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LOS PÁJAROS, DE DAPHNE DU MAURIER

Por: Tomás Sánchez Rubio


En 1938 la situación política de Europa era realmente inquietante: la guerra parecía inevitable. El gobierno británico, reconociendo la debilidad de su fuerza militar frente a la maquinaria armamentística alemana, sabía que el ataque directo e incluso una invasión desde el continente eran más que posibles. En aquel momento se comenzó a dar forma a la idea de proteger a la población civil, sobre todo a los niños, de un cercano conflicto bélico. De este modo surgiría la llamada Operación Pied Piper, denominación que hacía referencia al célebre cuento de los hermanos Grimm, El flautista de Hamelin. Aquel mismo año nacería el llamado Comité Anderson bajo la dirección de Sir John Anderson, primer vizconde de Waverley. El objetivo de la comisión creada por él era, efectivamente, planear la evacuación a las zonas rurales desde las áreas urbanas o militares. La Operación comenzaría el 1 de septiembre de 1939, coincidiendo con el comienzo de la guerra en Polonia. Hubo sucesivas oleadas de traslados masivos hasta 1944; no obstante, el regreso a Londres no se autorizaría hasta junio de 1945. El caso es que cuando comenzó la denominada Batalla de Inglaterra en septiembre de 1940 -la caída de Francia se había producido en junio- los traslados llevaban un año en marcha. El 15 de agosto se contabilizaron dos mil cien acciones de la Luftwaffe con el fin, nunca logrado por otra parte, de abrir el camino a la invasión naval y terrestre de Gran Bretaña. El máximo de evacuaciones de la Operación Pied Piper se alcanzaría más tarde, en febrero de 1941.

A esa época aciaga de la Historia del Reino Unido hará referencia, por ejemplo, el primer libro de la heptalogía The Chronicles of Narnia, de título The Lion, the Witch and the Wardrobe, escrita por el novelista y profesor en Oxford Clive Staples Lewis entre 1950 y 1956. El argumento cuenta las aventuras de cuatro hermanos: Lucy, Edmund, Susan y Peter, quienes acceden al mundo de Narnia a través de un armario mágico mientras juegan al escondite en la casa de campo de un viejo profesor. La obra fue llevada al cine en 2005. Se trata del mismo marco histórico de la película Return to Never Land (2002), secuela de la cinta Peter Pan de 1953, basada a su vez en la obra de teatro Peter Pan y Wendy de James Matthew Barrie (1904): los niños protagonistas viven en una Inglaterra arrasada por las bombas alemanas. Dicha situación hará que se vean obligados a crecer demasiado rápido, truncando así los sueños de la infancia…

Menos de una década después del fin de la Segunda Guerra Mundial, en 1952, ve la luz el relato The Birds (Los pájaros)formando parte del libro The Apple Tree: A short novel and several long stories (El manzano: una novela corta y varios relatos cortos), publicado en Reino Unido por Victor Gollancz Ltd. La autora era Daphne du Maurier, escritora que ya había conocido el éxito editorial con varios de sus libros.

El argumento del relato Los pájaros es, en apariencia, bastante simple: Nat, el protagonista, es un veterano herido de guerra que trabaja de vez en cuando en la granja de su vecino. El resto del tiempo lo pasa observando el agreste paisaje de la costa. Un día ve cómo las aves marinas, con un comportamiento inusual, se agrupan en grandes bandadas. El viento cambia durante la noche de un 3 de diciembre y los pájaros atacan en masa y sin motivo aparente a los  habitantes de la zona, a quienes lo inesperado de la situación coge totalmente desprevenidos. Al desconcierto se une el aislamiento en que se ven inmersos, ya que las emisiones radiofónicas desde Londres se ven repentinamente interrumpidas. Para Nat el objetivo prioritario es proteger a su familia y sobrevivir. Su hogar se reduce a una cocina tapiada…

Aunque Daphne du Maurier no especifica en qué lugar de Gran Bretaña se desarrolla la acción, el paisaje abrupto y escarpado de la costa de Cornualles no es difícil de reconocer. El condado de Cornwall, al suroeste de Inglaterra, fue su hogar y allí ambientaría varias de sus historias, como, por ejemplo, la novela Jamaica Inn (1937) o Rebecca (1938), adaptadas a la gran pantalla por Alfred Hitchcock, en 1939 y 1940, respectivamente. El director de Leynstone, rendido admirador de la escritora, también llevaría al cine el cuento de terror Los pájaros en 1963.  En 1944 Mitchell Leysen había dirigido la versión cinematográfica de Frenchman’s Creek —con el nombre de El pirata y la dama en España—. Mucho más recientemente (2017), el ganador de un Premio BAFTA Roger Michell haría lo propio con My cousin Rachel. Por otro lado, si bien ambientada mayormente en Venecia, en 1973 Nicolas Roeg estrenará Don’t Look Now con el nombre Amenaza en la sombra en nuestro país, a partir del inquietante relato del mismo nombre de Du Maurier.

Recordemos que en aquellos agrestes parajes transcurriría, asimismo, la acción de la descarnada novela The Siege of Trencher’s Farm (1969), de Gordon M. Williams, llevada al cine por Sam Peckimpah, como Straw Dogs (Perros de paja) en 1971, y magistralmente protagonizada por Dustin Hoffman y Susan George.

Volviendo a la trama de Los pájaros, la causa del comportamiento de las aves es un tema debatido. Aparte de poder considerarse como una obra metafórica en relación con el sinsentido de las guerras y la indefensión del ser humano ante las mismas, observamos que se sugiere en algún momento del relato que pueden ser los vientos árticos, que anuncian un invierno inusualmente frío —de “hielo negro”—, los responsables de la agresividad de los animales. Sea como sea, la ofensiva de los pájaros nos acaba recordando una plaga bíblica en toda su dimensión, dirigida contra la soberbia humana…

En esos años de Guerra Fría, el delirio megalomaníaco de los dos bloques  enfrentados social, política y militarmente, dibujaban la realidad de un mundo en imparable tensión.  En la literatura y el cine se ve reflejada la desconfianza y el miedo generales ante los notorios avances tecnológicos en el campo armamentístico. Ya lo dicen los vecinos de Nat en el relato: “Es cosa de los rusos. Que los rusos han envenenado a los pájaros…” Las novelas se llenan de espías, científicos huidos y oscuras investigaciones en laboratorios secretos. Los efectos de la radiación nuclear, de letales gases contaminantes, de virus inducidos, se une a la amenaza “exterior” —incluso a nivel interestelar—. Es el momento de los ataques de las hormigas gigantes de Them (La humanidad en peligro, en España), dirigida por Gordon Douglas en 1954; de las monstruosas vainas de Invasion of the Body Snatchers (La invasión de los ladrones de cuerpos) de Don Siegel, de 1956. Una inquietante y enigmática nube envuelve al protagonista del filme The Incredible Shrink Man, conocido en España como El increíble hombre menguante (1957), llevado al cine por el director Jack Arnold a partir de una historia del gran Richard Matheson. Las mutaciones genéticas poblarán las salas de cine de los 60, tal como harán los zombies en los 70. Todo en nombre de una ciencia al servicio de la guerra.

El relato Los pájaros se popularizó a través de la versión cinematográfica de Hitchcock de 1963. En un principio, la adaptación del cuento original de Daphne du Maurier estaba prevista para el programa de TV de la década de 1950, Alfred Hitchcock Presents, pero el guion era tan bueno que Hitchcock decidió convertirlo en un largometraje. Se dice que el interés del realizador hacia el proyecto del filme se intensificó a partir de un hecho real ocurrido en agosto de 1961. Un periódico local de la localidad costera californiana de Monterrey —cerca de la cual poseía un rancho el director—, publicó una noticia en que se informaba de que, durante la madrugada del día 28, una lluvia de gaviotas se había precipitado sobre los tejados de las casas desatando el terror de la población. De todas maneras, como hemos comentado más arriba, el director ya había adaptado anteriormente para la gran pantalla, con notable éxito, las novelas de Du Maurier Rebecca y Jamaica Inn. En este caso, según parece, la escritora no vio con buenos ojos algunos detalles de la versión cinematográfica, que, en primer lugar, cambiaba su escenario: Hitchcock sitúa su película en Bodega Bay, un pequeño pueblo cerca de Santa Rosa, en la costa de California, donde, lejos de los escarpados acantilados o el mar bravío del relato original, encontramos una pacífica bahía con embarcaderos. Por otra parte, la sustitución del personaje principal fue bastante radical: el sobrio granjero y veterano de guerra Nat, se convierte en Melanie, una joven algo consentida de Los Ángeles. Sea como fuere, el maestro Hitchcock, como en otras ocasiones, construye toda una obra maestra del suspense, rica en matices y con una acción minuciosamente calculada. En mi opinión el personaje mejor conseguido es el de la madre de Mitch Brenner, desconfiada y de personalidad dominante, encarnada por la veterana Jessica Tandy.

La escritora Daphne du Maurier nació en Londres el 13 de mayo de 1907, falleciendo el 19 de abril de 1989, a la edad de ochenta y un años, en su casa de Cornualles, que había sido escenario de tantos de sus libros. Fue incinerada y sus cenizas se esparcieron por los acantilados de Fowey, Kilmarth. Era la mediana de las tres hijas del prominente actor y productor Sir Gerald du Maurier y de la actriz Muriel Beaumont. Su hermana mayor, Angela, también se convirtió en escritora; su hermana menor, Jeanne, era pintora.

Publicó algunos de sus primeros trabajos en la revista Bystander. Cuando contaba poco más de veinte años salió a la luz su primera novela, The Loving Spirit. Su libro más famoso llegaría en 1938, Rebecca, que en los Estados Unidos ganó el Premio Nacional del Libro de ese año.  De todos es sabido que fue un éxito inmediato, vendiendo casi tres millones de ejemplares entre 1938 y 1965. Se había casado en 1932 con el comandante Frederick Arthur Montague Browning, que llegó a ser héroe de guerra y que falleció en 1965. El hogar de Du Maurier hasta finales de los 60 fue la mansión de Menabilly, situada en Fowey, en la costa de Cornwall, donde tuvo tres hijos.

Si bien considerada por parte de la crítica como una novelista romántica, la entrada en sus obras del elemento sobrenatural, así como la falta, la mayor parte de las veces, de un convencional final feliz la alejan de tal consideración. De una vastísima producción literaria, en sus relatos cortos se encuentra, para muchos, lo mejor de su obra. En el género de no ficción escribió diversas biografías, incluyendo la de su padre, titulada Gerald: A Portrait. Su última novela fue Rule Britannia (1972)

En cuanto a ediciones en español de Los pájaros, contamos con la original edición de Gallo Nero (2018), con ilustraciones del pintor coruñés Pablo Gallo.

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ZERO MOSTEL: ALGO EXTRAÑO OCURRIÓ CAMINO DEL FORO…

Por: Tomás Sánchez Rubio


Tras más de treinta años de carrera teatral, cinematográfica y televisiva, Samuel Joel Mostel, más conocido como Zero Mostel, falleció de un aneurisma en la ciudad de Filadelfia el jueves 8 de septiembre de 1977. En esa fecha detentaba la presidencia de Estados Unidos el demócrata sureño Jimmy Carter, quien días antes firmaría junto al jefe de estado panameño, Omar Torrijos, los tratados en virtud de los cuales se pondría fin a la presencia colonial estadounidense en el Canal de Panamá. Hacía pocas semanas que Carter, al enterarse de la muerte de un todavía joven Elvis Presley, quien no pudo sobrevivir a un infarto agudo de miocardio sobrevenido en su mansión Graceland de Memphis el 16 de agosto, había emitido una declaración donde elogiaba al cantante afirmando que “ había cambiado permanentemente la faz de la cultura popular estadounidense» . En nuestro país, 1977 fue un año marcado por las elecciones generales del miércoles 15 de junio; unos comicios de carácter histórico, ya que se trataba de las primeras elecciones libres celebradas en nuestro país desde los tiempos de la Segunda República, concretamente desde febrero de 1936. En ellas se elegiría a los miembros que iban a formar las Cortes constituyentes que, con la mayoría resultante del partido UCD del presidente Adolfo Suárez, serían las encargadas de aprobar la Constitución de 1978.   Ese año, asimismo, pocos días después de la cita electoral, el Real Betis Balompié ganaba la Final de la Copa del Rey frente al Atlético de Bilbao en el estadio Vicente Calderón.

Samuel (Zero) Mostel fue conocido del gran público por la interpretación de personajes cómicos como los de El violinista en el tejado, Golfus de Roma, o Los productores. Había nacido en febrero de 1915 en el barrio de Brooklyn, Nueva York.  Sus padres eran Israel Mostel, un judío del Este de Europa, y Cina Druchs, también de origen hebreo y natural de Polonia. Israel tenía cuatro hijos de su anterior esposa, y tuvo otros cuatro con Cina, siendo Zero el séptimo de ellos.

Aunque en un principio vivían en Brooklyn, la familia se mudó a Moodus, Connecticut, donde compraron una granja que no prosperó. Por esa razón volvieron a Nueva York, donde Mostel estudió en una escuela pública. En esa época comenzó su afición por el dibujo y la pintura, que mantendría a lo largo de toda su vida. En 1935 consiguió su título de grado, continuando con los estudios artísticos y entrando en el programa Public Works of Art Project (PWAP). El denominado Proyecto de Obras Públicas en Arte fue un plan que formaba parte del gran proyecto económico conocido como New Deal, ideado por el presidente Franklin Delano Roosevelt durante la Gran Depresión. Su objetivo era dar empleo a artistas de diferentes disciplinas. Parte del cometido de Mostel con el PWAP consistía en dar charlas en museos de Nueva York. En estas conferencias mostraba unas insospechadas dotes cómicas que lo hicieron muy popular. Su reputación iba en aumento, y era invitado a reuniones sociales y otros eventos en los cuales mezclaba el humor con comentarios críticos y mordaces sobre temas sociales y políticos de actualidad.

En 1941, el Café Society —un nightclub de Manhattan— ofreció a Mostel la oportunidad de dedicarse profesionalmente al humor, actuando allí de modo regular. Aceptó y pronto pasó a ser la principal atracción del local. Fue en el Café donde adoptó el nombre artístico de Zero (Zee para sus amigos). Comenzaría así una carrera ascendente. Actuaba en shows radiofónicos, trabajó en dos espectáculos de Broadway (Keep Them Laughing y Top-Notchers), en el Teatro Paramount, e incluso intervino en una película de la MGM (Du Barry Was a Lady). En 1943, la revista Life lo describió como “el estadounidense vivo más divertido.” Tras su paso por el Ejército, actuó en diversas obras, musicales, óperas y películas. De 1950 es Panic in the Streets (Pánico en las calles). Al año siguiente, intervino nada más y nada menos que en cinco filmes: The Enforcer (Sin conciencia), Sirocco —junto a Humphrey Bogart—, Mr. Belvedere Rings the Bell, The Guy Who Came Back yThe Model and the Marriage Broker, esta última a las órdenes de George Cukor.

A pesar de su creciente popularidad y de las excelentes críticas, la carrera de Mostel se vio temporalmente truncada. El 29 de enero de 1952, Martin Berkeley, guionista de cine y televisión, lo identificó —como también haría con Dorothy Parker y Dashiel Hammett—   ante el Comité de Actividades Antiestadounidenses (HUAC) como miembro del Partido Comunista, presidido entonces por el activista de origen finlandés Gus Hall. Mostel hubo de presentarse a declarar ante el HUAC el 14 de agosto de 1955: se negó a dar nombres y mantuvo una actitud digna y valiente, ganándose la admiración del colectivo que se encontraba en la lista negra. Sin embargo, él continuaría en dicha lista con las consiguientes consecuencias laborales y económicas…

En 1957, Toby Cole, agente teatral neoyorquino, contactó con el actor ofreciéndose a ser su representante. Esta asociación sirvió para revitalizar la carrera de Mostel. A finales de ese año desempeñó el papel de Estragon en una adaptación televisiva de la obra Esperando a Godot de Samuel Beckett. En 1961 fue Jean en El Rinoceronte de Eugène Ionesco con críticas muy favorables. Por esta obra ganó, a pesar de no interpretar al personaje principal, el Premio Tony al Mejor Actor. 

El 22 de septiembre de 1964 Mostel interpretaría a Tevye en la producción original de Broadway de El violinista en el tejado (Fiddler on the Roof), obra basada en la novela Las hijas de Tevye de Sholem Aleijem, escritor judío ruso de literatura en yiddish. El musical conocería una versión cinematográfica en 1971 de la mano del director Norman Jewison y protagonizada por Chaim Topol. Esta entrañable historia de un lechero judío en una aldea ucraniana supuso un gran éxito en numerosos países, entre ellos España.

Anteriormente, en 1962, empezaría a trabajar en el papel de Pseudolus, personaje del musical de Broadway y estrenado en el Alvin Theatre, A Funny Thing Happened on the Way to the Forum, basado en la obra Pseudolus de Plauto —autor romano del siglo Il a.C.—, si bien mezclaba elementos de otras comedias de enredo de su autor como Miles gloriosus o Mostellaria. El papel fue ofrecido en primer lugar a Phil Silvers, famoso showman televisivo, quien lo rechazó.  A Mostel no le interesaba en un principio, aunque finalmente lo convencieron su esposa y su agente. Las críticas fueron excelentes, y el show tuvo un gran éxito comercial, haciéndose un total de novecientas sesenta y cuatro funciones. Por el papel ganó el Premio Tony al Mejor Actor de Musical.

Mostel también participaría como protagonista en la versión cinematográfica del musical que sería rodada en 1966 y estrenada en Estados Unidos el 16 de octubre de ese año, como producción británica dirigida por Richard Lester.A Funny Thing Happened on the Way to the Forum(Golfus de Romaen España) no se estrenó en nuestro país hasta el 6 de febrero de 1968. La cinta se alzaría con el Óscar a la Mejor Música Adaptada. La trama central se desarrolla en torno al descarado y ocurrente esclavo Pseudolus y sus intrigas para alcanzar la libertad mientras ayuda a su joven amo a conseguir el amor de una hermosa cortesana, concubina virgen que resultará ser de noble cuna. La sucesión de juegos de palabras, persecuciones, situaciones equívocas, suplantación de identidades y comentarios satíricos hacen de ella una película memorable. Señalaremos que resulta un largometraje ameno para todo tipo de público, incluso hoy día, gracias a su colorido y dinamismo, recogiendo además fielmente determinados rasgos de la vida cotidiana en la Roma clásica. Destaca en el reparto la presencia del inigualable actor Joseph Frank Keaton, más conocido como “Buster” Keaton, estrella del cine mudo, encarnando al anciano Erronius, en el que sería el penúltimo papel de su dilatada carrera. Acompañaban a Mostel y a Keaton un magnífico plantel de actores, una buena parte de ellos veteranos de Hollywood. Entre estos, Jack Gilford, como Hysterium, o Patricia Jessel y Beatrix Lehmann. Entre los intérpretes más jóvenes, destacaba Michael Crawford, quien dio vida al atolondrado y enamorado amo de Pseudolus, Hero. Con los años se convertiría en la estrella del musical de los 80 The Phantom of the Opera, basado en la novela del mismo nombre de Gaston Leroux. Breves apariciones de la cinta fueron las de grandes actores como Roy Kinnear (instructor de gladiadores) o Pamela Brown (gran sacerdotisa vestal).

En cuanto al director de la cinta, Richard Lester (nacido en Filadelfia, en 1932), había dirigido con anterioridad dos películas sobre los Beatles: A Hard Day´s Night (1964) y Help (1965). Posteriormente, realizó Superman II (1980) y Superman III (1983), así como una serie de cintas sobre Los tres mosqueteros entre los 70 y 80.

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RICHARD MATHESON, UN NOMBRE Y UNA LEYENDA

Por: Tomás Sánchez Rubio


Desde el punto de vista literario, el año 1926 en España, durante el reinado de Alfonso XIII y bajo el periodo conocido como Directorio civil dentro de la Dictadura del general Miguel Primo de Rivera y Orbaneja, fue pródigo en creaciones y publicaciones literarias. En otoño salía a la luz el primer número de la revista Litoral, fundada en Málaga por los poetas Emilio Prados y Manuel Altolaguirre. Más tarde entraría José María Hinojosa como codirector. Su publicación y difusión sería decisiva para la configuración de lo que hoy conocemos como Generación del 27. Dedicada en exclusiva a la poesía en sus comienzos, el primer número de Litoral contaba con colaboraciones de Federico García Lorca, José Bergamín, Jorge Guillén y Gerardo Diego entre otros.

Ese mismo año se publica Tirano Banderas  con el subtítulo Novela de tierra caliente—, de Ramón del Valle Inclán. Se trataba de la primera novela del llamado “ciclo esperpéntico” que iría seguida de la serie El ruedo ibérico a partir de 1927.

En 1926 ganó en el Premio Nacional de Literatura Las siete columnas, novela satírica del escritor Wenceslao Fernández Flórez. Publicada en principio por la Editorial Atlántida, ha sido traducida al inglés, holandés y japonés. Su original trama está compuesta por siete historias que ilustran la paradójica necesidad de los siete pecados capitales del cristianismo lujuria, pereza, gula, ira, envidia, avaricia y soberbiapara que la civilización pueda sostenerse y sobrevivir.Mientras tanto, la gran escritora santanderina Concha Espina escribe Altar mayor, novela que refleja el ambiente rural asturiano en una prosa poética notable. La autora recibiría por ella el  Premio Nacional de Literatura en 1927. Rodada en Covadonga, Gonzalo Delgrás que tantas películas rodaría en los sesenta con el cantante Antonio Molina la llevará al cine en 1944.

Como anécdota climatológica señalaremos que los días 25, 26 y 27 de diciembre cayó la mayor nevada del siglo XX en este país —por encima de la de 1954—, llegando a lugares costeros como Alicante, Cádiz, Málaga, Cartagena, Almería, Torrevieja o Sanlúcar de Barrameda, donde este fenómeno era y sigue siendo inusual.

También nace en 1926, el sábado 20 de febrero, en Madrid, Alfonso Sastre Salvador, escritor y dramaturgo, así como uno de los principales exponentes de la llamada Generación del 50. Ese mismo día, al otro lado del Atlántico, en Allendale, condado de Bergen (Nueva Jersey), ve la luz por primera vez Richard Burton Matheson. Moriría  ochenta y siete años más tarde en su residencia de Calabasas, California, el 23 de junio de 2013. Su biografía nos dice que fue escritor y guionista dentro de los géneros de ciencia ficción, fantástico y de terror. Sin embargo, este autor desconocido para muchos, no era uno más de tantos que proliferarían en Estados Unidos a mediados del siglo XX tratando la temática alienígena, sobrenatural o espectral. Empezaremos diciendo que uno de sus libros ha conocido, hasta ahora, cuatro versiones cinematográficas…

Chris Carter, creador de la serie The X-Files, protagonizadapor David Duchovny y Gillian Anderson, y conocida en España como Expediente X, introduce como personaje en varios episodios a un senador llamado Richard Matheson, en homenaje al escritor. Carter era un gran admirador de su labor como guionista en La Dimensión Desconocida y Kolchak: The Night Stalker, dos series que influyeron en Expediente X. Stephen King  reconoció desde un primer momento la influencia de Matheson en su obra, y le dedicó su distopía apocalíptica Cell, junto al cineasta George  A. Romero. Rodrigo Cortés en su película Red Lights de 2012, dirigida y escrita por él mismo, introduce al personaje Margaret Matheson interpretado por Sigourney Weaver. Una de las calles de la ciudad donde se desarrolla el videojuego Silent Hill, un producto de Konami desarrollado por Team Silent, fue bautizada como Matheson Avenue. El telépata de Crusade, serie de TV, spin-off a su vez de Babylon 5 creación una y otra de J. Michael Straczynski se llama John Matheson en honor, asimismo, al escritor.

Hijo de inmigrantes noruegos, Richard Matheson creció en Brooklyn y estudió en el Brooklyn Technical School, fundada en 1922. Después cumplió servicio militar como soldado de infantería en la Segunda Guerra Mundial. En 1949 se licenció en periodismo por la Universidad de Missouri y en 1951 se mudó a California. Se casó en 1952, y tres de sus cuatro hijos (Richard Christian, Chris, Bettina y Ali Matheson) también decidieron ser escritores y guionistas. Creación de Ali Marie Matheson sería, junto a Jon Cooksey, la reconocida serie canadiense de temática sobrenatural The Collector (El coleccionista).Richard Christian, por su parte, adaptó la novela corta de su padre Dance of the Dead para la serie de televisión Masters of Horror. El episodio fue dirigido por Tobe Hooper.

Richard Matheson se inició en la literatura publicando sus cuentos en el periódico Brooklyn Eagle. Ya en California, comenzó a escribir relatos fantásticos, de terror y ciencia ficción desde 1950 para la revista The Magazine of fantasy and Science Fiction. Su primer cuento publicado, Nacido de Hombre y Mujer, lo hizo inmediatamente famoso entre los seguidores del género: una sobrecogedora historia acerca de un niño de ocho años encerrado en un sótano por sus propios padres… En 1977 Edhasa lo publicó en español, en su Colección Nebulae, dentro del libro de relatos El tercero a partir del sol.

En 1957 adaptó para el cine su novela El hombre menguante, pronto convertida en una película de culto, The Incredible Shrinking Man. Protagonizada por Grant Williams y Randy Stuart, debo decir que me impresionó vivamente, llegando a quitarme bastante horas de sueño en mi infancia cuando la vi la primera vez por televisión; casi tantas como El hombre de rayos X en los ojos, dirigida en 1963 por Roger Corman y cuyo plantel encabezaba el gran actor galés Ray Milland.

Matheson también se destacó como guionista de varios capítulos de la serie televisiva La Dimensión Desconocida (Twilight Zone), así como de la película de Steven Spielberg Duel (1971),basada en un relato suyo. Su novela Más allá de los sueños fue adaptada para la pantalla grande en 1998. Dirigida por Vincent Ward, fue protagonizada por el inolvidable Robin Williams.

Sin embargo, el gran éxito de Matheson fue la novela Soy Leyenda (I Am Legend), publicada por primera vez en 1954 por Gold Medal Books. La primera edición en español, en Minotauro, es de 1960 y fue traducida por el maestro Manuel Figueroa. El libro se desarrolla en una ciudad de Los Ángeles postapocalíptica  de finales de los setenta del pasado siglo. El protagonista, Robert Neville, ha sobrevivido a una terrible pandemia a nivel mundial desencadenada a partir de la guerra bacteriológica. La población no ha perecido exactamente, sino que se ha convertido en portadora de una bacteria que produce los clásicos síntomas del vampiro legendario. Se trata de una legión de “no muertos” que diariamente salen de sus moradas a la caída del sol…

En una sociedad, la de la segunda mitad del siglo XX, sacudida por el temor a las consecuencias de la llamada “Guerra Fría” entre dos bloques económica y políticamente antagónicos y en apariencia irreconciliables, la novela pronto conocería adaptaciones cinematográficas. La primera sería The Last Man on Earth (conocida como El último hombre sobre la Tierra en España, y Seres de las sombras en Hispanoamérica). Se trata de una cinta italo-estadounidense de 1964, rodada en blanco y negro y dirigida por Ubaldo Ragona y Sidney Salkow. Su protagonista, el doctor Robert Morgan, fue encarnado por el ya entonces veterano Vincent Price, estrella inolvidable de la Factoría Corman. El propio Richard Matheson ayudó a escribir el guion bajo el seudónimo de Logan Swanson, junto a William Leicester, Furio M. Monetti y Ragona. Como curiosidad señalaremos que aunque en teoría está ambientada en Los Ángeles, la película fue íntegramente rodada en Roma.

Hace pocos meses, la Filmoteca Española, institución oficial dependiente del Ministerio de Cultura y Deporte, en su programa de recuperación —llamado “El Doré en casa”— de películas restauradas provenientes del fondo de su archivo, puso a disposición de todo el mundo, gratis y por tiempo limitado, una desconocida pero fiel adaptación de Soy leyenda. Se trata de un cortometraje de 1967, dirigido por Mario Gómez Martín, alumno aventajado de la Escuela Oficial de Cinematografía, y donde prefigura al George A. Romero de La noche de los muertos vivientes (1968).

En 1971, Charlton Heston protagonizaría The Omega Man (conocida en España como El único hombre vivo, y en Hispanoamérica como La última esperanza). Cinta estadounidense dirigida por Boris Sagal, toma como fuente principal de adaptación la película de 1964. Esta versión pierde numerosos elementos que la novela aborda -la reflexión acerca de la soledad del ser humano, la definición de una nueva sociedad…-, creando una visión seriamente descontextualizada en relación al relato original. Las escenas de la ciudad desolada fueron rodadas en el centro de Los Ángeles realizando las tomas durante los fines de semana y a primera hora de la mañana: los productores habían previsto construir grandes decorados con calles y tiendas desiertas, pero resultaron demasiado caros.

En 2007 finalmente, tendría lugaruna nueva adaptación cinematográfica de I Am Legend. Dirigida por Francis Lawrence (Constantine, tetralogía cinematográfica Los juegos del hambre…), está protagonizada por un más que solvente Will Smith, interpretando al virólogo Robert Neville; lo acompaña la actriz brasileña Alice Braga (Angélica en el filme La ciudad de Dios) en el papel de Anna. Inmune al virus creado originalmente para curar el cáncer, Smith (Neville) trabaja para crear un antídoto mientras se defiende de los mutantes, muertos vivientes originados por la pandemia. La Warner Bros había comenzado a desarrollar el proyecto en 1994 y varios actores y directores se unieron, si bien la producción se retrasó debido a problemas presupuestarios relacionados con el guion. El rodaje comenzó en 2006 en Nueva York, escenario escogido para la acción en lugar de Los Ángeles, filmando principalmente en localidades de la ciudad, incluyendo una escena de cinco millones de dólares en el puente de Brooklyn. La película, con instantes conmovedores y efectos sorprendentes, fue un éxito fulminante.

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LA NARANJA MECÁNICA O EL PODER DEL LENGUAJE

Por: Tomás Sánchez Rubio


La reina María II de Inglaterra había nacido en el palacio de Saint James de Londres el 30 de abril de 1662. Educada en la religión protestante, subió al trono después de la llamada Revolución Gloriosa que precedió a la deposición de su propio padre, el rey católico Jacobo II. María reinó sobre Inglaterra, Escocia e Irlanda junto a su marido y primo, Guillermo III, príncipe de Orange, desde 1689 hasta su muerte por viruela, acontecida el 28 de diciembre de 1694 en el Palacio de Kensington de la capital británica. Fue enterrada en la Abadía de Westminster. Aunque ella era la soberana por derecho de sangre, cedía a Guillermo la mayor parte del poder siempre que éste se hallaba en Inglaterra. Sin embargo, dirigía el reino cuando su marido se encontraba al mando de las tropas en el extranjero, demostrando ser una gobernante poderosa, firme y eficaz. Tras su muerte, Guillermo gobernaría en solitario.

Contemporáneo de la monarca británica fue Henry Purcell (1659-1695), compositor barroco, alumno de John Blow y considerado uno de los mejores de todos los tiempos. Al morir tempranamente de tuberculosis, Purcell también sería enterrado con honores en la Abadía de Westminster. Su ópera más célebre fue Dido y Eneas (1689) con libreto de Nahum Tate, poeta irlandés. A quien no conozca la mencionada ópera, le recomiendo encarecidamente su impresionante aria Lamento de Dido, también conocido como «When I am laid in earth”.

El Londres del otoño de 1694 se vio sorprendido por la viruela, que produjo más de mil fallecidos. El propio rey cayó enfermo. María lo cuidó y se contagió ella misma de la enfermedad. Las crónicas nos cuentan que el 21 de diciembre, sabiendo su destino, puso en orden sus asuntos y dispuso cómo habrían de ser sus exequias. La soberana falleció el 28 de diciembre. Dada la epidemia, el clima y las indecisiones políticas, las honras fúnebres no se iniciaron hasta el 21 de febrero, planeándose el traslado del féretro a la Abadía de Westminster para el 5 de marzo. En honor de su soberana, compuso Henry Purcell Música para el Funeral de la Reina María; una marcha sencilla, pero a la vez estremecedora y solemne.

Trescientos años más tarde -por algo los clásicos son clásicos-, dicha composición, concretamente su parte primera, “Man that is born of a woman”, sería utlizada por el genial compositor Walter Carlos (posteriormente Wendy Carlos) como parte de la banda sonora de La naranja mecánica(Stanley Kubrick, 1971), película basada en la novela del mismo nombre escrita por Anthony Burgess. En la cinta Carlos incluiría adaptaciones de varias obras clásicas al lado de temas del siglo XX -desde el cuarto movimiento de la Novena Sinfonía de Ludwig van Beethoven, hasta el tema «I Want to Marry a Lighthouse Keeper» de Erika Eigen- con un fantástico resultado…

Pero hablemos ahora del libro del que saldría aquella magistral película, cuya génesis y proceso de creación resultó peculiar.

A Clockwork Orange (traducido como La naranja mecánica) es una novela de casi doscientas páginas obra del escritor británico Anthony Burgess, publicada en 1962 en el Reino Unido por la editorial Heinemann. John Anthony Burgess Wilson, más conocido como Anthony Burgess -si bien firmaría algunas obras como John Burgess Wilson o Joseph Kell-, nació en Mánchester el 25 de febrero de 1917, falleciendo en Londres el 22 de noviembre de 1993. Su obra, tanto literaria como musical, fue prolífica; su vida, realmente intensa. La suya era una familia ligada a la música: su madre, Elizabeth Burgess, era cantante y bailarina, mientras que su padre, Joseph Wilson, tocaba por la tarde el piano en salas de baile al tiempo que vendía enciclopedias por las mañanas. Tanto su madre como su hermana Muriel fallecieron en 1918, debido a la epidemia de gripe que azotaba entonces a gran parte de Europa. La muerte de Elizabeth impactó profundamente a Anthony, hecho visible en sus futuras obras literarias. Burguess estudió Literatura Inglesa en la Xaverian College y en la Universidad de Mánchester. En 1940 ingresa en el Cuerpo Médico del Ejército Real Británico, así como en el Cuerpo Educativo del mismo, donde permanecerá hasta 1946. En 1942 se casaría con Llewela Isherwood Jones, una joven compañera de clase a la que dedicaba bonitos poemas.

Burgess trabajó como oficial de formación en Brunéi y Malasia después de la guerra. En 1959, encontrándose en este último destino, sufrió un desmayo durante una clase. Le fue diagnosticado un tumor cerebral inoperable con pocas probabilidades de vida a largo plazo. Este hecho lo inspiró a escribir con la intención de que su mujer, Lynne, pudiera vivir en el futuro de los ingresos provenientes de los derechos de autor. Se retiró de la enseñanza y se convirtió en escritor a tiempo completo. Escribió cinco novelas y media en un año. El fatal diagnóstico, que le auguraba algo más de un par de años de vida, no se vio confirmado finalmente por los hechos, conviviendo con la enfermedad durante bastante tiempo más. Esta circunstancia suele citarse como ejemplo de la influencia beneficiosa que la actividad artística tiene sobre la salud humana…  El caso es que la «media» novela escrita con la convicción de una muerte cercana, se convertiría después en su obra literaria más famosa… A partir de aquel momento, escribió y publicó alrededor de cincuenta libros, que abarcaban una amplia variedad de temas, a lo largo de su carrera -entre ellos, una veintena de novelas-. Cultivaría la crítica literaria, el ensayo y la crónica periodística.

Burgess afirmó en su momento que el título A Clockwork Orange se derivaba de luna vieja expresión “cockney” -argot o jerga rimada tradicional propia de ciertos barrios de Londres-: «as queer as a clockwork orange», que podría traducirse como «tan raro como una naranja de relojería». En su posterior ensayo Clockwork oranges, el autor menciona que «este título sería ideal para una historia acerca de la aplicación de los principios pavlovianos (de condicionamiento clásico) o mecánicos a un organismo que, como una fruta, cuenta con color y dulzura». El nombre aludiría, pues, a las respuestas condicionadas del protagonista a los estímulos relacionados con la maldad, parte del método al que es sometido para desterrar los impulsos criminales de su mente; respuestas, en suma, que coartan su libre albedrío.

Desde el principio, asimismo, se creyó ver una referencia a la palabra orang, de origen malayo y que significa “persona” (de donde se deriva el término “orangután”). A partir de ahí, Burgess tendría la intención de titular su libro originalmente como A Clockwork Orang y que, tras una ultracorrección, terminaría teniendo el título que conocemos hoy. Así pues, lo que el título significaría es El hombre mecánico, aludiendo al hecho de que una máquina puede programarse para desempeñar una tarea, pero siempre al costo de quitarle otra función. Esto se relaciona en el libro con la imposibilidad del protagonista de provocar daño, a su incapacidad para defenderse tras ser sometido al método experimental Ludovico destinado a apartar a los delincuentes de la violencia, técnica psicológica de rehabilitación conductista que logra por el momento curar a todo un líder de una pandilla de ladrones, un delincuente juvenil cuyos placeres son, aparte de escuchar música clásica, el sexo, las drogas y la «ultraviolencia».

Por otro lado, en el libro existe un episodio que parece basado en un incidente vivido por el escritor y su esposa en 1944, cuando ella fue asaltada por la noche en Londres por cuatro marines estadounidenses desertores, quienes la robaron, golpearon y violaron. Dado que se encontraba embarazada, la paliza le provocó un aborto.

Lo cierto es que un libro que trata sobre la libre voluntad y la moral; la manipulación de los individuos por parte de los sistemas políticos y la represión; pero también sobre la violencia y el carácter gregario de las sociedades humanas.

Debemos resaltar, como hecho importante, la capacidad de nuestro escritor para los idiomas (conocía el malayo, ruso, francés, alemán, español, italiano y japonés, además del inglés, su idioma nativo, así como algo de hebreo, chino, sueco y persa. Ello se vería reflejado en la invención del Ulam, lenguaje prehistórico ficticio, para la película En busca del fuego, de 1981; pero sobre todo en el lenguaje propio en que se expresan el protagonista y sus compañeros en La naranja mecánica: el nadsat.

El libro, narrado en primera persona por Alex, el protagonista, está escrito con abundancia de expresiones del nadsat, una ficticia jerga adolescente, mezcla de palabras de lenguas eslavas, sobre todo del ruso, así como de ciertas voces del cockney -mencionado anteriormente- y de la lengua gitana, aparte de términos inventados por el propio autor. Burgess escribió que su libro, leído de forma sistemática, era como «un curso de ruso cuidadosamente programado». Ciertamente, «nadsat» es el equivalente ruso del «teen» inglés. En ruso, todos los nombres de los números de 11 a 19 terminan en «nadsat»; análogamente en inglés, todos los nombres del número 13 al 19 terminan en «teen». Resulta significativo que el escritor uniera inglés y ruso en un idioma propio de bandas juveniles violentas. Recordemos que el libro fue escrito en 1962, momento en el que la Guerra Fría vivía latente en el imaginario de todos, y el futuro distópico de la novela parecía una idea cuanto menos irónica y cínica para muchos. Por otra parte, la creación de un lenguaje artificial tipo podía fácilmente contribuir a la atemporalidad de la obra.

El libro en su edición original británica no incluía glosario. La primera edición en español (Minotauro, Barcelona, 1976), traducida por Aníbal Leal, basada en la edición inglesa publicada en 1972 por Penguin Books, cuenta con un glosario nadsat-español donde colaboró el autor proponiendo la mayor parte de las posibles equivalencias y algunas variantes fonéticas.

Respecto a la versión cinematográfica del libro, a la que hicimos referencia al comienzo de este artículo, diremos que no estuvo exenta de polémica, ya que, aparte de sus escenas de violencia explícita, se unió el desacuerdo del autor por no haber tenido en cuenta Kubrick el capítulo XXI del libro en la película, que no aparecía en la primera edición estadounidense del libro, pero sí en las siguientes. En dicho capítulo, se cuenta cómo Alex DeLarge, al librarse del efecto Ludovico, vuelve a sus fechorías hasta encontrarse con su viejo “drugo” -”amigo” en nadsat– Pete y su esposa, el único de sus compañeros de quien no habíamos tenido más noticias después del encarcelamiento de Alex y que ha rehecho su vida. Al verlo, comprende que ya es hora de madurar y cambiar: la elección moral del bien proporcionaría al final del libro un mensaje positivo.

La película no se estrenó en España hasta el 27 de noviembre de 1975, en versión original subtitulada en cines de arte y ensayo, que eran salas autorizadas en 1967 para proyectar películas que la censura no autorizaba en salas comerciales, con la condición de que estuviesen en su idioma original y subtitulado. Había sido por primera vez proyectada el 24 de abril de 1975 en el XX Festival de Cine de Valladolid (SEMINCI 1975). Conoció una enorme expectación y una asistencia masiva de jóvenes universitarios de todo el país, formándose enormes colas durante todo el día horas para conseguir una entrada. Nuevamente fue proyectada en la clausura del SEMINCI el 27 de abril de 1975. La película fue muy bien recibida llegando a estar durante un año ininterrumpido en carteleras. Fue la tercera película con mayor número de espectadores en España en 1975. Fue reestrenada con doblaje en castellano, y ya en salas comerciales, el 7 de marzo de 1980. En el doblaje intervino el propio Stanley Kubrick, eligiendo a quienes doblarían los personajes de la película. El doblaje fue dirigido por Carlos Saura, traducido por Vicente Molina Foix y ajustado por el actor de doblaje Víctor Agramunt. Se grabó y se realizó en 1979. El protagonista, Alexander DeLarge, encarnado por Malcolm McDowell, fue doblado por el actor Pedro Mari Sánchez (Ciudad Real, 1954). Nuevamente consiguió bastante éxito la película, llegando también a estar bastante tiempo en cartelera. Fue reestrenada en 1982, 1984 y por última vez en 2009, de manera limitada.

Fue a principios de los 80 cuando vi la película en el veterano cine Florida de Sevilla, situado en la avenida Menéndez y Pelayo -cerraría a mediados de los 90-. Aquella tarde salí de la proyección fascinado. Había algo distinto en esa película que hacía que te sintieras de todo menos indiferente. Días más tarde, me compré la cassette de su banda sonora en unos grandes almacenes, así como el libro que aún conservo. Todavía hoy, cuando le hablo a mis alumnos de Literatura Universal de la obra, disfruto enseñándoles y comentando algunos términos de nadsat

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RAY BRADBURY: ¿UN FUTURO INCIERTO?

Por: Tomás Sánchez Rubio


El Pierce Brothers Westwood Village Memorial Park Cemetery está situado en el 1218 de Glendon Avenue, en Westwood, distrito de la ciudad de Los Ángeles de California. Westwood se encuentra en la parte oeste de la ciudad; allí está la comunidad privada de Bel-Air, y, muy cerca, Hollywood y Beverly Hills. En este área, asimismo, tiene su sede una de las mejores universidades del mundo, la UCLA.

En dicho camposanto, fundado con el nombre de Sunset Cemetery en 1905, pero cuyo espacio se venía utilizando ya para la inhumación en la década de 1880, descansan bastantes famosos vinculados no solo al mundo del cine, sino también a la música y la literatura. Allí reposan, entre otras celebridades, el escritor Truman Capote (1924-1984), la cantante Peggy Lee (1920-2002), actores como Peter Falk (1927-2011) o Natalie Wood (1938-1981), y el músico Frank Zappa. De reducidas dimensiones en comparación con otros cementerios de la ciudad, este recinto era desconocido hasta que en 1962 el jugador de béisbol Joe DiMaggio tomó la decisión de que fuera enterrada allí su exesposa Marilyn Monroe (1926-1962), convirtiéndose de la noche a la mañana en zona de interés turístico.

Precisamente es en el Westwood Memorial donde reposan los restos de uno de los escritores más admirados -también por mi parte- del siglo XX: Ray Douglas Bradbury. En su lápida reza el siguiente epitafio: “Aquí yace Ray Bradbury, el autor de Fahrenheit 451”.

Nuestro autor había nacido en Waukegan, ciudad ubicada en el condado de Lake (Illinois), el 22 de agosto de 1920. Su familia se mudó varias veces desde su lugar de origen hasta establecerse finalmente en Los Ángeles en 1934. A partir de entonces, Bradbury se convirtió en un ávido lector, además de escritor aficionado. Se graduó de Los Angeles High School en 1938; sin embargo, no pudo ir a la universidad por razones familiares y económicas. Para ganarse la vida, comenzó a vender periódicos. Al mismo tiempo, decidó formarse de manera autodidacta pasando la mayor parte de su tiempo en la biblioteca pública. La biblioteca pasó a ser su mundo: allí pasaba horas leyendo y dando rienda suelta a su imaginación, imaginando y escribiendo sus primeros cuentos. Desde niño fue un lector empedernido siendo su mayor inspiración el innovador H.P. Lovecraft, uno de los máximos exponentes en la literatura de terror y ciencia ficción de la Historia, fallecido prematuramente en marzo de 1937. Sus trabajos iniciales los vendió a distintas revistas, siendo algunos de estos compilados en la colección de cuentos Dark Carnival de 1947. El primero de sus escritos publicados sería “El dilema de Hollerbochen”, que salió a la luz en 1938 en una revista amateur llamada Imagination. Poco después, con material suficiente -y dinero para ello- él mismo publica Futuria Fantasía, su propio magazine.

Ray Bradbury escribió cuentos y novelas de diversos géneros, desde el policial hasta el realista y costumbrista, pero se le reconoce sobre todo como un clásico de la ciencia ficción gracias a Crónicas marcianas (1950), conjunto de relatos que carecen de una línea argumental fija, pero con una misma referencia contextual y temporal. Dichas historias narran la llegada a Marte y la colonización del planeta rojo por parte de los humanos. En ellas, igualmente, se tratan temas recurrentes de la literatura por ser características constantes en nuestra historia como especie sobre la Tierra: la guerra, el impulso autodestructivo del hombre, el racismo…

También trabajó como argumentista y guionista en numerosas películas y series de televisión. Dentro de dicho campo cabe destacar su colaboración con John Huston en el guion adaptado de Moby Dick, de Herman Melville, para la película homónima que el realizador dirigió en 1956. La cinta estaba protagonizada por Gregory Peck en el papel del inquietante y carismático capitán Ahab. Para televisión, escribió un episodio de la primera temporada de la serie The Twilight Zone (1985), titulado «The elevator».

Como curiosidad, os comento que uno de sus cuentos, “La sonrisa”, fue adaptado  para la televisión en España (1966) por el gran Narciso Ibáñez Serrador en sus Historias para no dormir.

Bradbury, asimismo, cultivó y publicó poesía (Vivo en lo invisible. Nuevos poemas escogidos…), teatro (El maravilloso traje de color vainilla…) o ensayo (Zen en el arte de escribir…)

Falleció un 5 de junio de 2012 en Los Ángeles, a los noventa y un años. Fueron numerosos los reconocimientos en vida para una personalidad creativa excepcional. Se dice que un verdadero genio no es el que hace las cosas mejor que otros, sino quien hace cosas realmente nuevas o bien trata de manera novedosa y original lo que es difícil que aparezca como nuevo bajo el viejo sol… Ray Bradbury sin duda fue un genio. Hombre prolífico y poliédrico, cabal y lúcido, se consideraba a sí mismo “un narrador de cuentos con propósitos morales”; y realmente es así. Nos cautiva y nos transmite, de modo convincente por su sencillez, el desconcierto y la angustia de una persona transida por la incertidumbre ante el futuro de la Humanidad.

Junto a Crónicas marcianas, otra de sus mejores obras y que lo consolidó como autor referente del género literario de ciencia-ficción fue Fahrenheit 451, novela distópica cuyo título hace referencia a la temperatura a la que arde el papel de un libro en la escala de temperatura de Fahrenheit. Obra no muy larga, de unas ciento sesenta páginas, salió por primera vez a la luz el 19 de octubre de 1953, publicada por Ballantine Books, editorial fundada por el matrimonio Ballantine un año antes.

Considero, al igual que muchos lectores de Bradbury, que Fahrenheit 451 es quizá la obra más sobresaliente del autor. El planteamiento sigue siendo muy original todavía hoy, por tratarse el protagonista del miembro de un peculiar cuerpo de “bomberos” dedicado a destruir mediante el fuego los libros, y que en una especie de “retorno a la inocencia” siente curiosidad por el contenido de los volúmenes que destruye, tomando conciencia de su situación en el mundo. Por otro lado, ofrece una sociedad que, teniendo vetados por las leyes los derechos a la lectura y a la escritura, se halla dirigida por unos medios de comunicación al servicio del estado, que busca el mero entretenimiento de los ciudadanos sin dejar lugar para el ejercicio de la creatividad, el sentido crítico o la expresión de los sentimientos. Inmersos en una falsa libertad, seguridad y tranquilidad los miembros de la comunidad se entregan a un individualismo atroz e indiferente… Grandes pantallas son realmente el centro de cada casa, con comunicadores que juegan con el espectador a personalizar los mensajes en una falsa, fingida interacción. La delación y la desconfianza son alentadas por un Estado represor y omnipresente. El resultado es un sentimiento de soledad y frustración que con frecuencia conduce a la alienación total y al suicidio de los ciudadanos.

La obra fue traducida a varios idiomas. En castellano, la primera edición fue la de Ediciones Minotauro (Buenos Aires), con traducción de Francisco Abelenda -pseudónimo de Francisco Porrúa-. Merece la pena recordar que fue Minotauro una editorial especializada en ciencia ficción y literatura fantástica fundada por el propio Porrúa en 1955, convirtiéndose, con el paso del tiempo, en un sello del Grupo Planeta. Junto a Ray Bradbury, dio a conocer en el ámbito hispanohablante a otros muy interesantes autores del género como Ursula K. Le Guin o Theodore Sturgeon. Más reciente es la edición revisada de la novela de 2016, en Debosillo (Barcelona), traducida por  Alfredo Crespo López.

Entre las adaptaciones de la obra se incluyen un filme de 1966 dirigido por François Truffaut y una dramatización de 1982 emitida por BBC Radio. Bradbury publicó una versión teatral en 1979 y ayudó a desarrollar un videojuego de ficción interactiva de 1984 titulado Fahrenheit 451. El canal HBO estrenó una película homónima en 2018 basada en la novela y sus personajes.

Especial mención haremos a la versión cinematográfica dirigida por François Truffauty estrenada en Reino Unido el 16 de septiembre de 1966. La cinta -único filme del realizador francés rodada en inglés- estaba protagonizada por Oskar Werner -que entablaría interminables discusiones con el director durante el rodaje-, en el papel de Guy Montag; Julie Christie, quien poco antes había rodado en nuestro país la exitosa película Doctor Zhivago, como Clarisse McClellan; y el veterano actor sudafricano Cyril Cusack, encarnando al capitán Beatty-.

La cinta, con un metraje de 112 minutos y  en blanco y negro, carece de títulos de crédito escritos, ya que en la sociedad imaginada que aparece en ella la escritura está prohibida; una voz masculina en off se limita a recitar aquellos al comienzo de la película.    No os perdáis la novela ni la película. Quizá no dejaréis de pensar en el argumento cada vez que abráis -o cerréis- un libro.

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STROMBOLI, ROSSELLINI Y BERGMAN: ALGO MÁS QUE CINE

Por: Tomás Sánchez Rubio


La España de 1952 era la España del Sexto Gobierno del régimen franquista (1951-1956). Además de su intensidad, el otro rasgo característico de la depresión de los años cuarenta, recién acabada la contienda civil, fue su larga duración: hasta 1951 y 1952 no se recuperaron los índices del PIB y PIB per cápita, respectivamente, de 1935 . El fracaso del modelo autárquico obligó al régimen a modificar la política económica. Se liberalizaron parcialmente los precios y el comercio, y en 1952 se puso fin al racionamiento de alimentos de primera necesidad. Los españoles pudieron comprar libremente a partir de entonces algo tan básico como el pan, si bien el hambre perduró unos años más. Aparte de que las medidas de la dictadura propiciaran una cierta expansión económica, la guerra fría y el posterior cambio en la política internacional norteamericana hicieron el resto, ya que la ayuda a España desde 1953en el marco de la firma de los Acuerdos de Madrid– proporcionó al régimen un balón de oxígeno.

En sus años de fotógrafo que precedieron a los de cineasta, Carlos Saura (Huesca, 1932) captó fielmente con su cámara las miradas, los rostros y los paisajes de este periodo. El director de cine y el editor alemán Gerhard Steidl mostrarían más tarde, en el libro documental España, años 50 aquel país que, compartiendo frontera con otros donde se desplazaban en automóvil desde hacía años, seguía utilizando burros y mulos como principal medio de transporte.

Es 1952 el año de Carrusel Deportivo, programa decano de la radio deportiva en nuestro país. Ideado por Bobby Deglané, comenzó a emitirse el domingo 12 de octubre de ese año con motivo de la celebración de la quinta jornada del Campeonato Nacional de Liga de Primera División 1952/53. Era la época de Ladislao Kubala en el Barcelona, Roque Olsen en el Madrid y Ricardo Zamora como entrenador de la Selección nacional. También tuvieron lugar los Juegos Olímpicos de Helsinki, donde un Joaquín Blume de tan solo diecinueve años se reveló como figura sobresaliente a nivel internacional en la disciplina de gimnasia artística. 

También fue 1952 el año del XXX Congreso Eucarístico Internacional, que tuvo lugar en la Ciudad Condal durante el pontificado de Pío XII. Fue promovido por el obispo de Barcelona, Gregorio Modrego, quien en 1937 firmara la denominada Pastoral de la Cruzada, cuyo objetivo fue dar autoridad moral a los sublevados.

En el panorama literario, la asturiana Dolores Medio, maestra republicana depurada en la inmediata postguerra, obtiene el 6 de enero de 1952 el premio Nadal por su novela Nosotros, los Rivero, obra de corte social realista inspirada en su Oviedo natal. En teatro, se estrena el 11 de enero en Madrid La tejedora de sueños, interesante y novedosa recreación de La Odisea de Homero, cuyo autor, Antonio Buero Vallejo, había sufrido cárcel  desde 1939 hasta 1946, coincidiendo en prisión con el poeta Miguel Hernández. En el cine, como productos nacionales destacan por su éxito La niña de la Venta, estrenada el 1 de febrero, con Lola Flores y Manolo Caracol, así como Violetas imperiales, coproducción hispanofrancesa dirigida por Richard Pottier y estrenada el 12 de diciembre. Sus protagonistas eran  Carmen Sevilla y el cantante irunés Mariano Eusebio González y García, más conocido por Luis Mariano. Como estrenos extranjeros, destacan ¡Viva Zapata!, estrenada el 15 de diciembre, y Stromboli, tierra de Dios, estrenada en Madrid el 8 de diciembre, dos días antes de la primera sesión de los setenta y ocho diputados de la Asamblea de la CECA, organización supranacional que se creó mediante el Tratado de París de 1951, antecesora de la CEE -actual UE-, en la que no entraría España hasta 1986.

La película Stromboli, terra di Dio había sido rodada en 1950, estrenándose en Estados Unidos el 15 de febrero de ese año, pero no llegando a Italia hasta el 8 de octubre. Desde el principio, El filme se había visto envuelto en la polémica por cuestiones no precisamente artísticas.

La cinta era una coproducción italo-estadounidense, dirigida por Roberto Rossellini (1906-1977) y protagonizada por Ingrid Bergman (1915-1982). Rossellini había conocido ya el éxito con Roma città aperta (1945), Desiderio (1946) o Germania anno zero (1948), obra maestra esta última del neorrealismo italiano, uno de cuyos máximos exponentes era considerado el realizador romano junto a Luchino Visconti, Cesare Zavattini o Giuseppe de Santis entre otros.

Ingrid Bergman, por su parte, después de protagonizar una docena de películas en su Suecia natal, se traslada en 1939 a los Estados Unidos para protagonizar la nueva versión de Intermezzo, al lado de Leslie Howard. En 1942 protagonizaría, junto a Humphrey Bogart, la película de Michael Curtiz Casablanca, estrenada en 1943, año en el que la actriz fue postulada por vez primera a los Óscar, en este caso por su brillante labor en la película Por quién doblan las campanas. No lo ganaría en esta ocasión, pero sí al año siguiente con Luz que agoniza. En 1945 recibe su tercera candidatura consecutiva a los Óscar; esta vez por la película Las campanas de Santa María. La actriz recibiría su cuarta candidatura a los Óscar en la categoría de mejor actriz en 1948 por su memorable papel en Juana de Arco.

Será en 1949 cuando el director italiano recibiría una carta de la actriz sueca donde le expresaba su admiración y le proponía trabajar juntos, dándose comienzo así a una de las más conocidas historias de amor en el mundo del cine, con Ingrid Bergman y Rossellini en la cumbre de su popularidad e influencia. Comenzaron a trabajar juntos un año más tarde en Stromboli, terra di Dio, en la isla del mismo nombre, que encuentra situada en el mar Tirreno al norte de Sicilia, y cuyo volcán entró precisamente en erupción durante el rodaje. Le seguiría al año siguiente la película Europa ’51. En 1954 Viaggio in Italia completaría la conocida como «Trilogía de Ingrid».

La relación que se estableció entre ambos fue más allá de lo estrictamente profesional,  dando lugar al nacimiento de una hija que tuvieron fuera de sus respectivos matrimonios: la futura actriz Isabella Rossellini. Este hecho causó un gran escándalo en Estados Unidos, y Bergman fue reprendida públicamente por el senador del Partido Demócrata Edwin C. Johnson, obligándola a trasladarse a Europa durante varios años hasta su regreso a Hollywood con la exitosa película Anastasia en 1956, y que le valió un nuevo Óscar. En 1972, el senador Charles H. Percy presentó una disculpa en el Registro del Congreso por el ataque realizado a la persona de la actriz veintidós años antes.

Del mismo modo, además de algunos políticos y parte de la opinión pública, los críticos -en especial los americanos- habían sido muy duros con la película. En concreto, el New York Times la calificó de «producto débil, inarticulado, falto de inspiración y penosamente banal». Hoy en día, en cambio, todo el mundo la reconoce como una obra maestra y un título imprescindible del cine neorrealista.

La protagonista de Stromboli se llama Karin, una joven exiliada lituana en Italia, que, desesperada, tras escapar de un campo de concentración, se casa con Antonio, un prisionero de guerra al que ha conocido estando él al otro lado de la valla del campo. Se traslada con su marido a la pequeña isla de Stromboli, a casa de Antonio, donde él se dedica a la pesca. Sin embargo, escapar de una prisión la lleva al final a meterse en otra, y considera su vida en la isla también una condena. Es tierra yerma y dura, con gentes de hábitos y creencias muy tradicionales y conservadoras. Los habitantes del lugar actuarán con hostilidad hacia esa mujer extraña y extranjera. Karin habla solamente un poco de italiano, lo que dificulta más aún la comunicación con su entorno. Personaje de una gran fuerza interior, se siente atrapada, asfixiada en el pequeño mundo que la rodea. Pasado un tiempo, Karin, totalmente abatida, intenta escapar de la isla… El final resulta, a mi modo de ver, estremecedor.

En cuanto al reparto de la película, acompañan a Ingrid Bergman -Karin-, Mario Vitale, actor de breve carrera cinematográfica, interpretando a Antonio; Renzo Cesana, amigo de la infancia de Rossellini, en el papel del cura; Mario Sponzo, como “el hombre del faro”, y Gaetano Famularo como “el hombre de la guitarra. En su mayoría, quienes aparecen en la película como habitantes del pueblo, vivían en verdad allí. Emplear lugareños que no son actores para que representen personajes es un rasgo típico del neorrealismo. También característica propia de esta corriente cinematográfica es ese carácter de documental con frecuentes escenas realistas como la de la pesca, o bien la evacuación de la población tras la erupción del volcán.          

Pienso que vale realmente la pena dedicar unas líneas al neorrealismo italiano, que al fin y al cabo, influiría tanto en el cine español de los 50 -con títulos memorables como El pisito, la niña de luto, El verdugo…-, señalando algunas ideas muy significativas reflejadas en los estudios de una investigadora rigurosa como Sara Velázquez García, de la Universidad de Salamanca:

-Se produce un alejamiento de la retórica propagandística del fascismo, a cambio de una mirada realista de una sociedad devastada que busca sobrevivir en un país asolado por la miseria.

-Es un cine austero, de pocos medios, que busca la objetividad más cruda en su mirada a las clases populares y marginales.

-Los personajes se interpretan a sí mismos, expresándose en su lenguaje habitual. No hay lugar para el cine de “estrellas”.

-Se prestará atención a dos nuevos tipos de protagonistas: las mujeres y los niños; así como a un nuevo tipo de “decorado”: la calle y su cotidianidad.

-Desaparece la “obligación” del final feliz.

-Hay un fuerte componente de denuncia social.

-Existencia en algunos directores de otro modo de expresión en tono de comedia, algo que fue catalogado, a menudo de modo despectivo, como “Neorrealismo rosa”.

Solamente añadiríamos a tan certera descripción de este cine, la influencia, no solo fuera de Italia, sino en las posteriores generaciones de realizadores italianos, como la que aparece en el originalísimo Pier Paolo Pasolini (1922-1975), quien creó creó una suerte de “Segundo Neorrealismo” explorando los aspectos de la vida cotidiana, centrando su mirada en los personajes marginales, la delincuencia y la pobreza que no dejó de arrastrar Italia desde la posguerra, y estableciendo un estilo narrativo y visual en el que priman el patetismo y la ironía junto al humor, a veces sórdido, de sus historias, valiéndose con frecuencia de actores no profesionales, sacados de la calle y que se expresaban en su propio dialecto, apartándose de la lengua estándar.

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EL EXORCISTA: UN HITO EN LA HISTORIA DEL CINE

Por: Tomás Sánchez Rubio


El 2 de abril de 1974, en el Dorothy Chandler Pavilion de Los Ángeles, se celebró la XLVI edición en la entrega de los premios Óscar a las obras cinematográficas estrenadas durante el año anterior. La ceremonia fue presentada por Diana Ross, John Huston, Burt Reynolds y David Niven. La protagonista de aquella velada fue la cinta El golpe, dirigida por George Roy Hill y con un reparto encabezado por Paul Newman y Robert Redford, tándem que ya había conocido el éxito con Dos hombres y un destino (1969), bajo las órdenes del mismo realizador. De las diez candidaturas a las que fue nominada, ganó siete, entre ellas la de mejor película.

Sin embargo, esa misma noche también se presentaba un filme con el mismo número de nominaciones, si bien los galardones se quedaron finalmente en dos: mejor guion adaptado y mejor sonido. Se trataba de El exorcista, dirigida por William Friedkin, realizador de éxito cuyo labor de dirección había sido premiada dos años antes por The French Connection, cinta protagonizada por Gene Hackman y Fernando Rey. El exorcista contaba con un interesante y solvente plantel de actores tanto principales como secundarios, si bien ninguno de ellos podía ser considerado “una estrella”. Se repartían los papeles protagonistas: Ellen Burstyn, en el papel de Chris MacNeil, madre de Regan; Jason Miller, también escritor, como el melancólico y angustiado padre Karras -personaje que había rechazado Stacy Keach-; Linda Blair, de tan solo catorce años, como Regan Macneil; y el versátil y prolífico actor sueco Max von Sidow, encarnando al exorcista, el sacerdote Lankester Merrin.

El argumento del filme puede resumirse en pocas líneas: Regan es una niña de doce años víctima de fenómenos paranormales que conllevan inquietantes cambios en su persona y la manifestación de una fuerza sobrehumana. Su madre, aterrorizada, tras someter a su hija a múltiples análisis médicos que no ofrecen ningún resultado, acude a un joven sacerdote de la Universidad de Georgetown con estudios de psiquiatría. Este se halla convencido de que el mal puede no ser físico, sino espiritual, es decir, que la niña es víctima de una posesión diabólica. Por ello, tras el correspondiente permiso eclesiástico y  con la ayuda de otro sacerdote, de más edad y con experiencia en ese campo, se dispone a  practicar un exorcismo.

La película se había estrenado en EE.UU y Cánada en plenas navidades -26 de diciembre- de 1973. En España lo haría el 1 de septiembre de 1975. Podemos calificar su éxito como rotundo, considerándose una de las pocas películas del género de terror en lograr una excelente acogida tanto de crítica como de público, hasta el extremo de convertirse en un clásico de la historia del cine, así como en un fenómeno cultural que ha acabado marcando a varias generaciones de espectadores a nivel internacional. El impacto del filme fue tal, que durante las primeras proyecciones numerosos espectadores sufrieron desmayos, ataques de llanto, crisis nerviosas; algunos sencillamente no fueron capaces de esperar al final para abandonar la sala…

Aparte de recibir un notable número de premios -entre los que se cuentan cuatro Globos de Oro-, en una encuesta realizada en 2008 -entre más de seis mil personas- por la prestigiosa compañía cinematográfica y musical británica HMV, El exorcista fue elegida como la mejor producción de terror de la historia, situándose por delante, en aquel momento, de El resplandor, de Stanley Kubrick, Halloween, de John Carpenter, y Pesadilla en Elm Street, de Wes Craven.

En el año 2000 la Warner Bros. Pictures reestrenó la película en formato remasterizado, siguiendo la moda en la industria del cine de aquellos años de realizar nuevos montajes con escenas no incluidas en la versión original. En verdad, estas no aportaban cambios significativos al desarrollo del filme. Las nuevas escenas incluían las primeras visitas de la Regan al hospital, o bien la famosa imagen de la niña bajando las escaleras de su casa a cuatro patas, a modo de araña, con la espalda curvada. También aparece la conversación entre los sacerdotes Karras y Merrin en la escalera de la casa de la familia MacNeill, así como una especie de epílogo, que ofrecía un nuevo final, en el que el teniente de policía Kinderman conversa con el padre Dyer sobre la dualidad del bien y del mal.

En nuestro país, Radio Nacional de España realizó el 30 de junio de 2010 una adaptación radiofónica de El Exorcista protagonizada por Fernando Huesca como el padre Karras, Miguel Rellán como Merrin, Elena Rivera como Regan MacNeil y la veterana Lourdes Guerras en el papel de la madre de esta. Dicha dramatización fue grabada en directo cara al público desde el Centro Cultural La Casa Encendida de Madrid, y emitida en RNE el 4 de julio del mismo año.

Como premisas del éxito de la película se han señalado, aparte de una serie de efectos visuales, novedosos en aquellos momentos, la austeridad y el realismo de la historia. Efectivamente, los hechos acaecen en una familia monoparental, pero cuyos miembros llevan una vida que podemos denominar “normal”. La irrupción de lo sobrenatural en la cotidianidad de unas personas que trabajan, estudian o se relacionan como tantos pobladores del planeta, provocará en los espectadores, como poco, un cierto desasosiego. Por otra parte, existe un acentuado componente de transgresión por cuanto los ataques a formas y ritos sagrados de la religión católica -y precisamente en un ámbito eclesiástico como es el entorno de la venerable Universidad jesuita de Georgetown-, son visibles y explícitos. La cinta ponía de manifiesto, del mismo modo, la dicotomía entre ciencia y laicismo contemporáneo por un lado, y formas de creencia y religiosidad aparentemente “superadas” en el siglo XX. El director de la cinta llegó a afirmar que se trataba de toda una «parábola del cristianismo, de la eterna lucha entre el bien y el mal…»

Por otro lado, tenemos el sentimiento de culpa permanente que siente uno de los protagonistas, quien, siendo sacerdote, lo hace asemejarse a la figura de esos detectives atormentados que suelen protagonizar las películas de asesinatos en serie. A este respecto, podríamos señalar que tales sentimientos de culpa, basados en unos objetivos profesionales o vocacionales que le apartan de supuestos deberes familiares, pueden ser compartidos por muchas personas de toda condición… Otros ingredientes para el interés y sensación despertadas por El exorcista podrían ser el contraste entre la inocencia de la niña, Regan, frente a sevicia del espíritu maligno; o bien la aparición del elemento arqueológico y legendario, siempre atractivo para buena parte del público.

Debemos tener en cuenta que, antes del lanzamiento de la película, nada como “aquello” había aparecido en la pantalla: hasta ese momento, el terror se limitaba a monstruos “tradicionales” como Drácula, Frankenstein, el Hombre Lobo o bien casas embrujadas y malditas. La posesión demoníaca no había sido aún explorada, y el éxito del filme dará lugar a una serie de secuelas -le siguieron una segunda y tercera parte- e imitaciones de desiguales calidad, enfoque y fortuna.

Por lo dicho anteriormente, no es de extrañar que la polémica acompañara al estreno y a la existencia misma de El exorcista. La filmación sufrió una serie de incidentes que hicieron coincidir su primera proyección con las fiestas navideñas. Desde un primer momento, muchos la catalogaron como una película blasfema que aprovechara las fiestas religiosas para “propagar la palabra del Maligno”. A este respecto, debemos tener en cuenta que no había pasado demasiado tiempo de los terribles asesinatos de personas inocentes perpetrados en California por parte de la llamada “Familia Manson”. No obstante, algunos de los miembros más influyentes de las Iglesias católica y presbiteriana  aplaudieron el filme por su “contribución a la propagación de un mensaje religioso positivo”. Recordemos que, al fin y al cabo, la cinta termina “bien”…

En cuanto a la fuente del argumento debemos recordar que la película se basa en la novela homónima de William Peter Blatty, y cuya lectura recomiendo por diversas razones, entre las cuales destaca la profundidad psicológica en el tratamiento de los personajes. Precisamente fue el propio autor del libro quien adaptó el guion para la versión cinematográfica, ganando, como hemos señalado más arriba, el Óscar en tal categoría.

Blatty, había nacido en Nueva York, el 7 de enero de 1928, y fallecido ese mismo mes, pero de 2017, en Bethesda. Tuvo cuatro hermanos, y estudió con los jesuitas, a quienes admiraba. De periodista pasó a escribir guiones de películas de éxito como El nuevo caso del inspector Clouseau (1964), dirigida por Blake Edwards y protagonizada por Peter Sellers.  Afirmaba que comenzó a escribir El exorcista en la década de 1950, tras leer sobre un caso real de posesión satánica que aquejó a una joven de catorce años de Maryland a finales de los 40. Blatty quedó tan impresionado con el fenómeno paranormal que investigó todo lo relacionado sobre posesiones satánicas.

Publicó el libro en 1971 en Estados Unidos, llegando a vender cerca de trece millones de ejemplares. El éxito de ventas no fue inmediato, sino que se debió sobre todo a la aparición del escritor en un programa de entrevistas muy popular en Estados Unidos, The Dick Cavett Show, donde llamaron a Blatty para sustituir a un invitado que se había puesto enfermo. En España se edita por primera vez en 1975 en la prestigiosa editorial Plaza & Janés, como primer título de la colección Manantial, dedicada a autores contemporáneos. Le siguieron en dicha colección novelas como Odessa, de Frederick Forsyth; Avenida del parque, 79, de Harold Robbins, o Banco –continuación de la afamada Papillon– de Henri Charrière. La portada era de la ilustradora Roser Muntañola, y la traducción se debía a la lingüista y profesora argentina Raquel Albornoz.

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DE LITERATURA Y DE CINE: HENRYK SIENKIEWICZ

Por: Tomás Sánchez Rubio


Como todos sabemos, el Premio Nobel es un galardón de carácter internacional que se otorga cada año en reconocimiento a personas o instituciones que hayan llevado a cabo investigaciones, descubrimientos o contribuciones meritorias y notables en provecho de la Humanidad, bien durante el año anterior a la concesión, bien en el transcurso de sus carreras. Dicho premio se instituyó en 1895, en sus diversas modalidades, como última voluntad testamentaria del industrial sueco Alfred Bernhard Nobel (1833-1896), propietario de la empresa metalúrgica Bofors especializada en armamento. La Fundación que lleva el apellido del ingeniero se creó en junio de 1900, cuatro años después de su muerte, y los premios empezaron a concederse en 1901. Las categorías en principio galardonadas fueron Física, Química, Fisiología o Medicina, Literatura y Paz.

Me gustaría aprovechar para hacer mención, como antecedentes de la figura del escritor en cuyo estudio deseo detenerme, de los nombres de aquellos primeros premiados con el Nobel de Literatura. Así pues, en 1901 se le otorga a René François Armand “Sully” Prudhomme, poeta y ensayista francés. En 1902 lo recibe el filólogo e historiador alemán Christian Matthias Theodor Mommsem. El concedido en 1903 va a parar al noruego Bjørnstjerne Bjørnson, célebre por componer la letra del himno nacional de su país.  Frédéric Mistral, escritor en lengua occitana, y nuestro dramaturgo José Echegaray comparten el galardón en 1904.

Será en el año 1905 cuando el Nobel recaiga en Henryk Adam Aleksander Pius Sienkiewicz, escritor polaco, más conocido por Henryk Sienkiewicz. Había nacido el 5 de mayo de 1846 en Wola Okrzejska, una aldea en el este de Polonia, el mismo día que veía la luz en Madrid el conocido compositor de zarzuelas Pío Estanislao Federico Chueca y Robres. Sienkiewicz fallecería en Vevey, Suiza, el año 1916. Hijo de una familia perteneciente a la nobleza campesina, se formó en un ambiente rural donde se mantenían vivas las tradiciones de su patria. Estudió en Varsovia, donde se matriculó en la Facultad de Medicina y luego en Filología. No obstante, dejaría sus estudios en 1869, colaborando desde 1873 en la publicación Gazeta Polska. Cuando, en 1876, se mudó a Estados Unidos durante dos años, continuó trabajando para el periódico enviando artículos en forma epistolar que luego se recopilarían en el libro Cartas del viaje. Desde California viajaría a Francia e Italia; posteriormente visitaría España, Grecia y Turquía, volviendo más tarde a América. En 1882 se hizo cargo de la dirección del periódico conservador Slowo (La Palabra). En las páginas de este comenzó la publicación en serie de la novela A sangre y a fuego, primera entrega de su célebre trilogía completada por El diluvio y El señor Wołodyjowski (1888), donde recrea la resistencia polaca frente a las invasiones del siglo XVII.

Haciendo uso de su prestigio en defensa de la causa de Polonia, dirigió una carta abierta al káiser del Imperio alemán y último rey de Prusia, Guillermo II, en la que se oponía a la germanización de la Posnania y con la que atrajo la atención mundial sobre la suerte de su país.

Se casó en tres ocasiones: con Maria Szetkiewicz —quien murió de tuberculosis exactamente cuatro años después del matrimonio—, María Wolodkowicz —que lo abandonó a tan solo dos semanas de la boda— y María Babska, su sobrina. 

A comienzos de la Primera Guerra Mundial se hallaba en Suiza, donde formó, con Ignacy Jan Paderewsky, ex Primer ministro de su país, un comité para las víctimas de la guerra en Polonia. Nunca volvería a ver su tierra natal. En 1924, sus restos fueron trasladados a la catedral de San Juan en Varsovia.

Su producción literaria, versátil, bien documentada históricamente y con un fuerte componente social, hace de Henryk Sienkiewicz el representante más autorizado de la renovación de la literatura polaca. Sus obras, traducidas a más de cuarenta idiomas, lo convirtieron en uno de los autores más leídos del siglo XX.

Autor prolífico, como narrador se le recuerda sobre todo por sus novelas inspiradas en la historia de Polonia, como la trilogía mencionada anteriormente, o la impresionante Sin dogma, de 1891. Maestro consumado del más recio realismo, son también célebres sus relatos (Nadie es profeta en su tierra, 1872; Bocetos al carbón, 1880), así como sus novelas cortas (Bartek el vencedor, 1882; El torrero, 1880).

Será, sin embargo, la novela histórica ambientada en tiempos del emperador romano Nerón (37-68 d.C.) Quo vadis?, publicada en 1896, su obra más celebrada y popular a nivel internacional. El argumento principal de la novela, que mezcla personajes reales y ficticios, se centra en la historia de amor entre Marco Vinicio y Ligia, dos personas que pertenecen a mundos completamente diferentes: Vinicio es un militar, noble romano, mientras que Ligia, hija de un rey bárbaro que gobernaba un pueblo lejano emparentado con los suevos, es una esclava de Roma adoptada y educada por Aulio Plaucio y su mujer Pomponia Grecina, ambos convertidos a la religión cristiana. Gracias a Ligia, el joven patricio sufre una decisiva transformación y abraza el cristianismo, tras lo cual Ligia accede a casarse con él. 

En la obra llama la atención un personaje trágico y a la vez cómico: el griego Chilón Chilonides, hombre sin escrúpulos morales que está dispuesto a todo, incluso a incriminar al inocente. No obstante, su papel experimenta un cambio radical, ya que, al final, acaba muriendo crucificado en defensa de aquellos a quienes delató falsamente, los cristianos.

Otra figura clave del libro es Petronio, patricio y consejero de confianza de Nerón que, históricamente, en Roma constituiría un ejemplo de gusto y elegancia refinados. Petronio simboliza la cultura clásica del pasado, grandiosa en comparación con la que predomina durante el gobierno del emperador, velada por unos principios en constante decadencia. A lo largo de una lucha continua entre la vida y la muerte, Petronio critica las ideas de Nerón y pierde. Desde un principio su actitud es un suicidio y así precisamente acaba el noble intelectual: suicidándose entre los brazos de su amada, la esclava Eunice.

En la obra, junto a Petronio aparecerán también el temible prefecto del pretorio Tigelino, Séneca, Lucano o los apóstoles Pedro y Pablo. Con un argumento ágil y perfectamente trabado, se mezclan en la novela la intriga y la acción con emotivas escenas llenas de dramatismo. 

Diversos autores afirman que Quo vadis? es una epopeya del cristianismo. El dato parece innegable, si bien la obra es compleja y engloba aspectos puntuales de la historia polaca. Se retrataría la represión centralizadora que tuvo lugar en Polonia cuando esta desapareció del mapa de Europa en el año 1795. Los territorios polacos quedaron divididos entre Prusia, el Imperio ruso y el Imperio austrohúngaro y el país no volvió a aparecer como tal hasta 1918, tras el final de la Primera Guerra Mundial. Siendo así, Sienkiewicz asemejaría el sufrimiento que padecieron los cristianos a aquel que sufrieron los polacos durante ese continuo estado de dominación y dependencia por parte de otras potencias.

Lo cierto es que la obra rápidamente empieza a ser traducida a otros idiomas. En España, entre otras ediciones, tendremos la clásica de Editorial Valdemar, traducida por Mauro Armiño. Del mismo modo, Quo vadis? comienza pronto a conocer versiones cinematográficas, las dos primeras italianas y mudas: una, dirigida por Enrico Guazzoni, de 1912; y la otra, de 1924, realizada por Gabriello D´Annunzio y Georg Jacoby.

A las recreaciones antes mencionadas les siguieron al menos tres más; si bien, la más conocida es la dirigida por Mervyn LeRoy en 1951, que contó con un elenco de actores memorable -Peter Ustinov, memorable en su interpretación de Nerón, Robert Taylor y Deborah Kerr-, así como con unos medios que hacían de ella una auténtica superproducción de casi tres horas de metraje. Se estrenó en los Estados Unidos el 25 de diciembre de 1951. Sin embargo, en España no llegó a los cines hasta el 11 de febrero de 1954. A partir de entonces, en nuestro país se convirtió en un clásico cada mes de marzo o abril, coincidiendo con la Semana Santa, primero en las salas y luego en televisión; del mismo modo que otras películas de la misma década y que compartían parecida temática, como es el caso de La túnica sagrada (1954), de Henry Koster; o Ben-Hur (1958), de William Wyler, cinta basada en la novela del mismo título de Lewis Wallace.

Cabe decir que la película Quo vadis fue candidata a ocho premios Óscar, no obteniendo finalmente ninguno. Es justo afirmar que ese año, efectivamente, competían con la cinta una serie de películas varias de las cuales han acabado alcanzando el rango de obras maestras dentro de la Historia del Cine. Tal es el caso de Un americano en París, de Vincente Minnelli; Un lugar en el sol, de George Stevens; Un tranvía llamado Deseo, de Elia Kazan, o bien Muerte de un viajante, de László Benedek.

Respecto al director de Quo Vadis, Mervyn LeRoy (1900-1987) había conocido anteriormente el reconocimiento general con trabajos como Senda prohibida, de 1942, protagonizada por el mismo Robert Taylor; o Mujercitas, de  1949, basada en la novela homónima de Louisa May Alcott, y que contaba con una jovencísima Elizabeth Taylor entre su magnífico elenco de actores.

Precisamente, entre la inicial Liz Taylor y la definitiva Deborah Kerr para el papel de Ligia en Quo vadis, se barajaron dos nombres más: Lana Turner y una desconocida actriz inglesa recomendada por Alec Guinness a LeRoy a instancias del actor Felix Aylmer que era su profesor de dicción. La chica se llamaba Audrey Hepburn y fue rechazada porque la Metro deseaba para el papel un nombre “conocido”.

Junto a Patricia Laffan, en el papel de Poppea Sabina, y Leo John Glenn como Petronio, resulta reseñable, por curiosa, la breve intervención del más tarde popular actor Bud Spencer como guardia romano.

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FRITZ LANG: UN GENIO ENTRE DOS MUNDOS

Por: Tomás Sánchez Rubio


James Harold Wallis nació en enero de 1885 en Dubuque, Iowa; también un mes de enero, pero de 1958, fallecería en Scarsdale, Nueva York. Sus restos reposan desde entonces en el cementerio aconfesional de Ferncliff, de Hartsdale.

J.H. Wallis fue el autor, entre 1931 y 1943, de diez novelas de crímenes y misterio publicadas por el prestigioso sello editorial EP Dutton. El protagonista de las seis primeras era el inspector Wilton Jacks. Formado en la Universidad de Yale, Wallis, aparte de narrativa policíaca, en 1916 había escrito el libro de versos The testament of William Windune, and other poems, y en 1935 dio a luz un curioso libro sobre la figura del político profesional llamado The politician: his habits, outcries and protective coloring.

Su novela más conocida, sin duda, fue Once off guard, publicada en 1942. Dos años más tarde, pasaría al cine de la mano del director Fritz Lang. El viernes 3 de noviembre de 1944 se estrenó en Estados Unidos bajo el título The woman in the window –conocida más tarde en nuestro país como La mujer del cuadro-. El martes siguiente, día 7 de noviembre, tendrían lugar las elecciones presidenciales de las que saldría reelegido para un cuarto mandato el demócrata Franklin D. Roosevelt, venciendo por escaso margen al candidato republicano Thomas E. Dewey.

Cabe resaltar el hecho que supone que ese mismo año de 1944, embarcado como se encontraba el país aún en plena Segunda Guerra Mundial, la industria del cine estadounidense diera a luz producciones de tan notable calidad como Laura de Otto Preminger; Double Indemnity, de Billy Wilder; To Have and Have Not, de Howard Hawks, o Gaslight, de George Cukor. Esta última, conocida en España como Luz que agoniza, y basada en el drama del mismo nombre de Patrick Hamilton, supuso el debut cinematográfico, con dieciocho años, de la futura estrella de la televisión Ángela Lansbury. La acompañaba entonces un magnífico elenco de intérpretes consagrados como Charles Boyer, Ingrid Bergman o Joseph Cotten.

Volviendo a  The woman in the window, diremos que se trata de una cinta de corte policíaco, si bien rompiendo en cierta manera, como era propio en un genio de la talla de Fritz Lang, con algunos de los moldes clásicos del género. También había aligerado el ambiente tenso y claustrofóbico del libro de Wallis, otorgándole un final totalmente diferente y ciertamente inesperado para el espectador. La película, producida por Nunnally Johnson, estaba protagonizada por un trío de actores que ya contaba con una consolidada carrera en el cine. Tenemos en primer lugar al conocido Edward G. Robinson (1893-1973), que acababa de protagonizar otro drama psicológico, Double Indemnity –Perdición en España, ya mencionado. Junto a él, Joan Bennett (1910-1990), de seductora personalidad, en el papel de “femme fatale”, tan característico en el cine negro de la época, y que había afianzado su posición interpretativa gracias a El capitán Drummond, de F. Richard Jones (1929), o Mujercitas de George Cukor (1933). Acompañaba a los dos anteriores Dan Duryea (1907-1968), especializado en encarnar el papel del canalla sin escrúpulos, del villano violento, pero sin embargo atractivo, tan  frecuente en las películas del género policíaco de los cuarenta .

Tan sugestiva resultó la combinación de estos tres intérpretes, que Fritz Lang contó con ellos para el rodaje, al año siguiente, de Scarlet Street (1945), conocida en España como Perversidad. Drama intenso, descarnado y con tintes de humor negro, particularmente la considero una de mis cintas norteamericanas preferidas de la década de los 40. Si en La mujer del cuadro, predomina la intriga del mejor cine policíaco, creando una atmósfera tensa y en ocasiones asfixiante, en Perversidad el espectador se mueve entre emociones contrapuestas. El poder del destino, la culpa, el sexo, la ambición o sencillamente el instinto de supervivencia se dan cita en este episodio de la existencia de Christopher Cross, un simple cajero infelizmente casado, pero con un raro talento para la pintura, y que sucumbe a los “encantos” de una aventurera mujer -personaje mucho más interesante de lo que parecerá a primera vista-. La trágica -e irónica- espiral de los acontecimientos acabará con la perdición física o moral de los principales implicados en la trama.

La obra, basada en la novela La Chienne (1930) de Georges de la Fouchardière, había conocido ya una adaptación francesa en 1931, titulada igual que el libro, bajo la dirección del mejor Jean Renoir. Los protagonistas con los que contaba eran el versátil Michel Simon -padre del también actor François Simon-, Georges Flamant y Janie Marèse, actriz que falleció prematuramente a los veintitrés años.

Fritz Lang, director austríaco de inacabable filmografía, desarrolló su carrera artística en Alemania y en Estados Unidos. Antes de hacer obras como las mencionadas hasta ahora, en Europa había realizado auténticas obras maestras que marcaron el camino a varias generaciones de cineastas. Su trabajo evolucionó según corrientes y tendencias artísticas, pero sus producciones gozaron de un sello que las convierten en auténticos clásicos.

Friedrich Christian Anton Lang nació en Viena, Imperio autrohúngaro, el 5 de diciembre de 1890, y murió en Los Ángeles, el 2 de agosto de 1976. Sus restos descansan desde entonces en el cementerio Forest Lawn Mamorial Park de Hollywood, junto a otras celebridades del mundo del espectáculo como Lucille Ball, Stan Laurel o Bette Davis.

Fritz Lang empezó en 1908 los estudios de arquitectura en la Universidad Técnica de Viena por deseo de su padre, Anton Lang, también arquitecto; sin embargo, su pasión era la pintura, de modo que acabó matriculándose en la Escuela de Artes Gráficas de su ciudad natal. Admiraba el simbolismo de Gustav Klimt y, sobre todo, el expresionismo de Egon Schiele, discípulo del anterior. No obstante, poco después cambia el hogar paterno y los estudios por lo que puede considerarse “ una vida bohemia”, e inicia un periplo a través de diversos países, acabando por establecerse en París hasta el año 1914. Comenzada la Primera Guerra Mundial, se traslada a Viena de nuevo y se alista como voluntario en el ejército austrohúngaro. Herido en 1916, durante su convalecencia empezó a escribir guiones de cine. En el hospital militar conoce al director y productor de cine Joe May -exiliado del nazismo posteriormente como él-, a quien le mostró su trabajo, y que lo contrataría como guionista.

A partir de ese momento, encauzada su carrera cinematográfica, sobre todo tras acabar la contienda, Fritz Lang dirigirá sus propias películas. Era un momento de eclosión del cine en Alemania. Si bien dentro de la estética de la llamada escuela expresionista alemana, predominante en la época y de la que es considerado uno de sus maestros, junto a Friedrich Wilhelm Murnau (Nosferatu, eine Symphonie des Grauens, 1922), o el precursor Robert Wiene (Das Kabinett des Dr. Caligari, 1920), pronto desarrolla unos rasgos que le son reconocidos como propios: en Die Spinner, de 1919, la película más antigua consevada de Lang, ya distinguimos su gran talento dramático, la cuidada composición de las imágenes o un notable sentido espacial…  Tras Der müde Tod, de 1921 -donde Luis Buñuel reconocerá el germen de su vocación cinematográfica-, Dr. Mabuse (1922) o las dos partes de Die Nibelungen (1924), vendrá  en 1927 la considerada su obra “definitiva”: Metrópolis, cinta de ciencia-ficción que, a partir del juego con los espacios, volúmenes y claroscuros representará el apogeo del expresionismo arquitectónico, así como El gabinete del doctor Caligari lo había hecho en el pictórico. Seguirán la curiosa cinta futurista Frau in Mond (1928) y, ya en el ámbito sonoro, “M” (1931), película inspirada en la figura real del asesino en serie Peter Kürten, y que el realizador, particularmente, siempre consideró su mejor trabajo del periodo alemán.

En 1933, en la cinta Das Testament des Dr. Mabuse, que continuaba las aventuras siniestras de este criminal, aparecerá de nuevo su característico inquietante mundo de  sótanos, galerías y cuevas subterráneas, espejos deformantes y visiones ilusorias o distorsionadas, de acuerdo con la mente delirante del protagonista. La película será prohibida por el régimen político existente en Alemania. Será la última colaboración con su esposa y guionista Thea von Harbou… Muy poco después, Fritz Lang marchará a Francia. En París rodó Liliom, protagonizada por Charles Boyer (1934), con escaso éxito; no obstante, el siguiente paso fue Hollywood ese mismo año, contratado por la Metro-Goldwyn Mayer. Sin embargo, ya en Estados Unidos sus primeros proyectos fueron rechazados y tardó dos años en hacer Fury (1936), protagonizada por Sylvia Sidney y Spencer Tracy, y que resultó candidata al Óscar al mejor guion original. A pesar de tenerse que acomodar a las normas de género impuestas por productores y público, sus películas, sobre todo dentro del cine negro y policíaco, presentan -como dijimos al principio- un sello particular: Solo se vive una vez (1937), Secreto tras la puerta (1947), Los sobornados (1953), Más allá de la duda (1956), Mientras Nueva York duerme (1956)… Junto a las mencionadas, más alejadas del género, pero de una fuerza increíble, tenemos Deseos humanos (1954), Los contrabandistas de Moonfleet (1955) o Encubridora (1952).

En varias ocasiones, era manifiesta la crítica social, revelándose con frecuencia sus dudas sobre la justicia, así como una seria reflexión sobre el papel del individuo en la sociedad contemporánea y su desamparo. A finales de los años cincuenta, en parte por el clima creado por las investigaciones del Comité sobre Actividades Antiamericanas; en parte por su rechazo a criterios puramente comerciales, y sumándose la oferta de un productor europeo, viajó a la entonces República Federal Alemana para rodar El tigre de Esnapur (1958), La tumba india (1959) y  -una vez más- Los crímenes del Dr. Mabuse (1960), su última película. No rodó ninguna cinta más hasta su muerte en 1976.

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JULIO VERNE: UNA VIDA AL LÍMITE, UNA OBRA SIN LÍMITES

Por: Tomás Sánchez Rubio


En no pocas ocasiones a lo largo de mi vida, he llegado a la obra escrita de un autor a través del cine. Me ocurrió con la célebre saga protagonizada por Hannibal Lecter, y creada por Thomas Harris. Impresionado en su momento por la adaptación al cine de El silencio de los corderos (1991) -dirigida por Jonathan Demme-, leí con placer no solo la obra homónima, sino el resto de la serie; gracias a esto, descubrí una novela que no dudaría en calificar como obra maestra del terror psicológico: El dragón rojo, primero de dicha serie. Del mismo modo, me aproximé a la narrativa de Stieg Larsson y su Trilogía Millennium -protagonizada por el inquietante personaje de Lisbeth Salander- por medio de la versión cinematográfica sueca de Los hombres que no aman a las mujeres, del director Niels Arden Oplev (2009). Por otra parte, El diablo viste de Prada (2006), de David Frankel, me llevó a su fuente literaria, el libro de la periodista Lauren Weisberger. Creo que casi nunca me ha defraudado la obra escrita, la verdad. En alguna ocasión, la película me ha resultado de mejor calidad que el libro, si bien esto no es -ni debiera ser- lo natural.

En relación con este tema de la versión cinematográfica de las obras literarias, recuerdo con especial cariño aquellas cintas emitidas en el espacio “Primera Sesión” -posteriormente “Sesión de tarde”- de la primera cadena de la aún entonces TVE tras el almuerzo de los sábados: todo un clásico de mi infancia, allá en los 70. En inigualable compañía, me sentaba tras el almuerzo con mi padre y mis hermanas a compartir pipas de girasol, regaliz y otras chucherías de sobremesa, frente a aquel televisor Aspes en blanco y negro. Cuántas aventuras cabían en aquella pequeña salita de estar, acogedora, de mueble bar y de postigos abiertos, con persianas como pestañas postizas, plena de atentos espectadores que compartían emociones y alguna que otra siesta involuntaria sobre el hombro del compañero de asiento… Casi todos los títulos emitidos eran de factura estadounidense y de las décadas de 1950 y 1960. En dicho espacio vespertino se dieron cita -y no pocas veces en más de una ocasión a lo largo del tiempo- Las cuatro plumas, Capitanes intrépidos, El prisionero de Zenda, David Copperfield… Grandes actores como Alan Ladd, Spencer Tracy, Victor Mature o John Wayne llegaron a ser viejos conocidos para mí. De entre las actrices, me vienen a la memoria las excepcionales Eleanor Parker, Rhonda Fleming, Bette Davis o Katharine Hepburn, entre otras.

De entre los intérpretes habituales de esta cita semanal, ocupaba un lugar de honor Kirk Douglas. Actor polifacético y prolífico, Issur Danielovitch Demsky, hacía las delicias de niños y adultos con películas como el Ulises, de Mario Camerini y Mario Bava (1954); El último de la lista, de John Houston (1963); Los vikingos (1958, de Richard Fleischer); o bien el magistral Espartaco, de Stanley Kubrick (1960). En las dos últimas películas acompañaban al mencionado protagonista un versátil y eternamente joven Tony Curtis.

Entre la inacabable filmografía de Douglas que, tarde o temprano acababa llegando a la pequeña pantalla, recuerdo con especial cariño Veinte mil leguas de viaje submarino. Se trataba esta de una película de 1954, si bien estrenada en los cines españoles el 24 de octubre de 1955. Su director era Richard O. Fleischer, al que esperarían otros notables éxitos como El estrangulador de Boston o Tora! Tora! Tora!, y que era hijo del animador Max Fleischer, el creador de Betty Boop.
Veinte mil leguas de viaje submarino contaba con un elenco insuperable: Kirk Douglas como el arponero canadiense Ned Land; James Mason como el capitán Nemo, o Peter Lorre interpretando a Conseil, mayordomo del biólogo Aronnax.

Debemos recordar que este clásico contó con numerosas adaptaciones cinematógraficas, que, con mayor o menor fortuna, llevaron a la gran pantalla un argumento especialmente atractivo, así como un mensaje intemporal. Mencionaremos, a título de ejemplo, la película de 1916 (USA), de Stuart Paton, protagonizada por Allen Helubar. Posteriormente, destacaría la curiosa versión inglesa de 1969 -el mismo año en que Círculo de Lectores editaba una cuidada edición de la novela-, protagonizada por Robert Ryan y Chuck Connors, conocido este último en España por la serie televisiva El hombre del rifle. Entre las últimas adaptaciones, mencionaremos la dirigida por el actor y realizador Gabriel Bologna, protagonizada por Lorenzo Lamas y Natalia Stone.

En aquellos momentos, en que, como he mencionado antes, vi en televisión la película de Fleischer y Douglas, no era yo un niño, para qué decir lo contrario, que me deleitara con los libros de Verne, autor muy conocido en nuestro país, por otra parte, gracias a la editorial Bruguera, cuyo primer número de su colección ilustrada Historias Infantil fue precisamente la odisea del capitán Nemo. Dicha colección, que lucía en el lomo los retratos a todo color de los protagonistas de cada novela, era muy popular en aquella época. En ella aparecerían Un capitán de quince años, Un viaje a la Luna, La vuelta al mundo en ochenta días, de Verne; pero también escritos de otros narradores: Robinson Crusoe, Tom Sawyer, Las aventuras de Juanito y Juanín, o bien la antología de los cuentos para niños de mi admirado Oscar Wilde, con títulos inolvidables como “El gigante egoísta” o “El príncipe feliz”.

Sea como fuere, el caso es que fue Veinte mil leguas de viaje submarino la primera obra que, llevado por la versión cinematográfica, leí de este autor. Ni que decir tiene la profunda impresión que me causó la figura del Capitán Nemo, su amargura, pero también su espíritu indomable y cautivador. De ella pasé a otras novelas del escritor, y pronto llegué a la conclusión de que lo que escribía no eran simples novelas de aventuras, sino que reflejaban la naturaleza humana, en toda su grandeza o toda su miseria, con un estilo inigualable, producto de una mente sagaz y prodigiosa. Empecé pronto a interesarme por la figura del creador, que, hasta cierto punto, identificaba con la de algunos de los protagonistas de sus obras. Percibí pronto que se trataba de una existencia de todo menos aburrida, la verdad… Por algo este gran admirador de Charles Dickens y H.G. Wells era, tras Agatha Christie, el segundo escritor de ficción más traducido de todos los tiempos. No obstante, su vida también ofrecerá zonas de sombra, como, por otra parte, es algo propio de las grandes figuras de la literatura y del arte de todas las épocas.

Jules Gabriel Verne nació en Nantes, el 8 de febrero de 1828, muriendo en Amiens el 24 de marzo de 1905. Considerado el padre de la ciencia ficción, era un apasionado lector de la literatura científica. Su visión de futuro ha sido resaltada y admirada por generaciones. A través de sus libros calculó, describió y vislumbró inventos y descubrimientos que revolucionarían el mundo muchos años después de su muerte. Entre los hechos y elementos anticipados por él, se encuentran las armas de destrucción masiva, el helicóptero, las naves espaciales, los grandes trasatlánticos, internet, el submarino, el ascensor, los autómatas parlantes, el motor eléctrico, los gobiernos totalitarios, o bien la conquista de los polos norte y sur.

A los once años se escapó de su casa para convertirse en grumete de un barco mercante, el Coralie, que iba a la India; con el dinero obtenido pensaba comprarle un collar de perlas a su prima Caroline, de la cual estaba enamorado… Su padre lo alcanzó a tiempo e impidió que llevara a término esta su primera aventura.

En su época de universitario, Julio Verne pasó mucha hambre y pobreza. Su padre, que quería que Julio fuera abogado, dejó de financiarlo, ya que el joven no quería estudiar esa carrera. Los pocos ahorros que Julio Verne tenía se los gastaba en libros, pasando largas horas en la biblioteca. Por problemas económicos tuvo que dedicarse a ser corredor de bolsa por un tiempo. Asimismo, fue reclutado como soldado guardacostas durante la guerra franco-prusiana. Por culpa del hambre que pasaba llegó a padecer diversos problemas nerviosos, parálisis facial y calambres intestinales.

Aunque se llevaba muy mal con su padre, consiguió que este le diera 50.000 francos cuando se casó. Al mismo tiempo, al contraer matrimonio, provocó el disgusto de su misógino grupo de amigos. Efectivamente, Julio Verne pertenecía a un grupo de escritores que se autodenominaba Los once sin mujer. Por supuesto, fue expulsado del mismo al casarse con Honorine Deviane Morel. Parece que el escritor pensó en que iba a encontrar estabilidad emocional tras la boda, pero más bien sucedió todo lo contrario: se desesperaba, discutía y se mostraba airado con frecuencia; asimismo, escapaba de sus deberes conyugales siempre que podía.

En 1861 nace su único hijo, Michel Verne, que fue todo un rebelde. El propio Julio Verne lo hizo confinar primero en un correccional, y luego en un sanatorio mental; por ello, Michel desarrolló un gran odio hacia su padre.

No era el único miembro de su familia con quien tenía problemas. En 1886, mientras Verne regresaba a su casa, su sobrino Gastón, de veinticinco años, le disparó dos veces con un revólver sin razones claras. La primera bala falló, pero la segunda le hirió en la pierna izquierda, provocándole una cojera de la que no se recuperaría nunca. Por esta razón, Gastón pasó el resto de su vida en un manicomio.
Julio Verne fue concejal de Amiens, en Francia. En 1889 mandó a construir el circo municipal.

Como curiosidad diremos que, a pesar de la visión optimista sobre la ciencia y el progreso que mostró durante casi toda su vida, en 1863 escribió París en el Siglo XX, una versión pesimista y trágica del futuro que nunca llegó a sacar a la luz. Fue en 1989 cuando un bisnieto la descubrió en una caja fuerte y la hizo publicar en 1994. En la novela habla, con tono desesperanzador, de una ciudad con rascacielos de cristal, calculadoras, automóviles y trenes de alta velocidad…

Julio Verne y H.G. Wells, tienen sus nombres en una de las montañas de la cara oculta de la luna. A partir del 9 de marzo de 2008, la Agencia Espacial Europea puso en órbita el llamado vehículo espacial Julio Verne.

Muere Verne en 1905, y en 1910 su esposa Honorine. Ambos descansan en el Cimetière de La Madeleine de Amiens, al NE de París. El impresionante monumento funerario, que representa a Verne alzándose de la tumba con el brazo extendido al cielo, se debe al escultor Albert-Dominique Roze (1861-1952). El mausoleo, restaurado por Sabine Charki y Christine Bazireau, fue reinaugurado el 19 de febrero de 2014 en presencia de Jean-Jules Verne, tataranieto del escritor.

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