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“EL EMPERADOR EN SANTA ELENA”, DE JAVIER DE LA ROSA. EL SUEÑO DE EUROPA.

Por: José María Herranz Contreras

EL EMPERADOR EN SANTA ELENA, de Javier de la Rosa.
Los libros del Mississippi. Colección Narrativa, nº 3.
Madrid, 2020.
Ilustraciones de Charo Alonso Panero.
ISBN: 978-84-120741-4-7

Sorprende esta biografía de los últimos días de Napoleón I en su reclusión por los ingleses en la isla de Santa Elena, tanto por su forma como por su fondo. Escrita por Javier de la Rosa (el poeta, narrador y dramaturgo tinerfeño, no el empresario implicado en la estafa de las torres KIO), esta peculiar novela corta se suma a la amplia lista de publicaciones en poesía y prosa de uno de los mejores escritores españoles propuesto en 2015 para el premio nobel de literatura.

La figura de Napoleón I es fascinante por muchos motivos; De la Rosa se centra en los siguientes aspectos en esta intimista narración: sus amores con las mujeres que tuvo a su lado, su papel como libertador de Francia y su pueblo,  su sueño de una Europa unida y libre, y la culpa que lo atormentó por sus crímenes de guerra hasta el fin de sus días.

Es precisamente la forma un tanto deslavazada y caótica sintácticamente, al modo de la prosa poética a veces o de un largo poema en prosa narrativo, y con una estudiada ausencia de signos de puntuación, el gran hallazgo de esta novela que consigue con su torrente de imágenes y recuerdos que el lector quede atrapado desde su inicio en el maremágnum  de las emociones y sentimientos del que fuera uno de los principales personajes históricos que luchó por unificar el territorio europeo bajo los ideales de la igualdad, la libertad y la fraternidad, bajo el imperio de Francia, cuna de la revolución ilustrada y de los derechos humanos tal y como hoy los conocemos.

Si en el mito de Europa es Zeus quien la rapta tomando la forma de un manso toro blanco y la lleva a Creta para poseerla, en este sueño imperial de Napoleón I, Europa es la extensión de su patria, Francia, a la que tanto amó como a las mujeres que acompañaron su vida, Europa pues, a la que desea unir y liberar en la figura de su pueblo con los ideales revolucionarios y humanistas. Pero como los sueños de la razón engendran la locura, es la guerra y su cohorte de muertes y asesinatos la que persigue al personaje en su exilio en la isla de Santa Elena mientras los recuerdos se agolpan  y emergen desordenadamente, entre el presente y el pasado, evocando su infancia en Córcega, su madre; una niña compañera de sus primeros juegos infantiles que ya le predestinaban a su papel de emperador; María WaleWska, esposa del conde Walewsky al que él mismo mató en duelo, y que fue después su amante; Desiré, la joven y pobre marsellesa; Laura Permond, mujer libre y de carácter, a la que casó con su lugarteniente y amigo Junot, y con la que amó profundamente; Josefina, su esposa, la emperatriz, consciente de su importante papel en el Estado, y con la que mantuvo una intensa relación ambivalente; y el largo viaje en barco, una vez arrestado, hasta llegar al lugar de su reclusión, donde la infinitud del mar y la evocación de su destierro le hacen añorar su pasado y presentir su fin, como el de tantos grandes personajes, temidos y respetados, pero absolutamente solos consigo mismos y con su destino.

Ya desde el principio del libro destaca a su paso por Egipto el descubrimiento casual de la piedra rosetta, y su abrazo a los Misterios antiguos, la esfinge y la gran pirámide en la pernoctó y que sin duda le iluminaron en aquella campaña de la que volvió transformado interiormente, aun siendo derrotado militarmente. Como todos los grandes personajes históricos señalados por el destino y los dioses para cumplir una tarea ineludible, la imagen del águila poderosa (Horús, el hijo de Ra, el Sol naciente) va acompañando al protagonista en el devenir de sus recuerdos primero durante el largo viaje en barco hacia la isla, después durante su estancia en Santa Elena, y luego finalmente hasta el momento mismo de su muerte. El águila poderosa que le recuerda que el destino de los hombres grandes que han reinado con poder y gloria –y por tanto con guerra y sangre para conseguir sus objetivos-  es ofrecer su alma en sacrificio a ese Sol naciente que le reclama el óbolo de su vida.

El amor inflamó el alma de este hombre grande y único, tanto en la figura de las mujeres especiales que amó, bien en secreto bien públicamente, expuesto a las vilezas del populacho, y en la figura de una Francia grande primero y una Europa libre después para expandir su ideal de paz, igualdad y justicia para ese pueblo miserable, ignorante y empobrecido por siglos de opresión aristocrática. Europa y las mujeres, su belleza y el amor que le inspiraron son el reverso de su magna obra; el reverso fue la guerra, la muerte y la destrucción del campo de batalla,  el pago ineludible del poder para la consecución de sus fines militares.

Es precisamente la tortura de esos crímenes la que atosiga sus recuerdos en su exilio en Santa Elena, bajo el dominio inglés, donde fue desterrado tras la pérdida de Waterloo. Tósigo emocional que se va mezclando con el auténtico veneno que sospecha le están administrando. Todos los grandes imperios son sueños de los dioses, realizados por grandes personajes como Napoleón I, Alejandro Magno y tantos otros, que aspiraron a tan grandes fines y que una vez conseguidos el mismo destino apartó violentamente o borró de la historia.

“Puede el águila impedir su vuelo… Caería derrotada al suelo, el imperio leído abierto a mis reflexiones, no se puede ser menos victorioso cuando el hombre se muere en sí mismo en vida y se retira de la lucha, el hombre y el animal se expresan con el zarpazo y el amor, la nobleza acaba en algunos seres. Más allá de la vida tal vez otra vida, pensada no creada, escriturada, versificada de boca a boca y no alcanzada en vida. No sé cuándo se cierran las puertas y se abren otras o no habrá ninguna.”

Y finalmente, el 5 de mayo de 1821, Napoleón I entregó su alma al águila en la casa de Longwood, Santa Elena.

Este fascinante libro se completa con las delicadas ilustraciones de Charo Alonso Panero (prima del gran Leopoldo María, poeta novísimo de los 70, fallecido en 2014), que aportan el trazo humano y sensible al personaje. “El emperador en Santa Elena”, en suma, nos recuerda que aunque el sueño de la razón produce monstruos, el camino merece la pena en el caso de aquellos personajes que hicieron de la noble plasmación de su sueño un ideal que ha soportado los embates del tiempo y que ha servido para que tantos y tantos pueblos de su amada Europa hayan alcanzado, de alguna forma, dichos ideales, aun con todas las imperfecciones existentes. Descanse en paz, Emperador, más allá de este mundo, más allá de Santa Elena.

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PAPEL ALBAL: ÁNGELES FERNANGÓMEZ

El Anaquel

Los libros liberan más que nutren y quiero ser testigo de esta liberación.

Por: Matteo Barbato


Ángeles Fernangómez
Huerga y Fierro Editores
Tapa blanda: 100 páginas
Colección: Poesía
Idioma: español
ISBN-10: 8494546139
ISBN-13: 978-8494546136
Prologo de Juan Carlos Mestre

 

 

 

 

 


Comentario sobre la obra:

En este poemario, editado por Huerga & Fierro, se funden sabiamente la creatividad y el hechizo, la naturaleza y los recuerdos, la historia y las semillas del porvenir. Ángeles Fernangómez es una hechicera de estilo medieval que mezcla pócimas y versos, anhelos y conjuros, sueños e historia. Sus poemas están colmados de verde, de árboles, de vacas y de pájaros; su pasado color miel es un baúl de praderas y colmenas, de petirrojos y ruiseñores, de jazmines y demonios; su arte es la historia de unas hiedras que alcanzan el futuro, sus versos brotan de la tierra y caminan hacia las nubes y sus recuerdos recolectan la miel de lo intangible (las abejas, entre otras cosas, liban en el universo de la memoria).

La atmósfera que despliega cada poema es un espacio delicado que resiste a la brusquedad del tiempo. Su Papel Albal lo protege de la lluvia y del fuego, lo ampara y defiende. Por ello la autora pide al lector que “desenvuelva, con cuidado, del papel albal cada palabra”. En cambio, entrega todas sus máscaras y muestra su desnudez a través de la palabra.

La vida pierde todo su sentido sin la memoria: los recuerdos encarnan nuestra identidad. La identidad de un poeta, lo que se manifiesta a través de su cuerpo poético, es su bien más preciado, y es lo que nos entrega Ángeles Fernangómez. Detrás del envoltorio del papel albal encontramos al ser, hallamos la honestidad y el compromiso de autoconocimiento de un viaje artístico inigualable. Papel Albal es creatividad y viaje, conciencia y desnudez, magnetismo y conjuro, libertad y reivindicación, desnudez y género, espejo y autoafirmación, autenticidad y alquimia, realidad y metafísica. En definitiva, esta obra es la crónica de una revolución dentro de los confines de un cuerpo.

Sobre la autora:

La leonesa nacida en Villacorta (montaña de Riaño), Ángeles Fernangómez, vive en Madrid desde 1975, con un paréntesis vivido en Canarias. Es fundadora y coordinadora de los encuentros poético-artísticos del Grupo Poética en Gredos (Encuentros en La Lobera). Organiza y participa en expo-recitales con los grupos Versos pintados del Café Gijón y Poesía en Sidecar, entre otros. Guionista e interprete, junto a las escritoras Paola Herrera y Patricia Monge, de la performance de literatura erótica Profanando la LetraDiálogos a cuerpo abierto, representada en diversos cafés-teatro y en el Nuevo Teatro Alcalá de Madrid. Guionista e interprete, junto a la escritora Rosa Silverio, de la performance Sylvia y Anne, oscuras novias conspiradoras (sobre la vida y la obra de Sylvia Plath y Anne Sexton). Ha sido la responsable de la preparación de la publicación de Palestina en el corazón junto al profesor y poeta Mahmud Sobh y tiene obras, tanto en prosa como en verso, en varias publicaciones como Encuentros en Sambara, En una Ciudad lineal, El Quijote en el Gijón y Filando cuentos de mujer o Chupitos poéticos, poesía breve en la colección Encajados, y Versos pintados, Con buenas palabras, La mujer en la poesía hispano-marroquí, Madrid a Miguel Hernández desde el Café Gijón. Incluida en la antología 50 Poetas contemporáneos de Castilla y León. Cuenta con publicaciones en diferentes revistas como Alkaid o Álora, la bien cercada. Fue finalista, entre otros, del I Certamen Jirones de Azul, del XIII Certamen de Poesía María del Villar y del Premio Les landeres del Principado de Asturias.

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ELOGIO DEL HAIKU

Por: José Luis: Morante


Debo mis primeras lecturas de haikus al desaparecido poeta lucentino Manuel Lara Cantizani, cuya labor de difusión ha sido extraordinaria en campos complementarios como la creación, el aula y la gestión editorial. Con su cercanía aprendí a caminar por esta forma poética de aparente sencillez y severa pauta métrica, cuyo origen se remonta hacia el siglo XVI, aunque es previsible que existieran precedentes en el cauce oral de la literatura japonesa. Con Fernando Rodríguez Izquierdo, el estudioso más perseverante, fue sondeando la contingencia temporal de la estrofa y su evolución en las voces mayores del haiku, Matsuo Bashô, Yosa Busson e Issa Kobayhashi. Otro poeta que admiro Josep M. Rodríguez me escribió una afectuosa misiva para pedirme algunos haikus de mi autoría para una antología de contemporáneos; no puede corresponder a su empeño por falta de material de calidad en aquel momento y la antología Alfileres (Cuatro Estaciones, 2004) dejó en las estanterías un amplio listado de nombres que cultivaban la estrofa y emprendían proyectos literarios bajo su horizonte verbal. Aquella petición del profesor, poeta y ensayista Josep M. Rodríguez soliviantó mi taller de escritura y un par de años después, el editor Francisco Peralto en su imprenta malagueña, me dejó en las manos Nubes, una completa compilación de haikus que integraba como epílogo esta reflexión personal: “Un título tan escueto, Nubes, es prueba evidente de la voluntad de comunicación. El propósito parece contradecir la naturaleza de la estrofa japonesa en la que “lo no dicho tiene tanta importancia como lo dicho”. Espero, sin embargo, que el destinatario de este conjunto de poemas justifique mi elección en la existencia de una realidad convulsa; el poeta toma la palabra para tirar de un hilo argumental que reclama una sensibilidad despierta y la solidaridad de los sentimientos. El estudioso Vicente Haya ha escrito que “el haiku es el entrenamiento de la percepción”; Mario Benedetti reconoce que somos portavoces de sensaciones, nostalgias, reflejos y estados de ánimo que no son exclusivamente nuestros; ambas opiniones me parecen asumibles por su lucidez. La elección vital de los que se convierten en pasajeros hacia un destino ineludible requiere varias perspectivas, varios modos de situarse. Seamos compañeros de viaje que soportan el frío, la angustia y el miedo; los que creen en los sueños; el testigo de paso de una experiencia ajena con la que no tiene más afinidades que el estar. Percibamos la tensión interna entre el desarraigo y la contemplación. Y que esta conciencia de la poesía, oscuridad y olvido, quede retenida en tres versos… El fondo del haiku reivindica una bibliografía copiosa que inicié, como es prescriptivo, con un libro canónico sobre el género en nuestro país, el tan citado El haiku japonés, de Fernando Rodríguez Izquierdo; después, una parada obligatoria en Mashuo Bashô, cuyos poemas amanecen en cada traducción. Los textos de Issa conciben el mundo como un transitar epifánico en el que cada paso nos aporta el descubrimiento de lo nimio. El poemario Nubes es fruto de un lustro de escritura. Años en los que la estrofa convivió conmigo y condicionó mi percepción del entorno, que cada vez se hizo más despojada y esencial. En su economía narrativa está la sombra de una experiencia, el rastro de una emoción.

El cuaderno Pateras,escrito con intención seriada sobre quienes perciben al otro lado del mar una esperanza, anticipó más de una veintena de haikus. Se imprimió el 29 de septiembre de 2005, con una ilustración de cubierta del pintor Emilio González Sáinz, en los pliegos de Ultramar. Ahora se integra en Nubes gracias a la invitación editorial de Francisco Peralto, a quien traslado mi gratitud y mi afecto.

Hace unos años, mi amigo el poeta Antonio del Camino tituló, con acierto elegíaco y sensibilidad temporal, su libro Paso a paso, la vida y esa es la escueta definición que precisa el desplegado transitar de mis aforismos de Nubes representados en esta breve selección personal, que lleva como pórtico una cita que diluye las líneas entre imaginación y realidad: Intento despertar, pero no duermo.

Brillan hogueras
en el aire nocturno.
Fulgor de plata.

Atardecer.
Impacientes suburbios,
y despedidas.

Manso rompiente.
Las palabras del agua
velan silencio.

Noche. Planicie.
Tan igual a sí misma
como el desierto.

El miedo ignora
los caminos del agua.
El viento, brújula

Tierra de nadie.
Dormita la semilla.
Surco baldío.

Pájaros negros
al borde de la ruta.
Espectadores.

Entre la sombra,
a todo lo soñado
cedes su nombre.

El cielo frío
en la mejilla deja
soplos de mar.

Guarda desvelo
para la travesía;
estamos solos.

Entreabría,
con dedos ateridos,
dunas deformes.

Una tras otra;
cada gota un instante.
Reloj exacto.

Precario tránsito;
angustia de llegar
al otro lado.

El blog “Puentes de papel”, activo desde diciembre de 2010, ha reanimado mi práctica del esquema versal, a la vez que ido acumulando lecturas clásicas y de contemporáneos, estudios ensayísticos y antologías, pues de todos es conocida la copiosa colección de haikus que han producido las últimas hornadas.

Mi inclinación afectiva hacia esta forma lírica se cimenta en su brevedad que asegura una intensidad gozosa, en su pupila abierta para cobijar argumentos, mucho más allá de la supuesta condición de lírica estacional, por su carencia de artificio retórico y por la condición de chispazo inmediato.

Así que es previsible que estas líneas para la revista digital Proverso que elogian la estrofa no sean más que un síntoma temprano de la floración del haiku. Esperemos.

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POEMAS SIN TIERRA (RECUERDOS DE LA INDIA Y NEPAL)

El Anaquel

Los libros liberan más que nutren y quiero ser testigo de esta liberación.

Por: Matteo Barbato


Poemas sin Tierra (Recuerdos de la India y Nepal)
Paloma Serra Robles
Editorial: Cuadernos del Laberinto
Publicación: 03/01/2020
132 páginas; 22×15 cm
ISBN: 8412130987
ISBN-13: 9788412130980
Encuadernación rústica con solapas
Colección Anaquel de poesía, 98
Precio: 13,50€

 

               

Sobre Paloma Serra Robles

(Figueras, 20 de enero de 1976)

Licenciada en Derecho por la Universidad de Oviedo, continuó sus estudios en Toulouse (Francia) y en la Fletcher School of Law and Diplomacy (EE. UU.). Ingresó en la Carrera diplomática en 2005. “Poemas sin tierra” es su tercer poemario tras “Farol Fundo” (Chiado, 2014), y “Dejar África” (Cuadernos del Laberinto, 2014). Algunos de sus poemas han sido publicados en diversas antologías: «Rimas cifradas» (Dossoles, 2012), «Y lo demás es Silencio» (Chiado, 2015), «Breve historia de la literatura concreta» (Chiado, 2015), «Me gusta la Navidad» (Cuadernos del Laberinto, 2016). Además, codirige la colección literaria La Valija diplomática. Ha vivido en Francia, Costa de Marfil, Cabo Verde y la India. Actualmente reside en Sudáfrica.

Fuente: http://www.cuadernosdelaberinto.com/Poesia/paloma_serra_poemas_sin_tierra.html

 

               

Sinopsis

Todas las tierras son poesía, y así crecen en nosotros tras habitarlas y abandonarlas. Países que se nos apropian de la palabra y germinan creando versos.

Paloma Serra ha vivido durante largos años en India y Nepal; y el viaje ha evolucionado hasta gestarse en patria y pueblo literario generadores de estos Poemas sin tierra, un diario de belleza y observación enmarcado en el mapa.

Paloma Serra posee un singular talento descriptivo que logra situar al lector en el núcleo del sentimiento, creando —gracias a su personalísimo estilo— imágenes dominantes e inspiradoras que nos hacen cruzar y sentir las fronteras y los puentes que separan el fulgor de la luz.

Fuente: http://www.cuadernosdelaberinto.com/Poesia/paloma_serra_poemas_sin_tierra.html

 

               

Comentarios sobre la obra

El marco de un viaje confinado en el camino de la imaginación, la deidad del sueño extendida en lo cotidiano, el éxtasis de la rutina, el culto de la normalidad, el recuerdo como fruto de los lugares visitados: los poemas de Paloma Serra Robles son el diario de una experiencia, son marca y testimonio de un recorrido espiritual. Sus versos son fotografías, instantes volátiles “made in India” que ya residen, eternos, en la memoria.

El estilo de Paloma Serra Robles es sencillo: la autora no necesita frases rebuscadas para parir sus versos. Su trabajo se limita a remarcar el camino recorrido (y por recorrer) y sus poemas son la brújula para que la propia autora, una peregrina en un lugar sagrado, se encuentre a sí misma trazando su propia cartografía, su propio mapa interior. Su trabajo anida en la firme voluntad de permanecer: perseverar, seguir adelante, a pesar de todo; sus poemas son también búsqueda, agradecimiento, enseñanza.

La autora nos traslada a una realidad curva, la de una diplomática que recorre el mundo, deshace el bosque, encuentra la mirada franca de un búfalo de agua en el Ganges, reconoce y exalta el regalo de la vida, avanza y retrocede (volver siempre, / muy despacio, / a los olores / dejados tantas veces). El espacio físico del papel con el que escribe es un manto gris colmado de desechos, y las hojas son ciudades llenas de minúsculos detalles enrocados en el tiempo.

Durante la lectura, entre otras cosas he podido descubrir realidades extrañas, dignas de mención: las mujeres monpas que trabajan la piedra (https://en.wikipedia.org/wiki/Monpa_people), los yaks salvajes (unos mamíferos similares a los bisontes), las Mynas (unas aves autóctonas); todas ellas figuras insólitas, exóticas, llamativas. También he podido tomar un té con los vendedores de chai o degustar un plato de thukpa: en todo momento he podido saborear la atmósfera lenta y profunda de la India y, del mismo modo, estoy seguro de que cada lector disfrutará de esta realidad, alejada pero evocadora.

Paloma Serra Robles escribe a borbotones para expiar pérdidas, repara las raíces desasidas a través de la memoria, sigue avanzando (a pesar del desfile de la muerte) para dar sentido y homenaje al regalo de la vida.

Solo a través de la escritura la poeta se deja vencer. Los instantes (inevitables) se suceden: las vacas siguen, (…) a medio camino entre el parque y el viento.

 

               

Noviembre en nueva Delhi

La tristeza evoluciona,
se difumina con las luces de los coches.

Con delicadeza, la flor se desprende de la rama,
y cae,
meciéndose
hasta posarse en la acera,
cual libélula en el agua.

Y esa flor, impoluta, perfecta,
pasa a adornar el suelo, junto a otras flores,
desprendidas antes,
que palidecen a su lado.

Todo desmejora frente a los segundos de belleza pura
que proporciona esta falsa primavera
en noviembre.

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MIGUEL ÁNGEL YUSTA: REFLEJOS EN UN ESPEJO ROTO

Aquel sillón de cuadros

Por: Inma J. Ferrero

Al fin he leído Reflejos en un espejo roto, de Miguel Ángel Yusta, este poemario que llevaba tanto tiempo en mi lista de pendientes imperdonables. Publicado por la editorial Lastura el pasado año 2019, es un periplo en el claroscuro del amor, dividido en diez partes, en las que el poeta se va deshojando pétalo a pétalo haciéndonos partícipes de ese gran dolor que el amor deja tras su marcha. “Vacío y soledad se dan la mano / y esa gota persiste. Ya son miles / que horadan con dolor hasta los huesos.” La particular ordenación de los poemas permite un ir y venir por las distintas fases del desamor, por los distintos episodios del dolor hasta llegar a la resignación y más tarde, ¿Por qué no? Dejar una ventana abierta a la esperanza.

En una primera lectura del libro es palpable la melancolía que se cuela por cualquier resquicio del verso, haciendo de su lectura una danza en la que todos nos hemos vistos sumergidos alguna vez a lo largo de nuestra experiencia vital. “Acabada la intensa travesía / cuando el olvido ha consumido el llanto / resuenan luminosas las trompetas.” El poeta mantiene una conversación intima de la que nos hace partícipes, manteniendo el interés del lector a través de un discurso hondo y sentido, expresivo y directo, con el que nos envuelve hasta hacernos naufragar en el conocimiento pleno del dolor que en ellos se expresa. Es significativo el tono de advertencia que en algunos casos el verso adquiere, como si el poeta dirigiéndose a un amigo del alma le persuadiera del peligro al que se aproxima “Las palabras se enlazan y acarician / cuando son luminosas. / Mas a veces se vuelve enemigas / oscuras y heladoras…”.

Este libro está formado por poemas cortos que dan al lector una sensación de vértigo en la que el alimento, la estrofa, fluye nutriendo ansiosamente el alma que los acoge como nueva morada.  El verso libre, otra característica esencial de la obra, la imprime de un carácter original que modela el poema hasta darle vida, consiguiendo así captar la atención del lector desde el primer momento de su lectura, ya que le otorga una mayor agilidad. El lenguaje poético del autor es sencillo y depurado, huyendo de la superficialidad de los ornamentos que hacen de la poesía, en algunos casos, algo anacrónico y desgastado, atendiendo a la razón de que la lírica busca decir lo máximo con lo mínimo, es decir, lograr una gran densidad de significado y una alta intensidad expresiva con el mínimo de palabras. “Mi palabra prolonga el pensamiento / y traspasa el cristal de tu mirada” La obra muestra una evolución bastante clara desde el principio al fin, que fluye naturalmente sin ningún tipo de presión sobre los versos. También es importante destacar la dimensión visual de los poemas, así como, la evocación de lugares o personas perdidas, recordadas desde la lejanía y la nostalgia. “En soledad contemplo / cenizas de recuerdo muy felices / que ardieron algún día en la memoria.”   

Podemos concluir diciendo que el efecto normal del amor es sentirse invencible, pero a su paso, tras su pérdida este se muestra implacable “Quisiera entrar al fondo de las aguas, / nadar bajo su luz, / preguntarme por qué, si sembré amor, / cosecho en el final tanta tristeza”.  Y es que las defensas normales de supervivencia desaparecen una a una con su llegada, y el corazón y el alma quedan totalmente expuestos ante la idea fija de que esa persona no habrá de dañarnos “Estas palabras, son como cuchillos. / ¡Cómo cuesta escribirlas / en medio de la noche y el insomnio.” El amor en realidad nos vuelve enteramente vulnerables y eventualmente habrá de haber algún daño. En el amor, nadie sale totalmente indemne. Pero ¿Vale la pena el riesgo? El poeta deja un soplo de esperanza. “Casi he marchado ya, mas sin tristeza / he dejado mis huellas. / Sólo el vacío ya, solo el silencio. / Mas silencio de amor esperanzado.” Siempre el hombre a solas, «desnudo en alma», no obstante, con ese punto, diríase esperanzado, aunque fuere por el deseo de vivir más, de conocer.

Nos encontramos ante un poemario y un poeta capaz de transmitir del modo más sutil los sentimientos que el desamor inflige, de la racionalización del pensamiento como indagador en el alma ávida del amor, poemas, los de este libro, que en algunos momentos reflejan el sentido de trascendencia, de vinculo. Este es un poemario difícilmente eludible para cualquier lector que sepa degustar los versos sin miedo, aunque estos sean espinas que reaviven aquello que una vez sentimos y que nos hizo frágiles como el cristal.


Reflejos en un espejo roto
Miguel Ángel Yusta
Colección Alcalima Nº 146
Primera edición: julio, 2019
Imagen de cubierta: stasknop (Adobe Stock)
Nº de páginas: 126
Encuadernación rústica fresada con solapas
Formato: 148*210 mm.
D.L.: TO 518-2019
ISBN: 978-84-120380-3-3
Más Info
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LA CASA GRANDE ROSANA ACQUARONI

El Anaquel

Los libros liberan más que nutren y quiero ser testigo de esta liberación.

Por: Matteo Barbato


Número de páginas: 86
Editorial: BARTLEBY EDITORES
Idioma: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788494767173
Año de edición: 2018

Sinopsis

ESTE ES UN POEMARIO QUE DARÁ MUCHO QUE HABLAR. Rosana Acquaroni nos ofrece La casa grande, su sexto poemario, un retorno a ese bancal de tierra removida que es la infancia. Una infancia marcada por un secreto familiar y atravesada por la presencia/ausencia de una madre, víctima de una época siniestra y tenebrosa como fueron la posguerra y la dictadura. La casa grande se convierte, así, en escenario vivo donde ir recuperando, a través de la mirada de una niña, sensaciones, vivencias, desencuentros; no como un ejercicio de nostalgia sino de denuncia. Un espacio poético donde no se descuida la preocupación por el lenguaje, pero que es capaz de desalojarnos, de dejar a la intemperie nuestras más íntimas renuncias.

Fuente: Casa del Libro

Sobre la autora

Poeta española nacida en Madrid en 1964. Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad Autónoma de Madrid, trabaja como profesora de español para extranjeros en la Universidad Complutense de Madrid desde 1992. Es autora de materiales didácticos para la enseñanza de ELE, ha impartido cursos de formación de ELE en Inglaterra, Estados Unidos y Túnez, y es profesora del Máster de formación de profesores de ELE de la Universidad Complutense de Madrid. Entre los reconocimientos obtenidos, se destacan el Accésit del Premio Adonáis de Poesía 1987 con el libro «Del Mar bajo los puentes», la Ayuda para la Creación Literaria del Ministerio de Cultura para su libro «El Jardín Navegable» y el Premio de Poesía Cáceres Patrimonio Mundial 1995 con el libro «Cartografía sin mundo». Su último libro, «Lámparas de arena» fue publicado por la Comunidad de Madrid y la Fundación Gerardo Diego. Sus poemas han sido traducidos al francés, al alemán y al árabe y aparecen recogidos en varias antologías.

Fuente: A media voz

Sobre este poemario

Manuel Rico escribe lo siguiente: «En toda infancia hay una casa que acaba convertida en el lugar de la permanente evocación. El de la eternidad a la que aludiera César Vallejo en un verso inmortal: Murió mi eternidad y estoy velándola. En La casa grande, su sexto libro de poemas, Rosana Acquaroni vela una parte de esa eternidad que es la niñez y la adolescencia, entra en los espacios en sombra de los secretos familiares, rinde cuentas con sus seres más queridos y construye, con lenguaje revelador y deslumbrante, un hermoso edificio poético a partir de un proceso de recapitulación: el que se nutre de la memoria de la propia experiencia en un permanente diálogo con la vida de los otros. Aquí está la madre, su vida visible y su vida invisible y secreta, los momentos felices y los dolorosos, las servidumbres de la realidad opresiva de una posguerra interminable y la rebelión íntima y el desafío a las convenciones amorosas, eróticas, sentimentales impuestas con su secuela de trastornos emocionales y frustraciones. También están los sueños, casi siempre incumplidos, y el universo de objetos (armarios, toallas, peines, botones), presencias y deslumbramientos que dieron sentido a la vida en la edad más temprana. La casa grande es un pequeño mundo que, en gran medida, es, ha sido y será el de todos nosotros».

Fuente: Zenda libros

Mis consideraciones sobre la obra

Las vivencias como metáforas del dolor («las guerras no prescriben / son quirófanos huérfanos /que se han quedado inmóviles»), los vínculos familiares enmarcados en el retrato histórico inflexible de la postguerra, los destellos y sombras de una vida detenida por las imposiciones, por los límites y los miedos de la condición femenina. La inmersión en el pasado, los objetos y la evocación, el duelo y la resiliencia, la represión, la justicia y la reivindicación, el deslumbramiento y el desencanto, la ternura y la desolación, la locura y la orfandad, la honestidad y el deseo de reparación, los secretos y la memoria, la presión social y las dictaduras (el franquismo, la locura), las atmósferas irrespirables («de la obediencia no se sale indemne») son solo algunos de los temas claves del poemario.

Existe un nexo entre la casa de antaño y las ruinas presentes, entre las cicatrices aún abiertas y las grietas sangrantes que supuran los poemas: La Casa Grande es el escenario y el álbum de unas instantáneas suspendidas en la infancia, ancladas en un tiempo irrepetible; es el primer hogar de la autora, un piso de más de 200 metros en la calle Reyes Magos, muy cerca del parque de El Retiro, el centro de sus recuerdos y experiencias.

La autora pone luz y aclara su vivencia desde su condición de adulta, rinde homenaje a su madre (Tu ojo centinela iluminándome, / tus palabras formando un avispero / en mitad de la infancia.), cuyo retrato encarna las mujeres maltratadas por el franquismo («Lejos de aquella España enardecida / de la camisa nueva que empezó a anochecernos»), cuya condición es víctima a su vez de una cultura judeocristiana que la sometió a una vida servil y que debilitó su salud hasta llevarla a una enfermedad («me ataron con correas y me apagaron la luz»), la misma que terminó matándola.

Rosana Acquaroni es una niña derrotada, una niña que revive y reelabora sus recuerdos, la dolorosa relación con su madre («cada quehacer lleva su nombre»), una madre vencida a su vez. Su presencia vuelve en el poemario y acaba salvándola. La catarsis, el alivio y el salvoconducto de la memoria ajustan cuentas y hacen justicia.

La casa grande es a un tiempo «organismo vivo, presencia anfibia, útero materno o cementerio de recuerdos», es el centro de una reminiscencia en la que se encuentran la voz de la superviviente y la niña atrapada en el dolor («Y es así como encuentro la tibieza / de una madre que sangra en otra herida, / que prende en otro cuerpo de mujer»); es la autopsia de un tiempo muerto («ahora hay silencio enfriando la casa»), de un conjunto de voces, la de un adulto y la de una niña, que se alternan, como si ambas voces luchasen para sobresalir del poemario.

La madre que la abandonó para entrar en un sanatorio («madre, mi libertad / se engendra en tu locura. /Tu locura se prende en mi latido»), ahora la rescata («mirar a la madre como se mira al futuro») y ambas salen con alivio del poemario («para enterrar por fin todo lo que perdimos»). No existe un impulso más potente para escribir un libro.

Muy recomendable.

Selección de poemas

LLEVO ALOJADA EN EL CORAZÓN
una bala de plata.
La misma que mi madre
no supo disparar.

HACIA DÓNDE
la senda
que nos conduce
a hielo firme.

Hasta cuándo
el silencio
enfriando la infancia.

(Para qué
guardaditos de ira
tantos encajes muertos).

UNA MUJER QUE SIENTE QUE ESTÁ SOLA
tiene muchas maneras de morir
a manos de ella misma.
Basta con extraer de su mirada
aquel brillo incendiario de la niña que fue.

Una mujer que siente que está sola
tiene muchas maneras de caer.
Basta con tatuar en su centro:
estás hecha de nadie
y no sirves de nada sin un hombre.

Una mujer que siente que está sola
tiene muchas maneras de inmolarse por dentro
sin que nadie lo note.

Basta con amarrarse
un corazón de hielo alrededor del cuerpo
y esperar.

MADRE
he venido hasta aquí a restañar tus ataduras
a contener el frío alojado en tu boca.

Soy la hija
que te aguardó despierta cada noche
y que ahora regresa
para lavar tu lengua
de la herida silente.

He cruzado el jardín del abandono
He abatido sus puertas,
llevo una piel de niña para arropar tu cuerpo
y llenarte de juncos
mariposas
botones.

He vaciado tus frascos de pastillas,
las trago una por una
–sagrada eucaristía del olvido–.

Me he cubierto de musgo
para no lastimarte
y llevarte conmigo
hasta un claro del bosque,
donde enterrar por fin
todo lo que perdimos.

Y CÓMO RESISTIRSE
al hombre acicalado
que se quita el sombrero
y te saca a bailar
y te dice
que quiere amanecer en tu sonrisa.

Quién podría negarse
a las salvas de honor de aquel artificiero
que te llena de pájaros la noche.

(Y después,
cómo no conformarse
y ocupar el lugar de la querida.
Que estudien tus hermanos,
que la vida desprenda su perfume
de nardos y promesas
contra el plato vacío).

Acaban de apagarse las últimas bombillas.
La orquesta ya no toca.

Vuestro coche atraviesa,
como un jinete frío,
la explanada vacía.

LA DESTRUCCIÓN Y EL AMOR
Se querían, sabedlo (Vicente Aleixandre)

Se querían.
Ocultos, pusilánimes,
como ratones ciegos en su rueda infinita.
Al principio sufrían por la luz.

Se citaban de noche
primero en los tranvías de azul amaneciendo,
después en los garajes,
o en las bocas de metro,
o en la senda escondida
hallada en algún parque.

Se rendían
al arrecife calcáreo del deseo.

Sus cuerpos se buscaban
como busca la herida el salitre del tiempo.

Se querían
como las flores a las espinas hondas,
a pesar del misal y la ceniza,
de los ciclos bursátiles,
de la murmuración de los serenos.
De los viajes de él
la costura de ella
(y la culpa acechante
como un rifle apostado en cualquier agujero).

Se querían de noche, cuando los perros hondos
nunca en los cines/dd>
nunca entre las familias
que arropan a sus hijos.

Se querían.
Sabedlo

LA LLUVIA ES LA ANTESALA DEL RECUERDO.
Ahora llueve en Madrid
y yo arrastro tu cuerpo por las calles
como un disfraz de infancia comido por el fango.

Y quisiera contarte
que el atado de cartas sigue estando reunido
en aquel escritorio,
como tú lo dejaste.
Que nada se ha perdido,
excepto las palabras que no supe decir.

Y ahora llueve contigo,
sigue lloviendo
un agua inconsolable
que lava mis heridas
y hace que al recordarte
pueda verte de nuevo
en aquel hospital
respirando tus últimas palabras:

De la obediencia no se sale indemne.

Y ahora siento tu muerte
llamando a mi ventana
como un pulso de sangre,
o es la lluvia que bate en el cristal
con su pájaro herido,
con un ala de nadie

que te nombra
y me dice
que sigo estando allí
en aquel mes de julio
para desmantelar sin ti
la casa grande.

Y quisiera contarte
que estuve en Benarés
hace cuatro veranos,
y tú estabas allí,
a orillas del Ganges,
con los pies sumergidos
y la cabeza ungida por el limo sagrado.

Hija voluntariosa,
desando
los caminos
de la sangre.

Nada me pertenece.
Ni siquiera el olvido.

Ya ha cesado la lluvia.

Oigo tu corazón desafiante,
desalojando en mí
su última ola.

Más poemas

http://amediavoz.com/acquaroni.htm

https://www.poemas-del-alma.com/rosana-acquaroni.htm

Más noticias

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 https://conoceralautor.es/libros/ver/la-casa-grande-de-rosana-acquaroni

http://www.mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=acquaroni-rosana

https://www.escritores.org/biografias/22001-acquaroni-rosana

http://www.ojosdepapel.com/Index.aspx?article=4362

https://www.youtube.com/watch?v=hmczNW3zWN4

https://www.zendalibros.com/en-alas-del-aire-de-rosana-acquaroni/

https://www.diariocordoba.com/noticias/cuadernos-del-sur/rosana-acquaroni_1305915.html

  

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MODULACIONES Y REGRESOS

Por: Jose Luis Morante


(Intimismo, culturalidad y pensamiento en  la poesía de Jesús María Gómez y Flores)

 Tanteando ese punto del espacio que contiene todos los puntos   el infinito todo.

“EL ALEPH” (Borges en Ginebra)

Jesús María Gómez y Flores

Doctor en Derecho y Magistrado en ejercicio, coordinador desde su fundación del Aula de la Palabra y director de la revista cultural Norbania, Jesús María Gómez y Flores (Cáceres, 1964) es esforzado transeúnte de un fecundo camino que comenzó  en 1988 con el libro de amanecida Autoconfesiones. Aquel andén abría un periodo de tanteo y aprendizaje, complementado con bifurcaciones que se recuperarán en las secuencias de Líneas de tiempo.

Tras un intervalo de silencio llega en 2004 El tacto de lo efímero, en la Colección Alcazaba de la Diputación de Badajoz, que coincide en el tiempo con la plaquette Lunas de Hospital. Este punto cero de regreso al poema se reedita en 2016 en el catálogo de Baños del Carmen de Vitruvio. En esta editorial madrileña, que dirige Pablo Méndez, sumará otras entregas, como  Escenarios y la ya citada Líneas de tiempo.

La salida deja explícito en el acertado epígrafe El tacto de lo efímero el papel esencial del estar transitorio. El discurrir se hace quemadura y testimonio, modulación y regreso; despliega la sinrazón de lo mudable. Los poemas airean una sensibilidad proclive al recuerdo, cuya mirada muestra vivencias autobiográficas. Enriquecido  por el tacto de la imaginación, la vuelta al pretérito proyecta la dimensión luminosa del asombro. También las razones del lenguaje constituye un afán; es preciso resolver el teorema de los vocablos y dialogar con un poblado universo de signos. Las palabras entrelazan hilos de la experiencia e intrahistoria del  figurante verbal; desembarcan incertidumbres y miedos. Al cabo, lo que importa en este caminar por el movimiento pendular del ocaso es construir un lenguaje propio, un patrimonio interior en el que se define lo esencial, aquello que es compañía y perdura en los resortes de la cotidianidad.

Entre la luz que invade los espejos nace al día una nueva presencia. Es el oscuro intruso que da forma al sujeto verbal de El otro yo, entrega de 2005. Allí marca pasos la tangente orilla de otra identidad; pero la escritura no se pierde en un pensar ensimismado sino que abre ventanas a otros espacios de inspiración. El poemario se abre con un verso de Gabriel Ferrater, poeta de la Escuela de Barcelona, promoción integrada después en la Generación del 50. Se me permitirá recordar aquella idea de Ferrater que sugería que el lenguaje poético fuese directo, lúcido y racional con la verdad desnuda de una carta comercial. Y mucho de exposición de la intemperie nocturnal y de la desnudez de los instintos hay en los poemas de El otro yo que es, sobre cualquier otro viraje argumental, un trayecto exploratorio de la propia extrañeza y de la fuerza germinal de los instintos.  Por eso, el sujeto se presenta a sí mismo como un furtivo habitante de habitaciones alquiladas por el albedrío. El ser se siente vencido por los desatinos del goce y los reclamos al conocimiento de pieles anónimas. Ni siquiera los sentimientos son capaces de borrar la culpa y el cansancio, esas máculas que requieren la transparencia urgente de la lluvia para que sean legibles los signos de lo diáfano. Otra vez Eva se hace tentación en la voz seductora que rumorea erotismo y espanta la cordura para hacer del mañana una senda de oscuridad y abandono.

Como si el poeta buscase la pluralidad del entorno cercano, en Escenarios se llenan los registros del lenguaje con lugares habitables. El protagonista textual se aleja del primer plano para convertirse en aplicado observador en el anfiteatro de lo real. En los tablados de la memoria está París, siempre arquetipo  con entidad cultural.  Sus enclaves ramifican tramas de sombras chinescas, que preservan, en el deambular del tiempo, una representación colectiva. Otro marco argumental es Berlín; allí reaparece el rostro en blanco y negro de la historia, completando un paisaje de miedos, cicatrices y gestos, nunca sosegados por el olvido.

Entre ecos y sombras, Londres presta su callejero para alzar un tercer escenario. Los reclamos cívicos  entroncan con un presente multiétnico, un tumultuoso enjambre de secuencias vivas.

Los caminos explorados trazan una cartografía vivencial; queda el sujeto poético a pie de superficie, buscando mapas de vestigios visibles. En su visual un horizonte que despliega coordenadas sensoriales y estrategias de puntos de fuga, esos improvisados exilios que acomodan las paredes de la rutina.

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ME QUEDO AQUÍ | MARCO BALZANO

El Anaquel

Los libros liberan más que nutren y quiero ser testigo de esta liberación.

Por: Matteo Barbato


ME QUEDO AQUÍ BALZANO, MARCO Editorial: DUOMO EDICIONES S.L. Año de edición: 2019 Materia: Narrativa general ISBN: 978-84-17128-91-3 Páginas: 232 Encuadernación: Bolsillo  Colección: Nefelibata Precio: 16.80 euros

PREMIOS

Finalista del Premio Strega 2018, premio literario Elba 2018, premio Dolomitas de la Unesco 2018, premio Viadana 2018, premio Latisana 2018, premio Appeal Auctions 2018, premio Minerva 2018, sección Juvenil del Premio Omegna 2019, premio Bagutta 2019, premio Mario Rigoni Stern 2019, premio Méditerranée 2019 a la mejor traducción francesa.

SINOPSIS

La nueva voz de la literatura europea da vida a la historia. Una novela que ilumina el destino de una familia a lo largo del siglo XX.

Cuando la guerra llega a la puerta de casa o se produce una inundación, la población huye. Al menos, eso es lo que hace la mayoría de la gente, pero no Trina, una mujer fuerte y obstinada. Las palabras son la única arma de esta maestra decidida; palabras elegidas con cuidado para escribir a su hija desaparecida, con la esperanza de que un día vuelva; palabras que cuentan el destino de una familia en tiempos convulsos; palabras para expresar la fidelidad a los ideales de juventud y a la resistencia. Marco Balzano construye una novela cálida e intensa que mezcla la Historia en mayúsculas con las pequeñas historias cotidianas y en la que resuena la voz de Trina, una mujer inolvidable.

«Una novela que habla de los grandes momentos y temas de hoy.» – La Repubblica

«Una historia auténtica y pura.» – La Stampa

«La prosa realista de Balzano está llena de lirismo y describe a la perfección los estados de ánimo de las personas y el paisaje que atraviesan.» – Corriere della Sera

«Una historia hermosa, magnífica, poderosa.» – Actualitté.

Fuente: https://www.casadellibro.com/libro-me-quedo-aqui/9788417128913/10038721

RESEÑA

Últimamente, cansado por los excesos de las navidades y por otros temas ajenos a mi voluntad, he dejado de leer y de escribir. Mi diciembre literario, por decirlo de otra manera, ha sido nefasto y, tras el sopor y el cansancio, comienzo este año lentamente, como si incluso la literatura tuviese su cuesta de enero.

Emprendí la lectura de esta novela, de un texto supuestamente más cómodo que la poesía, para sumergirme en su lenguaje fluido, aunque no simple, eligiendo adrede una historia entrañable. Varios fueron los motivos que me impulsaron a la lectura de este libro: las reseñas positivas sobre el autor, los galardones y premios que obtuvo, la historia real como fondo mezclada de forma magistral con la ficción y, por qué no, la portada del libro. En la cubierta observamos un campanario que emerge sobre las aguas: dicha imagen es la síntesis perfecta de una historia sumergida, olvidada; simboliza y resume eficazmente los contenidos de la novela.

El agua lo cubre/cubrió todo, encarna la prepotencia, la invasión, la manipulación política, la violencia opresora, la resistencia de unos pocos que hoy solo pueden ser recordados. Si no existiera la memoria de la palabra, narrada o escrita, la historia solo sería un cúmulo de destrucción y olvido.

Curon, pueblo fronterizo situado entre Italia, Austria y Suiza, era un lugar cuya vida estaba marcada por el ritmo de las estaciones. La política y la historia eran solo ecos perdidos. El idioma era el alemán, la fe cristiana, el trabajo estaba en los campos.

La llegada de Mussolini lo cambió todo. Con el fin de la primera gran guerra y la firma de los armisticios entre las grandes potencias europeas, el pueblecito de Curon pasó a ser parte del territorio italiano. La llegada al poder del fascismo fue cruel, violenta, repentina: en el 1921 se sustituyeron los trabajadores lugareños de las principales instituciones públicas por italianos del sur, la lengua alemana de repente pasó a ser ilegal (a la vez que condenada y perseguida). Nadie conocía el nuevo idioma y parte de los habitantes de Curon se vieron condenados a una vida sin trabajo. La gente terminó por odiar el fascismo. En cambio, y me parece interesante señalarlo, el ascenso del nazismo fue muy bien acogido: años más tarde, la llegada de Hitler detuvo las obras del embalse, dio de nuevo trabajo a los lugareños en detrimento de los invasores italianos y permitió volver a hablar su lengua. Paradójicamente, el Reich fue visto como garante de la libertad y bienestar: durante años fue la imagen (sobrevalorada) de la salvación y muchos de los lugareños se fueron a Alemania o se alistaron en su ejército.

La realidad fronteriza de Curon, sacudida entre dos grandes potencias militares, se vio obligada a resistir: la protagonista de la novela, Trina, es una mujer que lucha contra la historia, contra la miseria, contra los invasores, contra los regímenes dictatoriales. Su deseo de quedarse, de no sucumbir, de no olvidar, de permanecer se descompone lentamente. Trina ve desintegrarse su tranquilidad, pierde a sus amistades por cuestiones políticas, pierde a su hija por irse a Alemania, su marido por ir al frente, y después pierde a su pueblo por escapar a las montañas, por hacerse desertora junto a su marido. Su idioma, el alemán, es el clavo ardiendo al que agarrarse para continuar la lucha, para conservar su identidad. La palabra le regala motivos para seguir adelante. Ella se defiende escribiendo: escribe para superar el dolor de una hija que decide irse con su tía, enseña alemán para suplir las injusticias del poder, publica cartas para denunciar la codicia del poder económico e industrial.

Seguir adelante es el único camino: su prosa (el autor escribe en primera persona con la voz de Trina) es confesional, como si la novela fuera un diario escrito por y para su hija Marica.

Resto qui / Me quedo aquí es el trabajo de un escritor prometedor, es una obra actual, sugestiva, que evoca episodios históricos llamativos y frecuentes en el siglo pasado; el trabajo de Marco Balzano recuerda otro título del homónimo escritor Julio Llamazares cuyo libro (Distintas formas de mirar el agua), también bellísimo, trata la historia de un pueblo español anegado por los intereses del poder franquista.

Para terminar, me gustaría trasladaros las preguntas que el mismo autor nos propone:

  • ¿Existe, para cada uno de nosotros, un lugar o una imagen que representa nuestras raíces?
  • ¿Elegimos nuestro idioma materno o el lenguaje se nos impone por la política y/o por la historia?
  • ¿Tenemos derecho a defender, incluso con la fuerza, nuestros territorios, nuestra identidad, nuestras raíces? ¿Debemos resistir?

En definitiva: una historia entrañable, un libro recomendable

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LOS AFORISMOS DE JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

Por: Jose Luis Morante


Juan Ramón Jiménez (Moguer, 1881- Puerto Rico, 1958) es una figura clave de la literatura española contemporánea. Sobre este autor tutelar se han prodigado los estudios sistemáticos, casi siempre nucleados en torno a la poesía y, en ocasiones, sobre las complejas dimensiones biográficas que no acaban de alejar algunas sombras: el desafío permanente a la vida social desde un aislamiento casi huraño, la independencia estética, el incansable afán perfeccionista  y esa imagen de escritor aséptico, poco enlazado con el convulso paréntesis histórico que le tocó vivir. Pero lo concerniente a su producción aforística parece ocupar un segundo plano, aunque sea una pared básica del edificio alzado en el discurrir, a pesar del ejemplar rescate realizado por Antonio Sánchez Zamarreño. Tras veinte años de esfuerzo investigador, el hispanista solventó algunos obstáculos básicos como la dispersión, la multiplicidad de versiones o la temática heterogénea para dejarnos una versión canónica de la aforística  de Juan Ramón. El libro Ideolojía, volumen cuarto del corpus completo Metamórfosis, explora un territorio esencial y sirve de introducción a otras antologías como las preparadas por Andrés Trapiello, Juan Varo que alumbran visiones parciales, ya que el escritor estuvo activo durante más de medio siglo haciendo de sus aforismos un elemento de continuidad entrelazado con su obra poética.

Aforismos e ideas líricas selecciona entre el voluminoso despliegue lapidario –el mismo escritor cifraba en más de cincuenta mil sus textos breves- una muestra  fuerte, de más de ochocientos aforismos, una selección suficiente y capaz de recuperar una competente guía de argumentos repleta de inteligencia y sensibilidad creativa. Esa maduración coherente del trabajo aforístico se distribuye en seis tramos que aglutinan un fértil quehacer extendido en el tiempo entre 1897 y 1954. En él se perciben algunas influencias de base, desde los magisterios más tempranos de Kempis, Nietzsche, Marco Aurelio, Pascal o Chamfort hasta los derivados de su formación en la Institución o de contemporáneos como Antonio Machado y Miguel de Unamuno.

La exploración argumental es ecléctica. La perspectiva creadora evoluciona o rehabilita intereses, pero siempre se caracteriza por una relación intensa entre existencia y labor literaria. Concede a su enfoque una fuerte dimensión ética impregnada de pensamiento filosófico.

Para Juan Ramón Jiménez la perfección no es un concepto abstracto sino un camino que recorre con fervor interminable hacia la plenitud: “Pensemos más con las manos”, escribió en uno de sus aforismos, como si en él la provisionalidad no tuviese sosiego y necesitase estar sometida a la inquietud y a la perenne revisión. Hechizado por la perfección, buscaba el equilibrio total de la obra, el anhelo de lo completo.

Aforismos e ideas líricas
Juan Ramón Jiménez
Edición, selección y prólogo de José Luis Morante
Ediciones de la Isla de Siltolá
Sevilla, 2018

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EL MÉDIUM Y LA VELOCIDAD

 Por: Manuel de la Fuente Vidal


“Mi animal preferido eres tú” de José Gabarre, ed. Los Libros del Mississippi. Prólogo, Miguel Carcasona. Epílogo, Luisa Miñana. 102 páginas.

Hay poetas apasionados por el teatro kabuki japonés, por la lírica popular austro-húngara del siglo XVIII, o por la relación entre la física cuántica y la idiosincrasia de los paramecios. El que nos ocupa no es de esos, aunque que se sepa es un apasionado de la Historia (desde las civilizaciones remotas de Oriente hasta los órganos katiuska de Stalin, pasando por la trova del amor cortés y la Guerra de los Cien Años) y el motociclismo, esa alta, altísima velocidad, que un día le hizo proclamar al campeón Kevin Schwanzt “cuando veo a Dios sé que es el momento de frenar”. Pasiones que le llevan a trazar las curvas de la memoria y la poesía de una manera vertiginosa.

Hablamos del poeta José Gabarre, que acaba de presentar su nuevo poemario, “Mi animal preferido eres tú” que nos hace viajar a muchos mundos, casi derrapando, que podríamos imaginar pero que sin sus versos no podríamos ver.

El poeta, además de músico y editor, también es profesor, y en sus amenas clases aprendemos por ejemplo esta bella declaración de amor: “En cada centímetro cúbico de tu epidermis se encontraban las mismas leyes que llevaron a la extinción de los dinosaurios o que precipitaron la formación de las moléculas de agua”.

José Gabarre puede recordar  a uno de sus mitos, Jim Morrison, “reptil de pelo dórico empalado en la lengua de Rimbaud” y poco después a pasadas relaciones sentimentales “como si a uno le estuvieran tatuando el brazo con exnovias que se acuestan con el jazz de los gatos”, y cambiar de tercio tres páginas después para reflexionar sobre los avatares de su propio destino y existencia: “El pan que parto como género humano desemboca en las lenguas y hago del peso de la lluvia el símbolo de mi crucifixión”.

Gabarre recrea momentos cercanos de la vida cotidiana como los devenires por una discoteca (“entonces puede decirte: ¿podrás abrazarme esta noche en el centro

de la pista de baile?”), con la ternura un tanto entristecida de una mirada renovada (“y dibujáramos cuerpecitos de niñas de calcio con tarjetas de crédito, los huérfanos que se duchan con nuestros besos”), y quizá por eso, por esa tristeza de los días se deja prender por la libertad de la noche (¿también libertinaje?) y entra “a los bares para alquilar la piel de otros cuerpos”. Probablemente en esas barras de los garitos de madrugada es donde descubre “ese instante en el que las matemáticas quedan envueltas entre las sábanas”.

Al poeta no le importa ponerse cara a cara frente al más poderoso (“dejar a Dios sudar en la bañera, mirar al hijo del hombre”) ni cambiarle la pila al reloj del Universo (“los astros se desangran tallados por la indecisión del cronómetro”), antes de lanzarse sin dejar de manipular la manilla del acelerador al temido “sacacorchos” del circuito estadounidense de Laguna Seca, que aquí toma el nombre en forma de descomunal poema de “Ezra Pound reconoce como su señor natural a Alfonso II de Aragón”, que es una auténtica epopeya lírico-épica que arranca en el Tiro de Amílcar Barca y concluye ante las prusianas botas del Kaiser, pasando antes por la “espalda de alguna camarera -cuando todo es soledad y barbitúricos-“, el martirio de los herejes cátaros en Beziers y Montségur, los heroicos arqueros ingleses de la batalla de Azincourt comandados por el héroe shakesperiano Enrique V, y los trovadores aquitanos. Un curso intensivo de historia que muestra y demuestra que la poesía también puede y debe abrir otros y muchos caminos que van más allá de la conquista del corazón de la amada, que puede y debe conseguir que los actores del pasado se metan tranquilamente en papeles contemporáneos.

Gabarre también nos convoca a viajar a la Baja California (¿el desierto de Los Monegros?) y de paso recuerda con herramientas de hoy, Google Earth y Google Maps, mientras ella “seguía conduciendo”, que “una caja de anticonceptivos no era un lugar en el mundo” y que “una puesta de sol no era simplemente un fósil que pudiéramos datar”. Y al fin y a la postre el libro va concluyendo con la desolación que el poeta ve y todo lo impregna (“como cuando una niña comienza a desvestir a sus muñecas, lo cual supone un terror añadido a la vida”) pero también con la esperanza y el convencimiento de que siempre queda algo fieramente humano a lo que agarrarse, como el erotismo que es ver “cómo plagia la luz tus nalgas en el espejo mientras haces café”. 

Este libro de José Gabarre conmueve hasta lo más profundo y de eso trata la poesía. De irnos removiendo pedacitos del corazón y del alma, de que las palabras reconstruyan para los demás mortales, a través de la voz del médium que es el poeta, mundos que no sabemos a ciencia cierta dónde están o qué significan. En “Mi animal preferido eres tú” reconocemos historias venidas de un territorio ajeno a éste, imaginamos paraísos que nos colman, o infiernos que nos desgarran, recorremos un mapa que el poeta traza para que encontremos los muchos tesoros que son sus versos. Gabarre, ni siquiera frena cuando ve a Dios.   

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