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ME QUEDO AQUÍ | MARCO BALZANO

El Anaquel

Los libros liberan más que nutren y quiero ser testigo de esta liberación.

Por: Matteo Barbato


ME QUEDO AQUÍ BALZANO, MARCO Editorial: DUOMO EDICIONES S.L. Año de edición: 2019 Materia: Narrativa general ISBN: 978-84-17128-91-3 Páginas: 232 Encuadernación: Bolsillo  Colección: Nefelibata Precio: 16.80 euros

PREMIOS

Finalista del Premio Strega 2018, premio literario Elba 2018, premio Dolomitas de la Unesco 2018, premio Viadana 2018, premio Latisana 2018, premio Appeal Auctions 2018, premio Minerva 2018, sección Juvenil del Premio Omegna 2019, premio Bagutta 2019, premio Mario Rigoni Stern 2019, premio Méditerranée 2019 a la mejor traducción francesa.

SINOPSIS

La nueva voz de la literatura europea da vida a la historia. Una novela que ilumina el destino de una familia a lo largo del siglo XX.

Cuando la guerra llega a la puerta de casa o se produce una inundación, la población huye. Al menos, eso es lo que hace la mayoría de la gente, pero no Trina, una mujer fuerte y obstinada. Las palabras son la única arma de esta maestra decidida; palabras elegidas con cuidado para escribir a su hija desaparecida, con la esperanza de que un día vuelva; palabras que cuentan el destino de una familia en tiempos convulsos; palabras para expresar la fidelidad a los ideales de juventud y a la resistencia. Marco Balzano construye una novela cálida e intensa que mezcla la Historia en mayúsculas con las pequeñas historias cotidianas y en la que resuena la voz de Trina, una mujer inolvidable.

«Una novela que habla de los grandes momentos y temas de hoy.» – La Repubblica

«Una historia auténtica y pura.» – La Stampa

«La prosa realista de Balzano está llena de lirismo y describe a la perfección los estados de ánimo de las personas y el paisaje que atraviesan.» – Corriere della Sera

«Una historia hermosa, magnífica, poderosa.» – Actualitté.

Fuente: https://www.casadellibro.com/libro-me-quedo-aqui/9788417128913/10038721

RESEÑA

Últimamente, cansado por los excesos de las navidades y por otros temas ajenos a mi voluntad, he dejado de leer y de escribir. Mi diciembre literario, por decirlo de otra manera, ha sido nefasto y, tras el sopor y el cansancio, comienzo este año lentamente, como si incluso la literatura tuviese su cuesta de enero.

Emprendí la lectura de esta novela, de un texto supuestamente más cómodo que la poesía, para sumergirme en su lenguaje fluido, aunque no simple, eligiendo adrede una historia entrañable. Varios fueron los motivos que me impulsaron a la lectura de este libro: las reseñas positivas sobre el autor, los galardones y premios que obtuvo, la historia real como fondo mezclada de forma magistral con la ficción y, por qué no, la portada del libro. En la cubierta observamos un campanario que emerge sobre las aguas: dicha imagen es la síntesis perfecta de una historia sumergida, olvidada; simboliza y resume eficazmente los contenidos de la novela.

El agua lo cubre/cubrió todo, encarna la prepotencia, la invasión, la manipulación política, la violencia opresora, la resistencia de unos pocos que hoy solo pueden ser recordados. Si no existiera la memoria de la palabra, narrada o escrita, la historia solo sería un cúmulo de destrucción y olvido.

Curon, pueblo fronterizo situado entre Italia, Austria y Suiza, era un lugar cuya vida estaba marcada por el ritmo de las estaciones. La política y la historia eran solo ecos perdidos. El idioma era el alemán, la fe cristiana, el trabajo estaba en los campos.

La llegada de Mussolini lo cambió todo. Con el fin de la primera gran guerra y la firma de los armisticios entre las grandes potencias europeas, el pueblecito de Curon pasó a ser parte del territorio italiano. La llegada al poder del fascismo fue cruel, violenta, repentina: en el 1921 se sustituyeron los trabajadores lugareños de las principales instituciones públicas por italianos del sur, la lengua alemana de repente pasó a ser ilegal (a la vez que condenada y perseguida). Nadie conocía el nuevo idioma y parte de los habitantes de Curon se vieron condenados a una vida sin trabajo. La gente terminó por odiar el fascismo. En cambio, y me parece interesante señalarlo, el ascenso del nazismo fue muy bien acogido: años más tarde, la llegada de Hitler detuvo las obras del embalse, dio de nuevo trabajo a los lugareños en detrimento de los invasores italianos y permitió volver a hablar su lengua. Paradójicamente, el Reich fue visto como garante de la libertad y bienestar: durante años fue la imagen (sobrevalorada) de la salvación y muchos de los lugareños se fueron a Alemania o se alistaron en su ejército.

La realidad fronteriza de Curon, sacudida entre dos grandes potencias militares, se vio obligada a resistir: la protagonista de la novela, Trina, es una mujer que lucha contra la historia, contra la miseria, contra los invasores, contra los regímenes dictatoriales. Su deseo de quedarse, de no sucumbir, de no olvidar, de permanecer se descompone lentamente. Trina ve desintegrarse su tranquilidad, pierde a sus amistades por cuestiones políticas, pierde a su hija por irse a Alemania, su marido por ir al frente, y después pierde a su pueblo por escapar a las montañas, por hacerse desertora junto a su marido. Su idioma, el alemán, es el clavo ardiendo al que agarrarse para continuar la lucha, para conservar su identidad. La palabra le regala motivos para seguir adelante. Ella se defiende escribiendo: escribe para superar el dolor de una hija que decide irse con su tía, enseña alemán para suplir las injusticias del poder, publica cartas para denunciar la codicia del poder económico e industrial.

Seguir adelante es el único camino: su prosa (el autor escribe en primera persona con la voz de Trina) es confesional, como si la novela fuera un diario escrito por y para su hija Marica.

Resto qui / Me quedo aquí es el trabajo de un escritor prometedor, es una obra actual, sugestiva, que evoca episodios históricos llamativos y frecuentes en el siglo pasado; el trabajo de Marco Balzano recuerda otro título del homónimo escritor Julio Llamazares cuyo libro (Distintas formas de mirar el agua), también bellísimo, trata la historia de un pueblo español anegado por los intereses del poder franquista.

Para terminar, me gustaría trasladaros las preguntas que el mismo autor nos propone:

  • ¿Existe, para cada uno de nosotros, un lugar o una imagen que representa nuestras raíces?
  • ¿Elegimos nuestro idioma materno o el lenguaje se nos impone por la política y/o por la historia?
  • ¿Tenemos derecho a defender, incluso con la fuerza, nuestros territorios, nuestra identidad, nuestras raíces? ¿Debemos resistir?

En definitiva: una historia entrañable, un libro recomendable

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LOS AFORISMOS DE JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

Por: Jose Luis Morante


Juan Ramón Jiménez (Moguer, 1881- Puerto Rico, 1958) es una figura clave de la literatura española contemporánea. Sobre este autor tutelar se han prodigado los estudios sistemáticos, casi siempre nucleados en torno a la poesía y, en ocasiones, sobre las complejas dimensiones biográficas que no acaban de alejar algunas sombras: el desafío permanente a la vida social desde un aislamiento casi huraño, la independencia estética, el incansable afán perfeccionista  y esa imagen de escritor aséptico, poco enlazado con el convulso paréntesis histórico que le tocó vivir. Pero lo concerniente a su producción aforística parece ocupar un segundo plano, aunque sea una pared básica del edificio alzado en el discurrir, a pesar del ejemplar rescate realizado por Antonio Sánchez Zamarreño. Tras veinte años de esfuerzo investigador, el hispanista solventó algunos obstáculos básicos como la dispersión, la multiplicidad de versiones o la temática heterogénea para dejarnos una versión canónica de la aforística  de Juan Ramón. El libro Ideolojía, volumen cuarto del corpus completo Metamórfosis, explora un territorio esencial y sirve de introducción a otras antologías como las preparadas por Andrés Trapiello, Juan Varo que alumbran visiones parciales, ya que el escritor estuvo activo durante más de medio siglo haciendo de sus aforismos un elemento de continuidad entrelazado con su obra poética.

Aforismos e ideas líricas selecciona entre el voluminoso despliegue lapidario –el mismo escritor cifraba en más de cincuenta mil sus textos breves- una muestra  fuerte, de más de ochocientos aforismos, una selección suficiente y capaz de recuperar una competente guía de argumentos repleta de inteligencia y sensibilidad creativa. Esa maduración coherente del trabajo aforístico se distribuye en seis tramos que aglutinan un fértil quehacer extendido en el tiempo entre 1897 y 1954. En él se perciben algunas influencias de base, desde los magisterios más tempranos de Kempis, Nietzsche, Marco Aurelio, Pascal o Chamfort hasta los derivados de su formación en la Institución o de contemporáneos como Antonio Machado y Miguel de Unamuno.

La exploración argumental es ecléctica. La perspectiva creadora evoluciona o rehabilita intereses, pero siempre se caracteriza por una relación intensa entre existencia y labor literaria. Concede a su enfoque una fuerte dimensión ética impregnada de pensamiento filosófico.

Para Juan Ramón Jiménez la perfección no es un concepto abstracto sino un camino que recorre con fervor interminable hacia la plenitud: “Pensemos más con las manos”, escribió en uno de sus aforismos, como si en él la provisionalidad no tuviese sosiego y necesitase estar sometida a la inquietud y a la perenne revisión. Hechizado por la perfección, buscaba el equilibrio total de la obra, el anhelo de lo completo.

Aforismos e ideas líricas
Juan Ramón Jiménez
Edición, selección y prólogo de José Luis Morante
Ediciones de la Isla de Siltolá
Sevilla, 2018

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EL MÉDIUM Y LA VELOCIDAD

 Por: Manuel de la Fuente Vidal


“Mi animal preferido eres tú” de José Gabarre, ed. Los Libros del Mississippi. Prólogo, Miguel Carcasona. Epílogo, Luisa Miñana. 102 páginas.

Hay poetas apasionados por el teatro kabuki japonés, por la lírica popular austro-húngara del siglo XVIII, o por la relación entre la física cuántica y la idiosincrasia de los paramecios. El que nos ocupa no es de esos, aunque que se sepa es un apasionado de la Historia (desde las civilizaciones remotas de Oriente hasta los órganos katiuska de Stalin, pasando por la trova del amor cortés y la Guerra de los Cien Años) y el motociclismo, esa alta, altísima velocidad, que un día le hizo proclamar al campeón Kevin Schwanzt “cuando veo a Dios sé que es el momento de frenar”. Pasiones que le llevan a trazar las curvas de la memoria y la poesía de una manera vertiginosa.

Hablamos del poeta José Gabarre, que acaba de presentar su nuevo poemario, “Mi animal preferido eres tú” que nos hace viajar a muchos mundos, casi derrapando, que podríamos imaginar pero que sin sus versos no podríamos ver.

El poeta, además de músico y editor, también es profesor, y en sus amenas clases aprendemos por ejemplo esta bella declaración de amor: “En cada centímetro cúbico de tu epidermis se encontraban las mismas leyes que llevaron a la extinción de los dinosaurios o que precipitaron la formación de las moléculas de agua”.

José Gabarre puede recordar  a uno de sus mitos, Jim Morrison, “reptil de pelo dórico empalado en la lengua de Rimbaud” y poco después a pasadas relaciones sentimentales “como si a uno le estuvieran tatuando el brazo con exnovias que se acuestan con el jazz de los gatos”, y cambiar de tercio tres páginas después para reflexionar sobre los avatares de su propio destino y existencia: “El pan que parto como género humano desemboca en las lenguas y hago del peso de la lluvia el símbolo de mi crucifixión”.

Gabarre recrea momentos cercanos de la vida cotidiana como los devenires por una discoteca (“entonces puede decirte: ¿podrás abrazarme esta noche en el centro

de la pista de baile?”), con la ternura un tanto entristecida de una mirada renovada (“y dibujáramos cuerpecitos de niñas de calcio con tarjetas de crédito, los huérfanos que se duchan con nuestros besos”), y quizá por eso, por esa tristeza de los días se deja prender por la libertad de la noche (¿también libertinaje?) y entra “a los bares para alquilar la piel de otros cuerpos”. Probablemente en esas barras de los garitos de madrugada es donde descubre “ese instante en el que las matemáticas quedan envueltas entre las sábanas”.

Al poeta no le importa ponerse cara a cara frente al más poderoso (“dejar a Dios sudar en la bañera, mirar al hijo del hombre”) ni cambiarle la pila al reloj del Universo (“los astros se desangran tallados por la indecisión del cronómetro”), antes de lanzarse sin dejar de manipular la manilla del acelerador al temido “sacacorchos” del circuito estadounidense de Laguna Seca, que aquí toma el nombre en forma de descomunal poema de “Ezra Pound reconoce como su señor natural a Alfonso II de Aragón”, que es una auténtica epopeya lírico-épica que arranca en el Tiro de Amílcar Barca y concluye ante las prusianas botas del Kaiser, pasando antes por la “espalda de alguna camarera -cuando todo es soledad y barbitúricos-“, el martirio de los herejes cátaros en Beziers y Montségur, los heroicos arqueros ingleses de la batalla de Azincourt comandados por el héroe shakesperiano Enrique V, y los trovadores aquitanos. Un curso intensivo de historia que muestra y demuestra que la poesía también puede y debe abrir otros y muchos caminos que van más allá de la conquista del corazón de la amada, que puede y debe conseguir que los actores del pasado se metan tranquilamente en papeles contemporáneos.

Gabarre también nos convoca a viajar a la Baja California (¿el desierto de Los Monegros?) y de paso recuerda con herramientas de hoy, Google Earth y Google Maps, mientras ella “seguía conduciendo”, que “una caja de anticonceptivos no era un lugar en el mundo” y que “una puesta de sol no era simplemente un fósil que pudiéramos datar”. Y al fin y a la postre el libro va concluyendo con la desolación que el poeta ve y todo lo impregna (“como cuando una niña comienza a desvestir a sus muñecas, lo cual supone un terror añadido a la vida”) pero también con la esperanza y el convencimiento de que siempre queda algo fieramente humano a lo que agarrarse, como el erotismo que es ver “cómo plagia la luz tus nalgas en el espejo mientras haces café”. 

Este libro de José Gabarre conmueve hasta lo más profundo y de eso trata la poesía. De irnos removiendo pedacitos del corazón y del alma, de que las palabras reconstruyan para los demás mortales, a través de la voz del médium que es el poeta, mundos que no sabemos a ciencia cierta dónde están o qué significan. En “Mi animal preferido eres tú” reconocemos historias venidas de un territorio ajeno a éste, imaginamos paraísos que nos colman, o infiernos que nos desgarran, recorremos un mapa que el poeta traza para que encontremos los muchos tesoros que son sus versos. Gabarre, ni siquiera frena cuando ve a Dios.   

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CORPOREITÀ E SENTIMENTI NEI VERSI DI NICOLA FOTI | APPUNTI SU I COLORI NELLA NOTTE

Di Cinzia Baldazzi


Quali saranno le sfumature notturne della silloge I colori nella notte i cui versi procedono «in un frullare d’ali», con «volti e cose / Che mai più rivedrò»? Di certo, aveva ragione Giuseppe Ungaretti: l’amore è una finestra illuminata nella notte buia, il vero amore «una quiete accesa». La letteratura del Novecento ne ha accese di luci, scavando al contempo voragini di immensa oscurità. E ora, alle soglie del terzo millennio, afferma Nicola Foti: 

Non è passato invano, amore mio
Il tempo di noi eterni girasoli

Infatti:

Di nuovo i girasoli ci salutan
Ebbri di luce, folli, esagerati

Ma adesso, purtroppo, può accadere – ad esempio nella poesia che dà il titolo al libro – di trovarsi innanzi alle labbra dell’amata, non più «dimora», bensì «pietra tombale»:

Qualche fiore marcito
Di sbiadito amaranto

Lunga sarà la notte
Senza canto

In questa vita, pertanto, in «un frullìo d’ali / Senza mète e confini», diviene urgente per Nicola Foti il dilemma dell’itinerario attraverso cui affrontare l’organizzazione capillare e sociale, i suoi schemi morti: il poeta sembra risolverlo appellandosi alla passione, all’affetto, circondato da un’adesione ingenua, a volte ingorda:

Nel temprarmi alla vita
Mi scoprii
Ingordo d’amore

Una disposizione naturale, tipica dell’esistenza nell’immediatezza totale, integra, transitata in un linguaggio simbolico energico, profondo, altamente polisemico. La parole diventa noi stessi, e rinvia idealmente all’interrogativo formulato dal semiotico statunitense Charles Sanders Peirce:

Che cosa distingue, allora, un uomo dalla parola? Perché è indiscutibile che vi è una distinzione: le qualità materiali, le forze che costituiscono la pura applicazione denotativa, e il significato di quel segno che è l’uomo, sono fattori oltremodo complicati in confronto a quelli della parola.

La risposta fornita da I colori nella notte suggerisce un quadro non conciliante:

Maschera vuota
Dentro ai fiori nascondi
Il verminaio dell’ipocrisia
Lo specchio non riflette più il volto
Dove finì l’incanto di parole
Che di fango macchiasti

In un sistema minaccioso, chiuso, compatto, sotto un «cielo impietoso», il personale e privato dell’autore contamina il linguaggio: i «giorni neri» sono «come ondate d’inchiostro», ma la donna dipingeva – di nuovo – «incanti di parole». Traspare, allora, come un’incrinatura della negatività, e nasce, moltiplicato, il desiderio:

Ti ho desiderata, ti ho cantata
Ti ho maledetta, invocata
Nei silenzi infiniti
Nei simulati amplessi
Dove parola si faceva carne

Le poesie di Nicola Foti allineano una discorsività franta e spezzata, ma internamente organica e ininterrotta: è il segno-segnale di una lotta che si combatte in un deserto assurdo, nell’aridità di un insieme vuoto di certezze o significati attendibili, in un varco del microcosmo dove l’esistente non può essere conosciuto bensì soltanto vissuto, interpellato, eliminando la linea di separazione fra il “dentro” e il “fuori”, l’Io attivo e la cosalità. L’Ego del nostro poeta devolve per intero la coscienza al vissuto, e i suoi messaggi rimangono sospesi, pronti a essere confermati o smentiti.

Quindi, in un input di orgoglio umano, sincero:

Sorge l’aurora
Di porpora e di rosa
Ha la cintura

Del resto, Blaise Pascal ricordava:

Dio ha messo nel mondo abbastanza luce per chi vuole credere, ma ha anche lasciato abbastanza ombre per chi non vuole credere.

Tra le pagine de I colori nella notte prende corpo un’articolata riflessione sul significato dell’esistenza, sul rapporto sottile e indefinito tra l’amore, il tempo e l’eterno, fra il concreto e l’invisibile, il caso e la necessità. Così come quando il mare, con le sue onde perenni che battono la riva, suggerisce le risposte:

Mi parli solo tu, mare
Porti in te il messaggio
Di parole mai pronunciate
Nel frastuono di onde perenni
Non hai voce, eppure
Nei tuoi sussurri e ruggiti
Chiaro si fa il sentire
Di questa mia esistenza
Questo incessante andare e ritornare
Questo continuo vagare.

Tuttavia, in tale affascinante dimensione linguistico-simbolica – convincente nel suo permanere aleatoria, nel rimanere incerta nelle risposte assolute – la ricerca da parte di Foti dell’ultima tappa ontologica dell’esistere non ha modo di compiersi: volendo andare sempre oltre, si interrompe e arretra inquieta ogni volta, prima di avvicinarsi alla conclusione. Il gioco dei contrari, annunciato persino nel titolo, confonde sperimentalmente i confini nell’intervallo di scambio esatto e assiduo tra corporeità e sentimenti, nel bilanciamento tra peso e leggerezza, nel confronto tra il realismo delle cose e il nulla circostante. I quesiti totalitari sostano inespressi, impliciti, nell’alterno apparire di presenze e immagini còlte nello sfumare in un’aura astratta, indeterminata.

Leggiamo, infine, ne I colori nella notte:

Cercavi libertà
Da me, cercasti
Ma non ero padrone delle gabbie
E vissi prigioniero del silenzio
Io mai più seppi
Mai più domandai

Non condivido la resa incondizionata, preferisco evocare un’altra finissima trama di analogie capace di ipotizzare il limite della conoscenza al di là dell’immediatamente verificabile. Sono d’accordo con Walter Benjamin – e forse lo sarà anche Nicola Foti – quando mette in guardia dal vero pericolo: «Nella vita si impara sempre meglio a evitare».

Nicola Foti
I colori nella notte

Proverso Ediciones, 2019, pp. 84
Impaginazione Inma J. Ferrero
in copertina I colori nella notte di Massimo Chioccia e Olga Tsarkova (2001)
Design della copertina Inma J. Ferrero

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LOS CORAZONES RECIOS | ANTONIO DAGANZO

Por: Emilio González Martínez


LOS CORAZONES RECIOS

Antonio Daganzo

(Ediciones Vitruvio, Colección “Baños del Carmen”, nº 752; Madrid, 2019)

Tengo la sospecha de que entre Juventud todavía, de 2015, y Los corazones recios, el poemario más reciente de Antonio Daganzo (Madrid, 1976), unos versos hirieron de forma feliz al poeta; unos versos –más recitados que cantados- del tango Naranjo en flor: “Primero hay que saber sufrir, / después amar, / después partir / y al fin andar sin pensamiento”.

En Juventud todavía el poeta se sitúa en el confín de esa juventud, que en el “todavía” nos anuncia la inminencia de un final, para lanzar, desde el recuerdo y la añoranza, una profunda cavilación acerca del paso del tiempo de la vida. Y aunque la juventud es –como la vida- finita, no derrama ni una lágrima de nostalgia; más bien continúa tejiendo versos hacia la reciedumbre que ya comienza a invadir nuestros corazones. Versos en los que el autor acata el mandato de Ricardo Reis, uno de los nombres del gran Pessoa: “Sé todo en cada paso”.

“Lo más profundo es la piel”, decía otro gran poeta, y así Daganzo escribe –poema a poema- que nada hay de superficial en el tapiz de la piel, donde carambolas tan precisas como inapelables marcan en nuestro cuerpo –letra a letra- el vacío de un destino, los rostros de un ser entretejidos con los trazos amorosos, precisos, virulentos, que rasgan por sorpresa nuestra mirada en esa ínfima eternidad donde se dirime el verso, y el filo del tiempo atraviesa el corazón de la verdad, por costumbre, por nada.

Asoma en cada poema “una pasión que no es fuerza, sino música”; un deseo de exprimir el tiempo inmemorial de las raíces, las sombras del origen y las luminosas cadencias de lo aún no escrito, ese tiempo inmenso –que no quiere decir grande, sino sin medida-.

No hay resignación en su poesía, ni cuando el dolor, ni cuando la ausencia, ni cuando la muerte lo sumergen en el silencio, porque sus manos, en plena caída, siguen volando, saben perderse en la pérdida sin dejar de renunciar a lo perdido; se saben tiempo, herencia por venir.

Caer es un ejercicio cotidiano del trabajo poético, un vértigo entre piel y piel, entre una palabra y la siguiente, entre memoria y virutas de luz, en las cascadas huellas de la mirada, antes de una coma, en el futuro decisivo de un punto final, desde donde “asomarse al futuro como juego (…) / y no lograr reconocerse”.

Persuadido de la fértil sombra de las palabras, más que de su centro semántico, escribe no para ser entendido sino para ser leído, cambia palabras por pan y silencio por diamantes. No el silencio –vacío de otros- que agobia al solitario, sino aquél preñado de lo nuevo, aquel que arranca nuestro cuerpo del sofá y lo lanza hacia el fermento nutriz del alfabeto.

Entre palabras, anhela en cada página dar un paso más, doblar la apuesta y seguir como quien nunca soñó escapar, avistando la locura de algún adiós inconfesable, el impasible encuentro de quien, huyendo de la poesía, tropieza en un verso y vuela. Porque “los corazones recios han aprendido a amar, / después de odiar, tras el temer, con el dolor”.

Nos encontramos en estas páginas con un decir trepidante, ágil, que no deja de informar y tampoco deja de impugnar, con su acostumbrada firme delicadeza en medio del rutilante y mortífero letargo de lo “light”.

Con Los corazones recios, su sexto poemario, Antonio Daganzo viene a confirmar la sutil potencia de una voz imprescindible en el panorama poético actual, y no sólo, ya que el autor también nos ha entregado una magnífica novela, Carrión, y un precioso ensayo musical, Clásicos a contratiempo

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Ángeles Mora | La sal sobre la nieve

El Anaquel

Los libros liberan más que nutren y quiero ser testigo de esta liberación.

Por: Matteo Barbato


La sal sobre la nieve
Ángeles Mora
Antología 1982-2017
Tapa blanda: 244 páginas
Editorial Renacimiento
Edición, mayo de 2017
ISBN-10: 8416981477
ISBN-13: 978-8416981472
Precio 11.30 euros

Este mes he podido leer unos poemas inéditos de Ángeles Mora (podéis encontrarlos en el último número de la revista Quimera, https://www.revistaquimera.com/)  y he decidido recuperar su última antología para reseñarla.

Ángeles Mora, clase 1952, profesora y poeta reconocida con los premios más prestigiosos, es uno de los nombres fundamentales de la poesía hispanohablante actual. En LA SAL SOBRE LA NIEVE hallamos el trayecto vital, nómada, de una dama que entiende la poesía como búsqueda, como camino. Un poema es una ficción, una aventura con la que la artista se pierde para después reencontrarse transformada (lo real y lo ficticio son parte de la misma verdad). La escritura, por tanto, es una manera de ser y de encontrarse, la construcción de un lugar, el reflejo y refugio de una identidad cambiante («he vuelto del viaje y sin embargo, no regresé del todo»), es el cuento, simbólico y cotidiano, de una realidad que transmuta (“¿Quién vive aquí conmigo, / pero sin mí, / igual que si una sombra me habitara, / de mujer a mujer / sin que pueda tocarla / llenando de preguntas / mis largas noches de respuestas?”).

La lírica no se hace, te hace: se produce a través de un inconsciente que te encuentra («cuando escribo me escriben»), no es un producto de la vida (no una consecuencia ni una imitación), sino la propia vida. La piel es un papel y el papel escrito es un camino, la formación de una costra, la historia de una cicatriz, la investigación que redescubre nuestras propias derrotas.  La autora medita, investiga, reflexiona sobre sí misma, penetra en su propio ser y se descubre alejándose de los textos académicos: construye paulatinamente una nueva identidad («un espejo / en el que no me reconozco, / empaña tus ojos, / como una niebla gris»).

Los poemas ayudan a comprender el mundo, son el viaje de quien huye quedándose: sed o «vicio que nunca se detiene». El arte es la forma de habitar nuestra identidad («Mi nombre es el desierto donde vivo»): escribir calma la sed de un alma llena de lluvia, enfrenta las incertidumbres, nos acerca a la niebla de la vida. Escribir es asimismo la propia niebla («las palabras en lo que callan hablan»), es la forma de encontrarnos «a pecho descubierto», de resolver las contradicciones («haciendo me deshago») a partir de nosotros mismos («Cuando escribo me escriben, en su tela me enredo»), de reivindicarse («La mujer no es poesía, sino poeta») a través de unos textos de sujetos y no de objetos.

En definitiva: recomiendo la lectura de esta obra, ya sea a través de este poemario (la antología reúne sus mejores poemas y la edición es muy cuidada) o a través de los innumerables enlaces que circulan por la red de redes.

Enlaces

http://amediavoz.com/mora.htm

http://www.esdrujula.es/autores/angeles-mora/

https://es.wikipedia.org/wiki/%C3%81ngeles_Mora

http://www.cervantesvirtual.com/portales/angeles_mora/obra-visor/antologia-poetica–57/html/

http://www.cervantesvirtual.com/portales/angeles_mora/semblanza/

http://www.cervantesvirtual.com/portales/angeles_mora/bibliografia/

 

Poemas elegidos:  

  1. A DESTIEMPO
  2. PARA HABLAR CONTIGO
  3. DE POÉTICA Y NIEBLA

 

  1. A DESTIEMPO

Nací una noche vieja
del frío de diciembre.
Nervios, carreras en la casa,
vapor de agua caliente,
prisas, lágrimas, gritos,
susurros y pañales.

Las luces de aquel cuarto
se fueron apagando con mi llanto
mientras crecía
el bullir de la gente por las calles.

Calma adentro y afuera algarabía,
recordaba mi madre como un sueño.
En aquel desajuste
–todo un presagio-
he vivido por siempre.

Fuera del mundo yo,
aquella habitación, aquellos brazos,
aquella cuna.
Llegué muy tarde al año que se iba
y el que venía me encontró dormida.

 

  1. PARA HABLAR CONTIGO

De aquellos borradores que perdí
o que olvidé
o que se fueron,
qué parte de mí misma se salvó,
cuánto dejé de ser
escapando al abismo de unos versos.

Hasta dónde pudieron conducirme
tantos caminos inexplorados,
tantas lianas rotas en un bosque
cargado de silencios.

Y de tantas palabras que busqué,
la sola condición de mi existencia,
cuáles no confluyeron
en esta oscuridad de luna nueva
y estrellas que se fugan por el cielo.

La tierra es un lugar para vivir
pero los versos son la propia vida.
Sé que soy yo
pues me escribí en lo negro de tus ojos.

                                                           Contradicciones, pájaros, 2001.

 

  1. DE POÉTICA Y NIEBLA

                                                           tan lejos de uno mismo —hoy—

Aunque en las noches la busco,
sé que no existe,
que el hueco donde late,
dentro de mí, no es mi refugio,
ese hueco donde estoy y no estoy,
donde está y no está
—sin paz— la poesía,
no existe,
es solo —siempre— la pregunta
que me arrastra el poema.

El poema es lo que tengo:
a veces —lo sabemos de sobra— es dócil
como un cachorro que nos sigue
adonde vamos. Otras, es el cabo
de las tormentas,
indómito, intratable,
golpeando la niebla de mi pecho.

Paciente en cierto modo,
desciendo a la colmena de la ciudad dormida:
soy la abeja
atrapada en la celda
por el hilo
de su boca obsesiva.
Haciendo me deshago.
El poema es veneno
que bebo en mis labios.
¿Del fondo de qué abismo
asoman las palabras
pegajosas de vida
o de muerte?

En la sombra devano la madeja
que he llamado mi historia,
sílabas desnudas como miradas
que me corroen
o me alimentan.

El poema no es un juego,
no es un jeroglífico.
Pero hay que darle la vuelta
a las palabras, saber
que viven entrelíneas,
que se muerden la lengua
para decirnos:
en lo que callan
me hablan.

Escribir es niebla.
Para mí quiero
todas las palabras.

Cuando escribo me escriben.
En su tela me enredo.
Bajo la alfombra, 2008

 

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HE HEREDADO UN NOGAL SOBRE LA TUMBA DE LOS REYES | BASILIO SÁNCHEZ

El Anaquel

Los libros liberan más que nutren y quiero ser testigo de esta liberación.

Por: Matteo Barbato


He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes
Basilio Sánchez
ISBN 978-84-9895-361-9
Colección Visor de Poesía N. 1061
Edición 2019
83 páginas, 12 euros
XXXI Premio Loewe 2018

Basilio Sánchez, Cáceres 1958, llega nuevamente a las estanterías con HE HEREDADO UN NOGAL SOBRE LA TUMBA DE LOS REYES, el último trabajo de una larga trayectoria poética.

Médico de profesión, poeta desde temprana edad, Basilio Sánchez es un personaje que, por su forma de ser, me proporciona simpatía (su calidad rehúye de los circuitos literarios influyentes), interés (su refinada poesía, fiel a su voz interior, es también una búsqueda constante y continua que se aleja de las modas del momento) y admiración (su virtuosismo nos regala un conjunto de reflexiones y versos que, en mi opinión, se mantendrán en el tiempo).

Su trabajo, dicho con sus mismas palabras, es el breviario de un contemplativo y reúne las meditaciones de alguien que se muestra y se define a través de la palabra. Sus versos a su vez forman y convierten, definen y explican la realidad que le rodea.

La poesía para Basilio Sánchez es su manera de ser, su lugar en el mundo: su compromiso, la contemplación y la exploración de la realidad («la realidad es un relámpago que persiste»), se revela con el ejercicio de su arte: «la palabra es lo conocido excavando una puerta dentro de lo desconocido». Su búsqueda («Estoy buscando ahora / la pila de una fuente / y una piedra grabada, / una gota de agua en el hueco de una concha / que aún pueda reflejar el universo, / aunque ya no sea el mar») reconduce sus pasos a lo cotidiano, a lo sencillo, a lo sagrado («Acercarnos con afecto a las cosas / nos permite intimar con lo sagrado / que permanece en ellas») y la conexión primigenia con el Todo se detiene ante la belleza de lo ínfimo («He aprendido a vivir con las ruinas, / a abrir una ventana y asomarme al silencio y a la ternura/ de lo que ya no existe»).

La poesía de Sánchez establece un vínculo con el mundo a través de lo sagrado de las cosas («Acercarnos con afecto a las cosas / permite intimar con lo sagrado / que permanece en ellas») y es la naturaleza la que nos regalará las respuestas que anhelamos («En la ventana arde / la lámpara de cobre / de la que se desprenden las palabras»).

Razón y poesía, sencillez y esencia, la experiencia y lo sagrado: el lenguaje poético de Sánchez huye de grandilocuencias refugiándose en la divinidad de lo cotidiano. Muy interesante.

NOTICIAS DE INTERÉS

Perfil del autor:
http://basiliosanchez.info/index.htm
http://basiliosanchez.info/biografia.htm

Más poemas del autor:
https://www.poemas-del-alma.com/basilio-sanchez.htm

POESÍA:

AMO lo que se hace lentamente,
lo que exige atención,
lo que demanda esfuerzo.

Amo la austeridad de los que escriben
como el que excava en un pozo
o repara el esmalte de una taza.

Mi habla es un murmullo,
una simple presencia que en la noche,
en las proximidades del vacío,
se impone por sí sola contra el miedo,
contra la soledad que nos revela
lo pequeños que somos.

El poeta no ha elegido el futuro.
El poeta ha elegido descalzarse en el umbral del desierto.

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ANTOLOGÍA VI ENCUENTRO INTERNACIONAL DE POESÍA “CIUDAD DE ÚBEDA”

Por: Juan Ramón Jiménez Simón


Ya desde la imagen de portada se nos invita a ahondar en las raíces de la palabra. Es ella quién se sirve del poeta para perpetuarse en el viento y en la memoria. Estamos ante una antología de poesía que ya en su mismo título, acertado y significativo, se nos convoca a desdoblar la mirada, a hacerla nueva y múltiple, a volver nuestra lectura a una multiplicidad de connotaciones que trae el lugar y su sentido, señalando la llegada al actual escenario literario de una apuesta intelectual y social de encuentro y experiencia vital: Úbeda, patrimonio de las letras.

Esta antología, repleta de voces poéticas, de poemas que surgen de múltiples formas de percepción, de identidades diversas, de estilos y de registros, de vivencias y de encuentros, es una labor necesaria para acercar a los lectores, una visión de conjunto de la poesía que se escribe actualmente, dentro de una realidad social cambiante y discontinua desde la riqueza que pueden aportar las diversas miradas líricas a nuestra historia literaria. Máxime cuando estas traspasan nuestras fronteras con la presencia de otros países. La Antología VI Encuentro Internacional de Poesía “Ciudad de Úbeda” (tarQus Editorial, 2019) da a conocer en su conjunto a los creadores del momento actual. No están todos los que conforman el panorama literario actual, pero son los que están en este momento haciendo protestación de la palabra a través del verso y de la vida, en sus múltiples manifestaciones culturales.

Así, en sus páginas, descubriremos textos de gran intensidad poética, con riesgo en el lenguaje, lucidez y compromiso, textos donde nos van dejando el testimonio escrito de sus vidas, reivindicaciones e inquietudes de autores y otros más reconocidos. Y éstos son los poetas: Maritxé Abad i Bueno, David Álvarez Sánchez, María del Carmen Aranda, Naulé Arvelo, Rocío Biedma, Clara Blázquez, María Callealta Torres, Miguel Ángel Cañada Castellano, Carmen Castejón Cabeceira, Antonia Cerrato Martín – Romo, Carlos Cisneros Domínguez, Jorge Colmenero Jurado, Rosa Contreras, Flavia Falquez, José Antonio Fernández García, Sagrario Fernández Valverde, Inma J. Ferrero, Nicola Foti, María del Carmen Gallego Banderas, Ana García Briones, Eva García Madueño, Raquel Gil Espejo, René González Medina, Esther Gonzáles Sánchez, Laura Gutiérrez Cortés, Vicente Jiménez García, Juan Ramón Jiménez Simón, Lola Lirola, María Ángeles Lonardi, Rafael Luna García, Francisco Luque Bonilla, José Márquez Montero, Pedro Javier Martín Pedrós, Yolanda Martínez Aranda, Paco Mateos, Inmaculada Nogueras Montiel, Carmen Ortigosa, Carmen Pérez García, María Piña, Almudena María Puebla, Sole Raya, Pilar Redondo, Isabel Rezmo, José Rodríguez Infante, José Romero Martín, Ángel Marcelo Saffores Arrúa, Ivonne Sánchez Barea, Tomás Sánchez Rubio, Cristóbal Sanz Sánchez, Ayla Selenne, Carlos Franco Vargas Ruíz, Alejandro Vico Alonso, Yadira Vidal Vailladiego, Eva Yárnoz y Mabel Zaves.

El trabajo de edición, riguroso, corre a cargo del poeta y editor Ángel Marcelo Saffores, de tarQus Editorial. En la contraportada de la antología, el equipo organizador de Úbeda Encuentro Poético reivindica “el papel del poeta como rico transmisor y defensor de la cultura; como agente transformador de la sociedad”, en el que cada poeta antologado aporta sus virajes líricos con la singularidad de que quienes nos han precedido en el cerro de la palabra: San Juan de la Cruz, Miguel Hernández y Antonio Machado. Como “la poesía es un encuentro”, se constata una evidencia: la profunda conexión entre el momento poético más reciente y la intergeneracionalidad pedagógica de quienes vivimos del verso y de la palabra. Buena parte de este camino es lo que nos abre este libro, que se convierte en un catálogo de mapas poéticos abierto.

Cada uno de los poetas está representado con uno o dos poemas y todos aportan textos inéditos también. En ellos vemos a un colectivo cuyo lenguaje y experiencia vital nos hablan de un ansia de aprendizaje, del coraje necesario para arriesgar, de la difícil aventura de volar. Y esa aventura cobra forma en muchos de estos autores en palabras que, como aves en vuelo.

Otra de las temáticas que en cierto modo es hilo del entramado de la Antología Poética VI Encuentro Internacional de Poesía Ciudad de Úbeda y que también está presente en los poetas de la antología, dibujando dentro de la diversidad, de gustos, estilos e idearios estéticos distintos, una cierta unidad de contexto, un lugar de condicionamiento común y un espacio lírico e histórico compartido e inconfundible, es la conciencia del tiempo. Ese sucederse de la palabra y la historia vital en un espacio concreto, que podemos caracterizarlo con el tema clásico emblemático machadiano y que luego han desarrollado tanto otros poetas, podría servirnos como referencia de aproximación a los antologados, casi como eje de una lectura en la plural identidad de este grupo de participantes en el evento literario. Así lo atestiguan en su tono vivencial sus versos cuando la temporalidad de estos poetas se va desgranando no sólo en la extensión horizontal sobre la página sino también en la verticalidad de sombras y luces que pone el transcurso vital sobre su palabra: desde el amanecer hasta la noche, y así un día tras otro.

Esta antología, diseñada con el cuidado y el esmero tarQus Editorial, supone un manual de referencia para la poesía, al ofrecernos una panorámica de autores, de poemas con giros inesperados, de voces propias que nos hablan del instante y de la vida, de lo que les inquieta, de las ciudades, del sexo, de las flores, de los sueños, de las tradiciones y costumbres, de los escritores que les influyen, etc. Todos los poetas de la Antología, a través de la palabra, cultivan la humanidad, por lo que su presencia se prolonga más allá del soporte papel, a través de las redes sociales, en un creativo ejercicio de libertad.

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J. M. BARBOT | AGUA SERÁS Y LO OLVIDASTE

El Anaquel

Los libros liberan más que nutren y quiero ser testigo de esta liberación.

Por: Matteo Barbato


Agua serás y lo olvidaste
J. M. Barbot
Colección Alcalima de Poesía
Editorial Lastura
Primera edición: junio, 2019
N.º de páginas: 82
Formato: 148×210 mm
ISBN: 978-84-120380-2-6
Encuadernación rústica con solapas
10.00 €

J.M. Barbot, seudónimo de José María Barranco Ribot, regresa a las crónicas literarias con su tercer libro, un poemario lleno de aciertos, fruto de una travesía vital llena de hallazgos, incertidumbres y deseos (los de un poeta en busca de respuestas, los de un arqueólogo con las manos llenas de barro).

AGUA SERÁS Y LO OLVIDASTE es el resultado de este proceso: un camino de «lluvia, vapor y sueño» que tiene como denominador común el agua.

Cabe destacar la curiosa y llamativa conjunción entre el hombre, buscador de antigüedades, y el alma de un poeta que (también) excava en las profundidades de la conciencia: el polvo de las excavaciones y el agua son conceptos centrales y simbólicos. Dos lados, distintos y complementarios[1], que ayudan a entender la figura del autor a través de sus múltiples yoes: la poética de un escritor que se redescubre a través de la palabra («El barro que traemos en las manos / nos dice quiénes fuimos en las sombras»), la de un «niño que bucea en los charcos», la de un adulto que aclara sus pasos a través del rastro distorsionado de la memoria. Somos noria y estanque, manantial y marea, charco y cloaca, cristal y conciencia, visión y olvido, sed y naufragio: los seres humanos son espejo del océano.

Desde las primeras líneas, el poeta, enfrentado voluntariamente a la verdad, se desnuda: «descubro que mi rostro /es igual que la máscara, /que jamás hubo sombra en los espejos / y que las cicatrices indelebles / son como las derrotas: / tan sólo una tramoya que sustenta / este escenario gris, / esta vida que es lo que parece». Su poética es directa e informal («mis poemas son más de andar por casa, /de mirar a los ojos y hablar de lo vivido») y sus versos ahondan en el pasado, en las pieles que se fueron desgastando, en los condicionales que no fueron futuro y en hermosos paisajes a lo que «nunca supe regresar».

Sus versos se unen bellamente a la nostalgia regalándonos palabras que arañan y acarician: léxico profundo e impactante, suave y demoledor a un tiempo, al igual que el agua. Las metáforas se mezclan con los recuerdos: emergen afanes e icebergs (vértices que «muestran la punta del desastre»), lo que somos y fuimos, lo que estamos siendo como reflejo de rostros sucesivos (nuestros yoes a través del tiempo): somos sueños ya inventados, gestos y mantras que «nos trasladan al oscuro vapor de la nostalgia».

En cada poema, nos aproximamos a la lectura de un multiverso que gira en torno a las múltiples semblanzas del agua. El ser humano, a su vez compuesto por el 60% de este elemento, nunca llegará a ser polvo tal y como nos ha ilustrado la cultura judeocristiana sino es y será «arena hecha diamante»: gracias al amor y al espíritu «somos eternos, invencibles como el agua».

A pesar de perdemos en los mapas absurdos del presente (y con grietas en los ojos), a pesar de la larga travesía y de las derrotas, la poesía nos acompañará en el camino: será alivio y símbolo de una lucha compartida entre lectores y poetas hasta que todos diremos… sí… «yo también me perdí en aquellos océanos, yo también naufragué en los mismos desiertos».

En definitiva, cinco capítulos, una treintena de poemas rotundos, cuidados en cada detalle[2]: ejercicios maravillosos que forjan un libro cuyo ritmo ágil y concienzudo recorre el mismo itinerario de un río que llega al mar.

AGUA Y OLVIDO

Eres agua que casi no recuerda
lo que fue justo antes de ser gota,
lluvia y vapor y sueño,
escarcha en las entrañas
o iceberg que nos muestra la punta del desastre.

Agua que vibra
en círculos concéntricos
cuando la piedra intenta
quebrar ese momento y esa lámina
en la que vemos a Narciso.

Has sido surco, acequia y rambla,
el cañón que se abre entre la roca
y el meandro indeciso que va y viene.

Gesto de paz –agua que no se niega
ni al peor enemigo–
pero también
el más feroz guerrero,
el que se traga ejércitos compactos
y acaba con imperios invencibles
y dioses que olvidaron aprender a nadar.

Embalse, noria y balneario,
diluvio, tromba, maremoto,
manantial que susurra en los jardines
y granizo que rompe cristales e ilusiones.
Compasión y crueldad en la misma moneda.

A veces sed, otras naufragio,
y un momento después
témpano y hielo,
río que nunca se repite
y no mira hacia atrás,
glaciar que atrapa y colecciona
reliquias del pasado que ya no tienen alma.

Grieta en la roca y desconcierto,
líquido pensamiento incontenible,
clepsidra que devora los minutos.

Fuiste vaso y cazuela,
redoma, cantimplora,
cafetera y pellejo,
e incluso el cuenco de las manos,
inmemorial, efímero y sencillo.

Y de nuevo serás, cuando te toque,
estanque y nieve,
charco, fuente, cloaca
y las gotas que empañan esa tarde de octubre
en que el verano empieza a desteñirse.

Eres agua.

Agua fuiste.

Serás agua.

Lo sabes desde siempre.

Lo sigues olvidando.

J. M. Barbot

J.M. Barbot, vallisoletano nacido en Burgos en 1976, se licenció en Historia, especialidad de Arqueología, en la Universidad de Valladolid. Su formación como arqueólogo incluye excavaciones en yacimientos emblemáticos como Tiermes, Pintia, Mérida o Jerusalén. Desde 1999 ha trabajado como arqueólogo en diversas empresas. En 2003 fijó su residencia en Madrid. En su faceta literaria, en el año 2000 ganó el I Certamen Provincial Poético Juvenil Ateneo de Valladolid con el poema ‘Insomnio del navegante’. Tras varios años apartado de la literatura, retomó su actividad en 2013 dando recitales poéticos en Madrid y Valladolid. Desde inicios de 2013 forma parte del grupo PoeKas. En 2014 fue seleccionado para participar en la antología Anónimos 2.2, editada dentro del festival Cosmopoética. Ese mismo año publicó su primer poemario, titulado “Ulises desconcertado” (Ediciones En Huida). En Lastura ha publicado el libro de cuentos “Cristales rotos”. En la primavera de 2019 ha publicado en esta editorial el poemario “Agua serás y lo olvidaste”.

Resumen biobibliográfico extraído desde la Web del editor: http://lastura.es/?page_id=256

[1]: Descubrí escuchando una vieja entrevista radiofónica que el autor no relaciona estos dos puntos en mi opinión tan cercanos, considerando que la poesía y la arqueología no tienen (o no tuvieron) conexión causal directa en la vida del autor. Quizá me equivoque…

[2] quiero destacar que incluso se tomó en cuenta la fecha de impresión de la obra que coincide con el nacimiento de Federico García Lorca.  Quizá sea solo una coincidencia, quizá sea la mano experta de Lidia López Miguel, la editora.

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JOSE MARIA HERRANZ | “ARTE DE LA DANZA”

Por: Manuel de la Fuente Vidal


“Arte de la danza”
José María Herranz
Prólogo: José Luis Moreno-Ruiz
Ed. Los Libros del Mississippi

ES AMOR, QUIEN LO PROBÓ LO SABE

En aquellas noches tenebrosas y terribles del Neolítico, nuestra especie, el Hombre, junto al fuego, aterrorizada, miraba al firmamento creyendo que sus horas estaban contadas. Pero entonces, el chamán contemplando las estrellas sintió apresurado el ritmo de su corazón y armado con una rama se puso a seguirlo golpeando sobre la rama de un gigantesco roble. Y sus apesadumbrados hermanos sintieron que la luz y la alegría volvían a su sangre y a su cuerpo, y sus extremidades y su alma se reconfortaban con el ritmo, con el arte de la danza. Éste, Arte de la Danza, es el sugerente título de un libro no menos sugerente firmado por José María Herranz, que ancla sus palabras en aquellas ya casi remotas noches de la Movida madrileña en los años 80, donde corrían la vida y la libertad en lugares como el Ras, Voltereta, Rock-Ola, donde hervía la juventud después de tantos años de tinieblas. Quizá, como dijo Neruda, “nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”, o quizá sí, pero aquellos días permanecen en nuestra memoria como lo hacen en los versos de Herranz, autor ya de un buen puñado de libros. Joy Division, Depeche Mode, Nitzer Ebb… le brindan la sintonía para poner en marcha la discoteca, “su iglesia” en la que “adoraos a vosotros, adorad el universo”, “tremola la cósmica bandera en el templo de la danza” y “arde inextinguible el hidrógeno de dios para todas las criaturas”. En estos tiempos de versitos de corazoncitos de adolescentes rotos, que no valen ni para ilustrar una carpeta colegial, el libro de Herranz nos hace viajar a ese territorio de ensueño donde la poesía es iluminación, como servida por los dioses a través de sus palabras, que no otra cosa es el gran poeta, un médium entre las alturas celestiales y los terrestres seres humanos: “Por eso, hermanos, dancemos, es nuestro lugar y nuestro tiempo. Celebremos nuestro cuerpo y el del otro con deleite, disfrutemos la vida que radiante y pletórica nos es brindada”. La danza se nos presenta aquí, en estas páginas, como un acto de liberación sexual, incluso política, como un templo de celebración y un lugar de abrazos y ternura, la puerta de un camino iniciático hacia la plenitud sensorial y emotiva, un refugio contra el miedo y la soledad. Como tan hermosamente dice el poeta, “no debemos bailar sin habernos bautizado”. Aquellas noches se vivía a quemarropa, en el límite del bien y el límite del mal, que cantaba La Frontera, sobrepasando las barreras de la prudencia siempre y cuando el guión de la rebeldía lo exigiese, sembrando de caricias y besos las calles y las pistas de las discotecas bajo luces de neón, que parpadeaban como nuestras entrañas: “Se reconocen así los filósofos adolescentes en los altares de las discotecas entre laberintos de cocaína, y yo contigo tengo que vivir, quiero ser feliz”. No eran aquellos, tiempos de renuncia, sino de pasión y duermevela, de mañanas de domingo y resaca en La Bobia del Rastro, de anocheceres moderadamente contraculturales y punkies en Chueca, Malasaña y Prosperidad, de efervescencia en cada página de nuestra vida y la del poeta apurando cada sorbo de cada segundo, ensimismado en unos ojos, en un cuerpo amigo: “Tú resplandeciendo, sagrado, en el templo de la danza”, esas noches de fuego para “el acto de amor inexperto y delicado que dibujan los adolescentes bailando Depeche Mode”. Poesía cosida a nuestra piel, a las hechuras de nuestros sueños y sentimientos, poesía valiente y con arrojo, poesía osada, bella y fieramente humana, poesía de un lugar y de un tiempo exactos, pero poesía eterna, para el hombre de entonces y de ahora, poesía justa y necesaria como el pan de cada día, poesía como el arte de la danza que nos liberó del terror cuando los dinosaurios ya no poblaban la Tierra. Como escribió Lope de Vega, “esto es amor, quien lo probó, lo sabe”.

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