un camino iniciático hacia la plenitud sensorial y emotiva, un refugio contra el miedo y la soledad. Como tan hermosamente dice el poeta, “no debemos bailar sin habernos bautizado”. Aquellas noches se vivía a quemarropa, en el límite del bien y el límite del mal, que cantaba La Frontera, sobrepasando las barreras de la prudencia siempre y cuando el guión de la rebeldía lo exigiese, sembrando de caricias y besos las calles y las pistas de las discotecas bajo luces de neón, que parpadeaban como nuestras entrañas: “Se reconocen así los filósofos adolescentes en los altares de las discotecas entre laberintos de cocaína, y yo contigo tengo que vivir, quiero ser feliz”. No eran aquellos, tiempos de renuncia, sino de pasión y duermevela, de mañanas de domingo y resaca en La Bobia del Rastro, de anocheceres moderadamente contraculturales y punkies en Chueca, Malasaña y Prosperidad, de efervescencia en cada página de nuestra vida y la del poeta apurando cada sorbo de cada segundo, ensimismado en unos ojos, en un cuerpo amigo: “Tú resplandeciendo, sagrado, en el templo de la danza”, esas noches de fuego para “el acto de amor inexperto y delicado que dibujan los adolescentes bailando Depeche Mode”. Poesía cosida a nuestra piel, a las hechuras de nuestros sueños y sentimientos, poesía valiente y con arrojo, poesía osada, bella y fieramente humana, poesía de un lugar y de un tiempo exactos, pero poesía eterna, para el hombre de entonces y de ahora, poesía justa y necesaria como el pan de cada día, poesía como el arte de la danza que nos liberó del terror cuando los dinosaurios ya no poblaban la Tierra. Como escribió Lope de Vega, “esto es amor, quien lo probó, lo sabe”.

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ANTONIO TELLO | EN LA NOCHE YERMA

La noche en verso

Por: Isabel Rezmo


EN LA NOCHE YERMA
El poema tiene treinta cantos.
Antonio Tello
Páginas: 46.
Formato: 14×21 cm.
Encuadernación: Rústica.
Idioma: Español.
ISBN: 9788494945724.

El lenguaje no tiene únicamente la finalidad de comunicar. Creo firmemente que tiene un alto componente de compromiso. Es un elemento utilizado con bastante frecuencia y devaluado en su totalidad. Fraguado en la respuesta fácil, en el éxito efímero y en la pobre elocuencia de aquellos que miran el océano antes de mirar sus gotas. El ser y el parecer se diluye en una profunda contradicción alimentado por una sociedad que no da respuesta ni a sus necesidades. La sociedad se ha devaluado y sus integrantes están movidos por el tedio, la incomprensión, la necedad.

La existencia se reduce a pasar las 24h que tiene el día, y el hombre, no tiene compasión sí ni de sí mismo y mucho menos a los demás. Esa es una evidencia que extraemos y convivimos con ella.

El ser humano no solo vive de certezas, de sus miedos o de sus demonios. Necesita respuestas, respuestas concretas que avalen su forma de vida, sus elecciones o sus miedos. Necesita a veces atender a sus demandas. Entender los sucesos que le aterran o le acompañan. Porque en el fondo es un animal primitivo, un animal que se desvive por sus apetencias, por sus deseos aunque de vez en cuando, un rayo traspase su corazón y encuentre sentido a vivir y a luchar. Y el lenguaje es la marca que acentúa, discrepa, argumenta todo estos elementos.

Y el poeta como el profeta, previene, y predice por el mismo compromiso que conlleva su estatus, y por el mismo afán de mostrar la realidad que ve ante sus ojos. Está más allá de lo que está ocurriendo en este momento; rompe la línea temporal de aquí y ahora, y manifiesta como un visionario, las consecuencias de esta irrealidad que tiene demasiadas coincidencias con el espacio real que le rodea.

Estas sensaciones me ha venido tras la lectura del nuevo trabajo de Antonio Tello “En La Noche Yerma” publicado por Vaso Roto Ediciones.

Poema dividido en 46 cantos, es una visión apocalíptica de la sociedad actual y del ser humano. Sus necesidades, sus certezas, sus demonios, su existencia. La voz es definida de distintas maneras para hablar del inmigrante, del desterrado, del oprimido, de la sociedad de consumo, del exilio o del populismo. ¿Pero no es realmente lo que está ocurriendo?¿No es verídico el trasfondo que encontramos en este libro?

Un Poema extraordinario, febril, mítico que camina entre lo mágico, lo irreal; un submundo anunciando algo que está por venir y de lo que sólo él tiene la clave. Ofrece una visión cósmica, oscura y luminosa sobre el individuo o las relaciones humanas. A veces tengo la sensación de vértigo, de correr bajo la niebla; de abrirse paso a todo un código secreto que se va desvelando a lo largo del libro.

La Noche Yerma es una fábula sobre Babel y su Torre: El lenguaje se ha convertido en un instrumento de poder y de abandono; hay multitud de lenguas, que hablan y hablan y no dicen nada. No saben a nada. El poeta coge testigo de esa manipulación: Canto II: “El lenguaje de las bestias devora el nombre de la cosas…”

Canto X: “la voz carnívora se alimenta de todo lo que muere con ella…” Una revelación apocalíptica que parte de una visión confusa del universo, y de sus lagunas; de la mediocridad del hombre en busca de la verdad universal, muy bien posicionada y encerrada en el poeta, en el lenguaje , en el verbo. Fijémonos en el canto I y el Canto II El poeta se enfrenta al caos y al desorden producido en el mundo, y ensalza su figura como el único capaz de apaciguar a la mismísima Pandora .

Como en la Divina Comedia de Dante el poeta desfila, pasea por esta devastación irremediable: un paseo eclíptico, infernal y devastado, profundo para llegar a la luz. El poeta está solo, solo ante sus miedos, ante sus intrigas, ante la intriga del mundo. Casi oigo la séptima trompeta del relato del apocalipsis. Casi percibo el combate espiritual entre el bien y el mal. El propio poeta, el lector no escapa de esa realidad, si no que al vivir de ella, es inevitable su muerte, una muerte poética y simbólica, como el único medio para poner cordura ante tanto maleficio. Podríamos hablar incluso de una crucifixión, de un suicidio personal, como único argumento para construir un mundo nuevo a través de la convicción y el compromiso. Reflexionar sobre nuestras carencias y de nuestras posibilidades.

Termino esta reseña recordando a Soren Kierkegaard en su libro Temor o Temblor: El poeta es el genio de la evocación, no puede hacer otra cosa sino recordar lo que ya se hizo y admirarlo; no toma nada de sí mismo, pero custodia con celo lo que se le confió…

Eso es La Noche Yerma. Y eso es el principio de la desconstrucción y por qué no, de su salvación.

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CIEN MIL GOTAS DE LLUVIA | LOURDES PÁEZ MORALES, TOMÁS SÁNCHEZ RUBIO

Aquel sillón de cuadros

Por: Inma J. Ferrero


CIEN MIL GOTAS DE LLUVIA
Autores: Lourdes Páez y Tomás Sánchez
Editorial: ReadBOOK
ISBN: 9788494935237

Decía Francisco Umbral que «Escribir es la manera más profunda de leer la vida», y esto es lo que han conseguido magistralmente Lourdes Páez Morales y Tomás Sánchez en su libro “Cien mil gotas de lluvia” publicado por READBOOK. En una primera lectura del libro, me ha llamado la atención la asombrosa capacidad narrativa de estos dos escritores. Que, a través de un lenguaje sencillo y cercano, alejado de expresiones complicadas y de difícil comprensión nos sorprenderán, y harán de la lectura de este libro un viaje fantástico del cual no querremos regresar por mucho tiempo. Podemos decir que este libro nos habla del vivir, de la maravilla que la vida encierra a pesar de sus sinsabores pasajeros y el lector, por ello, irá haciendo suya cada palabra. Al leerlas, al pensarlas, al pronunciarlas ya que nos sentiremos totalmente identificados en algunas de las situaciones que se narran en este libro. “¿Eres una tía? – gritó Adelina…” “Mati iba a misa con su toquilla y su pañuelo…” Y es que estos relatos tienen algo difícil de definir que te atrapa desde las primeras líneas, algo que te seduce y te sumerge en cada una de las historias.

Lourdes Páez Morales y Tomás Sánchez nos aportan una visión real y cotidiana sobre el mundo que nos rodea, alejándose de la idealización de este. Nos hace una disertación de las relaciones humanas, alejada de los cuentos de hadas que nos contaban en la niñez, en los que el mundo aparece como algo etéreo y en algunos casos totalmente ajeno a nosotros. “Laura entró en el cuarto y vio a su hija sentada al borde de la cama, mirando hacia la ventana. La besó en la frente…” “Cien mil gotas de lluvia”, es un conjunto de historias reales que entretienen, sorprenden, provocan, y que nos retan a plantearnos algunas de las ideas preconcebidas que tenemos sobre lo que nos rodea. Todo ello logra hacernos reflexionar sobre el núcleo central de la vida, en todas sus facetas. Nos sentiremos en muchos casos invadidos por la sensación de haber tenido esas mismas vivencias, incluso conoceremos a alguien que posiblemente ha pasado por esas mismas vicisitudes. “A veces su marido la colmaba de vestidos y zapatos que compraba en la ciudad y aquellos regalos, lejos de acercarlos, los alejaban aún más…” Lo que puedo garantizar es que la lectura de estas historias, independientes las unas de las otras y unidas por la temática de lo cotidiano, no dejarán a ningún lector indiferente, ya que narran situaciones actuales, situaciones vividas ávidamente. “- La vieja esa… Parece que no se da cuenta d ellos años que gasta. Maquillada como una vulgar ramera…”

Los personajes de estas historias se entrelazan hablándonos de si mismos, contando sus historias, sus pensamientos más íntimos, sus deseos, sus decepciones, las esperanzas que hacen la monotonía más vivible, trazando así, el mapa único del que saborea cada segundo del vivir tan efímero. “Es una pobre chica Don José. Vino a España engañada” Son historias cortas, entretenidas y con mucho movimiento. A medida que avanzas en su lectura te vas acostumbrando y te apetece detenerte a releer aquellos párrafos, de vaivén emocional, aquellas descripciones que son fotografías en sepia, tal vez, de nuestra vida cotidiana.

Los narradores utilizan en numerosas historias la primera persona, es el personaje principal de la historia quien la cuenta, siendo él mismo el eje de la narración. “No puedo verte, pero siempre sé cuándo has llegado…” Se convierte en una voz, en una persona que nos habla directamente, lo que hace que sea más real para el lector. “De niña me daba mucho miedo la soledad. Mi padre un día se fue de casa por la mañana y ya no volvió…” Con esto consiguen que empaticemos o rechacemos al personaje que nos cuenta su vivencia. El lector deja de ser un mero espectador de lo que ocurre, para formar parte de la acción y tomar partido a favor o en contra de lo que nos cuenta el personaje principal.

También son numerosas las historias contadas en tercera persona, convirtiéndose ambos autores en narradores omniscientes, cuyo conocimiento de los hechos es total y absoluto. Ellos saben lo que piensan y sienten los personajes: sus sentimientos, sensaciones, intenciones, planes… Como narradores solo muestran lo que ven, lo que pueden observar, de modo parecido a como lo hace una cámara de cine. Y de igual modo, nos dirigen, nos dan su percepción sobre el personaje, no dejando a nuestro albedrío la opinión que sobre ellos debemos tener, sin dejarnos por ello, un atisbo de libertad. En esta ocasión los autores nos tienen en sus manos. “Sean como sean, los amores verdaderos, con final feliz o no, vecen cualquier revés que presente el camino de la vida”

Los diálogos de los personajes son fluidos, dinámicos, concisos y emplean un lenguaje sencillo. Lo que hará que la lectura sea agradable para el lector, que no se saltará ninguna coma, ni dejará la lectura de ninguno de los relatos, “Madre ¿Cuándo seré feliz?” También añade cortes, preguntas y comentarios para hacer la conversación más fluida. “- La pequeña Nayaraq pensó que su madre había augurado con aquella respuesta su eterna infelicidad”

Les invito a leer CIEN MIL GOTAS DE LLUVIA y a dejarse invadir por cierto desasosiego ante el arte del vivir. Unas historias sin trampa ni cartón, que nos sumen en la cotidianidad de los días, en nuestra propia imperfección que hace maravilloso el pulso diario de nuestro viaje vital.

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A PESAR DE SUS OJOS | JAVIER EGEA

El Anaquel

Los libros liberan más que nutren y quiero ser testigo de esta liberación.

Por: Matteo Barbato



A PESAR DE SUS OJOS
Número de páginas: 152
Editorial: ESDRUJULA
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN:9788416485475
Año de edición: 2016

 

 

 

 

 


SINOPSIS:

La obra del poeta granadino Javier Egea (1952-1999) empieza a recuperar por fin el lugar privilegiado que merece dentro de la poesía española contemporánea, tras años de incomprensible y vergonzoso silenciamiento historiográfico y bibliográfico que acabó arrinconándola en un segundo plano de la escena literaria. La presente antología pretende sumarse a la recuperación y reivindicación de su figura seleccionando los cincuenta poemas más representativos de su autor, desde sus libros juveniles hasta sus poemarios de madurez, sin olvidar una pequeña muestra del conjunto de poemas inéditos publicados tras su muerte. Se trata de un poeta incómodo e inclasificable que sin duda retará a los buenos lectores por su dominio de la escritura poética, la coherencia de su trayectoria personal y la lección imperecedera de sus versos.

Fuente: http://www.esdrujula.es/libro/a-pesar-de-sus-ojos/

COMENTARIO SOBRE LA OBRA

 

Javier Egea será recordado. Su figura sigue viva, a pesar de todo. Su poesía fue ciertamente incómoda, radical, claramente marxista, disonante, quizá inclasificable frente a la estandarización cultural dominante de aquellos años. No obstante, todos esos elementos, ajenos a una justa clasificación histórico-literaria, no son suficientes para determinar la muerte artística de un autor: no hay una explicación creíble que pueda descartar la posibilidad (tan evidente) de una marginación literaria. Su obra fue «antes reconocida que conocida» como recuerda en el prólogo Jairo García Jaramillo.

Solamente en los últimos años, por su calidad y magnitud, Javier Egea está adquiriendo el peso que merece. Sus textos más importantes y su trabajo inédito, de hecho, se han presentado últimamente en numerosas ediciones bajo el cuidado de distintas editoriales. En 2014, quince años después de su fallecimiento, se estrenó, además, un documental dedicado a su memoria y a su testimonio irrepetible (https://www.youtube.com/watch?v=6D93hu39R_I).

Trayectoria ideológica y legado

Tras sus poemas juveniles, algunos presentados en esta antología, el compromiso ideológico de Javier Egea se afianza hacia una poesía “otra”, hacia una postura firme y persistente en el mundo cultural que le dejará, más adelante, en la más completa soledad. Su poesía materialista, rompedora pero coherente, fue el resultado de una evolución personal que forjó sus bases en el movimiento estudiantil granadino de los años 70, un movimiento cercano al pensamiento marxista y que vino a llamarse, años después, La Otra Sentimentalidad. Su recorrido, artístico e ideológico, abrazó esta escuela de pensamiento hasta que el poeta se alejó de ella, tiempo después, en el intento de lograr una “nueva manera de decir”, una poesía “otra”. Su discurso, cada vez más radical y aislado, se enfrentó a la poesía “normalizada”, institucionalizada. Fue su forma de resistir.

De toda su vida artística podemos hallar un mensaje básico: la ideología del poeta debe reproducirse en el interior del poema, no en el texto sino en su lógica. Su coherencia fue evidente: su compromiso se mantuvo firme, a pesar de enfrentarse a la lógica mercantilista del mundo cultural y pese a las derrotas dolorosas del mundo comunista. Aquellos años de crisis política y sus altibajos emocionales fueron clave para que el autor emprendiera un camino distinto, la elección de una ruptura, la poesía “otra”.

La concepción del amor, meta alcanzable en los poemas juveniles, cambió también. El amor se convirtió en una mujer inalcanzable, en una utopía, dolorosa y distante.

Según el poeta, esta sensación de vacío puede hallarse en cada ser humano y, por consiguiente, cada individuo debe considerarse como colectividad, con sus vivencias, esperanzas y desilusiones. Por ello, la poesía debe cambiar, ser “poesía otra”, entrar en lo cotidiano, en la «épica de lo cotidiano» (el tema ideológico penetra en lo íntimo; se supera la supuesta autonomía de la literatura frente a la historia y, de la misma manera, la también engañosa dialéctica entre lo privado y lo público), en la batalla diaria que vive cada ser humano (con sus contradicciones). El escenario poético es ahora solitario, vacío. Ya no existe un nosotros contra ellos. Toda la humanidad está unida por el mismo dolor, siente la misma ausencia: la sociedad es en un conjunto de soledades aisladas que tienen en común la explotación y la miseria.

La esperanza es una realidad soñada, simbólica, convertida en instrumento de resistencia («Hay cosas en la vida / que sólo se resuelven junto a un cuerpo que ama»), en un diálogo que se alimenta de un deseo irracional, el de una utopía revolucionaria basada en una contradicción insalvable: perseguir la esperanza a pesar de ser inalcanzable. La esperanza del amor es la única vía, a pesar de ser material, corporal, efímera, momentánea, sedante. Su espectro ha de verse solamente con los ojos del frío, a través de la conciencia de la derrota, desde la distancia («aunque fuimos viviendo el mismo frío, / la misma explotación, / el mismo compromiso de seguir adelante / a pesar del dolor»). La mirada es también el único instrumento que nos queda para oponerse a la tristeza.

Javier Egea se nos presenta finalmente como un gran poeta que se situó al margen de los patrones de un contexto cultural hegemónico, en una trama de comercialización y mercantilismo en los que decidió no integrarse.

“Quisquete” se hacía llamar.

[1] Ángeles Mora

BIOGRAFÍA DEL AUTOR

Poeta español nacido en Granada en 1952. Formó parte de la corriente poética La Otra Sentimentalidad, junto con Luis García Montero y Álvaro Salvador.  Considerado como uno de los más destacados poetas de su generación, participó en numerosas actividades culturales conservando siempre su interés en el campo social y político. Su admiración por el poeta Rafael Alberti, lo llevó a escribir con García Montero el Manifiesto albertista en 1982. Fue autor de las siguientes publicaciones poéticas: “Serena luz del viento” 1974, “A boca de parir” 1976, “Troppo Mare” 1980, “Paseo de los tristes” 1982, “La otra sentimentalidad” 1983, y “Raro de Luna” 1990. Fue galardonado con los premios Antonio González de Lama con su libro “Troppo Mare”, y el Premio Internacional de Poesía Juan Ramón Jiménez. Falleció en Granada el 29 de julio de 1999 a causa de una profunda depresión.  Tras suicidarse, dejó incompleto un libro que fue publicado en 2006 bajo el título “Los sonetos del diente de oro”.

Fuente: http://amediavoz.com/egea.htm


POEMAS

POÉTICA

A Aurora de Albornoz

Mas se fue desnudando. Y yo le sonreía.
JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

Vino primera frívola –yo niño con ojeras–
y nos puso en los dedos un sueño de esperanza
o alguna perversión: sus velos y su danza
le ceñían las sílabas, los ritmos, las caderas.

Mas quisimos su cuerpo sobre las escombreras
porque también manchase su ropa en la tardanza
de luz y libertad: esa tierna venganza
de llevarla por calles y lunas prisioneras.

Luego nos visitaba con extraños abrigos,
mas se fue desnudando, y yo le sonreía
con la sonrisa nueva de la complicidad.

Porque a pesar de todo nos hicimos amigos
y me mantengo firme gracias a ti, poesía,
pequeño pueblo en armas contra la soledad.

DOS AÑOS YA

En la primera página de todos los diarios
el interrogatorio
la tortura
la cárcel
el aire que temblaba
caudillo del terror
imitador de los grandes imperios del miedo
cobarde
acobardado
terriblemente ciego
asesino y enano
la firma de la muerte rubricando el dolor
la sangre decidiendo
la casa ya vacía
la tapia ya temblando
el polvo en el camino levantando miseria
y los fusilamientos
la cuerda grande al cuello
desesperado
solo
patriarca en otoño
los pantanos del miedo
ley de fugas
todo un pueblo en ruinas
barranco
cal
escombro
desertor
la frontera
lo que quedaba atrás irremediablemente
tantos hombres vencidos
los ojos
y los ojos cortados
los brazos para ti
desesperadamente trabajando
el odio
la razón
las palabras luchando
la clandestinidad
un murmullo escondido
el grito de la calle
mano a mano
los papeles corriendo por las fábricas
la conciencia en las manos
las letras clandestinas
la voz tomando sitio
y ya tú te caías del pedestal
armado
pero ya derruido
la polilla llegando al capital
general
para no volver más
cobarde
y tu fotografía
han pasado dos años
de muerto muerto muerto
en la primera página de todos los diarios.

DE LA MUERTE

De la muerte,
de la parte de fuego que tuve entre los brazos,
de la vida,
del pedazo de historia que sufro en el costado,
del silencio,
de la guitarra torpe que arrebujó su canto,
de mi cuerpo,
del arma que de tanto soñar murió soñando,
del camino,
de la reja que puse en la mitad del llano,
de la escuela,
de lo que aún me queda del sueño del verano,
de mi casa,
de la ausencia que llama a mi puerta sangrando,
de mi nombre,
de las letras que el aire reclama y va borrando,
del abismo,
del lugar que presiento como un enorme salto,
de la altura,
de un alero vacío y un grito en el tejado,
de mis ojos,
de una oscura mirada sobre la luz del campo,
de mi frente,
de un bando de palomas y un cazador lejano,
de mi sueño,
de una cintura grande donde dormir cantando.


ENLACES DE INTERÉS

http://javieregea.com/

https://es.wikipedia.org/wiki/Javier_Egea

https://javieregea.com/otros-poemas/

http://javieregea.com/category/grabaciones/

https://www.youtube.com/watch?v=mIdt_KehJdA&feature=youtu.be

http://www.esdrujula.es/libro/a-pesar-de-sus-ojos/

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IDA VITALE | POESÍA REUNIDA

Por: Juan Ramón Jiménez Simón


Ida Vitale (1923), la última galardonada con el Premio Cervantes, de la que Tusquets publicó en 2017 su “Poesía Reunida (1949-2015)”, tuvo en Juan Ramón Jiménez, a uno de su primeros y más influyentes maestros. Del poeta de “Platero y yo” heredó la obsesión por las correcciones y la búsqueda de una lírica depurada, exacta, exigente y muy transparente en formulaciones con escasa concesión a la anécdota.

La vida real y la vida literaria de esta poeta tienen tendencia a confluir en la palabra, que la repiensa y la moldea, con la intención de componer una historia. Para ella, la vida parte de no entender las reglas que la rigen. De ahí que no es partidaria de retocar ningún verso, pues piensa que cada poema ya escrito es una etapa pasada, procediendo a escribir algo nuevo.

Hay un poema de “Palabra dada” (1953) en el que Ida Vitale sintetiza muy bien su inquietud lírica. Responde a la desazón que ha acompañado a muchos poetas posteriores a las vanguardias históricas: si “todo ha sido dicho”, cómo dar con una voz que sea a la vez “nueva, extrema y mía”. Su primer poemario, “La luz de esta memoria” (1949), es ya un libro maduro en el que encontramos versos como estos (Elegías en otoño):

La muerte abre sus parques y su perfume invade los olores terrestres.

Una autora, además, con una gran variedad de registros (de la escritura instintiva a estrofas clásicas como el soneto o la décima) y procedimientos retóricos, incluido el de la intertextualidad. Y es que Ida Vitale, en esencia, escribe de las grandes cuestiones de la humanidad. Como la “La gran pregunta”:

¿Qué hacer? ¿Abrir al mar la estancia de la muerte? ¿O enterrarse entre piedras que encierran amonitas fantasmas y prueban que fue agua este humano desierto?

Se puede decir cualquier cosa, pero no de cualquier modo. La clave de su poética es buscar la palabra dada y que lo defina en toda su amplitud, y evitando que la idea esencial se diluya en los ornamentos de la escritura.

Juega a acertar las sílabas precisas
que suenen como notas, como gloria,
que acepte ella para que te acunen,
y suplan los destrozos de los días

De estos versos destacan dos ideas fundamentales. La primera, hay que recordar el verso de Verlaine “De la musique avant toute chose”, transmutar las palabras en canción, en canto. Es decir, hacer de la poesía una composición musical. Y, la segunda, unas sílabas que se personifican para poder ejercer una función salvífica frente a las situaciones problemas de la vida, y sustituirlas en un poema donde la palabra crea, sostiene, reconforta, acompaña, en definitiva, vivifica en el alma de quien lo lee, a la manera de los salmos davídicos.

También ello da idea de la fuerte convicción de esta poeta en el poder del lenguaje, de su fe en la poesía, que incluso llega a ver el mundo a través de él, así, en “Tarea”, que ha de ser la del poeta, la de quien vive y aspira a vivir poéticamente, se puede decir “Abrir palabra por palabra el páramo”, lo que vendría a ser un paso más a partir de lo que Baudelaire había escrito: “la Naturaleza es un templo […] por allí pasa el hombre a través de bosques de símbolos”.

De Aristóteles a Gabriela Mistral, de Montaigne a María Eugenia Vaz Ferreira, de Rimbaud a Nietzsche, incluido la influencia de José Bergamín, Vitale reúne en el arca de estas páginas un heterogéneo muestrario de palabras y versos, de canticos y memoria, de finitud y celebración, poniendo todo ese bagaje en relación con la literatura y con su propia vida. Al fin, es una de las voces más ricas y sugerentes del panorama literario.

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LA RIDÍCULA IDEA DE NO VOLVER A VERTE | ROSA MONTERO

El Anaquel

Los libros liberan más que nutren y quiero ser testigo de esta liberación.

Por: Matteo Barbato


La ridícula idea de no volver a verte
Autor: Rosa Montero
Tapa blanda: 240 páginas
Editor: Seix Barral (28 de febrero de 2013)
Colección: Biblioteca Breve
Idioma: español
ISBN-10: 8432215481
ISBN-13: 978-8432215483

 

 

 

 

 

 


SINOPSIS

«Éste es un libro sobre la vida… apasionado y alegre, sentimental y burlón.» ROSA MONTERO Cuando Rosa Montero leyó el maravilloso diario que Marie Curie comenzó tras la muerte de su esposo, y que se incluye al final de este libro, sintió que la historia de esa mujer fascinante que se enfrentó a su época le llenaba la cabeza de ideas y emociones. La ridícula idea de no volver a verte nació de ese incendio de palabras, de ese vertiginoso torbellino. Al hilo de la extraordinaria trayectoria de Curie, Rosa Montero construye una narración a medio camino entre el recuerdo personal y la memoria de todos, entre el análisis de nuestra época y la evocación íntima. Son páginas que hablan de la superación del dolor, de las relaciones entre hombres y mujeres, del esplendor del sexo, de la buena muerte y de la bella vida, de la ciencia y de la ignorancia, de la fuerza salvadora de la literatura y de la sabiduría de quienes aprenden a disfrutar de la existencia con plenitud y con ligereza. Vivo, libérrimo y original, este libro inclasificable incluye fotos, remembranzas, amistades y anécdotas que transmiten el primitivo placer de escuchar buenas historias. Un texto auténtico, emocionante y cómplice que te atrapará desde sus primeras páginas.

La Ridícula idea de no volver a verte es una obra distinta, inclasificable: su naturaleza no puede catalogarse en cuanto a género se refiere. Podría definirse como una introducción extraordinaria al diario de una maravillosa mujer o como la narración de una vivencia, la de la autora; podría considerarse como un libro sobre lo indecible, ese dolor inenarrable que nos deja enmudecidos, o como un relato filosófico sobre la muerte para la vida. Lo cierto es que fue una experiencia y una ocasión única para Rosa Montero: evocar y medirse al propio dolor, a la pérdida de un ser querido, gracias a la lectura del diario escrito por Marie Curie .

Como admitirá en varias entrevistas, todas sus novelas tratan sobre el tema de la supervivencia: como persona y como escritora Rosa arrastra un agujero de inseguridades y trata de llenarlo con palabras. «El arte es una herida hecha luz» según George Broque y ella remarca que la belleza hace que la vida sea más soportable. De la misma manera, cada ser humano necesita completar la narración de su existencia: la muerte forma parte de la vida y es parte de nuestro relato. Narrar, narrarse, es la oportunidad de hallar un significado coherente a nuestras vidas, reunir los acontecimientos pasados y las fotografías compartidas, buscar consuelo. En este trabajo, la autora se muestra dialogante, tutea al lector, añade fotos y hashtag.

#Palabras. El arte en general es un gran alivio contra el dolor.
El resultado de este camino de recuerdos es fruto de nuestra imaginación: nuestra memoria es ficcional, al igual que nuestra identidad. Contarnos lo que fuimos (nuestros difuntos siguen en nuestras mentes), construir puentes sobre las fisuras, añorar el pasado que hubo o que pudo haber sido, escribir el final de una historia que no terminó como se esperaba: alguien nos deja y necesitamos despedirnos.

Marie no pudo hacerlo y por ello escribió su diario. Rosa Montero tampoco pudo y quizá por eso escribió este libro.

#Dolor. La autora es capaz de mirar su propio sufrimiento, y de reflexionar sobre cómo nos enfrentamos a la muerte: remarca que en nuestra cultura el dolor es algo enfermizo, algo que debemos ningunear, olvidar, saltar, menospreciar. Sin embargo, es un camino que debe recorrerse, porque «no todo es horrible en la muerte».

#Prólogo. Al principio la obra iba a ser un preámbulo sobre el diario de Marie Curie, pionera de la radioactividad. Ni siquiera la autora imaginaba que iba a redactar un libro: todo nació a raíz de un acuerdo verbal con la editora de Seix Barral, Elena Ramírez, que le propuso un prólogo para Únicos, una colección de libros breves.

Elena sabía que Rosa podía hacer algo estupendo. Y así fue.

#Coincidencias. Hay un punto de conexión entre ambas, la muerte de sus respectivos maridos. Si el dolor nos quita las palabras, Rosa siente que Marie se las devuelve.

#LugarDeLaMujer. Analizando la situación de la mujer en el siglo pasado, la autora hace una espléndida fotografía de lo extraordinaria que era Marie, madre y mujer ejemplar, polaca dura, austera, orgullosa, dama frágil y enlutada en el dolor o alma valiente en un mundo machista. Fue y es un ejemplo de valentía. Su existencia, su lugar en el mundo, fue extremadamente dura: hoy conocemos su ejemplo gracias a su carácter incansable, a sus ambiciones y a su ético deber para la humanidad: regaló literalmente sus días a la ciencia y pagó con la muerte los efectos de la radiactividad.

#Hacerlodebido, #Honrarlospadres, #Culpa. Perseguir sus propios sueños y ambiciones daba lugar a sentimientos de culpa: el lugar de la mujer era subsidiario, la mujer era un suplemento a la vida del hombre. Sus deberes eran cuidar de los padres, hijos, maridos, casa… incluso estando embarazada la condición de ser mujer era algo en lo que no se pensaba jamás. La palabra #Ambición no conjugaba con una mujer: era un atributo masculino. Para Marie, esas sensaciones minaban su seguridad y dignidad, su idea de futuro: sus dudas sobre su lugar en el mundo le hacían pelear contra sí misma. Afortunadamente aceptó el reto y hoy podemos recordar su ejemplo.

Este mes os propongo una obra muy recomendable, no solo por el trabajo de la autora sino por la valiosa aportación del diario de Marie Curie que se añade en el capitulo final. ¡No os lo perdáis!


BIOGRAFÍA DE LA AUTORA

Rosa Montero nació en Madrid en 1951. Titulada en periodismo en la Escuela Superior de Periodismo de Madrid.

(1970-1975) Cuatro cursos de Psicología en la Universidad Complutense de Madrid.

(1969-1972) Trabajó con grupos de teatro independiente como Canon o Tábano, con quienes estrenó en 1970 la mítica obra Castañuela 70.

Desde 1970 colaboró con diversos medios informativos (Fotogramas, Pueblo, Posible, Hermano Lobo) y desde 1977 trabaja para el diario El País, en el que fue redactora-jefa del suplemento dominical en 1980-1981.

Sus textos periodísticos aparecen de forma habitual en diversos periódicos latinoamericanos. Ha escrito con regularidad para diarios como Clarín (Argentina) o El Mercurio (Chile), y ha colaborado en medios como Stern (Alemania), Libération (Francia), La Montagne (Francia) o The Guardian (Reino Unido).

A lo largo de su vida ha hecho más de 2000 entrevistas (al Ayatolá Jomeini, Yassir Arafat, Olof Palme, Indira Gandhi, Richard Nixon, Julio Cortázar o Malala, entre muchos otros) y su técnica como entrevistadora es estudiada en las universidades de periodismo tanto en España como en Latinoamérica.

Sus artículos se utilizan regularmente desde hace décadas en la enseñanza secundaria y aparecen en las pruebas de selectividad. También son usados en el extranjero, como lo demuestra el premio de la AFDE (Association pour la Diffusion de L´Espagnol) que recibió en 2012 en Francia por la utilización de su obra en la enseñanza del español en el país vecino.

Ha sido profesora visitante en Wellesley College, Boston (EEUU) y en la Universidad de Virginia (EEUU). Ha impartido minicursos de escritura creativa en la Universidad de Bingham Young, Utah, (EEUU) y en el Miami Dade College, Miami, (EEUU) y recibió una beca para dar conferencias de la Queen’s University de Belfast (Reino Unido). Ha enseñado literatura y periodismo en la Escuela de Letras y en la Escuela Contemporánea de Humanidades, ambas de Madrid. Ha impartido lecciones magistrales en aperturas de curso y ceremonias de graduación en diversas universidades, entre ellas la de Salamanca, la Complutense de Madrid y la Carlos III. Ha participado en centenares de simposiums, conferencias y encuentros en Europa, América, Asia y África, desde Ferias del libro como las de Guadalajara (México) o Fráncfort (Alemania) a actividades académicas en universidades como Harvard y Cornell (EEUU), Oxford y Cambridge (Reino Unido), Heildelberg y Gotinga (Alemania), Venecia (Italia), Pau (Francia) o Minia (Egipto), entre muchas otras.
Escribió los guiones de una serie de televisión, Media Naranja, que obtuvo el premio Martín Fierro a la mejor producción extranjera en Argentina en 1988 y trabajó como coguionista, presentadora y entrevistadora en la serie documental argentina Dictadoras (2015).

En 1978 ganó el Premio Mundo de Entrevistas, en 1980 el Premio Nacional de Periodismo Literario y en 2005 el Premio de la Asociación de la Prensa de Madrid a toda una vida profesional, entre otros galardones profesionales.

Ha publicado las novelas: Crónica del desamor (1979), La función Delta (1981), Te trataré como a una reina (1983), Amado Amo (1988), Temblor (1990), Bella y Oscura (1993), La hija del caníbal ( Premio Primavera de Novela en 1997 y premio Círculo de Críticos de Chile 1997), El corazón del Tártaro (2001), La Loca de la casa (2003), Premio Qué Leer 2004 al mejor libro del año, Premio Grinzane Cavour al mejor libro extranjero publicado en Italia en el 2005, Premio “Roman Primeur” de Saint-Emilion, Francia (2006); Historia del rey transparente (2005), Premio Qué Leer 2005 al mejor libro del año, y Premio Mandarache 2007; Instrucciones para salvar el mundo (2008), Premio de los Lectores del Festival de Literaturas Europeas de Cognac (Francia, 2011); Lágrimas en la lluvia (marzo 2011), Lágrimas en la lluvia. Cómic (octubre 2011), Premio al Mejor Cómic 2011 por votación popular (Salón Internacional del Cómic de Barcelona), La ridícula idea de no volver a verte (marzo 2013), Premio de la Crítica de Madrid (2014) y Prix du Livre Robinsonnais 2016 de la Bibliothèque du Plessis Robinson, Francia; El peso del corazón (2015), La carne (2016) y Los tiempos del odio (2018).

También ha publicado el libro de relatos Amantes y enemigos, Premio Círculo de Críticos de Chile (1999), y dos ensayos biográficos, Historias de mujeres y Pasiones, así como cuentos para niños y recopilaciones de entrevistas y artículos.

De sus novelas se han hecho una decena de adaptaciones teatrales, varios cortometrajes, un largometraje, una ópera e instalaciones artísticas, tanto en España como en diversos países europeos y americanos.

La repercusión de la obra de Rosa Montero en el mundo del hispanismo internacional es ingente. Se han publicado diez libros centrados en la autora y unos sesenta libros colectivos que incluyen estudios sobre ella. Una treintena de tesis doctorales y más de 120 trabajos académicos publicados en revistas críticas o actas de congresos han analizado sus obras (ver bibliografía adjunta).
Sus libros están traducidos a más de veinte lenguas y es Doctora Honoris Causa por la Universidad de Puerto Rico.

En 2017 fue galardonada con el Premio Nacional de las Letras, concedido por el Ministerio de Cultura. También este año recibió el Premio a la Trayectoria Profesional, concedido por el Club Internacional de Prensa y el Premio Internacional de Periodismo Manuel Alcántara, Universidad de Málaga.

En 2018 fue nombrada Profesora Honoraria del Departamento Académico de Humanidades de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

Y en febrero de 2019 se crea el Aula Rosa Montero en la facultad de Periodismo de la Universidad Miguel Hernández de Elche (Alicante).

Es Miembro de Honor de la Universidad de Málaga.


BIBLIOGRAFÍA

CASA DEL LIBRO

WIKIPEDIA (Marie Curie)

ROSA MONTERO

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PATRICIA BENITO | DEL SOFÁ Y DEL LADO.

Por: Juan Ramón Jiménez Simón


De corteza insegura, débil, cerrando los ojos, en la calma de quién contempla el desierto… Las emociones en las que transita Patricia Benito nos lleva a la geografía íntima de su alma, en  (…) los pedazos que no me atreví a rescatar de naufragio. Una necesidad que la autora vive en (…)  un duelo a vida contra el espejo. Reafirmación que resurge de su propia voz por sentir el pulso vital y creativo de sí misma.

“Tu lado del sofá” (editado por Aguilar en “Verso & Cuento”, 2018) puede considerarse como una relectura de una nueva mirada. Algunos de sus versos se prestan a una deconstrucción constante, no solo por la emotividad de sus palabras, sino por su capacidad para retratar algunos de los aspectos más complejos del ser humano.  Esa despedida poética es, a su modo, una forma de arrojar luz sobre nuestra propia realidad.

Patricia Benito quiere, después un “carpe diem” vital, recuperar el descanso donde “el sol ponía la irreparable hora del descanso (Dámaso Alonso). Junto al sofá, la autora se implica en una tarea, característicamente épica, siguiendo la tradición greco-latina de la quietud provocada por el amor (en una sala de espera). Es el genio femenino cultivado por Apolonio de Rodas, Virgilio y Ovidio; y antes que estos, en cierto modo por Safo, forjadora de una pedagogía del “cerrar los ojos” que es recreada por la poeta a lo largo de sus poemas.

Esa valentía al abandonarse, a pesar de todo, en “un cuarto creciente a medio tiempo” es un auténtico canto a la magia de lo cotidiano, al pequeño lugar que ocupamos en el mundo. En “Tu lado del sofá” recoge historias que revelan su habilidad para reflexionar poéticamente acerca de las mismas, en una hermenéutica de final abierto tan característico en nuestro devenir. Una constante de su poética es la trazabilidad del “Vive, joder, vive” a una aceptación de todo cuanto aconteció y de la ausencia, generando un proceso interno de aprendizaje tan real como la vida misma. Solo así se puede contemplar los retales del alma con una mirada educativa que es urgente incorporar.  En este sentido, la autora nos anima a cambiar el foco de sitio, dejando de atender lo que ocurre fuera de nosotros mismos como si fuera lo más importante y de consentir que la toma de decisiones favorezca el miedo, y en su lugar poner la emoción en el centro de todo nuestro quehacer, atendiendo al cuidado de uno/a mismo/a. Esto supone organizar los momentos del “sofá” de modo que se garantice esta centralidad de la vida: que todo cuanto nos ocurra contribuya a la sostenibilidad personal. Conlleva que en los muchos casos en que el día entre en conflicto con la noche, se le dé prioridad absoluta al primero, al tiempo que se reflexiona y se contemple a la segunda. Por eso, el poemario tiene la finalidad de</>

Escribirte a ti en vez de hacerlo sobre ti.
Esa sutil diferencia que lo hace nuestro
o de todos los demás.

Y, además, admite con humildad la capacidad regeneradora de las caídas:

Nada tan difícil de asimilar
como llegar a casa
y que todas las cosas
sigan donde las dejé.

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NOCHE, DE ALEJANDRO SAWA. ANDAR PORQUE SÍ

Por: Rubén Chimeno Fernández


I

Alejandro Sawa no es el mejor escritor ni puede dar mucho lustre a quien viene a ocuparse de él. Suele moverse su imagen entre el desconocimiento y la mitificación, entre mistificación y mortificación.

Mitificadores-mistificantes son los que han hecho de él un maldito genial, quintaesencia del hombre sacrificado por obra y desgracia del entorno, de las vilezas, las conjuras y las inquinas… sociales, que no falte el adjetivo. Porque, a continuación, hay que llenarse la boca con el rechazo de una maléfica sociedad (y a ti te encontré en la calle) al hombre concreto y, por extensión, a toda lucidez y distingo. Estos son los que lo perfilan como amenaza del orden, ante el que el monstruo colectivo se vuelve y aniquila, consciente al unísono por la suma de muchas conciencitas malvaditas individuales. Ojalá Sawa hubiese podido tanto o casi tanto como lo que le suponen los de este palo.

Mortificadores son los que, ahogados por el papanatismo, hacen del monstruo colectivo sociedad un cúmulo de molicie, de cortedad, de estreñimiento (suma de los estreñimientos individuales de quienes lo componen). El sujeto sociedad es un sujeto amorfo que no sabe por dónde le vienen y que, por mucho que el genio ilumine desde la sombra, no acierta a ver luz ni saber siquiera lo que la luz es. Estos mortificadores, pues, hacen de Sawa el mismo genio que los otros, pero angelical y filántropo, más grande y más bueno que las propias causas que defiende. A este clavo se agarran los Maxestrellistas, que juegan a ser ellos mismos Valle-Inclanes irredentos.

¿Qué fue Sawa? No lo sé. Pero supongo que no más ángel o demonio que Pepe o Juan. Un Pepe o Juan o Alejandro a los que se les van las ganas de vivir en cada línea que escriben, desesperados, llenos de amor a la vida y con las grandezas y miserias de echar el bofe en cada arrancada de inspiración. Y llegan estos más alto que casi todos los demás, pero bajan también más rápido o mueren, directamente, porque pierden el aliento ciegos de entusiasmo. La impresión que dejan es la de perseguir un puñado de verdades, como cualquiera de nosotros, pero, a diferencia de muchos, que dudamos y vamos a trompicones, están seguros de tanto en tanto de haber hallado esa verdad y morirán, como
digo, por dejarla escrita como un desgarro (seguramente, el mismo que se procuraron ellos al inmolarse por nosotros). En eso, estamos en deuda con los Sawas. Que la verdad hallada o iluminada nos sirva es ya más dudoso.

Toda esa urgencia la lleva Sawa a Noche, que huele a redacción vivida in extremis, de último acto de servicio, de la que se saldrá sin fuerzas para escribir una letra más o desayunarse a la mañana siguiente. Y el entusiasmo se comparte en tanto se está leyendo la historia de todos esos desgraciados que se consumen de hora en hora por las calles sucias de Madrid y, sobre todo, en esos interiores hechos a medida de las angosturas de sus almas.

Hay maravillas al alcance de muy pocos (por supuesto, Valle no sería capaz de ser tanto en tan pocas palabras como lo es Sawa en los momentos más altos, porque Valle ahoga muchas veces al lector con su prosa tricotada y rumiada, que se tiene que tragar en varios pasos y nunca de verdad del todo, porque se nos vuelve a la boca cargada de ácidos; Sawa se asfixia él por darse todo, por no dejarse nada para sí, por querer correr una maratón al ritmo de velocista, convencido de que esta vez sí puede):

“Había vuelto el mal tiempo, los días frigidísimos del mes de diciembre. Se manifestaba el cielo como una injuria permanente contra la humanidad y eso hasta el punto de que solo dejaba de llover cuando a los lagrimones como garbanzos con que la lluvia azotaba la ciudad sustituía la nieve, unos copos de nieve anchos como cuartillas de papel blanco que dejaran caer desde una gran altura […]. Hacía muy poco que había concluido la brega laboriosa del amanecer. Fue una lucha prolongada, en la que parecía que todas las ventajas estaban de parte de la noche, que no iba a amanecer nunca.

Por fin, a las siete de la mañana, contra la prescripción formal de los calendarios, que señalaban para una hora antes la aparición del sol en el horizonte, se hizo la luz diurna por completo. Y ya desde entonces no fue posible negar que fuera de día, cuando menos. En Londres mismo, se hubiera cubierto de ridículo aquel sol que simulaba alumbrar Madrid, como quien cumple un deber penoso y se fastidia por consiguiente, y solo se preocupa de salir al paso. Un sol cochino, al que maldito lo que tenían que agradecer las vegetaciones ni los hombres”.

Hay que agradecerle a Sawa el gesto en todo lo que vale, que es mucho, por más que se nos muera a mitad de carrera y, para más daño, sepamos que se va a morir. Pero la escritura de Sawa muere sin muecas, que es lo máximo que se le puede pedir al suicida.

“Hay más dignidad, seguramente, en esos animales que se ocultan para morir que en los últimos instantes de la vida humana, pringosos de lágrimas, estruendosos de sollozos, misérrimamente teatrales de consiguiente, como cuando hace explosión la catástrofe en las farsas de los escenarios”

A pesar de la intrepidez, entre zancada y zancada, también se flaquea en Noche:

“No vale esta miserable existencia nuestra las sofocaciones que nos tomamos por ella”.

II

En la carrera de fondo agónica de Noche, como por ensalmo o por sabiduría sobrevenida, no se nos ha muerto y ha cogido Sawa un tran tran inesperado después de la galopada. Ha encontrado su ritmo. Se notan algunos pasos de transición hacia la comodidad en descripciones a caballo entre el expresionismo de páginas anteriores y el equilibrio:

“Poseía aquel mozalbete de vienticuatro años cuanto es preciso para estar bien avenido con la limtada humanidad de que se forma parte: sistema dentario completo, en buen estado de conservación; estómago poderoso, bien abastecido de cuantos jugos gástricos son precisos para digerir piedras; aparato nervioso, casi nulo, solo el suficiente para recoger y transmitir sensaciones; buena sangre y abundante, rica en glóbulos rojos. Y un enorme vacío moral en la cabeza.

Era la bestia humana en toda su desfachatez. Carne, músculos, huesos. Ni por casualidad, la alborada, la anunciación tímida del espíritu. Materia y
materia y materia. Materia, bueno, pensante. Aquel animal tenía ideas religiosas, idea de la familia, idea de la propiedad, casi concepto del prójimo, conciencia completa de yo, que, en su boca y en las lobregueces de su inteligencia, resultaba un yo enorme. Pero no la materia sublimada de los organismos superiores.

Un hombre como otro cualquiera, que es esto lo que me proponía decir”.

Ya la cadencia es la que necesitamos autor y lector, ya los dos marchamos al mismo paso. Es un gesto que no necesitaba hacernos, porque estábamos dispuestos a acompañarle hasta donde quisiera y pudiera llegar; pero ralentiza, mira y, sin recular, ahora avanza en la marcha que necesitamos y que a él le sienta mejor, le relaja el gesto, le alivia y, si no le reconcilia con un mundo con el que no quiere reconciliarse, al menos le lleva a escribir como quien entiende que no queda otro remedio, con un escepticismo que da lo mejor de sí. Las palabras a su hijo Nazario de Paco, el padre que ha sido la angustia misma y ha llevado a la negrura absoluta a su familia, cuando han perdido casi todo, salvo la capacidad de seguir haciendo daño, suenan a desengaño y a una flema que no le hubiésemos atribuido en la primera parte del libro, porque esa flema denota inteligencia y conciencia de la vulnerabilidad propia, cualidades que Paco sustituía por una devoción a machamartillo ante dios y una malquerencia intestina ante los hombres.

“Mira, yo te destinaría de buena gana, como a Paquito, a la carrera eclesiástica, a ti y a Evaristo; pero tú tienes la cabeza un poco dura y a mí hace ya tiempo que no me suenan los cuartos en el bolsillo. Eres ya un hombre y no haces nada; la ociosidad es la madre de todos los vicios y yo no puedo mantenerte. Ya estás criado; yo he procurado educarte en la medida de mis fuerzas y con la protección siempre decidida del Santo Patriarca; y así es que ya puedes salir a la calle en busca de los dos panecillos que comes todos los días. Ya ves que, para mi santa moral cristiana, so pena de tu condenación eterna, es mi deber de padre recordarte, en estos momentos en que te devuelvo tus alas, que tienes madre, hermana, una hermana desgraciadamente enferma, y que te debes a ellas tanto como a ti mismo”.

Escribiendo así, ya no importa llegar a ninguna parte, ya no hay metas, ya está, estamos a salvo.

III

No es un rastrillo exactamente la prosa de Sawa. Podría ser el apartado donde se amontonan postales con ningún sentido ni en origen ni en destino. Un puñado de impresiones que, quizá, toman sentido al verlas todas juntas en la mano, venidas cada una de una punta; es el trasunto facilón de la vida, los retales desechados o las puntas de las mejores gasas a las que quiere darse su última oportunidad. Es una construcción narrativa angustiada, sí, y, a veces, angustiosa. Se empieza, por seguir con la imagen, cosiendo doble los primeros cromos, con mimo y hasta con primor; pero se aburre pronto o no sabe cómo unir la estopilla con el raso y sale un conjunto que, bien promocionado, se vende como un patchwork resultón antes de que el patchwork fuese tal y fuese digno; si no se sabe vender y ni siquiera se le encuentra un nombre a lo tejido, no pasará de verse como una majadería, una tomadura de pelo para sacarle los cuartos al incauto o un trapo inútil, hecho de trapos y que no sirve para casi nada.

En la narrativa de Sawa, hay esquinas recargadas en la composición y otras de mal paño a los que le ve el desteñido. Pero lo más aprovechable es lo que se teje sin más ahínco que continuar el relato, hilvanado con suficiencia, pero sin trascendencia. Son esos pasajes donde descansan los asesinos, las putas, los adúlteros, los capillitas, los herejes, los renegados, los tísicos… y no hay nadie en escena, las calles de Madrid relajan el gesto y hay por aquí una descripción moral que no condena, ligereza en la sucesión de los hechos, parlamentos nítidos, aire.

De ser, en algunos pasajes furiosos, un escritor declamatorio, pasa, como habiendo retomado meses después la escritura de una novela que no recordaba estar escribiendo, pasa, digo, a una prosa atemporal, llana, significativa y sin requiebros. Una prosa más clara que la de Galdós mismo, con periodos ajustados y un habla natural, sin cebarse en la floritura ni en el modismo. Parece que, al retomar ese manuscrito casi olvidado, se ha dado prisa por entregarlo a algún editor que le adelante unos duros y, así, con esa necesidad, sale la mejor dicción y las palabras mejor colocadas de su época, porque hay que terminar y hay poco tiempo, pero sale la peor novela, porque se despachan, sin rubor, en unas veinte páginas, la muerte de un hombre por envenenamiento urdido por su futura viuda y su amante, el nacimiento del hijo del adulterio, el asesinato de un hombre a navajazos por mor de los celos, la muerte por tisis de una joven… Demasiada miseria y encono para ser verosímil en la ficción. No pasaría de ser comentario de un par de días de haber salido todas esas noticias en un informativo o un periódico, pero a la novela le exigimos la moderación y la limitación de posibilidades que no encontramos en nuestra realidad.

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